Un artículo de Higinio Polo sobre Hong Kong.

«Opio y colonia para Hong Kong» es el título de un magnífico artículo (como todas sus cosas) del profesor, analista y activista Higinio Polo. Se publicó en Mundo Obrero. Esta mañana de lunes 4 de noviembre lo ha editado rebelión. Les doy esta referencia: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=262074

Sus opalabras de cierre:
1. El banco británico HSBC (Hong Kong and Shanghai Banking Corporation; hoy, uno de los más importantes del mundo) fue creado para tutelar y favorecer los beneficios del tráfico de opio en China. Las humillaciones y expolios no terminarían ahí: en 1898, Gran Bretaña fuerza a China a ceder el territorio de Kowloon por 99 años para añadirlo a Hong Kong, y poco después el descontento por la voracidad imperialista desembocó en la revuelta de los bóxer, una protesta aplastada por Gran Bretaña con miles de soldados: asesinaron a decenas de miles de chinos, saquearon Pekín, incluida la Ciudad Prohibida; protagonizaron matanzas ignominiosas y arrasaron poblaciones, además de destruir buena parte de las riquezas artísticas chinas, de invadir el Tíbet y de imponer a Pekín el pago de nuevas “indemnizaciones” por valor de centenares de millones de dólares. Con parte de la población china reducida por la fuerza a condiciones de esclavitud (esa fue una de las causas que explican la gran migración china de esos años hacia Estados Unidos y Australia), Hong Kong pasó a ser la joya del sucio y miserable comercio británico. Por eso, que las turbias protestas en Hong Kong ignoren la historia y presenten a Gran Bretaña y Estados Unidos como garantes de la libertad es inhalar de nuevo el opio y suspirar por los días de la colonia, de la servidumbre, de la humillación de soldados extranjeros imponiendo la esclavitud de las adormideras.

2. China ha respetado el acuerdo con Gran Bretaña que entró en vigor en 1997: mantiene la autonomía y aplica la máxima de “un país, dos sistemas”; esa situación se prolongará hasta 2047, aunque los manifestantes la consideran nula. Pero lo que está en juego es otra cosa: cuando se celebra el septuagésimo aniversario de la fundación de la República Popular China, Estados Unidos y sus aliados imponen la guerra comercial, divulgan informaciones que presentan a China como un peligro estratégico, un rival comercial que juega sucio, y como un país que pisotea los derechos de sus ciudadanos. Mark Esper, jefe del Pentágono, acusó a China de “desestabilizar la región del Índico y del Pacífico”, de robar propiedad intelectual norteamericana y de desarrollar una “economía depredadora”, y Trump la declaró “manipuladora de divisas”. Mientras, la acosan con agresivos patrullajes en el Mar de la China meridional, con la venta de armas a Taiwán y con el estímulo al caos en Hong Kong y el apoyo a movimientos nacionalistas en el Tíbet y Xinjiang. También, con la ayuda a grupos armados de Beluchistán, que atacan los lugares donde viven los ingenieros chinos que trabajan en la construcción del gran puerto de Gwadar, uno de los nodos de la nueva ruta de la seda en Pakistán, a semejanza de lo que Washington ha hecho en algunos países africanos para dificultar la cooperación económica con China. Utilizando reclamaciones democráticas, estimulando acciones violentas, Estados Unidos quiere utilizar a conveniencia a Hong Kong como recurso para sabotear el gran proyecto de la nueva ruta de la seda y contener el pacífico fortalecimiento chino. Para China, Gran Bretaña fue el opio, la colonia, la humillación y la esclavitud; Estados Unidos, la mentira, el caos y la guerra.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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