Profesor de termodinámica, Manuel Monleón Pradas es compañero de Espai Marx.
Cuando una empresa está en bancarrota o cercana a ella suceden cosas tales como
-su compra a precio de saldo por nuevos accionistas que se hacen con la empresa con un plan, un nuevo consejo de administración, y cambio de CEO
-el despido de empleados (“reestructuración” de personal, ERE)
-el cierre de filiales y sucursales poco o nada rentables y la reestructuración (recorte) del gasto
-la definición de un nuevo “plan de empresa” o de viabilidad
-la búsqueda de financiación nueva.
Pongamos donde dice “empresa”, “imperio usamericano”; donde dice “nuevos accionistas” que se hacen con la empresa para rescatarla, la fracción del capital que está tras Trump, Musk & co; donde dice “filiales y sucursales poco rentables”, “UE y OTAN” (los empleados de las filiales se ponen nerviosos y protestan); y donde dice “nuevo plan de empresa” o de viabilidad, la reestructuración geoestratégica que consiste en pasar de ser un imperio transatlántico (talasocrático) a uno continental que vaya desde el canal de Panamá hasta Canadá, inclusive Groenlandia, con alguna filial extranjera (¿Israel?). Súmesele el recorte de personal y gasto superfluo (en “agencias”) en todos los niveles, y las maniobras con los ‘bitcoins’.
El paralelismo es demasiado perfecto, quizá, para ser real. Pero explica los sorprendentes movimientos de la administración Trump (de la fracción de la clase dominante que está tras él), su despegue de “aliados de toda la vida”, y la crudeza con que se producen (sin embellecimiento alguno). “Realpolitik”, sálvese el que pueda y yo el primero, con mis condiciones claras.
Del paralelismo anterior, ciertamente simple y quizá ingenuo, la parte más importante a destacar es el supuesto primero: todo esto sólo se produce, y se produce así, por la bancarrota del imperio, por la inviabilidad presente de la forma que ha venido teniendo hasta hoy. (Las causas, las ya conocidas y mil veces comentadas; las consecuencias: las derivables del modelo.)