De un amigo, 10/3/2022.
Lo que voy a comentar a continuación es una fruslería un poco pedante, dado el contexto actual, pero me fastidia la utilización político-propagandística de la historia. Los medios de comunicación se empeñan en comparar lo que está ocurriendo con el nazismo, cuando, puestos a comparar, sería mejor hacerlo con la crisis de verano de 2014 (y también esto, por supuesto, sería forzado, si se pretenden trazar paralelismos directos). Ejemplos de lo que digo:
-En primer lugar, he oído en varios medios hablar de la «invasión nazi de Ucrania» (sin referirse a la Unión Soviética), la última vez ¡en un programa de Radio Clásica-RNE!. ¡Como si Ucrania existiera como un estado independiente en 1941! La Alemania nazi invadió la Unión Soviética (o Rusia, como a veces también se decía; en alemán: Russland), no «Ucrania». Su objetivo era destruir la URSS y subyugar el sur de la URSS era instrumental a estos efectos. La invasión fue organizada en tres sectores: el sector del Grupo de Ejércitos Norte en dirección a Leningrado; el sector del Grupo de Ejércitos Centro en dirección a Moscú y el sector del Grupo de Ejércitos Sur, que tenía por objetivo Ucrania y el Cáucaso. Muchos generales alemanes -pero no todos, ni mucho menos- consideraban esta estrategia decidida personalmente por Hitler un error, un riesgo excesivo, y que era preferible seguir la misma estrategia que Napoleón, es decir, concentrar todos los esfuerzos en la conquista de la capital, Moscú -lo que, a la vista del ejemplo de Napoleón, tampoco parece una estrategia especialmente brillante-. La decisión de Hitler no era irracional, sin embargo, aunque se tomase dentro de un marco general de decisión efectivamente irracional (el marco del imperialismo racial nazi): asegurarse el control de las fértiles tierras ucranianas -que fue, además, lo que obtuvo Alemania tras Brest-Litovsk en 1918- y, una vez conquistadas, el petróleo del Cáucaso ruso (piénsese en Chechenia. Daguestán, Azerbaiyán..).
-En segundo lugar, siempre me ha parecido indecente la caracterización de Daladier o Chamberlain como «cobardicas» o «pacifistas» en cuanto a su actuación respecto a la crisis de los Sudetes/ Conferencia de Múnich de 1938, aunque haya historiadores -también es el caso de la industria cinematográfica y los documentales franceses sobre la guerra proyectados en «La 2»- que la compartan (1). Es una aberración traerla a colación respecto a la supuesta falta de reacción de «Occidente» frente a la agresión rusa a Ucrania (2). En cuanto a lo primero (1), hay varias cosas que decir. Primero hay que decir que para un político responsable, consciente de los sacrificios que puede implicar para la propia sociedad, no es fácil entrar en una guerra, sobre todo cuando ésta está cerca, más aún si ese político ha vivido una experiencia como la de la Gran Guerra. Los imbéciles son, en este sentido, los tertulianos y expertos de pacotilla que jamás han sufrido en sus propias carnes una guerra y se burlan de un tipo como Chamberlain. En segundo lugar, hay que decir que Francia y G.B. confiaban en que el expansionismo alemán, en todo caso, se proyectaría hacia el este de Europa y que los potencias descontentas con el statu quo versallesco, Alemania y la URSS (o Rusia), se acabarían enredando en una guerra interminable que destruiría a ambas, quedando Francia y G.B. indemnes (¡ilusos!). En mi opinión, no fue la invasión de Polonia lo que llevó a Francia y G.B. a declarar la guerra a Alemania -si bien es cierto que habían firmado con Polonia tratados bilaterales de defensa mutua que, por cierto, no existen respecto de Ucrania- sino el Pacto germano-soviético Ribbentrop-Molotov. Y aún así permanecieron inactivas en el frente occidental -salvo en Noruega-, confiadas en la Línea Maginot y a la expectativa de un ataque alemán, tal vez con la esperanza de que la guerra todavía podría quedarse en un enfrentamiento limitado ruso-alemán y verse ellos libres de una implicación plena en ella. Respecto a lo segundo -los paralelismos con Putin- (2), sencillamente no podemos inferir del imperialismo nazi y de la ideología y comportamiento de Hitler y el resto de la elite nazi que Putin (o el actual liderazgo ruso) tengan la intención de adueñarse de Europa. Podremos inferirla, en su caso, de los documentos de la actual administración rusa, pero no, lógicamente, de los de la Alemania nazi. Habrá que estudiar, por tanto, los primeros -lo que yo no he hecho, pero tampoco parece haberlo hecho casi nadie del establishment mediático-político-, no los segundos (bueno, de todos modos, tampoco creo que hallan estudiado estas últimos; esta gente sólo ve la TV y lee los periódicos).
