Comentarios de Carlos Valmaseda de Espai Marx, con dos notas finales del profesor Miguel Candel.
1. CV: Las grandes industrias energéticas, diversos gobiernos y la Unión Europea a través de programa NextGenerationUE están apostando por el hidrógeno como nuevo vector -que no fuente- de energía. Ecologistas en Acción y el Observatori del Deute en la Globalització «hacen público el informe «Hidrógeno: ¿la nueva panacea?», donde concluyen que las propuestas planteadas por numerosas administraciones y empresas distan mucho de ser viables ambiental, económica y socialmente.»
Por si interesa. Es corto (39 p.) e ‘inteligible’: https://www.ecologistasenaccion.org/178945/
«En los últimos meses, estamos presenciando un goteo incesante de promesas y anuncios relacionados con el hidrógeno verde que lo ha situado en el debate político y mediático como una especie de panacea ante los problemas y desafíos que plantea la descarbonización de nuestro modelo productivo y energético.
Desde Ecologistas en Acción (EeA) y el Observatori del deute en la globalització (ODG) queremos sumarnos a las voces críticas que desde muchos frentes el mundo académico, científico, social y ambiental están alertando de los riesgos e incertidumbres que plantean las propuestas lanzadas por administraciones y empresas.
El presente estudio intenta abordar, de una manera divulgativa, la realidad del hidrógeno y las dudas que a día de hoy presenta su viabilidad ambiental, económica y social y alertar del enorme riesgo que corremos al generar una burbuja del hidrógeno.
Para ello, vamos a descender al plano técnico analizando las características fisicoquímicas del mismo y su cadena de valor, deteniéndonos en las principales virtudes y desafíos que éstas ofrecen y valorando, en función de éstas, los usos para los que es y no es adecuado. Por otro lado, analizaremos qué hay detrás de la promoción del hidrógeno a tamaña escala, los flujos e intereses financieros vinculados al mismo y la nueva geopolítica energética que se está abriendo en torno al hidrógeno.
Por último, señalamos algunos de los principales proyectos que las empresas energéticas del Estado español, con el apoyo de las administraciones, han lanzado en los últimos meses.”
2. SLA: ¿Y cuál es la diferencia entre una fuente y un vector energético?
3. CV: Lo explican en el propio texto, pero tirando de Wikipedia, que en este caso creo que resume bien el concepto y da los mejores ejemplos de vectores, vendría a ser esto: “»Se denomina vector energético a aquellas sustancias o dispositivos que almacenan energía, de tal manera que ésta pueda liberarse posteriormente de forma controlada. Se diferencian de las fuentes primarias de energía en que, a diferencia de éstas, se trata de productos manufacturados, en los que previamente se ha invertido una cantidad de energía mayor para su elaboración.
Ejemplos típicos de vectores energéticos son las baterías, las pilas, condensadores, el hidrógeno, el agua contenida en una represa, aunque existen multitud de variantes más, como los volantes inerciales, o incluso depósitos de aire comprimido o resortes.
Nota: El petróleo, el gas y el carbón (en general todos los combustibles fósiles), que son extraídos de la tierra, pueden considerarse vectores que fueron previamente «recargados», mientras que las baterías, hidrógeno, y otros vectores, contienen energía de fuentes actuales.»
4. Comentario de Miguel Candel: “A bote pronto, y por lo que sé de química (mi asignatura predilecta cuando estudiaba secundaria), ¿hay acaso algo más fácilmente inflamable (con más afinidad por el oxígeno) y, en consecuencia, peligroso a lo largo de su proceso de obtención, almacenamiento y transporte que el hidrógeno? Los grandes cohetes utilizan hidrógeno líquido como combustible, ciertamente. Pero no me imagino un automóvil con todos los dispositivos de seguridad que deben incorporar los cohetes para evitar fugas y explosiones (más de uno ha estallado antes, durante o después del despegue a lo largo de la historia reciente). Antes los globos cerrados (no los de boca abierta, que funcionan con aire caliente), se inflaban con hidrógeno, hasta que el desastre del zeppelin alemán Hindenburg en Nueva York, poco antes de la 2GM, obligó a optar por el helio, que es casi tan ligero como el hidrógeno pero es totalmente inerte (es decir, totalmente inútil como vector energético). En fin, ils sont fous ces romains, como diría Obélix.”
