Resumen (comentado) de El capital en la era del Antropoceno de Kohei Saito (XIX)

Estamos en el capítulo 3: Contra el decrecimiento bajo el capitalismo”, en el apartado Un nuevo punto de vista para la teoría decrecentista”.

Unas sugerencias previas:

1. “Despotismo ecologista” por Najat el Hachmi. Publicado en El País, 5/5/2023. “Pongamos un ejemplo reciente que demuestra la indiferencia en los actos de quienes dicen estar muy concienciados: esos ricos que tienen unas necesidades tan absolutamente irrenunciables como venirse a Barcelona a ver el concierto de un cantante, los ejemplares Obama, tan progresistas, tan ecologistas, pero a quienes no les basta, ahora que terminaron sus obligaciones como electo él y consorte ella, no les basta con quedarse en su casa leyendo un libro o darse un paseo, no pueden renunciar a su jet privado para acumular una huella de carbono desorbitada mientras a usted le piden que se apretuje en el metro para ir a trabajar. Y como ellos, tantos otros millonarios que se creen que el mundo les pertenece. Son élites ecologistas de palabra, muy ilustrados y aleccionadores, pero tremendamente déspotas en sus hábitos y costumbres.”

2. “La India quiere construir la mayor planta solar del mundo” por Meera Subramanian (https://vientosur.info/la-india-quiere-construir-la-mayor-planta-solar-del-mundo/): “Todas las mañanas, en el distrito de Tumakuru, en Karnataka, un estado del sur de la India, el sol se asoma por el horizonte e ilumina las colinas verdes y marrones de los Ghats orientales. Sus rayos caen sobre las praderas que las rodean y alguna que otra aldea adormecida; el cielo cambia de color, del naranja sorbete al azul empolvado. Finalmente, la luz solar llega a un mar de cristal y silicio conocido como Pavagada Ultra Mega Solar Park. Aquí, dentro de millones de paneles fotovoltaicos, alineados en filas y columnas como un ejército en posición de firmes, los electrones vibran con energía. Los paneles cubren trece mil acres (52,61 km2), sólo un poco menos que la superficie de Manhattan.”

3. Acaba de surgir una nueva polémica por la gran cantidad de proyectos de renovables. Algunos sectores ecologistas han apelado directamente a las cinco grandes organizaciones ecologistas españolas para criticar lo que consideran una cierta falta de apoyo. Este es el manifiesto que han lanzado: stopmacrorenovables

4. La Marea ha publicado un avance editorial de la traducción del libro de Jason Hickel Menos es Más. Les copio el enlace: https://www.climatica.lamarea: “[…] No se trata solo de modificar las conductas individuales, como apagar las luces cuando salimos de una habitación. Sí, esas cosas son importantes (y, obviamente, tenemos que pasar a utilizar bombillas led, mejorar el aislamiento térmico de las viviendas, etc.), pero lo que tenemos que hacer en realidad es cambiar la forma en que funciona la economía. Pensemos en toda la energía que hace falta para extraer, fabricar y transportar todo lo que la economía produce cada año. Hace falta energía para extraer las materias primas de la tierra y para hacer funcionar las fábricas que las transforman en productos acabados. Hace falta energía para empaquetar esos productos y repartirlos por el mundo en camiones, trenes y aviones, para construir almacenes en los que guardarlos y comercios en los que venderlos, y para procesar todos los residuos que generan cuando se tiran a la basura. El capitalismo es un gigantesco engranaje succionador de energía. Para que disminuya el uso de energía, tenemos que abandonar el crecimiento agregado como objetivo, reducir las formas menos necesarias de producción y colocar la búsqueda de resultados sociales positivos en el centro de la economía.”

Cojo el hilo de Saito.

Sin embargo, pregunta el filósofo japonés, ¿se justifica en realidad tanto optimismo? “Esta duda es, precisamente, el punto de partida del nuevo decrecentismo. La URSS ya no puede ser una referencia, eso está claro. Pero tampoco cabe la conciliación entre el capitalismo y el decrecimiento. El capitalismo hay que combatirlo”. Este es el posicionamiento básico de la nueva propuesta decrecentista, sostiene.

