Sobre himnos, el día de la Victoria en Moscú y “El gran peligro” de Rafael Poch de Feliu

Del profesor emérito Adrià Casinos, 29/03/2022.

JMF podría informarse mejor si pretende ir de entendido por el mundo. Lo que él llama «himno nacional estalinista» (sic) tiene la siguiente explicación:
Hasta 1943, es decir, mientras existió la Komintern, el himno de la URSS (que no nacional) era “La Internacional”. No olvidemos que la URSS había sido fundada, de acuerdo con la utopía postrevolucionaria, como el embrión de una futura unión mundial de repúblicas socialistas. Se disolvió la Komintern para contentar los aliados occidentales. Hubo pues que crear un nuevo himno soviético. Se hizo un arreglo de una antigua melodía revolucionaria, “La Varsoviana” (la misma en que se inspiró el faista “A las barricadas”) y se creó una letra en que evocaba el partido de Lenin y la Unión Soviética. Este himno se mantuvo hasta el fin de la URSS. Como para mí «estalinista» tiene una connotación muy negativa, el hecho de haber sido creado en tiempos de Stalin, a mi parecer no justifica tal apelativo. Al disolverse la URSS supongo que cada república se debió buscar su charanga adecuada. En la Federación rusa se abrió un debate sobre ello. Fruto del proceso reaccionario del momento, hubo incluso quien pretendió recuperar el himno prerrevolucionario, el “Dios salve al zar”. Al final se optó por mantener la música del himno soviético, con una nueva letra, en la que se invoca a Dios en lugar de hablar del partido de Lenin o de la Unión Soviética.
Ya me hubiera parecido pasado de rosca calificar una letra de «estalinista», pero hacerlo con una melodía, ya es caer en el ridículo, aunque el señor ese no utilice el término en sentido peyorativo.
Otrosí. Comparto totalmente con S. su sorpresa ante el reproche a que se siga celebrando el día de la Victoria en Moscú. Se celebra en toda la Europa que luchó contra el nazifascismo. Hasta en un pequeño pueblo de Francia donde tenemos una casa. Si por casualidad estamos allí el 8 de mayo, E. y yo estamos puntuales ante la “Mairie” a las 12 del mediodía. Y cuando se interpreta el «Chant des partisans» se me saltan las lágrimas. Supongo que debo tener lagrimales estalinistas.
2. Otros errores. Los cosacos no fueron exclusivamente ucranios, ni mucho menos. Se trataba de pueblos nómadas, que, a partir de un determinado momento, se sedentarizaron. Hubo cosacos en diferentes áreas geográficas, pero los numéricamente más importantes fueron los rusos, establecidos a lo largo del Don y otros ríos de la misma área geográfica. Famosos por su combatividad y también su crueldad (en París durante muchos años se recordó a los que la ocuparon en 1814), forman parte del romanticismo nacionalista ruso y, supongo, también ucraniano. Gogol, efectivamente un ucranio, que escribió siempre en ruso, los exalta en su Taras Bulba. Por cierto, un canto al eslavismo ortodoxo enfrentado a los polacos católicos. Supongo que debe ser libro de cabecera de Putin y quizá también de Zelenski. El premio Nobel Mijaíl Solojov, les dedicó una larga tetralogía, El Don apacible.

II. Sobre “El gran peligro” de Rafael Poch de Feliu
Muy buen análisis y muy de acuerdo. Estamos a pasos de un posible apocalipsis. Vivía la crisis de 1962, con 14 años, y tengo muy vivo el recuerdo de la angustia que nos sacudió. Lo he evocado en un libro reciente. Pues bien, estoy reviviendo aquella angustia. Mi mayor temor es que no veo a ningún lider político del momento capaz de sentir la responsabilidad que sintieron los de entonces.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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