5. CV: Creo que tienes toda la razón en lo que planteas, Miguel. Aún así, no hay que descartar totalmente al hidrógeno como un vector más de gestión de la energía. Habría que estudiar con cuidado en qué casos puede ser conveniente su uso. Yo me olvidaría de los coches privados, que probablemente acabarán siendo un capricho para ricos, como están empezando a serlo ahora, pero podría tener utilidades en otros sectores. El problema es que los gobiernos y las grandes empresas han apostado por él como principal vector por un motivo bastante simple: es precisamente esta complejidad para conseguirlo y manipularlo la que requiere una gran concentración de capital y tecnología y, por lo tanto, la que les puede dar más beneficios y permitirles controlar su uso social. La alternativa debería ser una generación y uso descentralizados de la energía, adaptada a miles de situaciones diferentes por todo el mundo. Aprovechando un mix energético local, lo que implicaría por supuesto una mejor distribución de la población por el terreno, en lugar de estar todos apelotonados en las costas españolas o en Madrid, como estamos ahora. Entre los métodos de captura y gestión de la energía deberemos recuperar algunos que utilizamos durante siglos antes del uso disparado de los combustibles fósiles. Por si queréis echar un vistazo a algunos os recomiendo muy vivamente la revista Low-tech Magazine. La hace un holandés (creo, se llama Kris De Decker) que vive en Barcelona, y tiene alguno de sus artículos traducidos al castellano. Tiene artículos maravillosos. Desde cómo utilizar las aguas de las cloacas para crear estanques en los que criar peces comestibles, matando así dos pájaros de un tiro -habitual en algunas zonas de Asia y hasta no hace mucho en alguna de Alemania- hasta algunas formas curiosas de almacenamiento de energía: volantes de inercia, aire comprimido, etc. Porque el gran problema que tenemos con la energía eólica y solar es la intermitencia. No las tenemos siempre que las necesitamos, por lo que hay que buscar alguna forma de almacenar la energía conseguida para utilizarla por la noche o cuando no haya viento. De ahí esos curiosos métodos. Seguro que a nuestros descendientes se les ocurren algunos más. Es lo que tiene el ingenio humano.
6. En efecto, creo que la salida (relativa) de la crisis energética estriba en una combinación imaginativa de recursos y técnicas diversas, muchas de las cuales todavía no se le han ocurrido a nadie. Y reciclaje, mucho reciclaje. Por ejemplo, una forma sui géneris de reciclaje empleada ya ampliamente en los motores de coche es el «turbo», que aprovecha el calor de los gases de escape para retroalimentar la combustión. Personalmente, hace tiempo que me pregunto por qué no se reutiliza la considerable cantidad de agua (extraída de la humedad ambiente) que producen los aparatos de aire acondicionado. El sistema de aire acondicionado de un edificio puede generar centenares de litros de agua desmineralizada. Pero existe la tendencia a repetir ad nauseam fórmulas conocidas. Un ejemplo típico de esa tendencia, fuera del sector energético, fue la proliferación de bares en ciertas zonas de España especialmente afectadas por la reconversión industrial: a muchos despedidos con buenas indemnizaciones no se les ocurrió otra cosa que invertir ese dinero en montar el típico bareto, cuya clientela, a su vez, la integraban en gran parte compañeros igualmente despedidos pero con menores indemnizaciones (véase «Los lunes al sol»). Al margen de esa coyuntura concreta es un «clásico» en este país intentar repetir el éxito de un determinado tipo de comercio, sobre todo en el sector de la hostelería, hasta esquilmar el nicho de mercado (recuérdese la proliferación de bares de «tapas» que inundó durante un tiempo, por ejemplo, el centro de Barcelona). A esa tendencia a la sobrexplotación quizá podríamos bautizarla como «síndrome de Aral» (por el mar de Asia central, no por la empresa de hidrocarburos homónima) o «síndrome de Pascua» (por la isla, no por la festividad).