Sobre el PCE, Podemos, SUMAR, el comunismo, los “restos del naufragio” y temáticas afines

De los compañeros Joaquín Miras, Antonio Navas, Miguel Candel y José Luis Martín Ramos.

1. https://www.eldiario.es/politica/lilith-verstrynge-nueva-secretaria-sustitucion-enrique-santiago_1_9192446.html

en fin ya sabéis que los supertitanes de la peli Blade Runner, aquellos que habían visto cosas que nosotros no creeríamos: atacar naves en llamas más allá de Orión, brillar rayos C en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser…tenían una vida fugacísima, archibreve; por ser tan ultrapostmodernos, llevaban la obsolescencia programada en sus genes… eran como las mascletás, petardada ruidosa pero de combustión fugacísima…
A mi entender, que el PCE y su apoyo a «Sumar» dé este miedo cerval a loslasles de Podemos, al extremo de montar este escándalo mayúsculo -..y patriarcal/patrimonial… oigo patriarca tu aflicción y escucho el triste lamento-, es señal de que Podemos es una insignificancia que se nos va a iren un suspiro, haciendo antes todo el daño que pueda, eso sí.
Joaquín Miras

2. Es un espanto doble o triple todo esto. Del PCE, en mi modesta opinión, hace décadas que no cabía esperar una resurrección del muerto a la altura de los tiempos. Tengo la convicción, en base a mi experiencia militante, si bien más corta que la de muchos de vosotros, de que, no ya la izquierda, sino el comunismo en España no se regeneraría sobre las cenizas del PCE (ni de ninguna otra organización que se reclamase comunista.).
La explosión que condujo a Podemos fue de una fuerza descomunal, tanto como inesperada e impredecible. Tanto, como la manifiesta, reiterada y contumaz incapacidad de sus élites (más allá de alguna audacia politicista) dirigentes de dotar a este movimiento de fortaleza, continuidad y perspectivas de futuro; en suma de construir, de armar algo nuevo; nuevo en el mejor de los sentidos posibles: capaz de analizar críticamente la experiencia pasada y desterrar lo inservible, lo anacrónico. Lo por venir irá tomando forma sobre la marcha.
De todo ello cabe deducir que no está hecho el trabajo de reflexión crítica sobre la experiencia comunista en el mundo grande y plural de todos aquellos que se reclaman de nuestra tradición, más que de forma muy fragmentaria, a través de pequeños grupos de náufragos aferrados a nuestras minúsculas tablas de salvación. El resto suena a repetición de la repetición de la reiteración. Como el personaje de Peter Sellers que interpreta a un aspirante a actor con un papel minúsculo en que debe interpretar su muerte de forma anodina, sin brillo alguno, un mero figurante; pero su desesperación y ambición le lleva a prolongar desmesuradamente el momento de su muerte, acribillado, de forma caricaturesca e hilarante.
Creo que aferrarnos a ciertas esperanzas solo nos lleva a eludir el inevitable debate sobre los lugares comunes del legado comunista moderno: el papel de las vanguardias, de la forma partido, los modos de desarrollo de la historia, las tesis marxistas de mayor influencia sobre nuestra forma de concebir la política, etc, etc, que no nos dejará en mejores condiciones de reconstruir nada, pero sí quizás de no volver a transitar por caminos cegados mientras miramos películas de zombies.
Esta es una opinión sincera que no busca la desmesura retórica, sino expresar la convicción más profunda. Y que desde luego, nada tiene que ver con juzgar la pertinencia o no de la militancia que cada uno de nosotros tenga en organizaciones políticas formales, o los diversos intentos de refundaciones o neoformaciones políticas. Me considero un resto más del mismo y único naufragio, que ha pillado a cada uno agarrado donde le ha tocado en suerte.
Y digo todo esto porque creo que es hora de un debate serio, extenso, fraterno, que implique a todo aquel que se reclame de la tradición comunista.
Abrazos.
Antonio Navas

3. Creo que en eso estamos, con mayor o menor intensidad. Esa es la tarea de Espai Marx. Por lo demás, como tú mismo señalas, lo sucedido ha dejado fragmentos diversos de experiencias militantes y formas organizativas. Cuando entró en crisis mi militancia comunista -hace mucho tiempo- cambié de barco (el PSC); fue peor y quizás mi decepción del cambio me ha llevado a ser muy cauto, muy respetuoso también, con esos fragmentos, esos restos del naufragio como lo llamas. Desde luego tampoco creo que el nuevo proyecto revolucionario salga de ellos directamente; pero sí pienso que ellos existen, son realidad, realidad compleja y no absolutamente negativas -por eso no comparto el catastrofismo de Ernesto [Gómez de la Hera] en esta ocasión- y que están también en el paisaje de la construcción del proyecto revolucionario. El XXI congreso tuvo muchas facetas y sus decisiones no están cerradas por completo.
José Luis Martín Ramos

