Resumen (comentado) de El capital en la era del Antropoceno de Kohei Saito (VIII)

Seguimos en el primer capítulo, en el apartado “La crisis visibilizada”.
Antes de entrar en materia una sugerencia: la lectura del dossier sobre “Ecologismo y capitalismo” que publica El Viejo Topo en el número 422 (marzo, 2023). Su contenido: “Cartografía mínima de un ecologismo en ebullición”, Adrián Almazán; “La negación capitalista de la realidad sistemática”, Vincent Laupies; “Ecologismo. Contra el reformismo y el espiritualismo. Entrevista a Alfredo Apilánez”, SLA; “Agenda 2030 y capitalismo verde”, José Antonio Bielsa Arbiol; “Crisis agraria y dilema ecológico”, Miquel Amorós. No les decepcionará.

Cojo el hilo de nuevo.
Desde una perspectiva a corto plazo, observa Saito, el capitalismo podría parecer aún en forma, incluso con buenas perspectivas de futuro. Sin embargo, “como consecuencia del rapidísimo crecimiento económico de países tradicionalmente receptores de las externalidades, como China o Brasil, el margen de externalización y transferencia se está reduciendo con rapidez.”(44) Es imposible que todos los países externalicen sus contradicciones al mismo tiempo. Sin embargo, para la sociedad de la externalización, para el capitalismo, “la falta de exterior es mortal de necesidad”. Una arista débil.

En efecto, “ahora que se ha esfumado la frontera de la fuerza de trabajo barata, los márgenes de beneficio se han reducido y la explotación de los trabajadores en los países desarrollados se está intensificando”. Al mismo tiempo, “la transferencia de las cargas medioambientales al Sur global y la externalización están llegando a sus límites, y sus contradicciones se están empezando a manifestar en los países del primer mundo”. El deterioro de las condiciones laborales es un hecho también patente en el día a día de quienes vivimos en países que llamamos “desarrollados”. De igual modo, afirma Saito, “es solo cuestión de tiempo que comencemos a padecer las dolorosas consecuencias de la destrucción del MA, como el cambio climático”. Ya no es un problema ajeno, lo estamos viviendo.

Redundando en la afirmación de Wallerstein, sostiene Saito, “diríamos que la cuestión clave en este punto es que solo existe un planeta Tierra y que todo está conectado”. Cuando la externalización y la transferencia se compliquen, al final, nos tocará a los ciudadanos de los países más industrializados (sobre todo a los más vulnerables) pagar la cuenta. “La basura de plásticos que hasta ahora parecía desaparecer en el mar está volviendo a nosotros en forma de microplásticos mezclados en el pescado, el marisco y el agua”.

Saito nos recuerda que, según diversas investigaciones, estamos ingiriendo semanalmente una cantidad de plástico equivalente a una tarjeta de crédito. Asimismo, “el CO2 también altera el clima y sus efectos se están empezando a manifestar en Japón, año tras año, en forma de olas de calor o supertifones”.

(Dicho sea entre paréntesis: el profesor Eduard Rodríguez Farré habló (y renunció) en su momento la presencia de mercurio en nuestra alimentación. Véase Ciencia en el ágora, Vilassar de Dalt, El Viejo Topo).

En Europa, por su parte, “los refugiados sirios [Saito escribe antes de la invasión de Ucrania] se han convertido en un grave problema social que está dando alas al crecimiento de la derecha populista que amenaza la democracia”. Se cree también, afirma, “que una de las causas de la guerra civil siria es el cambio climático: las malas cosechas que se sucedieron en toda Siria, como consecuencia de la larga sequía, han condenado a sus gentes a la miseria, lo que habría incrementado la probabilidad del estallido de conflictos sociales”. No estoy en condiciones de discutir la hipótesis, desconocía esa perspectiva.

Lo mismo ocurre en Estados Unidos, prosigue. “El agigantamiento de los huracanes es un fenómeno bien conocido, pero no es ni mucho menos el único. Por ejemplo, las caravanas de refugiados procedentes de Honduras que se agolpan en la frontera de Estados Unidos”. Estos refugiados no solo estarían buscando dejar atrás la violencia o la inestabilidad política, “sino que estarían acusando la dificultad de subsistir como agricultores debida a los efectos del cambio climático y la miseria a la que se están viendo abocados”.

