Resumen (comentado) de El capital en la era del Antropoceno de Kohei Saito (IV)

Seguimos en el primer capítulo, en el apartado “Los trabajadores y la naturaleza: objetos de saqueo”.
Saito resume la relación entre el capitalismo de los países desarrollados y el sacrificio del Sur global recurriendo a la teoría del sistema-mundo de Immanuel Wallerstein (1930-2019).

Según Wallerstein, señala Saito, “el capitalismo se compone de “núcleo” y periferia. El núcleo explota la mano de obra barata de la periferia, llamada Sur global, y aumenta su margen de beneficios comprando sus productos a precios irrisorios. A juicio de Wallerstein, se está produciendo un hiperdesarrollo de los países avanzados y un subdesarrollo de los países de la periferia a costa de un intercambio desigual de la fuerza de trabajo” (25). Sin embargo, dada la globalización del capitalismo, que se ha infiltrado en todos los rincones de planeta, “las fronteras que definían los objetos de saqueo han desaparecido”. La mecánica de obtención de beneficios del capitalismo ha alcanzado su límite. “Como consecuencia de la contradicción del margen de beneficios, la acumulación de capital y el crecimiento económico se están complicando, a tal punto que se habla del fin del capitalismo” (25).

En todo, prosigue Saito, sobre lo que le gustaría llamar la atención es acerca del otro protagonista de esta historia. Wallerstein hablaba, sobre todo, de la explotación de la fuerza de trabajo humano. Pero para el filósofo japonés este es un tratamiento sesgado del capitalismo. El otro actor fundamental es el medio ambiente [MA]. “El objetivo de saqueo del capitalismo no es solo la mano de obra de la periferia, sino el MA planetario en su conjunto. Los recursos naturales, la energía y los alimentos se le arrebatan al Sur global mediante el intercambio desigual con los países del mundo desarrollado. El capitalismo utiliza a las personas como instrumentos para la acumulación de capital”. Pero no solo eso: “para el capitalismo, la naturaleza es también un simple objeto de saqueo”. Esta es, lo señala el propio autor, una de las tesis centrales del libro. Desde su punto de vista, “si esta clase de sistema social persigue un crecimiento económico infinito, la caída del medio ambiente planetario en una situación crítica es, sencillamente, una consecuencia lógica” (26).

(Tema pendiente para comentario: el asunto de la globalización, de la desglobalización o de dos globalizaciones enfrentadas).

El apartado siguiente está dedicado a la “Externalización de la carga ambiental”.

El núcleo del sistema, por decirlo a la Wallerstein y ampliando su análisis, “ha estado arrebatando los recursos a la periferia y, al mismo tiempo, ha impuesto a esta la asunción de los costes y las cargas ocultos para los beneficiarios del crecimiento económico” (p. 26)

El ejemplo dado por Saito: el aceite de palma, uno de los protagonistas en la alimentación de los japoneses. Brevemente: 1. El uso del aceite de palma, no solo por su módico precio (ignoro si a día de hoy es tan módico) sino por su resistencia a la oxidación, es muy popular en la fabricación de alimentos procesados, en la elaboración de dulces o en la producción de comida rápida. 2. El aceite de palma se fabrica en países como Indonesia o Malasia. La superficie de cultivo de la planta aceitera, que constituye su materia prima, se ha multiplicado desde comienzos de este siglo. 3. Ello ha conllevado la destrucción forestal a causa del desarrollo incontrolado y la sobreexplotación de los bosques tropicales. 4. Las explotaciones a gran escala están siendo destructivas también para la vida de las personas que han dependido del entorno natural de estos bosques (su roturación para plantaciones ha erosionado el suelo, ha contaminado con abonos y pesticidas los ríos y ha reducido la cantidad y la variedad de peces). 5. Los habitantes de estas zonas (su fuente de proteínas eran los peces de río) se han visto obligados a gastar más dinero que antes en alimentarse. 6. Consecuencia de ello: para obtener ingresos, algunos se han lanzado a la cada ilegal de especies animales protegidas en peligro de extinción (tigres, orangutanes).

En síntesis; “tras el estilo de vida de bajo coste [cuando es el caso] y repleto de comodidades [no por igual, no para todas las clases sociales del centro, donde también hay Sur gobal], existe no solo una explotación de la fuerza de trabajo de la periferia, sino el saqueo de sus recursos y la imposición de las cargas ambientales aparejadas” (27).

Por otra parte, los daños causados por la crisis MA no las sufren por igual todos los habitantes de nuestro planeta. “Las cargas MA derivadas de la producción y el consumo de alimentos, recursos energéticos y materias primas se reparten de forma desigual” (27).

Tomando pie en Stephan Lessenich, que critica a los países desarrollados como “sociedades de externalización”, Saito concluye que “transferir la carga ambiental a las personas y a los entornos naturales de lugares remotos y eximirnos del pago del coste que ello implica es el prerrequisito de nuestro estilo de vida opulento” (27).

La negación de la conciencia de culpa y la recompensa por la procrastinación” es el título del siguiente apartado.

El modo de vida imperial (concepto definido anteriormente) se reproduce sin solución de continuidad en nuestra vida cotidiana. Mientras tanto, “la violencia que se ejerce para el mantenimiento de este estilo de vida se invisibiliza porque ocurre en tierras remotas.” (28)

La satisfacción que nos procuran las indulgencias, comenta Saito críticamente, “nos insensibiliza y consolida nuestro desinterés por la violencia que se ejerce lejos de nosotros sobre las personas y los entornos naturales donde se fabrican las bolsas ecológicas” (28), con las que nosotros buscamos aplacar nuestra conciencia de culpa por la emergencia climática, por ejemplo.

