Sobre la situación política y la relación PSOE-Unidas Podemos

Del historiador y compañero de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.

No creo que se adelanten las elecciones. En mayo de 2023 tocan municipales y autonómicas, y éstas no tienen fecha variable a gusto del gobierno; se celebran en mayo-junio. Las elecciones generales son en noviembre 2023. Si se quisieran adelantar de manera significativa las generales no lo sería después de las municipales, con la resaca de los resultados en verano y empezando nuevo curso en septiembre 2023 para una precampaña intensa. Tendría que ser antes de las municipales, pero eso querría decir en 2022, es decir en el otoño de 2022; tampoco pienso que, a menos que haya una causa de fuerza mayor, se convocasen para enero-febrero 2023, tan cerca de las municipales. Así que el calendario electoral se puede mantener en sus tiempos esenciales, lo que puede cambiar ya es la composición del gobierno, adaptándola al viraje que Pedro Sánchez ha iniciado, y que una parte importante del PSOE la reclama, viraje «hacia el centro» que es donde está creciendo el PP, viraje contra el pacto con UP, viraje en la política internacional con -dice Albares y dice bien- el mayor acercamiento a EEUU desde hace veinte años, enviando la política del anterior gobierno socialista, el de Zapatero, al -desde su perspectiva- basurero de la historia.
Hace tiempo que me da la impresión que desde el PSOE y desde parte del gobierno se está acorralando a UP. Como parece que no acaba de marcharse, Margarita Robles -alguien que pesa políticamente cada vez más- les hace una invitación apenas sutil: señores, esto es lo que hay, lo tomáis o lo dejáis. Próxima parada en el viaje de la coalición: el acuerdo para la ampliación de la presencia de buques de guerra en Rota, y como las cosas pintan mal en Ucrania para Zelensky y la OTAN-EEUU habrán de venir nuevos acuerdos de apoyo armado a Zelensky, por no hablar de las consecuencias de aceleración por la guerra de los problemas de fondo de la economía occidental. Si se pasa esa parada, que sería un trágala quizás definitivamente catastrófico para UP, vendrán nuevos apeaderos para pasar por el tubo de la nueva política socialista; y después de esos apeaderos, en los que UP, si sigue, perderá una pieza en cada movimiento, la estación definitiva de los nuevos presupuestos de 2023 en el que se habrá de reflejar el compromiso de incrementar hasta por lo menos -puede ser más y si sigue la guerra será más- el 2% los gastos de defensa. En detrimento, claro está, del gasto social, detrimento que se querrá ocultar reivindicando las mejoras en la estabilidad del empleo, la de los contratos indefinidos, pero también la consolidación definitiva de los profesores contratados con plaza (agregados, lectores) universitarios en las mismas condiciones de inamovilidad que un profesor funcionario, la limitación del período interino en la sanidad y la previsible consolidación masiva, etc. etc. Mejoras todas ellas, por cierto, promovidas por el Ministerio de Trabajo, pero que capitalizará y quiere capitalizar el PSOE.
Pedro Sánchez ya no necesita tampoco la coalición con UP para su operación de diálogo con los independentistas catalanes; es decir pensará que no la necesita ya él ni España a corto plazo. Puede volver a hablar de ella directamente con Pere Aragonés, sin necesidad de puentes. Y pueden ambos mantenerla en el limbo para no contradecirla, pero pensando que por el momento no va a pasar de ahí sin consecuencias importantes. El bloque del «procés» está dividido y en retroceso social. Hasta Jordi Pujol dice ahora que no es independentista, que España es importante y que los que gobiernan ahora son un desastre. Esto último no lo ha dicho con esas palabras, pero ese es el sentido de lo que ha dicho. Si el diálogo no avanza, en una visión cortoplacista, tacticista, tampoco avanzará la movilización independentista. Además, el gobierno español con su giro a EEUU y los acuerdos de la OTAN sobre todas, todas, las fronteras europeas, tiene ahora la llave de oro de la defensa de la integridad territorial. O al menos así lo deben pensar. La cuestión territorial pasa a los escalones inferiores de las preocupaciones gubernamentales…y sociales.
No me imagino a Margarita Robles diciendo lo que dice a humo de pajas. El corolario de lo que dice es: si se van del gobierno, no pasa nada. El gobierno seguirá tan estable -o inestable- como antes. Este año fiscal de 2022 ya habrá pasado. El último año de la legislatura puede seguir funcionando de dos maneras: a) un pacto de estado con el PP sobre los presupuestos, con los presupuestos de defensa como clave del acuerdo; b) la prórroga del presupuesto actual, que encima es expansivo -tal y como van las cosas sería el último expansivo en tiempo, si gana la derecha o la nueva «coalición centrista»-, encima haciendo caer sobre el PP la negativa que impide implementar ya el incremento del presupuesto de defensa. Así que, señores de UP, esto es lo que hay y lo que habrá, que será más de lo mismo. Y encima, si UP sale del gobierno, a Vox se le van a reducir mucho sus objetivos de ataque al gobierno.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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