(Página herida) Sobre la historia y las consecuencias del derecho de autodeterminación en la realidad europea

Desde el punto de vista político, reconocer jurídicamente el derecho de autodeterminación es abrir una puerta que fomenta continuamente la reivindicación independentista. Y desde el punto de vista institucional es abrir una doble vía que deja el Estatuto de autonomía en precario, literalmente en el vacío. Es como decir que la organización institucional de las nacionalidades y regiones -es decir, de la España plurinacional- se puede hacer de dos maneras: por la vía de la autonomía y por la vía de la independencia y que ambas con equivalentes e intercambiables. Esto equivale a establecer que se puede optar entre la organización del Estado español como un sistema de Comunidades autónomas o la ruptura de los límites territoriales del Estado y su transformación en un sistema de Estado diferentes y separados. No creo que ningún Estado democrático pueda subsistir ni estabilizarse con una alternativa como esta.
Jordi Solé Tura (1987)

Para que evitar confusiones: nada tiene que ver la aproximación crítica al concepto (e historia) del “derecho de autodeterminación” y sus consecuencia en la realidad europea que les presentaré a continuación, con el sustantivo cambio de política del gobierno español respecto al Sáhara, “único territorio de África pendiente de descolonización”, señaló el PCE en su comunicado del pasado18 de marzo. Añadían: “por tanto, como Territorio no Autónomo le corresponde a España, como última potencia colonizadora, administrar, conforme al derecho internacional su derecho a la autodeterminación. Como Territorio no Autónomo, la ocupación militar y colonial de Marruecos es un obstáculo para el cumplimiento de las reiteradas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas…Vean también, si les parece, el comunicado de ASIC/ASEC al respecto[1]

Sobre los temas (ahora dos: Ucrania, Sahara) que seguimos teniendo entre nuestras preocupaciones centrales: 1. Jonathan Cook, «Los medios occidentales actúan como promotores de la guerra” https://ctxt.es/es/20220301/Firmas/39043/ucrania-rusia-guerra-bbc-jonathan-cook-gaza-palestina-israel-doble-rasero.htm 2. Manolo Monereo, Marruecos: la OTAN ya está al mando” https://www.nortes.me/2022/03/21/marruecos-la-otan-ya-esta-al-mando/ 3. Un portal para explorar la situación creada en Ucrania con información adicional y no censurada: http://www.ucraniasincensura.com/. 4. Rafael Poch de Feliu: en La Casa Encendida (21/03) “Mundo multipolar y guerra en Ucrania” https://www.youtube.com/watch?v=69KmRlhulKA, “Ucrania en el tablero global”. Una charla en la sede de CCOO de Cataluña (22/03): https://rafaelpoch.com/, y “El gran peligro” (24/03) https://rafaelpoch.com/2022/03/24/el-gran-peligro/#more-906
5. Juan Teixeira, “Sobre Pablo González y la menguante libertad de prensa.” https://blogs.publico.es/otrasmiradas/57684/sobre-pablo-gonzalez-y-la-menguante-libertad-de-prensa/
Llamo también su atención sobre los comentarios del compañero Carlos Valmaseda, miembro muy activo de Espai Marx. Les doy una referencia como ejemplo: https://slopezarnal.com/miscelanea-22-03-2022/#more-4136

