Resumen (comentado) de El capital en la era del Antropoceno de Kohei Saito (III)

Seguimos en el primer capítulo, apartado: “Los desastres de origen humano se repiten en el Sur global”.
Para analizar la relación entre el capitalismo del Antropoceno (Capitaloceno le llaman algunos) y la crisis medioambiental, Saito introduce las nociones del Sur global y el modo de vida imperial. “Con “Sur global” se hace referencia a las áreas geográficas y a las personas que se ven perjudicadas por la globalización. Los problemas del Sur global son los que, en el pasado, se conocían como “división Norte-Sur”” (20).

Ahora, sin embargo, debido al ascenso de los países emergentes y el aumento de los inmigrantes en los países desarrollados, prosigue Saito, “las diferencias “Norte-Sur” se están desligando de la situación geográfica o no están necesariamente ligados a ella” (20). Hay Sur global en el Norte. Por eso, concluye, usará en el libro el término “Sur global”. “Al repasar la historia del capitalismo se ve que la otra cara de la moneda de la vida próspera en los países desarrollados ha sido una sucesión constante de desgracias en otros lugares” (21). En el Sur global, sostiene, se concentran todas las contradicciones del capitalismo.

Entre los casos más sonados y recientes Saito nos recuerda el vertido de crudo en el golfo de México (BP); los incendios en la selva tropical del Amazonas (compañías multinacionales de la agroindustria); el vertido de petróleo provocado por el carguero fletado por la naviera Mitsui OSK Lines en las costa de las ideas Mauricio, etc.
Las magnitudes de los años son también enormes. En el accidente de la ruptura de la represa de Brumadinho en Brasil (el dique era propiedad de Vale, S.A., una de las tres compañías mineras más grandes del mundo; había causado un accidente similar en otra presa en 2015), fallecieron más de 250 trabajadores.

(Tampoco el Norte está libre de “accidentes”. Recordemos el accidente reciente del tren en Ohio. Creó una nube tóxica de cloruro de vinilo y envenenó los ríos y terrenos cercanos.

Comentario del bibliotecario Carlos Valmaseda (Espai Marx): “Si hubiese sido en China tendríamos titulares para meses. Veremos cómo evoluciona. Pero lo que sí está claro es el deplorable estado de las infraestructuras en EEUU. Imágenes increíbles de las vías en Ohio: https://twitter.com/

Observación del helenista Miguel Candel: “Las infraestructuras USA están sobreUSAdas desde hace mucho tiempo. En los 80, cuando yo pasaba temporadas trabajando en Nueva York, todos los políticos medio progres ya lo denunciaban. Hace unos 20 años se hundió un puente sobre el Mississipi en Minneapolis-SaintPaul, llevándose consigo la tira de coches (testimonio directo: un primo mío que vive allá). EE.UU. es un gigante militar con pies civiles de barro. Pretenden que la UE copie el modelo. A ver qué pasa este fin de semana [18,19/II] en Washington D.C.”)

¿Desgracias fortuitas, se pregunta Keito? De ningún modo. “El riesgo de catástrofe había sido repetidamente señalado por expertos, trabajadores y habitantes de la zona. Sin embargo, Estado y las compañías antepusieron la reducción de costes y descuidaron la adopción de medidas efectivas que hubieran evitado el desastre” (21). En síntesis, desastres de origen humano (capitalismo, búsqueda de beneficios, “reducción de protección y costes laborales”) que hubieran podido evitarse.

Saito señala que quizás entre los ciudadanos japoneses (vale también para nosotros) los accidentes que ocurren en países lejanos no despiertan en general ningún interés, son ajenos a nosotros. Sin embargo: “los japoneses [o los españoles] también somos cómplices de estos desastres de origen humano. El acero de los coches, la gasolina, el algodón de la ropa o la ternera de los gyûdon llega a Japón desde lugares remotos. Esto es porque nuestra vida de prosperidad es inconcebible sin la explotación del trabajo y el saqueo de los recursos naturales del Sur global” (22).

Insisto en el tema: el uso del genérico conlleva problemas. ¿Todos los japoneses o españoles somos por igual cómplices de esos desastres de origen humano? ¿Los accionistas y directivos de Inditex, del BBVA, Santander o Iberdrola, por ejemplo, igual que las trabajadores de Inditex que apenas llegan al salario mínimo interprofesional (si llegan)?

El modo de vida imperial basado en el sacrificio” es el título del siguiente apartado.

Inspirándose en los sociólogos alemanes Ulrich Brand y Markus Wissen, Saito señala que el modo de vida imperial (Imperiale Lebenweise) es el dominante en las sociedades del Norte global: “un modelo basado en la producción y el consumo en masa. Se trata de un modelo que procura una vida próspera a quienes, como nosotros vivimos en países desarrollados” (22), Por eso, este modo de vida se considera generalmente atractivo y deseable. Sin embargo, este modo de vida “se sostiene sobre la existencia de un estructura de saqueo sistemático de las regiones y los grupos sociales del Sur global, a los que se les imponen los costes de nuestra vida opulenta” (22). Este modo de vida imperial, nuestro modo de vida, insiste Saito de nuevo, el de las sociedades de la externalización que invisivilizan los sacrificos del Sur global (“la violencia que se ejerce para el mantenimiento de este estilo de vida se invisibiliza porque ocurre en tierras remotas” (28)), es insostenible sin ese saqueo y transferencia de costes al Sur global. “El empeoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes es un requisito previo del capitalismo y la relación de dominación-sumisión del Norte y el Sur es lo normal, y no una excepción” (23).

