Comentario del compañero de Espai Marx, Carlos Valmaseda (más una observación final de Joaquín Miras).
Estamos en una extraña situación en la que nos preocupamos por las emisiones debidas a los combustibles fósiles y a la vez nos preocupamos por su declive. El barril de petróleo vuelve a estar a punto de llegar a los 100 dólares. Como sabemos, según Turiel, parece que 115-120 es el máximo que nos podemos permitir sin entrar inevitablemente en recesión. Pero a pesar de este ‘peligro -relativamente- inminente’ en general me preocupan más el cambio climático y la crisis ecológica porque supone una amenaza más seria a nuestra supervivencia, no como especie pero sí como sociedad. Sin embargo, más allá de un reconocimiento difuso de su importancia y un cierto malestar, a la población en general no parece importarle demasiado. Ayer leía a alguien que daba cuatro razones a esta pasividad: solemos pensar que los efectos están distantes en cuatro dimensiones: ‘no aquí’, ‘no ahora’, ‘no a mí’ y ‘no está claro’. Sin embargo, es probable que las cuatro sean falsas. Se suele decir que a los humanos nos cuesta hacernos una idea de lo que significa en realidad el crecimiento exponencial. Quizá un par de datos sobre los límites puedan ayudarnos:
-desde el año 2000 hasta ahora hemos consumido más cobre que en el resto de la Historia (Alicia Valero).
-el 74% de todas las emisiones antropogénicas de CO2 se han producido desde 1972, año de publicación de Los límites del crecimiento. De ahí esas ‘píldoras difíciles de tragar’:
Observación de Joaquín Miras:
Esta «notita», vale la pena editarla.
Todo ello va de la mano de una experiencia de ajenidad absoluta, personal respecto de «lo que pasa», que es «el capitalismo», «las estructuras – el sistema», el «estado»-, como si el capitalismo no fuéramos nosotros etc. Es una cosmovisión relativista, escéptica, de un escepticismo no angustioso -lo era el existencialismo-. Porque las cosmovisiones existen, el error es pensar que las crea la filosofía, la ciencia, la religión, la vanguardia o la propaganda. Todo esto es mitología Ilustrada que creía que es una minoría quien elabora visiones del mundo y prescribe fines. El búho de Minerva -dijo el único filósofo posilustrado- solo levanta el vuelo al atardecer, no dirige, hace testamentaría.