Cojo el hilo de esta página herida. Como me tienen muy visto-leído y como debo repetirme más de la cuenta, hago hoy de mensajero y les “trasmito” un comentario que no es mío. Copio y comento a continuación la reflexión de un amigo muy sabio sobre orígenes e historia del derecho de autodeterminación, una reflexión que, en mi opinión, está llena de agudeza analítica y excelente información histórica. Ni que decir tiene que no es este un asunto del pasado remoto: fue nudo central durante el procés, desdibujado o ocultado por el inexistente e incompleto “dret a decidir”, y es, por parte nacionalista, vindicación central junto con la amnistía en las conversaciones entre el gobierno y el govern de la Generalitat de Cataluña.
Aunque en otros ámbitos geográficos pueda tener efectos progresivos, señala mi amigo, el «derecho a la libre autodeterminación de los pueblos» o «principio de autodeterminación de los pueblos» ha sido, en lo fundamental, una maldición para Europa. A la historia del siglo XX se remite. “En su forma actual, procede básicamente del mundo anglosajón, concretamente, de los puntos 6, 10, 11, 13 y 14 de la declaración de los «Catorce puntos» del presidente Thomas Woodrow Wilson (1856-1924) de 1917, sin que esta afirmación sea óbice para ver un precursor del mismo en las revoluciones liberales nacionalistas del siglo XIX (sobre todo, la de la llamada «Primavera de los Pueblos») y, en general, en los nacionalismos europeos y las políticas estatales europeas de homogeneización cultural del siglo XIX”.
El principio wilsoniano de la libre autodeterminación de los pueblos exigía, prosigue mi amigo, “que cada «nación» o «pueblo» en sentido cultural -esto es, grupo de personas con una característica cultural común significativa, destacadamente una lengua, una religión o una «historia compartida»- tenga su «propio» estado”. O lo que es igual, “presupone y, de hecho, exige la homogeneidad cultural o «étnica» de la sociedad estatalmente organizada”. Para Wilson, la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial, “era una consecuencia de la incongruencia con esta idea de la existencia misma de los imperios multiétnicos de la época -me refiero a los imperios austro-húngaro, ruso y otomano (recuérdense sobre este último las guerras balcánicas de 1912-13, que acabaron con la presencia del Imperio turco en los Balcanes y precedieron al inicio de la Gran Guerra)-”.
Conviene advertir que esa apreciación era “una forma muy sesgada e incompleta, por no decir errónea, de explicar los orígenes de la Gran Guerra. En consecuencia, según Wilson y sus asesores, las fronteras europeas, sobre todo de Europa central y oriental, debían ser conformadas de acuerdo con un principio de autodeterminación de los pueblos que podemos resumir con la expresión de «cada etnia o nación cultural con su propio estado»”.
Naturalmente, nos recuerda mi amigo, esta era la receta de Wilson para Europa: los EEUU no tenían, se suponía, esta clase de problemas. “Más tarde, en el transcurso de las negociaciones para la redacción de los tratados de paz de 1919-20, el buen hombre (y lo mismo les ocurrió a sus aliados británicos y franceses) se dio cuenta de que casi ningún estado viable podía constituirse en Europa centro-oriental con arreglo a su principio de libre autodeterminación de los pueblos por la enorme cantidad de culturas -sobre todo, grupos lingüísticos y religiosos- existente en ellas y la imposibilidad de delimitar territorios enteramente homogéneos desde el punto de vista étnico-cultural”.
Por ello, idearon unos tratados, inútiles en la opinión de mi amigo, “de protección de minorías que se impusieron a varios países de Europa del Este y los Balcanes y que no protegieron a nadie. Dicho sea de paso, los bolcheviques también se apuntaron a la moda wilsoniana, por lo menos a nivel propagandístico”.
No solo ellos. “También la Alemania nazi invocó sin problemas el principio (o derecho) a la libre autodeterminación de los pueblos para justificar la anexión de Austria (¿no hablaban alemanes y austríacos el mismo idioma y eran una misma «raza»?) y de los Sudetes (acusaron al gobierno checoslovaco de discriminar a los alemanes checoslovacos y fomentaron el separatismo germano-checo, antes de ocuparlos) y para erigirse en protectores -con derecho a intervenir militarmente, en caso necesario- de todas las minorías alemanas desperdigadas por Europa oriental, Rusia incluida”.
Concluida la II Guerra Mundial con la derrota alemana, “estas minorías se vieron perseguidas y obligadas a dejar los países en que habían vivido durante generaciones, con independencia de si habían colaborado realmente con el invasor nazi o no, al identificarse un rasgo cultural o «biológico» -hablar alemán, ser descendiente de alemanes- con la responsabilidad por los crímenes del nazismo.”
