Miguel Salas, Manuel Sacristán y el (supuesto) derecho de autodeterminación de .Cat

Página herida
Miguel Salas, Manuel Sacristán y el (supuesto) derecho de autodeterminación de .Cat

Para Víctor Jara (28/09/1932-16/09/1973), in memoriam et ad honorem, 38 años después
Aquí os espero
y allí es donde me dirijo
y donde nos encontraremos.
La nuestra es la nación en la que aún palpitan rastros de humanidad,
en la que estremece una caricia,
alumbra una mirada
e inquieta la ausencia.
La nuestra es una nación
en la que vivir,
solo vivir y nada menos que vivir,
es tributo más que suficiente.
Ricardo Rodríguez del Río (2021) [1]

Cinco (brevísimas) observaciones y una advertencia:

1. Algunos grupos de extrema izquierda de los años sesenta y setenta (yo milité en uno de años) teorizaron (es un decir) e hicieron política de resistencia guiados por el lema “contra peor, mejor”. Ninguna fuerza de izquierda que toque realidad sigue transitando por ese sendero. Quien encarna mejor en nuestro hoy ese peligroso e irracionalista pseudoconcepto es Junts per Catalunya. ¡Al lío por el lío! ¡Todo por su patria… su poder, sus intereses y sus privilegios!
2. Alguien debería explicar a Pablo Iglesias la inconsistencia del concepto de la España plurinacional que maneja. España es diversa, muy diversa, suele decir, mientras se olvida o nunca dice que las partes componentes de esa España diversa son también, a su vez, diversas, tanto como el conjunto. La diversidad que vale para España también debería valer para Cataluña. Si, por ejemplo, España es plurilingüe (que lo es, desde luego), Cataluña también lo es.
3. La vicerrectora del tuit de la UOC ha dimitido de manera voluntaria o forzada. Bien, muy bien. Ahora bien, nadie podrá decir después de su nostalgia de la quema de contenedores y ocupaciones del aeropuerto que el movimiento secesionista es pacífico en todas sus aristas.
4. Independientemente de los resultados (habrá que estar atentos) y sin ubicarnos en oposiciones frontales (lo real es lo real), la constitución de una mesa de diálogo (negociación) entre el gobierno de España y el gobierno de la Generalitat es un éxito del nacional-secesionismo .Cat. La mesa, por otra parte, está coja: ¿quiénes representan en ella las posiciones e intereses de la ciudadanía no nacionalista de .Cat? ¿El gobierno de España? No parece. Descarto, por supuesto, el gobierno de la Generalitat (sean cuales sean sus representantes).
5. La ‘consellera’ de Recerca i Universitats, Gemma Geis, ha calificado a la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB) de “fascista”. Es una asociación que lucha por algo tan razonable como el bilingüismo escolar. ¿Eso es el fascismo? Lo que no es muy democrático es que Geis, que ocupa un puesto público, tilde de fascista a una asociación por defender fines que a ella no le gustan. Viejo truco del nacional-secesionismo: fascista = todos aquellos que no piensen como nosotros. Ya no cuela.
La advertencia: la página herida de esta semana interesará, fundamentalmente, a personas interesadas en la obra de Manuel Sacristán (1925-1985). Poco, muy poco, al resto, discúlpenme por ello. Al final de todo, entre las notas, una viñeta de El Roto del pasado martes para intentar compensarles.