-Aprovecho para recordar la tercera ley fundamental, o regla de oro, de la estupidez humana de Cipolla: «Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.» Se me ha venido a la cabeza tras escuchar una breve entrevista a Antonio Turiel acerca de los efectos de las sanciones económicas a Rusia sobre los países de la U.E. que se puede encontrar en este mismo blog. A lo mejor los estúpidos no son solo los Brexiteers o ¿Putin?, sino también los europeos de clase media, tan listos ellos.
Por cierto, el jefe de la CEOE ha dicho al gobierno que si fija precios o limita dividendos para paliar los efectos del conflicto ruso-ucraniano, España se convertirá en Venezuela -la otrora archienemiga de los USA en América, solicitada ahora por aquéllos para vender petróleo-. Lo lógico sería que si piensa así, se dedicase a predicar frenéticamente la paz y hasta el levantamiento de parte de las sanciones a Rusia, o ¿es que supone que todo el peso de las consecuencias de la guerra han de recaer en los trabajadores? ¡Pues claro que sí!
-Y para acabar, cierro este mensaje con una cita de Sonámbulos, Christopher Clark: «En San Petersburgo, un jovial Alexander Krivoshein -ministro de agricultura del zar, partidario de la guerra- le aseguraba -el día 28 de julio de 1914- a una delegación de la Duma que Alemania sería aplastada muy pronto, y que la guerra sería «una gran ayuda» para Rusia: «Créannos, caballeros, todo va a ir a las mil maravillas»» (me recuerda un poco a Josep Borrell).
No me parece como muy «atinado», la alusión a la falta de responsabilidad de las potencias imperialista -Francia/Inglaterra-, de la mano de sus representantes Chamberlain/Daladier,( y alguno más ), en el ascenso del militarismo imperialista agresivo, de la Alemania nazi. El comentarista «olvida?», que permitieron, en fases sucesivas, el rearme de esa nación, cuando en el tratado de Versalles, estipulaba su desmilitarización ( aquí, el imperialismo anglosajón, lleva la palma de oro), y permitieron » sin rechistar», la ocupación de la cuenca del Rhur, anexión de Austria, y Checoslovaquia.
Lo mismo que, la «hibris» francesa en la desmembración de la nación alemana, con la creación de la nación polaca, a expensas de territorios que, fueron colonizados por campesinos alemanes- Pomerania, Posnania, Prusia occidental y oriental, …., ya desde finales del siglo XXVII, estimulando hasta la histeria, el nacionalismo y revanchismo de la burguesía, pequeña burguesía, y parte del proletariado alemán.
Así, como, las indemnizaciones billonarias,- imposibles de pagar-, que el imperialismo francés, en un acto de sevicia, impuso en el tratado de Versalles.
Incluyo, también, la creación anglosajona ( quizás habría que adjetivar de engendro ), del NO INTERVECCIONISMO, al INTERVECIONISMO de las potencias nazi/fascista, apoyando a los criminales golpistas que asolaron este país, en una cruenta guerra civil.
No existe duda de ningún tipo, de la responsabilidad » apabullante » de Francia e Inglaterra, en el estallido de la 2ª guerra mundial, y todas sus secuelas de sangre y destrucción. ¡¡¡¡¡MALDITOS SEAN¡¡¡¡.
Sin otro particular. Juan