Para el compañero Luis Romero (1931-2022), trabajador de la construcción: sus manos, su capital. In memoriam et ad honorem.
Entre los que alumbraron la perniciosa idea de que la Segunda República era la hija bastarda del concubinato de judíos y masones, el primero y es muy posible que el más influyente fue el sacerdote catalán Joan Tusquets Terrat. A través de sus propias publicaciones y de su edición en 1932 de Los protocolos de los sabios de Sión, divulgó la idea de que la República debía ser aniquilada en aras de la civilización cristiana. También reunió los datos que se utilizaron durante la Guerra Civil para facilitar la persecución de los presuntos cómplices del llamado “contubernio judeomasónico-bolchevique’[…] Durante la República, el siempre cauto Franco se cuidó de distanciarse de los generales que actuaban en las intrigas monárquicas. Sin embargo, compartía sin duda sus prejuicios y preocupaciones. Al fin y al cabo, estaba suscito a Acción Española, que se dedicaba a justificar una sublevación contra una República que aquellos conspiradores consideraban ilegítima. Su pensamiento sobre cuestiones políticas, sociales y económicas se vio además influido por la lectura de la prensa de derechas y, como el propio Franco reveló mas tarde, por las obras de Tusquets.
Paul Preston (2021)
La cita: una excusa para una recomendación -Paul Preston, Arquitectos del terror. Franco y los artífices del odio, Madrid: Debate, 2021- y para seguir deconstruyendo una idea arraigada en la historiografía y cultura nacional-secesionista: digan lo digan, cuenten lo que cuenten, se pongan como se pongan, la guerra civil no fue una guerra de España contra Cataluña.
Sobre el tema que todos tenemos en mente, por si fueran de su interés: 1. Rafael Poch de Feliu, “El forense y la víctima” https://rafaelpoch.com/2022/03/10/el-forense-y-la-victima/#more-884. 2. Víctor Manuel Sánchez, “Estado de guerra” (con comentarios del historiador José Luis Martín Ramos) https://slopezarnal.com/estado-de-guerra-por-victor-manuel-sanchez/#more-3897. 3. Ilan Pappe, “Cuatro lecciones desde Ucrania” https://rebelion.org/cuatro-lecciones-desde-ucrania/ 4. Ignacio Ramonet, “América Latina y la guerra de Ucrania” Le Monde Diplomatique, 4/3/2022. 5. Xulio Ríos, “China ante la guerra en Ucrania: ¿Una de cal y otra de arena?” (8/3/2022). https://politica-china.org/areas/politica-exterior/china-ante-la-guerra-en-ucrania-una-de-cal-y-otra-de-arena.
Vayamos al tema de la página herida de hoy. Sé que aburre repetir lo evidente… pero es necesario insistir en ocasiones.
Una buena parte de los sindicatos de enseñanza de Cataluña -USTEC-STEs, CCOO, Intersindical, UGT, CGT, USOC, Professors de Secundària- han convocado una huelga para los próximos 15, 16, 17, 29 y 30 de marzo. Las reivindicaciones de la convocatoria: “Retirada del nuevo curriculum”, “FP: pública de calidad. ¡Equiparación salarial, ya!”, “Anulación de los recortes”, “Estabilización del personal interino y laboral”, “Supresión del recorte de plantillas y de la orden sobre el calendario escolar”. Nada que objetar, por ejemplo, a la supresión del recorte de plantillas -una de las agresiones centrales de los gobiernos ultra-neoliberales de Mas (y Mas Colell, Boi Ruiz, etc) y siguientes-, o a la estabilidad laboral de los trabajadores de enseñanza?
Empero, sin que se note mucho, casi de tapadillo, los sindicatos han añadido otra petición: “Asunción de la responsabilidad del departamento de educación en defensa de la inmersión lingüística.” ¿Asunción de la responsabilidad…?
El departamento de educación, en manos de ERC, en manos de un conseller que desaira y menosprecia a las familias que piden el cumplimiento de la resolución judicial del 25 %, el mismo conseller que lleva a sus hijos/as a una escuela privada (no concertada) donde no rige la inmersión involuntaria, ¿no asume su responsabilidad de la “defensa de la inmersión”, esa política lingüística que trata al castellano como si fuera un idioma extranjero en Cataluña (acaso peor)? ¿Qué debería hacer el conseller para “asumir su responsabilidad”? ¿Impedir que nadie y en ninguna circunstancia pueda expresarse en castellano en escuelas e institutos? ¿Perseguir y estigmatizar aún más a las familias (y estudiantes) que piden que una asignatura -de eso estamos hablando, ¡de una asignatura!– se imparta en castellano? ¿Están pidiendo los sindicatos de enseñantes de Cataluña más leña al mono, más acción contra “los ñordos”, los díscolos (también catalanohablantes) y sus hijos e hijas? ¿Más “catalanización forzada”? ¿Más ideología nacionalista (de eso se trata: construcción del país) en las aulas? ¿Estas son las “consideraciones didácticas” de los sindicatos del profesorado no-universitario? ¿La letra con más imposición entra mejor?
Cabe preguntarse por la realidad que tocan y consideran los liberados sindicales, por su marco conceptual. ¿Un país, una lengua? En Cataluña, ¿solo el catalán y el inglés como acompañante? ¿Cómo se explica que un profesor-sindicalista, que debería ser ante todo profesor/a, puede vindicar una acentuación de la inmersión y el menosprecio del castellano teniendo en cuenta la realidad real que se observa sin dificultad en aulas y barrios de Cataluña? ¿Han abandono hace muchos años la tiza y “lo real”, o es que la ideología y las subvenciones ciegan mucho?
Su sesgada y unidimensional apuesta parece clara: no a una armonía de lenguas, perfectamente alcanzable, en la que todos podamos enriquecernos, sino la marginación de la lengua materna de más del 50% del estudiantado. El nacionalismo del conseller se queda corto para ellos. ¿En eso consiste el “progresismo sindical”? Para conseguir, ¿qué? ¿A quién puede extrañar el rechazo que a pasos agigantados está teniendo el catalán entre muchos estudiantes que ya no lo usan en sus relaciones personales y solo lo hablan “cuando toca hablarlo”, “cuando hay que quedar bien”, “cuando nos lo exigen”?
(En mi memoria sigue presente una de las mayores barbaridades político-didácticas de estos últimos años: el secretario general de la USTEC dirigiéndose a los cuadros de su sindicato en algún congreso o encuentro, no recuerdo el año, diciendo, gritando, que jamás permitirán que se les obligue a practicar el bilingüismo, al tiempo que los asistentes estallan en aplausos, gritos y vivas.)
Las consecuencias se las pueden imaginar: una ideologización extrema del tema de la lengua que se traduce en colar de paso, en clases, encuentros y salidas, el marco conceptual nacionalista que algunos sindicalistas y algunos colectivos del profesorado comparten.
¿No hay solución? Sí la hay (aunque no sea fácil y pueda conllevar perjuicios): que persistamos, que digamos la nuestra, que sea evidente que se puede amar el catalán sin odiar al castellano, que poco a poco las voces críticas, que existen y son numerosas, se atrevan a alzar su voz en una atmósfera nada propicia y con riesgos laborales evidentes (De hecho, en la realidad real, no en la de los papeles que se rellenan porque toca, muchas de esas voces ocultadas, cuando tienen margen, incluso profesores nacionalistas, se dirigen a sus alumnos en castellano en ocasiones, por educación básica y porque lo real existe y se hace notar).