Vergüenza

Para los y las que nunca usan las lenguas como armas de lucha nacionalista excluyente.
Para Marga García, in memoriam et ad honorem. Miguel Hernández: “No perdono la vida desatenta”.

No puedo decir que lo conozca bien [al sistema mediático español], pues he estado 35 años fuera, sin contacto directo, pero llama mucho la atención, por ejemplo, el nivel de omertá, de disciplinado y gallináceo silencio de la prensa de Barcelona durante las décadas de corrupción institucional de los gobiernos de Convergència bajo el padrino Jordi Pujol. Estaban todos los medios comprados, algo sin parangón con Madrid donde había pluralismo de vasallajes. Cuando hace muchos años, Gregorio Morán [1] hizo referencia a lo que hoy es de dominio público sobre aquello, le censuraron y nadie movió un dedo… Eso no pasaba ni durante el franquismo, ¿verdad? Bastante triste.
Rafael Poch de Feliu (2021)

Avergüenza que de nuevo -el truco-falacia es muy viejo-, las barbaridades y salidas de tono de “los otros” (Ermua, 155, ¡coño!, apartheid) sean usadas para justificar las propias: ¡más ataques a Cataluña, nueva agresión al catalán, los críticos de la inmersión lingüística obligatoria son ultras, el catalán debe ser la única lengua vehicular!
Avergüenza tener que decir que la lengua más perjudicada con todo el lío que están montando sus supuestos defensores es, sin atisbo para ninguna duda razonable, el catalán (y ellos, los que “protestan”, lo saben).
Avergüenza que se pueda sostener, con toda la desfachatez del mundo, que la sentencia del 25 % amenaza con destruir la enseñanza del catalán y en catalán.
Avergüenza tener que volver a recordar el artículo 14 de la Ley de Normalización Lingüística de 1983 (“liquidada” por los decretos nacionalistas de inmersión de 1992 que -junto a la LEC- instituyeron el modelo monolingüe en la enseñanza pública obligatoria en Cataluña): 1. El catalán, como lengua propia de Cataluña, lo es también en todos los niveles educativos. 2. Los niños tienen derecho a recibir la primera enseñanza en su lengua habitual, ya sea esta el catalán o el castellano. La Administración tiene que garantizar este derecho y poner los medios necesarios para hacerlo efectivo. Los padres o tutores pueden ejercerlo en nombre de sus hijos instando a que se aplique. 3. La lengua catalana y la lengua castellana tienen que ser enseñadas obligatoriamente en todos los niveles y grados de la enseñanza no universitaria. 4. Todos los niños de Cataluña, cualquiera que sea su lengua habitual al iniciar la enseñanza, han de poder utilizar normalmente y correctamente el catalán y el castellano al final de sus estudios básicos. 5. La Administración ha de tomar las medidas conveniente para que: a) los alumnos no sean separados en centros diferentes por razones de lengua; b) la lengua catalana sea usada progresivamente medida que todos los alumnos la vayan dominando.”
Avergüenza tener que volver a repetir lo sabido: el proyecto lingüístico del nacionalismo no es el bilingüismo sino el monolingüismo y la construcción nacionalista de país.
Avergüenza tener que recordar de nuevo el principio-recomendación de la UNESCO: los alumnos/as deben ser educados en su lengua materna (lo que no excluye, por supuesto que no, el aprendizaje de otros idiomas).
Avergüenza observar que en un debate sobre enseñanza y lenguas las razones pedagógicas no jueguen papel alguno (más allá de adornar/encubrir posiciones político-ideológicas inamovibles).
Avergüenza que alguien pueda afirmar (como se ha afirmado) que la situación del catalán es hoy peor (o incluso mucho peor) que en 1975.
Avergüenza pensar en el irracionalista aquelarre nacional-secesionista (con el apoyo de numerosas organizaciones de izquierdas, incluidos sindicatos que se dicen de clase) que han organizado para el sábado 18D (olvidando irresponsablemente, por otra parte, los problemas de salud pública que puede ocasionar una acción de estas características en una situación pandémica como la que seguimos sufriendo).
Avergüenza comprobar que el gobierno de la Generalitat se comporta, una vez más, como si fuera ÒC o ANC: «el Govern en pleno, con su presidente al frente, participará el sábado en la manifestación por la inmersión lingüística», «El Govern estará en la calle al lado del pueblo de Cataluña», «este es un tema de país y ninguna sentencia nos hará desviarnos de los objetivos marcados para asegurar el futuro del catalán», «incentivar su uso [del catalán] en todo momento y por todas partes», «todo el que ama a Catalunya sabe la necesidad de proteger una lengua que está en peligro por los continuos ataques que recibe» (declaraciones de la portavoz del Govern, Patrícia Plaja, el pasado martes 14/12/2021).