El pasado 5 de septiembre, Miguel Salas publicó en sin permiso una reseña de Carta a un republicano español de Jordi Serrano. La titulóUna mirada diferente sobre la rebelión catalana” [2]. Salas comenta que el libro de Serrano tiene como interés añadido “el relato de los diferentes intentos de abordar el problema nacional catalán a lo largo de la historia y de cómo todos ellos han estado ligados a expresiones políticas populares, de izquierdas y republicanas” [el énfasis es mío]. No es fácil ver que el proyecto político defendido por Enric Prat de la Riba, Cambó, Macià, Pujol, Mas, Puigdemont, Torra y tantos otros [3] encaje con esa descripción, con el todos ellos popular, de izquierda y republicano. Pero no es asunto de este comentario.
Salas cita unos cuantos ejemplos confirmatorios de la conjetura: la I República con Pi i Margall; los inicios del movimiento obrero en Cataluña; Andreu Nin, y también, añade, “fue un elemento clave en la movilización antifranquista. Manuel Sacristán, reconocido intelectual que fue militante del PSUC, escribió: “Solo el paso por ese requisito aparentemente utópico de la autodeterminación plena, radical, con derecho a la separación y a la formación de estados, nos dará una situación nítida y buena””. Me detengo en esta última afirmación, el motivo central de mi nota. No entro en otras consideraciones de la reseña.
El miembro del consejo editor de sin permiso no da -ninguna crítica por mi parte- la referencia del comentario del que fuera miembro del comité ejecutivo del PSUC y del central del PCE. Fue en una entrevista con el periodista Carlos Piera (no el poeta y lingüista) de diciembre de 1984, publicada en el Mundo Obrero, febrero de 1985, pp. 32-33 [4]. Casi 37 años nos separan de ello.
Piera pregunta al traductor de El Capital por las particularidades políticas y sociales que diferenciaban en aquel entonces la sociedad catalana de la española (la pregunta merecería un análisis en el que tampoco entro) y la respuesta de Sacristán (introduzco alguna variante menor respecto a la edición en Mundo Obrero para mantener su literalidad) fue la siguiente:
Al autor de “Panfletos y Materiales” le parecía que “los nacionalismos ibéricos” estaban más vivos que nunca. Los tres. “Paradójicamente, probablemente el menos vivo es el español -por eso no he dicho los cuatro- en el sentido siguiente: en el caso de la nacionalidad española, los nacionalistas son de derechas, incluida mucha gente del PSOE, pero de derechas de verdad”. En cambio, en los otros nacionalismos, “por razones obvias, por siglos de opresión política o de opresión material, el nacionalismo no es estrictamente de derechas sino que hay también nacionalismo de izquierdas, como dice el mismo nombre de una formación política catalana” [5].
La vitalidad de los tres nacionalismos era tanta, que, aunque pudiese parecer utópico, Sacristán no creía “que se clarifique nunca la situación mientras no haya un auténtico ejercicio del derecho a la autodeterminación. Mientras eso no ocurra, no habrá claridad nunca. Ni aquí [Cataluña], ni en Euskadi, ni en Galicia”. Solo el paso por ese requisito aparentemente utópico, añadía, de “la autodeterminación plena, radical, con derecho a la separación y a la formación de Estado, y viendo lo que las poblaciones dicen enfrentadas con una elección tan inequívoca, tan clara”, solo eso podría permitir “reconstituir una situación limpia, buena, ya fuera la de un Estado federal, ya fuera la de cuatro estados. Pero, en todo caso, con claridad”. Por más vueltas que se le diera, “por más técnicas políticas y jurídicas con las que se intente organizar algo que no sea eso, no saldrá nunca de forma satisfactoria”.