Para explicar mejor este punto, Saito presenta “el discurso de Slavoj Zizek, filósofo marxista esloveno. Su crítica a la postura de Stiglitz es aplicable también a la vieja teoría del decrecimiento”.

El premio Nobel de economía, nos recuerda Saito, es conocido, entre otras cosas, por sus duras críticas contra los excesos de la globalización, el desigual reparto de la riqueza o la dominación de los mercados por la grandes corporaciones”. Lo que Zizek considera un problema es la solución que propone Stiglitz: un capitalismo progresista. “Stiglitz censura la fe en el mercado libre y afirma que para hacer realidad una sociedad capitalista justa son necesarias medidas, como la subida de salarios, mayores gravámenes para los ricos y las grandes corporaciones, o un mayor rigor en el control de los monopolios”. Stiglitz cree que modificando leyes y políticas, a través de votaciones democráticas, “se podrá lograr un capitalismo progresista que recupere el crecimiento económico y convierta a todo el mundo en clase media rica”.

Sin embargo, Zizek duda con razón de que solo con cambiar leyes y políticas se pueda llegar a embridar el capitalismo. De entrada, señala, si esas medidas de mayores impuestos de sociedades o ampliaciones de la protección social fueran tan fáciles y efectivas, se hubieran aplicado hace tiempo. “Cuando, en la década de 1970 cayó la tasa de beneficio, el capitalismo se enfrentó a una grave crisis existencial, pero se deshizo de todo tipo de regulaciones y consiguió que se bajaran los tipos impositivos”. En tal caso, prosigue Saito, “si se reforzaran las restricciones a los niveles de aquellos años o se impusieran otros todavía más estrictos, ¿no colapsaría el sistema capitalista?” Para él es imposible que el capitalismo acepte estas medidas y claudique tan fácilmente. “Se revolvería como gato panza arriba, como hizo en su día. Es decir, Stiglitz está oponiendo su idea del «capitalismo verdadero», una visión de futuro más justa, a lo que él considera el «capitalismo falso», hoy imperante; pero de lo que quizá esté adoleciendo su planteamiento es de la posibilidad de que tal vez la era dorada del capitalismo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1970, que él parece admirar, fuera el capitalismo falso, o sea, la excepción; y que el capitalismo falso que él censura sea, en realidad, el auténtico capitalismo”.

En este sentido, se pregunta el filósofo nipón ¿no sería la reforma por la que aboga Stiglitz irrealizable porque, sencillamente, es incompatible con el mantenimiento del capitalismo? Defender seriamente una reforma para seguir sosteniendo sosteniendo el capitalismo convierte a Stiglitz en un auténtico utópico.”

El capitalismo decrecentista es una quimera” es el título del siguiente apartado.

La etiqueta de «utópico» se podría aplicar igualmente a quienes proponen una transición hacia la sociedad decrecentista dentro del marco capitalista, opina Saito. Y es que, sostiene, por la misma definición del capital, el capitalismo y el decrecimiento son incompatibles. “El capital es un ejercicio eterno de multiplicación del valor de cambio. Se invierte y reinvierte el capital, se genera valor de cambio a través de la producción de bienes y servicios, se incrementan las ganancias y se amplía el capital. Para la consecución de los objetivos del capitalismo se emplea la fuerza de trabajo y los recursos del mundo encero, se exploran y explotan nuevos mercados, y no se deja escapar ninguna oportunidad de negocio por pequeña que sea”. Sin embargo, observa Saito, la colonización del mundo por el capitalismo ha destruido la vida de las personas y su medio ambiente. Por eso, “el decrecimiento propone frenar este ejercicio de excesos del capital y contener su avance”.

Su posición crítica: “Tal vez digan los viejos decrecentistas: «Resolvamos las contradicciones del capitalismo, su externalización y su transferencia. Acabemos con e1expolio y el saqueo. Dejemos de priorizar los beneficios empresariales y centrémonos en la felicidad de los trabajadores y consumidores. Reduzcamos el tamaño de los mercados hasta niveles sostenibles». No dudo que a algunos este capitalismo decrecencista les pueda sonar bien. El problema es que la búsqueda de beneficios, la ampliación de los mercados, la externalización, la transferencia, la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de la naturaleza constituyen la esencia del capitalismo”. Para Saito, abjurar de todo lo anterior y echar el freno significa, en la práctica, abandonar el capitalismo.

