Del compañero y miembro de Espai Marx, Antonio Navas, médico de familia.
Yo discrepo de que hubiera que concederle la mínima cortesía a un ladrón mafioso. Tuvieron tiempo de sobra de detenerlo desde que hizo el paseíllo desde Trafalgar. ¡Por el amor de Dios! El problema es que aún hay clases y privilegios feudales, y normas de la caballería andante para las gentes de calidad. Pero se han encontrado con un rufián, un pícaro. Ellos, los Mossos, tan gentiles. ¡Y una m.! ¡Se han meado en la cara de la ciudadanía!
No es un problema del momento políticamente propicio. A un fugado de años de la justicia se le echa la zarpa en cuanto se le ve. Y si hubieran ido más lejos en sus intentos de boicotear el pleno, pues se les planta cara política y democráticamente. Y si ERC titubeaba, pues que titubease, y no hubiera apoyado la investidura, y después que cada palo aguantase su vela.
Pero no. Porque esto no es una humillación a la policía autonómica, lo es al Govern, al Parlament, pero sobre todo, sobre todo, a la ciudadanía democrática de Catalunya, la que ha sostenido el esfuerzo democrático durante años de vencer a estos golpistas impresentables. Siendo el resultado que se nos han meado en la cara ayer. Una vez más.
Oprobio. Vergüenza. Indignidad. Descrédito democrático de las instituciones. Se equivocan de medio a medio, se equivocan desde el principio, quienes han optado por las contemplaciones, por los paños calientes y jugar a los pactos tácitos entre caballeros con este señor.
La ciudadanía democrática, que en este país es la no nacionalista, sin sombra de duda tiene sus límites y también puede estallar y decidir perder el respeto por las reglas y las instituciones. “Jugar con fuego” se llama eso que están haciendo. Y suele acabar teniendo consecuencias la tomadura de pelo sostenida.