4. En mi modesta opinión, una de las lacras de la tradición comunista ha sido el exceso de retórica. ¿Tanto cuesta reconocer que nos han derrotado porque han sido más fuertes, punto pelota? Si un día resucitamos, no lo haremos como niños probeta surgidos de un alambique de profundos análisis, sino de un cambio social objetivo que no habremos provocado y que sólo podremos secundar si somos lo bastante humildes para reconocer que las ideas siguen al ser, no al revés (como pensaba, creo, un tal Marx).
Miguel Candel

5. Pero, por ejemplo, Miguel, en esas breves frases tuyas está implícita la idea de que la teoría para los cambios revolucionarios, sociales, etc, ocupa un lugar subordinado, y no es la responsable o guía de los mismos. Además, destierras de un plumazo la idea del partido guía, partido de vanguardia, ya que como dices, serán los cambios sociales que no habremos provocado los que tendremos que seguir si tenemos la humildad y prudencia de identificarlos y ser parte de ellos.
Estos no son asuntos menores para la mayoría de los comunistas que aún se reconocen como tales, y de seguro serán fuente de grandes controversias, sino de rencillas y anatemas. Ojalá me equivoque y la discusión fuera serena.
Antonio

6. De lo que digo no se desprende la negación del necesario papel «conductor» de un partido revolucionario. Lo que se excluye es su papel «motor». La genialidad de Lenin estriba en haber sabido cabalgar la revolución, no en hacer de caballo de la misma. Luego, cada vez que los bolcheviques intentaron hacer de caballo (Polonia, Hungría, Baviera) se estrellaron. Lo mismo vale para Mao, Ho-Chi-Min y Fidel-Ché Guevara. C’est triste, mon ami, pero es así. El capitalismo es el que tiene la fuerza transformadora general (como ya reconoce el «Manifiesto Comunista»). Sus enemigos sólo podemos, de momento, aprovechar localmente parte de esa fuerza en su contra. Insisto: de momento (momento largo, pero no eterno).
Y si tanta prisa tienes en empezar a cavar la fosa del sistema, aquí está AIREs (un simple topillo, pero por algo se empieza y que por mí no quede).
Miguel

