Una observación del profesor emérito de la UB Adrià Casinos.
Ese amigo de AF ha planteado una cuestión muy interesante, que nadie menciona porque es mentar la bicha: la posibilidad de nuestra propia extinción como especie. Toda la argumentación que normalmente se hace implica la asunción implícita de la eternidad, a mi parecer puro ideogismo de origen religioso. El concepto de eternidad es un absurdo e igual que se extingue la vida individual, se extinguirá la colectiva humana, como ocurre con cualquier especie. Por supuesto que el hecho cultural nos permite ver cuáles son los peligros que nos amenazan, de igual manera que los cuidados médicos nos ayudan a vivir más y en mejores condiciones. Creo que si todos los análisis que se hacen sobre cambio climático, y cuestiones relacionadas, partieran del hecho de la contingencia y finitud de nuestra especie (repito, como cualquier otra), se ajustarían mucho más a las posibilidades reales de retrasar (no evitar) la extinción. De momento, y de forma solapada, existe en todos los ámbitos una confianza ciega en que los adelantos científicos y técnicos nos van a proporcionar la solución milagrosa, obviándose cuestiones como el crecimiento demográfico y el agotamiento de TODOS los recursos.