Para Saito, no es solo que los habitantes del mundo (mal llamado) desarrollado se vean forzados a ignorar esa transferencia, sino que la ignorancia “termina por interiorizar en su mente que el modo de vida imperial, que colma su vida de riquezas, es loable y deseable. Finalmente, se termina deseando permanecer en la ignorancia y temiendo conocer la verdad” (28). No saber se va transformando en no querer saber.

Pero, pregunta Saito, ¿no somos, en el fondo, conscientes de que a nosotros nos va bien porque a otros les va mal? Tomando pie esta vez en Markus Gabriel, un filósofo alemán destacado, nos informa Saito, lo que se está haciendo es invisibilizar la injusticia como algo ajeno a nosotros. No seríamos capaces de soportar la verdad, añade.

De esta forma, concluye así este apartado, “el modo de vida imperial se afianza, se consolida y se va aplazando la toma de medida contra la crisis. Así es como cada uno de nosotros nos convertimos en cómplices de la injusticia. Pero el castigo por la procrastinación [1], finalmente comienza a sonar con toda su crudeza en forma de crisis climática” (29), también en el núcleo del sistema.

El próximo apartado está dedicado a los Países Bajos [2].

Notas

1) Tomo la definición de Wikipedia: “La procrastinación (de procrastinare: pro, adelante, y crastinus, mañana), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables por miedo a afrontarlas y/o pereza a realizarlas”. Para Saito, retrasamos (con las consecuencias conocidas) nuestra urgentísima acción contra el capital, nuestra praxis política contra el sistema enemigo de la Naturaleza.

2) Como indiqué, Ferran de Vargas entrevistó a Kohei Saito para Catarsi magazin https://catarsimagazin.cat/. Publicada en catalán, les voy traduciendo la entrevista poco a poco:

En las primeras páginas de El capital en la era del antropoceno afirma de forma provocadora que el foco que se dirige sobre el consumo responsable y el reciclaje es el nuevo opio del pueblo. ¿Qué diría a quienes ven este planteamiento como demasiado radical?

Especialmente en Japón los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) han sido muy populares, se han hecho virales y los puedes ver en todas partes, todo el mundo mira programas y anuncios donde se habla de los ODS todos los días, también se inculcan en las escuelas. Pero al mismo tiempo nada ha cambiado. Mi afirmación es una provocación radical, sí, pero captó la atención de los medios de comunicación y de mucha gente. El tipo de alternativa que propongo se basa en cambiar el sistema y no el comportamiento individual a través de reciclar más o comprar botellas de agua sostenibles. Esto chocó a muchas personas que realmente creen ingenuamente que lo que están haciendo es en realidad muy bueno, pero que, finalmente, no es más que una mera ilusión. Pero mucha gente se sintió atraída por esa advertencia porque la pandemia y la crisis climática se convirtieron en problemas acuciantes.

¿Cuál cree que es el perfil de sus lectores?

Escribí El capital en la era del antropoceno para el público general, no para el mundo académico, como libro de bolsillo. El público japonés que suele comprar este tipo de libros son gente del mundo de los negocios de mediana edad. En realidad empecé hablando de los ODS porque la gente del mundo de los negocios habla mucho de esto, y cuando lo criticé les chocó y pensaron que debían leerlo. Por eso compraron mucho mi libro y lo leyeron con entusiasmo, y recibí muchas invitaciones para dar conferencias incluso por parte de las grandes empresas.

Por otra parte, mucha gente que ahora tiene más de sesenta años fue muy activa en el movimiento estudiantil cuando eran universitarios y es la generación que ha leído a Marx y El capital. Ellos también han comprado mucho mi libro.

Más recientemente percibo que la gente joven también está comprando y leyendo el libro. Hoy en día la gente joven tiene poco dinero y está muy ocupada con YouTube, TikTok y cosas por estilo, y no leen este tipo de libros teóricos. Pero gracias al éxito del libro, los estudiantes empezaron a leerlo. Y sorprendentemente, ellos son los que más fácilmente aceptan mi propuesta radical. Cuando hablo de Marx y de comunismo, la gente que tiene aproximadamente mi edad muestra dudas o incluso desprecio por considerarlo caduco y relacionarlo con la Unión Soviética y la dictadura. Cuando hablo de decrecimiento, la gente del mundo de los negocios dice entender mi crítica al capitalismo, pero que el decrecimiento aún empeorará más la situación. Pero la generación más joven se plantea que quizás esta es la vía.

¿Qué papel juega el Partido Comunista de Japón (PCJ)?

Dentro del PCJ no hay elecciones democráticas y Kazuo Shii lleva más de veinte años al frente del partido. Un militante llamado Nobuyuki Matsutake publicó recientemente un libro donde proponía que el partido adoptara el sistema de elecciones democráticas internas, y ha sido expulsado fulminantemente. Los líderes del partido argumentan que este militante traicionó a la organización y rompió sus normas. En ese sentido, el PCJ mantiene el estilo antiguo de los partidos comunistas. Por otra parte, también ignoró totalmente mi libro. Tienen su diario, Akahata, y nunca se han referido a mi libro, ni han escrito una crítica. Esto se debe a que mi interpretación de Marx, el comunismo decrecentista, contrasta con su defensa del crecimiento verde. Defienden una especie de green new deal. Las propuestas del PCJ son más socialdemócratas que comunistas, pero el partido mantiene algunos de los rasgos de los partidos comunistas antiguos como la expulsión de los críticos. Yo soy marxista y hablo de comunismo, por tanto el núcleo de mis lectores es gente de izquierdas. Pero, usualmente, la gente de izquierdas en Japón es vieja, y no puede aceptar la idea del decrecimiento. Mi única esperanza es la generación más joven.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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