7. Miguel, permíteme que buscándole los tres pies al gato y con ánimo de científico de laboratorio, con el plus de militante político siga largando en base a lo que se ha empezado a discutir por parte de varios compañeros. Digo lo de militante político puesto que quien ha sido inoculado con el veneno de la política comunista y la experiencia de la organización para cambiar el mundo, en algún momento de su vida, lo arrastra consigo perennemente, y no encuentra más antídoto contra su mal que profundizar en el mismo.
No tengo prisa alguna, pues estoy vacunado contra la «impaciencia revolucionaria», no solo por haber leído a Harich, sino por la misma convicción que tú afirmas. La «cosa» surge cuando surge, y suele tener un periodo de cocción que se mide en siglos o décadas, quizás lustros. Eso es lo que trata de comprender y explicar Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel. La forma en que opera el cambio social profundo, molecular. Aquel que se presenta un buen día en forma aparentemente súbita, inesperada y no pronosticada, en forma de tumulto y cambio radical, que solo viene a ajustar formalmente lo que ya es un hecho consumado; que transforma la base de la sociedad en otra cosa distinta de lo que era: los burgueses actuando en los intersticios del mundo feudal hasta ser el vector dominante. Luego llegan las revoluciones «burguesas»con el peligro plebeyo al acecho. Americana, Francia con su largo ciclo del XIX ¿Dónde estaban los partidos revolucionarios que se supone que debían existir siguiendo el modelo, sea de la Segunda o de la Tercera? ¿Es solo aplicable al movimiento obrero de los siglos XIX y XX post Comuna de Paris? ¿Por qué?
Dejemos de lado, por ahora, el análisis de la trayectoria de los PC o cualquier otro partido revolucionario en el siglo XX y XXI. Habría que entender según el modelo del partido de vanguardia, organizador colectivo, intelectual colectivo por qué ese modelo falla estrepitosamente en nuestra actualidad. Se podría entender que en cierto momento fuimos derrotados y eso tiene consecuencias duraderas. Pero por qué Podemos y no el PCE o algún otro partido revolucionario de la estirpe de los revolucionarios, por qué Syritza y no el KKE, por qué Melenchon y no el PCF, por qué el Bloco de Esquerda y no el PCP, etc. ¿Por qué la debacle del PCE a partir de la Transición española? ¿Derrotado, fracasado, qué más da? Desaparecido, relegado a la insignificancia, aún viniendo en sus antecedentes más inmediatos de su etapa más gloriosa; habiendo sido artífice principal de los consensos postfranquistas. El desastre, la virtual desaparición.
Esto del reciente congreso del PCE a mí me parece un acontecimiento absolutamente marginal. El PCE creo que está muerto hace muchísimo tiempo. Es decir, está muerta nuestra idea del PCE, o del Partido Comunista, partido guía o vanguardia, sea motor o sea conductor (usando los matices de Miguel.) Aunque en esto quiero rescatar la idea de José Luis de no menospreciar a ningún resto, en este caso el más grande, el PCE, del naufragio. Pues de lo que queda mientras no esté muerto físicamente y quede una mínima transmisión puede surgir es, más probable que surja una renovación, cuando menos teórica del comunismo. Pero hay más: AIRE, Espai Marx, Federalistes d’Esquerra, PSUC-viu, etc, etc…Creo que la imagen de conjunto nos lleva más a la idea de movimiento, de Bloque, de organización popular diversa y plural que a la idea de Partido.
Percibir todo esto, de forma inmediata me vacuna contra la idea de tener prisa, de la ansiedad por encontrar la verdadera fe o el partido bueno (ha habido, hay y habrá tantos), el que de verdad sabrá conducirnos. Pues más bien me parece que cuando «surja» el momento, siempre habrá quien sepa conducirlo, y que no será gracias a que esté dotado de la teoría o los fundamentos intelectuales adecuados, sino a su elevada «prudencia» política que le permitirá leer e interpretar el momento. Esa me parece que es la clave de nuestros héroes que tú mencionas: Lenin, Mao, Fidel, etc. Creo, matizando sucintamente, percibir en Fidel un genio político que no se limita a estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Que no podría existir sin el sustrato levantisco de la Cuba del primer tercio del siglo XX, en realidad desde mediados del siglo XIX; pero al que no me atrevo a restar ni un ápice de protagonismo principal en la conducción política revolucionaria del proceso cubano.
Diría que eso los aparta, incluido el propio Lenin, de la concepción de Partido más aquilatada en nuestra tradición. Incluyo, insisto, en ello a Lenin, gran cabalgador, como bien dices, buen surfeador del tsunami revolucionario que arrasa irrumpiendo desde el frente de guerra, los cimientos enteros de la sociedad rusa, ola tras ola. No obstante creo que esa singularidad de ambos los aparta de una concepción tradicional del partido guía-vanguardia revolucionario. Fidel no tiene partido (salvo que estiremos mucho hasta hacer irreconocible el concepto moderno de partido y lo asimilemos al concepto de los antiguos (movimiento, bloque social, la Democracia, las clase populares organizadas y en acción) se tiene a sí mismo y a un pequeño grupo de acólitos. Sobre Lenin ya sabemos todos.
Por mí podemos seguir hablando. Me interesa.
Abrazos.
Antonio

8. En eso de considerar todos los restos (restos, es una manera de hablar) estoy de acuerdo contigo Antonio. Todo eso que existe, con todo sus defectos e insuficiencias, forma parte de la supervivencia de la voluntad de cambio revolucionario, a pesar de las derrotas sufridas. Ninguna derrota es concluyente, definitiva, sino se da uno por derrotado o no cambia la razón por la que se luchó. Todo hay que tenerlo en cuenta, sin los adanismos de unos (los de Podemos, por ejemplo) o los sectarismos de quienes se consideran depositarios «naturales» de la «verdad revolucionaria» o la tradición. No, en mi opinión, para restaurar/restablecer un proyecto comunista en los términos en que se definieron en el Manifiesto de 1848: la lucha por la democracia como camino para conseguir la igualdad. Y, desde luego, no se han de considerar solo esas manifestaciones organizadas bajo determinadas etiquetas; pueden surgir otras, y seguro que están surgiendo, ante las que hemos de estar preparados para no tener reacciones sectarias o ser incapaces de comprenderlas por diferencias culturales o ideológicas. Por eso es importante que nuestra mirada no sea provinciana, sino internacional. Que de todo ese batiburrillo surja finalmente un nuevo proyecto revolucionario desde luego no será producto de elaboración de laboratorio, ni se que sea el más excelente laboratorio político o intelectual; y ahí estoy de acuerdo con Miguel, será el movimiento real el que lo precipitará; o mejor dicho la respuesta que se de a esa realidad, que además será tanto mejor cuanto tenga en cuenta las experiencias teóricas y organizativas del pasado, para lo bueno y para lo malo.
José Luis Martín Ramos

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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