Un desahogo sobre el entreguismo a los nacionalismos

De un amigo lector.

Si la progresía psoísta-podemita sigue así en nuestro país, con su entreguismo a los nacionalismos periféricos, acabaremos igual que la URSS o Yugoslavia (esperemos evitar la violencia interétnica u opresión cultural, pero en algunos territorios eso será poco probable). Pero que no se engañen ni nos engañen: al igual que la disolución de esos estados fue sólo el fruto terminal del colapso de sus respectivos sistemas socioeconómicos y políticos, la disgregación del estado español en unas cuantas entidades políticas separadas dominadas ideológicamente por ultranacionalismos no será el resultado de ninguna revolución sociopolítica, de ningún cambio positivo de sistema ni de nada por el estilo, sino  el producto final de décadas de desguace neoliberal del estado, que se ha cebado especialmente en estados relativamente débiles, con un sistema constitucional y un estado social mucho más reciente que el de otros estados occidentales. El estado puede ser un instrumento de opresión, pero también de cambio social positivo, además de proveedor (potencial o real) de servicios públicos y de regulación protectora de trabajadores y ciudadanos frente a los poderes económicos. Su desguace y desarticulación en entidades más pequeñas, inestables, enfrentadas -esto es casi inevitable: fijación de fronteras, irredentismos, distribución de los bienes del estado fenecido…- y con menor capacidad política y financiera no redundará en la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía, sino en la sustitución de un instrumento potencial de progreso -por utilizar una expresión típica de los políticos- por una miríada de camarillas nacionalistas exclusivamente dedicadas a explotar los recursos locales en favor de ellas mismas y sus clientelas, como ya se está viendo, en parte, con el régimen autonómico, verdadero pasto para el saqueo económico privatizador. Insisto: el entreguismo psoísta-podemita a los nacionalismos separatistas y la creencia en la irreformabilidad en un sentido progresivo del estado español que parece subyacer en los planteamientos de algunos de sus líderes, no es un avance democratizador, sino un subproducto de la debilitación, del desgaste, de los poderes estatales consecuencia de décadas de políticas neoliberales, o inspiradas por el neoliberalismo -en España, impuestas a través de la U.E. y los sucesivos gobiernos de PSOE y PP-.

Perdona el desahogo.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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