Dentro del cúmulo de “boutades” que todos los días pelean por abrirse un lugar en los medios de comunicación, no cabe duda de que un puesto de privilegio le corresponde a lo de construir una nueva pista para el aeropuerto de El Prat en medio del mar. Desde luego se trata de un asunto, el de como seguir mercadeando en lo electoral y en lo comercial con el futuro del aeropuerto barcelonés, que reúne muy buenas condiciones para ello. Por eso es un tema que siempre ocupa titulares en los medios y mucho tiempo en el pasilleo político. No obstante, lo novedoso de este nuevo enfoque aéreo-marítimo merece tratarse con cierta atención. Aunque procurando no dejarnos despistar por el dedo y fijarnos en el objetivo real del caso. Aquí no vamos a ocuparnos de los aspectos materiales de la propuesta. Una propuesta que, atendiendo en exclusiva a las cuestiones técnico-constructivas, tal vez fuere factible. Aunque atendiendo a los aspectos económicos, logísticos y medioambientales es disparatada. Todo esto se lo dejamos a otros, que no dejará de haberlos dada la proximidad de la campaña electoral municipal y la relevancia de todo esto en ella. Nosotros vamos a fijarnos en el ángulo, digamos, “ad hominem”. No por personalizar, sino en razón de llegar a entender como de desnortada puede llegar a estar una sociedad, la nuestra, cuando lo que antaño eran “los grandes inventos del TBO” del profesor Franz de Copenhague, pasan a ser propuestas admitidas y debatidas con ínfulas de seriedad. No olvidemos que, como demostró un gran clásico, la desvertebración social puede elevar a un aventurero, o caballero de fortuna, o actor, al pedestal de héroe. Esta propuesta aéreo-marítima, valorada en 2.100 millones (evidentemente se trata de una de esas valoraciones presupuestarias que siempre se multiplican por cuatro, como mínimo), no es el producto de ningún encargo oficial que sepamos. Ha llegado de la mano de alguien que, como vamos a mostrar, responde bastante bien a esas características que mencionamos antes. En efecto, Joaquim Coello, persona habituada a ser recibida en importantes despachos y a departir con personas de influencia política y económica, es un aventurero probado. A diferencia de aquello de “el valor se le supone”, él lo ha demostrado cruzando el Atlántico en un pequeño velero hace años. Desafortunadamente tener valor no significa en absoluto ser una persona cabal y el resto de su peripecia vital muestra sus carencias a este respecto. Su único cargo oficial fue el de Presidente de la Autoridad Portuaria de Barcelona y en esta responsabilidad le tocó el mayor accidente jamás sucedido en las infraestructuras de Cataluña, sin víctimas por suerte, cuando, el 1 de enero del 2007, los cajones del nuevo muelle de El Prat (donde hoy está la terminal de BEST) se deslizaron y penetraron medio kilómetro en el mar. Fuera del posible chiste fácil sobre que la querencia de Coello por hormigonar el mar Mediterráneo naciera ahí, lo cierto es que, por más equilibrios que se hicieron entonces por disimular responsabilidades (su cese se produjo de inmediato) hay una sentencia judicial de septiembre del 2013 que no creyó en esos disimulos. Tampoco era mejor su conducta con respecto a los trabajadores del organismo que presidió. De aquí que, en cierta ocasión, tuviera que salir de la sede de la APB refugiado en una furgoneta del CNP, mientras docenas de trabajadores (la mayoría policías portuarios) le abucheaban, sin que las cosas llegaran a mayores gracias a la actuación del Comité de Empresa. El mismo Comité de Empresa que él acostumbraba ningunear constantemente. Posteriormente, fuera ya de cualquier cargo público, ha brujuleado por diversas administraciones, como consultor o “lobbista” muy bien pagado por algunos sectores empresariales, intrigando en favor de causas “non sanctas” (como la que aquí comentamos) y atacando todas aquellas impulsadas por quienes él, en su extrema arrogancia, considera responsables de no haber alcanzado todo cuanto, según él, se merecía. Como decíamos arriba, ¡que sociedad tan tóxica tenemos, cuando se presta atención a estas propuestas y a sus proponentes! Ernesto Gómez de la Hera