Frente a la marea de refugiados ambientales, observa Saito, el presidente Trump (Saito escribe antes de la presidencia de Biden) se mostró inmisericorde, “los retuvo en condiciones penosas y les negó terminantemente la entrada al país. Incluso está levantando un muro en la frontera con México”. La UE, nos recuerda, “también está endosando a Turquía los refugiados que llegan en masa a Europa”.

No se podrá seguir obrando así eternamente. “El cambio climático y los migrantes ambientales están haciendo zozobrar el orden mundial mediante la visibilización de las contradicciones del modo de vida imperial, en forma de materiales y cuerpos humanos, invisibles hasta ahora en los países desarrollados”.

La era de la gran bifurcación” es el título del siguiente apartado.
A causa de la extinción del exterior para el centro capitalista, apartar la mirada de la crisis resulta cada vez más difícil. “Ya no cabe quedarse de brazos cruzados exclamando campanudamente «¡Después de mí, el diluvio!». El diluvio es una amenaza inminente”.

El cambio climático nos está forzando, nos debería estar forzando, “a revisar de raíz el modo de vida imperial que depende del extractivismo y la externalización”. Empero, prosigue Saito, cuando quede definitivamente claro (¿a quiénes?) “que la transferencia es imposible y la percepción de crisis e inseguridad se instale en la mente de las personas, los movimientos excluyentes ganarán fuerza”. El populismo de derechas, conjetura, “tratará de aprovechar a su favor la crisis climática y espoleará el sentimiento nacionalista excluyente”. A fuerza de fomentar la división en la sociedad, se agravará la crisis de la democracia. “Si, como resultado, líderes autoritarios alcanzasen el poder, no sería descabellada la instauración de sistemas que podrían ser catalogados de «fascismo climático»”. Saito anuncia que volverá sobre este peligro en el capítulo 3º. Queda pendiente.

Pero, dialécticamente, “esta crisis también podría constituir una oportunidad”. ¿Por qué? Porque el cambio climático obligará a todos nosotros, “a los habitantes de los países desarrollados a afrontar las consecuencias de sus actos, porque la desaparición de las externalidades los convertirá en víctimas”. Como consecuencia de ello, “las demandas y acciones orientadas a una profunda revisión del estilo de vida dominante y la búsqueda de una sociedad más justa podrían comenzar a recibir un amplio apoyo”.

Citando a Wallerstein de nuevo, Saito sostiene que esta sería, exactamente, la «bifurcación» a la que nos aboca la crisis del sistema capitalista. “El agotamiento del exterior nos conducirá sin remedio a una bifurcación en el curso de la historia en la que el sistema actual se revele disfuncional”. Poco antes de fallecer, recuerda, “Wallerstein también dijo: «Aceptar la externalización como «algo normal» es ya una perspectiva del pasado lejano, totalmente obsoleta». Y cuando no se pueda externalizar, se dejará de poder acumular capital como hasta ahora ha sucedido”. La crisis ambiental se recrudecerá y, como consecuencia de ello sostiene Saito, la legitimidad del sistema capitalista flaqueará ostensiblemente y crecerán (o no, habría que matizar, no hay determinismo) los movimientos (¿qué tipos de movimientos?) de protesta contra el orden reinante.

De ahí, nos recuerda Saito, que Wallerstein dijera que la extinción actual del exterior es un punto divergente de la historia. “La caída del sistema capitalista, ¿ traerá caos, confusión y desorden o será reemplazado por otro sitema social estable? Se acerca la «bifurcación» del fin del capitalismo”.

La disyuntiva excluyente de Rosa Luxemburg, «socialismo o barbarie», cobra así, para Saito (también para mí), plena actualidad en esta gran bifurcación del siglo XXI. Pero, de nuevo el qué hacer, “¿qué hacer para evitar la «barbarie»?” Lo que es seguro, en opinión de Saito, “es que ni parches ni mejoras graduales servirán; los cambios deberán ser radicales o no serán por falta de tiempo”. Veremos que entiende el filósofo nipón por radicalidad.

Qué medidas audaces se pueden adoptar, se pregunta Saito. En el próximo capítulo, el segundo, anuncia que analizará el Green New Deal, la gran esperanza de Occidente.

Notas

1) Nos quedaba un trozo de la entrevista de Ferran de Vargas a Kohei Saito https://catarsimagazin.cat/. Es este:

Quisiera hacerle una pregunta más personal: ¿cómo se interesó por el marxismo?