Avergüenza que los Mossos d’esquadra se hayan visto obligados a brindar protección a la familia de Canet tras las amenazas en redes, además de establecer vigilancia a la entrada y salida de la escuela, y que se ataque -llamando al boicot- al medio de subsistencia (una frutería) de la familia.
Avergüenza leer (¡fuera máscaras!) el lema de la convocatoria de ANC: “Per futur del català i de l’escola catalana, independència!”.
Avergüenza que Laura Borràs, la presidente del Parlamento de la Cataluña unidimensional, la misma que firmó aquel manifiesto en el que se insultaba (colonos) a las familias trabajadoras de otros territorios españoles que vinieron a trabajar a Cataluña, proponga que Cambray, el consejero de Educación, asuma la dirección de la Escuela de Canet de Mar (¿con el sueldo de un director de escuela pública?).
Avergüenza tomar conciencia del lenguaje bélico que suelen usar (incluidos los Comunes) al referirse a la lengua: ¡blindaje del catalán, blindaje de la escuela catalana!
Avergüenza tener que recordar que, más allá del nombre, la mal llamada inmersión es de parte (niños/as de familias castellanohablantes), no de todos.
Avergüenza que apenas se informe de que la manifestación convocada por el nacional-secesionismo, con presencia de Dolors Sabater (CUP, Guanyem) y de partidarios de Terra Lliure, apenas reuniera al 2,5 % de la ciudadanía de Canet de Mar (entre 300 y 400 personas).
Avergüenza que los Comunes apoyen una moción de la CUP (aprobada en el Parlamento catalán el pasado miércoles: Junts+ERC+CUP+Comunes) en la que se pide que la Generalitat asuma «la plena responsabilidad política y jurídica en la instrucción y aplicación» de la inmersión lingüística obligatoria en todas las escuelas (¡públicas!, ¡no en las privadas!) y que el catalán siga siendo la única lengua vehicular en la enseñanza preuniversitaria.
Avergüenza confesar que a estas alturas de nuestras vidas nos emocione leer comentarios como este de Rosa Cullell: “La lengua materna del 52,7% de la población de Cataluña es el castellano; el 31,5% es catalanoparlante y un 2,8% se declara bilingüe. Me cuento entre estos últimos y no quiero perder ninguna de las lenguas de mi infancia. El español lo aprendí en la escuela y de un padre castellano, con apellido muy gerundense, nacido en una familia que emigró a la Mancha, en el siglo XIX. El catalán me lo enseñaron mi madre y los abuelos barceloneses, que ni un día durante el franquismo dejaron de conversar en esa lengua. El idioma materno es lo que nos queda de nuestra familia, de nuestra cultura. Sus palabras, en las que soñamos y pensamos, no nos abandonan. Y tenemos derecho a exigir que nuestros hijos y nietos aprendan correctamente el castellano, al igual que el catalán, en el colegio.”
Avergüenza recordar que los fanáticos partidarios sin matices de la inmersión nada dicen de su ausencia en “colegios privados de punta” como Aula Escola Europea (allí se formaron Artur Mas y sus hijos) o en otros colegios privados (donde asisten, por ejemplo, los hijos de Piqué y Shakira). ¿Por qué no convocan manifestaciones a las puertas de esos colegios? ¿Por qué no insultan o desprestigian a las familias que llevan allí sus hijos?
Avergüenza que escuelas, institutos y guarderías públicas (también se “aconseja” en muchas de ellas el uso exclusivo del catalán en el trato con los bebés) donde, más allá de la norma, por sabiduría, prudencia, racionalidad, condiciones sociales del entorno y porque “lo real” suele imponerse, se imparten clases en castellano en porcentajes superiores al 25 % sin que ello vaya en detrimento del catalán, no se atrevan a decir nada para evitar focos y no verse condenadas al infierno nacionalista.
Avergüenza que el consejero de Educación Josep González-Cambray, acudiera el pasado jueves al colegio de Canet “para dar apoyo al profesorado y las familias”, sin contactar con la familia de la niña de P5.
