Del historiador y miembro de Espai Marx José Luis Martín Ramos.
Lo de Die Linke sorprende porque hace tres meses estaba cerca del 3% en las encuestas. Ese desplazamiento de voto joven a su favor es importante pero me parece que hay otro factor que es el hundimiento del SPD. Habrá que ver cuánto voto SPD se ha pasado a Die Linke. Y desde luego lo ha resucitado el avance de AFD. Die Linke ha parecido mejor opción antifascista; incluso las ambigüedades sobre la guerra de Ucrania pueden haber jugado a su favor. En una opción anti las ambigüedades juegan más a favor que en contra. En cuanto al sionismo de Die Linke quizás habría que matizar; en el partido hay un grupo sionista, pero el partido no es tan sionista como defensor del Estado de Israel. Aunque a alguno de nosotros pueda parecer lo mismo, no es lo mismo y puede que, sobre todo, no se perciba como lo mismo en Alemania; me parece que Die Linke se pronunció contra el genocidio de Gaza, aunque también lo hizo contra el ataque del 7 de octubre.
Ahora los escenarios pueden cambiar; la guerra de Ucrania puede dejar de ser factor principal -aunque quizás su resolución no sea tan rápida o tan clara- y en cambio el genocidio palestino se reactive con la dupla Trump-Neta; el gobierno ya no será de centro-izquierda y el giro a la derecha va a obligar a superar ambigüedades. Veremos si la nueva dirección -“jacobina” y antimilitarista – le aporta algo nuevo o no y su “resurrección” será fruto solo de la actual coyuntura electoral.
En cuanto a BSW ha ido claramente a menos y no porque se haya quedado a 3 centésimas (4,97%) de tener una treintena de diputados, sino porque su política se ha estancado. No creo que el problema sea el de ritmo de formación. Desde luego las elecciones no les han cogido con la estructura adecuada para competir en ellas, pero lo peor es que la campaña no ha servido para reforzar su discurso y ganar apoyos para la soberanía popular y la reindustrialización. Esos puntos han quedado oscurecidos por el grave patinazo en el Bundestag sobre la cuestión de la inmigración, apareciendo juntos en la foto con AFD, y dejando abierta la puerta a una interpretación hostil de su posición que teñía ciertamente un punto oscuro (la denuncia de los intereses espurios de la inmigración ilegal era, para mí, justa pero no aclaró nunca que había de hacerse con las víctimas objetivas de esos intereses). Habrá que ver en el análisis regional de los votos si ha mantenido sus posiciones en Alemania oriental o no y lo que ha sucedido es que no ha conseguido pasar de su territorio de partida en 2024, en una coyuntura de incremento de la participación por la suma de expectativas nuevas (cambio de gobierno, avance propio de AFD y expectativa de cambio de régimen, movilización antifascista contra esto último); o si ha retrocedido también en términos absolutos en Alemania oriental. Para dar el salto a partido realmente “nacional” se tendrá que repensar algunas cosas, no le bastará con el programa socialdemócrata obrerista de Sara Wagenknecht.
En cualquier caso estamos al comienzo de la película, no nos quedemos con las fotos fijas de ayer.
Interesante y necesario análisis del siempre admirado profesor Martín Ramos. Atinada, creo, la crítica respecto al demasiado personalista partido Alianza Sahra Wagenknecht, cuyo esfuerzo por desmarcarse del Caribdis de la izquierda postmoderna no debería llevarle a caer en las garras del Escila del rojopardismo; o, lo que viene a ser lo mismo, debería ser capaz de mostrar más claramente que sus (fundadas) críticas a ciertas políticas de la izquierda no implican, por activa ni por pasiva, ningún tipo de legitimación de las propuestas de la ultraderecha.
Es necesaria, en Alemania como en toda Europa, emprender un serio proceso de refundación de la izquierda. Pero para ello va a ser necesario superar dogmas y sectarismos.