Son varias las cuestiones apuntadas por el estudioso de Sánchez Ferlosio, Espriu y Brossa. Para nuestro asunto: Sacristán observa ya en 1984 la fuerza de los movimientos nacionalistas en Cataluña, Euskadi y Galicia (no en tanta medida, en aquel entonces, del nacionalismo español), y, siguiendo en este punto la tradición comunista de la que formó parte durante más de 20 años (también parte del relato histórico hegemónico en aquellos años), y teniendo muy presente la opresión político-cultural sufrida por ciudadanos [6] de esas nacionalidades durante el franquismo (nada que ver con la situación actual como es evidente), se muestra partidario del ejercicio del derecho de autodeterminación de esas nacionalidades.
No fue el único intelectual comprometido que defendió esa tesis. Fue tendencia dominante durante bastantes años en la izquierda comunista española (tal vez lo siga siendo), incluidos desde luego grupos de extrema izquierda. En las filas del PSOE también hubo dirigentes que defendieron ese derecho para las nacionalidades españolas en los primeros años de la transición. Txiki Benegas entre ellos.
Pero hay otras consideraciones de Sacristán -¡fechadas!- que deben ser recordadas (y contextualizadas con detalle; no lo puedo hacer aquí pero es punto clave) para completar su aproximación a nuestro tema. Una breve selección; todos los énfasis son míos:
1. En 1979, de una entrevista publicada en Tele/eXprés, un diario vespertino barcelonés de aquellos años, comentaba: “[…] porque España no es propiedad de los reaccionarios, yo me siento y soy español aunque fuera de una España pequeña que limitara con los Picos de Europa, Andalucía, Galicia y el área catalana, porque España no es una ficción, es la nación de mis padres y abuelos, de Garcilaso, de Cervantes…” [7].
2. De una conversación, también de 1979, con Antoni Munné y Jordi Guiu que no llegó a publicarse en su momento, afirmaba: “En la edición de Gerónimo se ha notado que el editor español, yo, soy un español que sigue siendo español y no tiene vergüenza de ser español, en un momento en que se puso ferozmente de moda no ser español, moda que sigue existiendo. A lo sumo, se admite que uno puede ser, tirando a mucho, castellano, pero español, ¡qué horror! En cambio, allí se habla de Felipe II, de ministros de Felipe II, y de conquistadores, sin odio y como de antepasados de uno en vez de como unos cabrones que están en la acera de enfrente y con los que uno no quiere saber nada. Es decir, volviendo a repetir el esquema tradicional de buenos y malos, completamente adialéctico y farisaico que hemos heredado de la tradición católico-integrista, repitiéndola al revés.” [8]
3. En una carta de 9 de septiembre de 1978, dirigida a Rafael García de la Editorial Villalar de Madrid [9], manifestaba un determinado estado de ánimo, muy significativo en su caso:
«Apreciado amigo:
le agradezco (avergonzado) las expresiones de aprecio con que me honra, pero no tengo más remedio que renunciar a la posibilidad que usted me ofrece de prologar el libro sobre la autogestión en Yugoslavia. Yo no tengo suficiente conocimiento de la realidad yugoslava. Lo que sí seré es atento lector del libro, y desde ahora me propongo publicar una reseña del mismo en Materiales.
Me interesa mucho su programa de publicaciones, y hasta el nombre de su editorial (en esta época de nacionalismo frenético, los castellanos de la diáspora estamos un poco incómodos). Le ruego que, si tiene tiempo para ello, me mande información de lo que editan.
Cordialmente, »
4. De sus “Observaciones al proyecto de Introducción”, anotaciones a un documento del PSUC de principios de los setenta [10] (firma con R [Ricardo], uno de sus nombres de clandestinidad, con la siguiente nota manuscrita en la primera página: “Mayo de 1972. Redactado por gusto y para no comunicar ni difundir. Motivo principal de este escribir gratuito: la ira”).
4.1. Sacristán-Ricardo señala en el primer punto de su escrito que: “La introducción [del documento] está planteada históricamente. Dada la complicación, la confusión incluso, con que se presentan hoy las cuestiones fundamentales del socialismo, sería preferible una introducción de principio sobre la naturaleza del Partido Comunista y sobre sus objetivos últimos: un planteamiento de futuro, no se pasado”.
Empero, prosigue, una introducción así debería contener tesis sobre dos series de problemas o cuestiones:
a) La naturaleza del Partido Comunista como tal y en general, reproduciendo las ideas básicas del Manifiesto de 1847/48 a propósito del comunismo (Como es sabido, Marx y Engels dicen allí, entre otras cosas más importantes, una que tiene, en cambio, especial interés para estimar este proyecto de Introducción, a saber: que los proletarios no tienen patria; en cambio, el arranque del presente borrador de Introducción acarrea un desarrollo enteramente limitado a España y Cataluña. No es que haya que teorizar explícitamente sobre la naturaleza apátrida e internacional del proletariado y, por lo tanto, del Partido Comunista. Pero sí que conviene atenerse, en una Introducción, a los principios generales del comunismo y a una exposición muy breve de su génesis histórica, sin aludir a ninguna “patria” en particular. A lo sumo, si el desarrollo lo exige, se puede aludir a la nacionalidad como simple hecho, como un rasgo más -muy secundario- entre los que componen la realidad proletaria, su perspectiva o futuro y el intento de formulación de esa perspectiva por el Partido Comunista).
4.2. A un fragmento de la página 8: “Els comunistes considerem que la nació catalana està constituida per tots els que viuen i treballen a Catalunya [Los comunistas consideran que la nación catalana está compuesta por todos los que viven y trabajan en Cataluña]”, añadía el siguiente comentario:
«Esta definición de la nación catalana, compartida con otros partidos y que declara implícitamente de nacionalidad bajo-sajona a los obreros de Toledo o de Ripoll que trabajen en Volkswagen, es arbitrariamente falsa. La definición es farisaicamente imperialista en cualquier caso.
Cuando la usan el FNC o el PSAN [11], sirve para preparar doctrinalmente la opresión de las minorías nacionales de habla castellana y/o francesa en un futuro estado catalán en el que, evidentemente, los andaluces, además de echar la plusvalía, echarían los hígados para decir ‘setze jutges mengen fetge d’un penjat’[*]. Por su parte, el PC confía en que la declaración de la nacionalidad catalana de las importantísimas minorías proletarias inmigrantes de habla castellana impida un voto plebiscitario catalán independentista. Los comunistas no podemos aceptar la cerrada alternativa imperialista (de imperialismo tradicional español o de nuevo imperialista catalán) implícita por esa definición de untuosa apariencia generosa y humanista. Esas son astucias entre representantes de “patrias” y “patriotismos”, y los proletarios y los que nos adherimos al proletariado no tenemos patria. Tenemos nacionalidad como elemento de la formación de la personalidad individual, de un modo más acusado en unos, menos en otros, los cuales pueden cambiar (relativamente) de nacionalidad o bien conseguir una consciencia casi a-nacional además de apátrida.
[*] La ironía de Sacristán debe leerse en el marco de las características de su escrito: no elaborado para su edición ni difusión.
4.3. En otra anotación a un paso de página 9, señalaba: “La “unitat dels pobles d’Espanya en una república federal” es una tesis que se debería restringir al período histórico durante el cual subsisten aún un estado español y un estado francés. España y Francia no son naciones en sentido primario, como es evidente. Pero tampoco son exclusivamente estados, como fingen creer los catalanistas. Son unas formaciones para-nacionales, menos intensamente unificadas que el conglomerado de nacionalidades que ha dado lugar a la super-nación germánica, por ejemplo, pero que, de todos modos, han originado, con el paso de los siglos, ciertos rasgos “nacionales de segundo orden”, por así decirlo, en millones de individuos de nacionalidades básicas diferentes”. [12]”.
Finalizo aquí esta breve selección. No es, me permito insistir, el todo Sacristán sobre la tradicionalmente llamada “cuestión nacional”.
¿Cuáles fueron entonces las posiciones defendidas sobre este tema por Sacristán (fallecido, recuerdo de nuevo, en 1985)? En mi opinión, las siguientes:
1. Siguiendo la tradición comunista hegemónica (equivocada en mi opinión en lo que respecta a las nacionalidades españolas), su tradición político-filosófica desde 1956, el traductor de El Capital y el Anti-Dühring defendió el derecho de autodeterminación de Euskadi, Cataluña y Galicia hasta sus últimos días. La entrevista de Mundo Obrero es de diciembre de 1984 (falleció en agosto de 1985). Salvo error por mi parte, no se volvió a manifestar sobre el tema.
2. Sacristán defendió una República federal española, no confederal, incluso con propuesta de bandera: la tricolor, con una franja roja más extensa. Puede verse en la contraportada del número 3 (o 4) de la revista Materiales.
3. No fue nacionalista, ni español ni catalán, y fue muy crítico de los nacionalismos [13].
4. España no fue para él una ficción. No usó Estado español o Madrid para hablar de España.
5. Como queda de manifiesto en varios de sus textos, sentirse o ser español no era para él sinónimo de reacción, de ubicación en el españolismo rancio o prueba irrefutable de ser un facha-fachoso. Años-luz alejado de cualquier hispanofobia.
6. Estuvo cada vez más incómodo (hasta el punto de hacer planes para trasladarse a Madrid) con el auge del nacionalismo catalán (Nada que ver, como sabemos, con la situación actual, muchísimo más opresiva e incómoda para los no-nacionalistas que vivimos en .Cat.)
7. Formuló críticas explícitas a determinados lugares comunes nacionalistas, muy interiorizados por fuerzas de izquierdas (por el PSUC concretamente). El de la definición de catalán, por ejemplo, que, por otra parte, leída literalmente, dejaría fuera del “ser catalán” a mucha gente aposentada del país, como el gran desfalcador del Principtat por ejemplo. Nunca han trabajado.
8. Defendió considerar la nacionalidad como un rasgo más, como rasgo muy secundario entre los que componen la realidad del mundo obrero. Mil años luz alejado, pues, de identidades nacionales esenciales que sacan pecho siempre que pueden (‘som una nació, som una nació, som un nació!). Habló de conseguir, de aproximarse, a una consciencia casi a-nacional además de apátrida.
9. Se manifestó crítico de las finalidades de partidos nacionalistas y secesionistas (FNC, PSAN), incluso en tiempos del franquismo, en tiempos de unidad antifranquista.
10. Nunca vivió y sintió el PCE como un partido en la distancia, como una formación que tuviera poco que ver con el PSUC, como si fuera una organización comunista de “otra nación”.
Todas las anteriores consideraciones están fechadas y, vuelvo a insistir, deben ser contextualizadas.
¿Defendería hoy Sacristán el ejercicio del derecho de autodeterminación de .Cat.? ¿Se encontraría cómodo o próximo al procesismo, a la derivada nacional-secesionista del procés?
Nada puede decirse con rigor de lo primero -¡han pasado casi 37 años desde sus declaraciones de 1984 y mucha historia y nuevos análisis marxistas [14] han irrumpido sobre el tema!- y es altamente improbable, en mi opinión, que el lector de Garcilaso, Manrique, Jorge Guillén y Miguel Hernández se sintiera integrado o próximo a un movimiento como el del nacional-secesionismo .Cat, la rebelión catalana de Salas, con sus numerosas y conocidas aristas hispanofóbicas, insolidarias y supremacistas.
Recordemos, conviene hacerlo aquí, dos de sus reflexiones más agudas: 1. Hay que pensar o intentar pensar siempre con la propia cabeza por ligados que estemos a una tradición, que nunca debe ser vivida como un dogma: “por muy dentro que se encuentre de una tradición, el filósofo digno de ese nombre escribe precisamente para alterarla en mayor menor medida, para añadirle temática, o para rectificar puntos de método en ella, o para someter a examen crítico su modo de validez, su capacidad de evolucionar, etc [15]). 2. “En cuanto a la crisis del marxismo, todo pensamiento decente tiene que estar siempre en crisis; de modo que, por mí, que dure” (1983, durante su estancia en la UNAM).
Les dejo, para compensar y agradecer su esfuerzo, con una de las mejores viñetas de El Roto. En el centro de la diana en mi opinión.

