Del historiador José Luis Martín Ramos. Fechado el 3 de septiembre.
Ahí está el detalle, en lo que dice Miguel [No recuerdo que hubiera tanto rasgamiento de vestiduras cuando se fueron los soviéticos y cayó el régimen de Najibulá (y empezaron a matar, no a endosarles el burka, a maestras y enfermeras comunistas). En este mundo traidor…]. No voy a aceptar ningún relato sobre Afganistán, de alguien que se diga de izquierdas que empiece en 2001 o en 1996.
El resultado de la intervención norteamericana fue el triunfo de los talibanes… en 1996; no les importó demasiado la cosa hasta 2001, hasta el 11 de septiembre, por muchas lágrimas de cocodrilo que ya se vertieran entonces por la destrucción de los budas (no por la tortura y asesinato de Najibulá, sobre eso no hubo llanto en Occidente) La segunda intervención de EEUU, a avión descubierto y con «coalición atlantista» llevó a los talibanes a ceder las ciudades y volver a las montañas. Ninguno de los artefactos institucionales que se montaron con el corruptísimo Karzai al frente y luego con Ghani-Dostum, completamente dependientes de las armas «occidentales» construyó nada serio, porque no tenían ninguna base sobre qué construirlo. ¿Por qué ganaron los talibanes? Porque tras la aniquilación perpetrada contra la revolución democrática en 1992 y la restauración del clientelismo tribal, la gran mayoría de la población afgana, que sigue siendo campesina, han apoyado a los talibanes, sobre todo entre los pastunes. No han derribado a un estado legítimo sino a un estado fantoche.
Lo que están haciendo los gobiernos no es realpolítiik, es reconocer la realidad de la victoria talibán y del apoyo popular que tienen -Afganistán no se acaba en Kabul-. En la situación actual solo hay tres opciones: mirar hacia otro lado y boicotear al nuevo poder talibán, lo que va a incrementar el sufrimiento de la población afgana; intervenir militarmente de nuevo, o entrar en relación con el gobierno sobre la base del principio internacional del uti possidetis (reconocer porque eres el poder, no porque aceptemos tu programa).
Por cierto, la alusión de Putin a la fragmentación de Afganistán no es gratuita. Ahmed Massoud estuvo siempre apoyado por el Reino Unido, por el MI6 y el SAS, su hijo se educó civil y militarmente en el Reino Unido; es su hijo el que mantiene una actitud de resistencia armada a los talibanes hoy. La sospecha sobre el respaldo extranjero a un juego de confrontación de etnias (hararas y tayikos contra pastunes) como cuarta opción de perseverancia en la intervención, bajo cuerda, no es infundada.