Con otras palabras: “soñar con mantener el capitalismo despojándolo de sus características esenciales -un crecimiento económico basado en la obtención de beneficios- es como pretender dibujar un círculo con tres ángulos: una auténtica utopía”. Este es el límite, para él, de la vieja teoría del decrecimiento.

¿Los 30 años perdidos fueron decrecentistas?” es el título del siguiente apartado.

Reflexionemos ahora, observa Saito, un poco más en detalle, sobre la posibilidad del decrecimiento bajo el capitalismo, tomando como ejemplo la sociedad japonesa.

El decrecimiento, señala, “en un sistema capitalista, mientras se sigue teniendo como objetivo el crecimiento, se asemejaría a lo sucedido en los llamados «30 años perdidos» de Japón. En efecto, Hirai afirma que «Japón se halla en la posición de liderar un nuevo modelo de riqueza de las sociedades ma­ duras». Pero nada hay peor para el capitalismo que no poder crecer. Cuando el crecimiento se detiene en el capitalismo, las empresas buscan aún con más ahínco los beneficios. En un juego de suma cero, se recorta el salario de los trabajadores, se acometen reestructuraciones y se precariza el empleo para reducir costes. A nivel nacional, la brecha social aumentará y, a nivel internacional, el expolio del Sur global se volverá aún más violento.”

De hecho, prosigue Saito, en Japón ha descendido la proporción del reparto del valor agregado al trabajo y ha aumentado la desigualdad entre ricos y pobres. “También son notorios los problemas de explotación laboral en las llamadas «empresas negras». El pastel se hace más pequeño y aumenta la precariedad laboral. La gente compite a cara de perro para sobrevivir. Como refleja la popularización de los términos «ciudadanos de primera» y «ciudadanos de segunda», la fragmentación social está causando mucho dolor entre la gente.”

El verdadero significado del decrecimiento” es el título del siguiente apartado.

Para Saito, la trágica situación de la sociedad japonesa ofrece una lección importante: “no debemos confundir y mezclar el estancamiento secular y la recesión por la pandemia de la COVID-19 con la sociedad. estacionaria o el decrecimiento”. El objetivo principal del decrecimiento, para Saito, no es la reducción del PIB. “Este malentendido es bastante común. Por esta vía, el debate termina siempre encallando en la misma discusión en torno al valor del PIB. Se suponía y se esperaba que el crecimiento económico trajera prosperidad. Las sociedades, por consiguiente buscaron incrementar el PIB. Sin embargo, esa prosperidad no ha llegado para todo el mundo.”

Por eso, observa Saito con agudeza, “el decrecimiento como antítesis no se refleja necesariamente en el PIB. Se trata de poner el énfasis en la prosperidad de las personas y en la calidad de su vida. Es cambiar la cantidad (crecimiento) por la calidad (desarrollo). Es un proyecto a gran escala para cambiar el sistema actual por un modelo económico que, al tiempo que presta atención a los límites planetarios, reduzca la desigualdad económica, amplíe la protección social y aumente el tiempo libre.”

Por lo tanto, prosigue, “estar construyendo centrales eléctricas de carbón, como ocurre en Japón, no es decrecimiento. Aunque no haya crecimiento económico, si la brecha entre ricos y pobres aumenta, tampoco es decrecimiento. Aunque se reduzca la producción, si crece el nivel de desempleo, estaríamos muy lejos del aumento del tiempo libre. Lo que se debe reducir son “los SUV, la carne de ternera o la fast fashion, y no la educación, la seguridad social o el arte.”

En definitiva, “muy al contrario del diagnóstico de Hirai, la sociedad japonesa dista mucho de estar en la posición de liderar ningún decrecimiento”. La situación de Japón es, para Saito, puro y simple estancamiento secular. El decrecimiento que él defiende es otra cosa.

Una teoría decrecentista libre, igualitaria y justa” es el título del siguiente apartado.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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