Avergüenza que Joaquim Coll se vea obligado a explicar de nuevo verdades como estas: “Hace tiempo que sabemos que el debate sobre el modelo lingüístico escolar en Cataluña no va de lengua, sino de identidad. Sabemos perfectamente que con la excusa de defender al catalán, algunos lo que buscan es levantar muros de separación con el resto de España. Que los que exigen una educación monolingüe -con el argumento de que el catalán no podría soportar un 25% de asignaturas en castellano- no lo hacen por razones pedagógicas, sino únicamente con el propósito de reforzar el “nosotros” frente al “ellos” La inmersión es […] una forma de grabar en la mente de los escolares que el catalán es la lengua propia, la lengua territorial, y que lo de hablar castellano es una anomalía fruto de la imposición del franquismo y la inmigración española.”
Avergüenza que el diario electrónico secesionista llibertat.cat haya señalado con nombre y apellidos al padre de la alumna y haya afirmado falsamente que los padres no quieren que su hija reciba clases en catalán (https://www.llibertat.cat/2021/12/el-pare-de-canet-de-mar-que-no-vol-que-el-seu-fill-faci-catala-a-l-escola-anava-a-les-llistes-de-c-s-51668)
Avergüenza escuchar los términos en que se expresan sobre la inmersión, con insondable desconocimiento de causa, presentadores-estrella como Àngels Barceló o Carles Francino, o intelectuales de renombre como Josep Ramoneda.
Avergüenza que David Cid, el portavoz parlamentario de los Comunes o cargo afín, use argumentos del tipo: “encuentren un solo alumno que no sepa hablar (sic.) castellano”, “el PSUC ideó la inmersión [como si fuera la misma inmersión que la actual]” o que “solo son seis familias al año [las que piden más castellano] respecto a 1,5 millones de alumnos” (¿Ignora Cid las presiones que reciben las familias disconformes?).
Avergüenza que apenas nadie tenga en cuenta las sabias y prudentes palabras de la historiadora y politóloga Paola Lo Cscio: “[…] en los últimos años una parte significativa de la sociedad catalana se sintió desamparada por la Generalitat, precisamente por lo que se refiere a su identidad, a sus sentimientos de pertenencia y a su lengua. No olvidemos que ahora mismo está presidiendo el Parlament alguien que no tuvo ningún reparo en firmar un manifiesto en favor de la oficialidad única del catalán en una hipotética república independiente. Incluso si el conflicto concreto se ha magnificado con intencionalidad política es de ciegos no ver que su posible recepción por parte de amplios sectores de la ciudadanía tiene poco o nada que ver con la que se podía producir en aquellos lejanos primeros años 90”,
Avergüenza tener que recordar que en 2015 Ana Belén Moreno (un caso muy parecido al de la familia de Canet) tuvo que dar de baja su hijo del colegio Gaspar de Portolà de Balaguer (sigue estudiando a más de 30 km) y cerrar su pequeño negocio (un chiquiparc, el Petit Món se llamaba) por el acoso social al que fue sometida.
Avergüenza saber que Iolanda Batallé, profesora y escritora, haya asegurado durante un programa de la televisión pública de Cataluña que “cómo puede ser que unos padres no quieran que su hijo aprenda la lengua de la tierra donde nació. ¿Qué será lo siguiente, que no coma pan con tomate, que no coma crema catalana?”
Avergüenza que una carta tan profundamente bella como la que escribió en fecha indeterminada Antonio Gramsci a su hijo Delio -”Carissimo Delio, me siento algo cansado y no puedo escribirte mucho. Tú escríbeme siempre y acerca de todo lo que te intereses en la escuela. Yo creo que te gusta la historia, como me gustaba a mí cuando tenía su edad, porque se refiere a los hombres vivos, y todo lo que se refiere a los hombres, en cuanto más hombres sea posible, a todos los hombres del mundo en cuanto se unen entre ellos en sociedad y trabajan y luchan y se mejoran a sí mismos, no puede no gustarte más que cualquier otra cosa. Pero ¿es así? Te abrazo, Antonio”- no sea, desgraciadamente, verdad siempre: a veces los seres humanos nos unimos en sociedad, trabajamos (quienes trabajan), luchamos (quienes lo hacen), y la situación no extrae de nosotros lo mejor de nosotros mismos, sino más bien todo lo contrario: lo peor, lo más fanatizado, lo más irracional, lo más excluyente, lo más nacionalista.
En fin, ¿debemos avergonzarnos de nosotros mismos por no plantar cara, por no llamar a las cosas por su verdadero nombre, por no saber siempre a qué atenernos, por de no ser capaces de estar a la altura de nuestras difíciles circunstancias?
En diciembre de 1937, Henry Lefebvre publicó el ensayo Le Nationalisme contre les Nations (con prefacio de Paul Nizan). Con el título, dio en la diana. Ahí seguimos.