Notas
1) Versos finales del poema “Convocatoria” (Ricardo Rodríguez del Río, Palabras perdidas, Madrid: Olé Libros, 2021).
2) https://www.sinpermiso.info/textos/una-mirada-diferente-sobre-la-rebelion-catalana
3) Véanse, por ejemplo, Jordi Solé Tura, Catalanismo y revolución burguesa, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2016, y Nacionalidades y nacionalismos. Autonomías, federalismo y autodeterminación, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2017 (prefacio de Marc Carrillo).
4) Véase ahora en De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2004, pp. 210-220 (edición de Francisco Fernández Buey y SLA).
5) Referencia a Nacionalistes d’Esquerra, un grupo político que, salvo error por mi parte, formó parte posteriormente de Iniciativa per Catalunya.
6) El joven Sacristán rompió definitivamente con las juventudes de Falange, y no sin riesgos, cuando supo del maltrato dispensando por falangistas a unos estudiantes catalanistas de la Universidad de Barcelona. Véase “Entrevista a Francesc Vicens”. SLA y Pere de la Fuente, Acerca de Manuel Sacristán, Barcelona: Destino, 1996, pp. 339-363.
7) De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, op. cit., pp. 120-121.
8) Ibidem, pp. 102-103.
9) Puede verse entre la documentación del autor depositada en la Biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa de la UB.
10) Ibidem.
11) Front Nacional de Catalunya y Partit Socialista d’Alliberament Nacional.
12) Para una soberbia aproximación a este escrito de Sacristán: Francisco Fernández Buey, “Su aventura no fue de ínsulas, sino de encrucijadas”, mientras tanto, 30-31, mayo 1987, pp. 57-80 (ahora en F. Fernández Buey, Sobre Manuel Sacristán, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2015, pp. 37-70, edición de Jordi Mir Garcia y SLA).
13) En “Las vacaciones de Barcelona”, Laye, 15, p. 49, en una nota breve de 1952, escrita dos años antes de su viaje al Instituto de Lógica Matemática y de Investigación de Fundamentos de la Universidad de Münster, tenemos una muestra de su anti-nacionalismo cultural: “Pocas cosas son tan repugnantes como el nacionalismo artístico. No existe la música española, ni la música francesa, ni la alemana. Existe la música en España, en Francia, en Alemania”.
14) José Luis Martín Ramos está a punto de publicar un libro sobre la III Internacional y la cuestión nacional en El Viejo Topo. Más que recomendable.
15) De “Corrientes principales del pensamiento filosófico”, un artículo para la Enciclopedia Labor de 1968 reproducido parcialmente en Papeles de filosofía, el segundo volumen de “Panfletos y materiales”: “La clasificación de las ideas de los filósofos en ismos -como los tres que van a considerarse seguidamente [neopositivismo, marxismo, existencialismo- no puede contar nunca con el aplauso de los autores así clasificados. No es, ciertamente, un procedimiento que pueda dar en general razón de lo que más debe importar al autor filosófico: por muy dentro que se encuentre de una tradición… De no de ser así, no habría nunca producción filosófica que no fuera meramente histórico-didáctica.”

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

2 opiniones en “Miguel Salas, Manuel Sacristán y el (supuesto) derecho de autodeterminación de .Cat”

  1. Hola Salvador:
    Perdona por si te molesto, pero es que dos fieles lectores tuyos hemos leído esta página de la herida tan bonita dedicada a Manuel Sacristán, pero nos hemos quedado con las ganas de leer una de las mejores viñetas de El Roto. No sé si te has olvidado de ponerla o es un problema informático.
    Muchas gracias por tu atención y por todos tus artículos:
    Angel y Nàdia.

    1. Es un problema informático, queridos amigos. Mejor dicho: es un problema relacionado con mi torpeza informática. No sé editar archivos de fotogragías o afines en los textos. Cuando lo hago, la catástrofe hace acto de presencia. Por ello he tenido que borrar la viñera de El Roto y me he acordado de indicarlo en el texto. Disculpas y muchas gracias por sus generosas palabras.
      Si me envían una nota a mi e-mail (salarnal@arnal) les respondo con la viñeta. ¿Les parece?
      Salvador

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