Entré en la Universidad de Tokio en 2005, e hice algunos amigos que estudiaban el marxismo relacionado con problemas contemporáneos de la sociedad japonesa, como la desigualdad, el trabajo precario y la responsabilidad de guerra (como por ejemplo la cuestión de las mujeres de consuelo). Me puse a estudiar estos problemas con mis amigos, y me di cuenta de que muchas cuestiones estaban relacionadas: por ejemplo, la guerra está relacionada con el imperialismo y el imperialismo es una forma de capitalismo, o la precariedad laboral tiene que ver con las reformas neoliberales que son también una forma de capitalismo. Progresivamente me conciencié de que muchos problemas actuales tienen su origen en el capitalismo, y quise saber más sobre este sistema. Entonces leí a Marx y a académicos marxistas, a pesar de que al principio me era muy difícil de entender.

Especialmente después del desastre nuclear de Fukushima en 2011, llegué a reflexionar sobre el problema de la desigualdad entre Tokio y las zonas rurales. Las plantas nucleares de la zona rural de Fukushima producen electricidad para la gente de Tokio, pero los principales peligros de esa energía los sufren los habitantes de Fukushima. Me preguntaba cómo se explica la desigualdad y destrucción de la naturaleza causadas por estas tecnologías, y me fui interesando por la cuestión de la sostenibilidad y la relación entre el ser humano y la naturaleza mediada por la tecnología.

Marx tenía reputación de productivista, y en ese momento yo no estaba seguro de que fuera un punto de referencia muy útil más allá de cuestiones como la lucha de clases y la explotación. Pero entonces conocí el proyecto MEGA y algunos de los académicos que ahora conozco muy bien eran miembros dedicados a editar los cuadernos de notas de Marx, y resulta que los cuadernos en los que trabajaban los académicos japoneses eran sobre las ciencias naturales. Entonces pensé que sería una buena manera de estudiar los temas que me interesaban, y lo cierto es que funcionó muy bien e hice mi tesis doctoral al respecto, a pesar de haber hecho mi tesis de máster sobre Hegel.

Al principio debía realizar el doctorado también sobre Hegel, pero en el momento en que escribía la tesis de la que hablaba sucedió el desastre de Fukushima y no estaba del todo seguro de si debía hablar de cuestiones tan filosóficas y abstractas.

Teniendo en cuenta la importancia del marxismo japonés a pesar del relativo desconocimiento que se tiene en Europa, quisiera preguntarle si existe algún teórico marxista japonés que haya tenido una influencia especial en el desarrollo de sus propias ideas.

Uno de los marxistas japoneses más famosos es Kōzō Uno. Pero yo no soy discípulo suyo, nunca he estado muy influido por sus ideas. Él tuvo una gran influencia sobre Kojin Karatani, otro marxista japonés bastante famoso de tendencias más posmodernas con quienes no comparto muchas cosas a pesar de ser también asociacionista. Mi tradición proviene de Samezō Kuruma, de quien Teinosuke Ōtani fue discípulo. También debo mencionar a mi buen amigo Ryuji Sasaki.

Una de las características de nuestra escuela o enfoque, a diferencia de Uno y su escuela, consiste en leer El capital u otros textos de Marx en alemán y prestar atención a los manuscritos, cartas y cuadernos de notas. Uno consideraba que El capital era una mezcla de ideología y ciencia, y que se podía eliminar la parte ideológica y extraer la ciencia pura de los principios de la economía política. Así pues, él reconstruía las cosas y omitía muchas partes para hacer su propio sistema. Nosotros intentamos averiguar por qué Marx escribe como escribe. En vez de decir simplemente que se equivocaba o estaba confundido, intentamos pensar con Marx y por qué debía escribir de esa manera, incluso cuando es confusa. Cuando es confusa, debe haber alguna razón por la que lo es.

Así pues, somos más empáticos con Marx. Algunos malentienden que le dogmatizamos o intentamos protegerlo buscando en los cuadernos de notas y manuscritos para encontrarle una defensa. No es nuestra intención. Creo que es obvio que la teoría de Marx es limitada, que no explica todo, especialmente en el siglo XXI. Además El capital es una obra inacabada, y especialmente el volumen tercero es bastante inmaduro. Pero debemos clarificar hasta qué punto llegó Marx, y para ello debemos seguir su propio pensamiento.

Reconocemos los límites, pero al mismo tiempo tratamos de clarificar estos límites con mayor cuidado. Por ejemplo, Marx no predijo el cambio climático, pero sabía que el capitalismo contenía la contradicción ecológica que ha terminado generando el cambio climático.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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