Las sugerencias de la semana: 1. COMUNICADO | ASEC/ASIC (10.12.2021): de apoyo a la familia de Canet de Mar que está padeciendo coacciones por haber exigido enseñanza en castellano. http://www.asec-asic.org/2021/12/10/comunicado-asec-asic-10-12-2021-de-apoyo-a-la-familia-de-canet-que-esta-padeciendo-coacciones-por-haber-exigido-ensenanza-en-castellano/ 2. Alfonso L. Congostrina, “Una familia que consiguió el 25% de castellano en un colegio de Lleida: “Acabé cambiando a los niños de centro” https://elpais.com/espana/catalunya/2021-12-11/una-familia-que-consiguio-el-25-de-castellano-en-un-colegio-de-lleida-acabe-cambiandolos-de-centro.html 3. Joaquim Coll, “La inmersión hispanofóbica” https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/inmersion-hispanofoba_574539_102.html

PS: Nos deben avergonzar también casos como los que explicaba Francesc Valls en su artículo del pasado domingo: “Para hacerse una idea, los ex-presos del franquismo pidieron 3.000 euros de ayuda: les concedieron 170. Los deportados a los campos nazis, 5.500, les dieron 350, como explica Juan M. Calvo de la Amical de Mauthausen. Pero eso no es todo. El sainetesco procés y sus derivadas electorales hizo que el plazo de presentación de proyectos se abriera y se cerrara este año en tiempo récord: del 12 de julio al 6 de agosto. Además, se dieron en total 100.000 euros a repartir entre 92 entidades aspirantes [no llega 1.100 euros por entidad aspirante] para un concurso al que pueden concurrir, entre otras, universidades o empresas culturales. Carles Vallejo, presidente de la Associació Catalana d’Expresos del Franquisme, considera que es un despropósito que su entidad tenga que presentar liquidación de IVA cada tres meses, además del pago del impuesto de sociedades, como si de una empresa se tratara cuando en realidad es una entidad de voluntariado”.

Notas
1) Una reflexión de Gregorio Morán del pasado sábado sobre el tema: “La inmersión lingüística en Cataluña se explicó como una fórmula que compensaba los años de limitaciones y represión que padeció durante la dictadura. El tiempo y el poder fueron implantando otro discurso. No se trataba ya de normalizar nada sino de erradicar una lengua para otorgar el único derecho a otra. Los hijos de quienes alegaban con toda razón poder manejarse en su lengua materna decretaron que ese mismo derecho se les debía negar a los demás. La práctica reciente de informar sobre los usos lingüísticos de los ciudadanos, desde las guarderías a las ocho universidades de Cataluña, se mueve entre la inquisición y la xenofobia independentista. En ese marco, que contado por lo menudo daría para mucho porque nunca se opera con intereses simples sino compuestos y hay que sumar fondos muy diversos, lo evidente es que una familia en Canet de Mar exige que se cumpla la ley y que a su niño de cinco años se le enseñen también en castellano. Ahí se desata la tromba. Alguien se ha atrevido a exigir lo evidente. Le llueven los denuestos institucionales y hay quien manifiesta su intención de apedrearlos, imagino que porque no puede incinerarlos y enviarlos directamente al exilio. La derecha catalanista y la izquierda servil, mayoritarias en los medios, se niegan a cumplir la ley que les demanda para que al menos un 25 % se haga en castellano. Y se rompe el cuadro.” Gregorio Morán (2021)

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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