Del compañero Antonio Ruiz, de Espai Marx.
Me queda un singular recuerdo.
En ese momento ni siquiera había podido leer el texto, no existía o no pude encontrarlo. Conocía el hacer original de Brook solo de oídas y no quería perderme la ocasión. Fui solo, cuestión que en teatro nunca me ha molestado, y fueron nueve horas con tres descanso y lo más pesado fueron estos, el resto lo viví aportando imaginación; de las palabras en diversos y dispares lenguajes me olvidé enseguida al no reconocer prácticamente ninguno, me centré en el original montaje y puesta en escena del inmenso foro escénico (público en gradas semi circulares y un inmenso escenario en el fondo), los personajes actuaban por parejas o grupos separados e intercalando su relato con sentido de conjunto en algunos momentos, grupos de distintas razas y culturas que entendí como un conjunto universal humano que mostraban sus inquietudes y vida entrelazadas en momentos de conjunto como mundo. Llegué a contar más de cincuenta personajes simultáneos en escena en armonía como espectáculo, no entendía lo que hablaban pero sí entendía, para-mi, lo que representaban. Todo un espectáculo teatral difícilmente repetible.
Al final recuerdo que estaba ya saturado o cansado, con el añadido de la salida: resulta que asistía al acto la «griega» (la cónyuge del emérito) y al final parte del público le dio por ponerse en pie aplaudiendo mientras ésta se retiraba lo que provocó un cuarto de hora más para poder salir. En mi recuerdo esto es lo más negativo; el resto, repito, singular y posiblemente irrepetible.