En suma, observa mi amigo, “el principio o derecho a la libre autodeterminación de los pueblos de raíz wilsoniana -la receta norteamericana para resolver los problemas de convivencia en Europa, que no ha prestado nunca ninguna atención, por lo demás, al conflicto social o «de clases», es una matriz ideal para la desestabilización y la violencia en Europa, pues, al presuponer como la situación deseable para una sociedad la homogeneidad lingüístico-cultural/étnica genera una de estas dos odiosas opciones: a) o imposibilita la convivencia en sociedades multinacionales o multiétnicas al promover la creencia de que cada «pueblo» ha de tener su «propio» estado, a pesar de que las realidades geográficas o el hecho de la coexistencia de varios «pueblos» en un mismo espacio impiden aplicar dicho principio sin minar la convivencia entre ciudadanos de distintas características étnico-culturales y sin aplicar una extrema violencia separadora-estigmatizadora; o b) obligan a homogeneizar coercitivamente desde el punto de vista cultural una sociedad -lo que, de hecho, hizo estado-nación en la edad contemporánea, sobre todo desde la sustitución definitiva del Antiguo Régimen por el estado liberal en el siglo XIX-”.
En vez de todo eso, “lo que deberían aprender las sociedades europeas es a convivir sin buscar una identidad colectiva cultural única y uniforme u homogénea (lingüística, en el caso concreto que afecta a quien escribe, como consecuencia de las políticas de «inmersión» y «normalización» catalanistas)”.
No deberíamos olvidar, sostiene, “que lo que pasa en Ucrania tiene que ver con todo esto (aunque no sea la razón principal para explicar la actual situación) y con la emergencia de nacionalismos agresivos en Europa del Este tras la desaparición del orden soviético en esta zona del planeta (los ex-burócratas y oligarcas de turno no encontraron mejor cemento ideológico para sus sociedades, seguramente porque eso era lo que les convenía en ese momento para apuntalar su poder).”
Para el bien de Europa, señala finalmente, la idea de cada «nacioncita» (étnica) con su «estadito» debe ser desterrada, así como la idea de sociedades estatalmente organizadas homogéneas y ser sustituida por la de órdenes político-sociales no discriminatorios y justos para todos, con independencia de la identidad lingüística, religiosa o étnica de cada cual”. Remata: “Si hay que conservar alguna idea de pueblo o nación, que sea la de pueblo como conjunto de ciudadanos, con independencia, insisto, de su identidad cultural (individual o grupal)”.
Añade un post scriptum: “Se podría pensar que en otros continentes, como, p. ej., en África, el principio o derecho a la libre autodeterminación de los pueblos ha tenido un sentido progresivo, en lugar del sentido regresivo que ha tenido, a mi juicio, en Europa (al menos, con carácter general). Esto es cierto únicamente por lo que respecta a los procesos de descolonización y anti-neocolonialistas del siglo XX, a los cuales ciertamente inspiró”. Pero, añade, “una vez conseguida la independencia jurídica y política (muchas veces más en la teoría que en la práctica), el principio o derecho a la libre autodeterminación de los pueblos ha tenido, sin entrar ahora en las excepciones que sin duda alguna existen, una dimensión claramente destructiva en sociedades multiétnicas -las subsaharianas, sobre todo- y ha contribuido a la difusión de la violencia entre grupos étnicos. Violencia muchas veces promovida por los líderes de estas sociedades para satisfacer sus ambiciones y aprovechada por las grandes potencias y ex metrópolis para fomentar o proteger su influencia y sus intereses”.
Hasta aquí la reflexión de mi amigo.
Será también de su interés este comentario del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos: “Estoy absolutamente de acuerdo con él. En cierta manera -y perdona la jerga- lo que hace Stalin, lo que yo he llamado giro autodeterminista es «wilsonizar» el planteamiento de Lenin. Y detrás de él, y hasta la actualidad, buena parte del comunismo europeo no se ha dado cuenta del error; todavía algunos de ellos insisten en eso de “una nación un estado”, por principio. Gracias por el texto.”

Dejo para la semana que viene el comentario del sonoro fracaso de la huelga nacional-lingüística del pasado 23 de marzo y el “pacto lingüístico” ERC-Junts-Comunes-PSC del 24.
Notas
1) https://slopezarnal.com/comunicado-asec-asic-sobre-el-sahara-21-03-2022/#more-4130

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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