Su ejemplo: “quienes fabrican la ropa de la fast fashion, hoy en día tan arraigada en nuestra vida, son obreros [¡sobre todo obreras!] que trabajan en Bangladesh en condiciones miserables. El derrumbe en 2012 del edificio Rana Plaza, que albergaba cinco fábricas textiles y que mató a más de mil personas, es bien conocido” (23).

Lo trágico, añade Satio, es que incluso el Sur global, que depende de la producción y el consumo del modo de vida imperial, se ve obligado a mantener la situación de dependencia por razones estructurales impuestas por el capitalismo global. El caso de la represa de Brumadinho sería un ejemplo: había ocurrido un accidente similar y, a pesar de ello, los trabajadores son forzados (para poder subsistir) a seguir con la extracción minera. No les queda otra. “A mayores sacrificios, mayores beneficios para las grandes compañías. Esta es la lógica del capital” concluye Saito.

La sociedad de la externalización que invisibiliza los sacrificios” es el título del siguiente apartado. Es breve.

Nos podemos permitir el lujo de olvidarnos de la situación externalizadora, señala Koito, porque esta realidad se halla invisibilizada en nuestra vida cotidiana. “El sociólogo de la Universidad de Múnich Stephen Lessenich señala que la transferencia de los costes a lugares lejanos y su invisivilización son imprescindible para la prosperidad de los países desarrollados, a los que califica y censura como la “sociedad de la externalización”” (24).

Lessenich, prosigue Kaito, acusa a los países avanzados (¿avanzados? ¿dónde está su avance desde un punto de vista moral o humano?) de estar tratando de mantener a toda costa este estatuts de privilegio, hoy, mañana y en el futuro.

¿A toda costa? ¿Exagera Kaito? No, a toda costa.

La sociedad de la externalización, concluye Saito en este brevísimo apartado (que no hubiera debido ser un apartado), crea constantemente externalidades para transferir a ella todo tipo de cargas. Este es el punto, el rovell de l’ou, de la prosperidad (económica sustancialmente) de nuestra sociedad. Somos ricos porque empobrecemos a otros (Y causamos además desastres oceánicos: vertimos anualmente a los océanos entre 8 y 12 millones de toneladas de plásticos. “Hace poco más de cuatro años, el investigador neozelandés Laurent Lebreton revelaba en un estudio que la zona de máxima acumulación de plástico del Pacífico tenía el tamaño de Francia, España y Alemania juntas” [1]).

Nos quedamos en el apartado “Los trabajadores y la naturaleza: objetos de saqueo” [2].

Notas

1) Daura Vega Moreno , “Océanos de plástico: mucho más allá de lo visible”, IPS, 17/II/2023. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

2) Ferran de Vargas ha entrevistado a Kohei Saito para Catarsi magazin https://catarsimagazin.cat/. Se la voy traduciendo poco a poco (está publicada en catalán).

Creo que ha vendido más de medio millón de copias de El capital en la era del antropoceno en Japón desde su publicación en el 2020.

Sí, es correcto. Y este enero publiqué mi último libro, una introducción a El capital, que ya ha vendido más de cien mil copias en menos de un mes.

¿Cómo explica su éxito?

El éxito de estos dos libros indica claramente que existe un interés creciente en un enfoque más radical a los problemas a los que se enfrenta la sociedad japonesa.

Especialmente el gran éxito de El capital en la era del antropoceno se debe a que apareció en medio de la pandemia. En ese momento hubo dos cuestiones que se hicieron muy visibles para el pueblo japonés. Una es la creciente desigualdad económica. La población japonesa se sintió muy indignada al ver lo mal que se trataba a los trabajadores esenciales. En la industria de los cuidados, como, por ejemplo, en los jardines de infancia o en los geriátricos, los trabajadores no tenían buena protección frente al virus y no podían hacer teletrabajo, pero al mismo tiempo eran quienes recibían los salarios más bajos, mientras había quien desde la distancia hacía mucho dinero en medio de aquella situación. Se celebraron entonces los JJOO en plena pandemia y algunas industrias consiguieron enormes beneficios mientras mucha gente sufría. Por tanto, mi crítica de que si seguimos en este capitalismo neoliberal las cosas irán empeorando atrajo cierta atención.

Pero la otra cuestión es que la pandemia que hemos vivido es muy típica del Antropoceno. La intervención humana en la naturaleza es tan enorme bajo el capitalismo global en los últimos treinta años, que ha aparecido este nuevo tipo de virus y se ha extendido muy rápido por todo el mundo. Entonces dije que esta crisis que sufrimos no es la última, sino que es el comienzo de una nueva era que llamo el Antropoceno. Esta era se caracteriza por un estado de emergencia crónico especialmente relacionado con la crisis climática, que será mucho más duradera y tendrá un impacto disruptivo en todas las esferas del día a día. Esto es consecuencia de la velocidad en continua aceleración de la producción capitalista.

Entonces pensé: de acuerdo, algunos intentan abordar estos dos problemas –la crisis económica y la crisis medioambiental– desde dentro del capitalismo, pero han estado fracasando durante los últimos treinta años. Ahora hablan de inversiones verdes y cosas por el estilo, pero estas propuestas son demasiado débiles frente a la escala de esta crisis, son insuficientes y se utilizan como una especie de excusa o greenwashing.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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