Querido Salvador: En estos desafortunados e irracionales tiempos que nos toca vivir es siempre un asidero firme para la inteligencia leer las páginas con las que nos regalas casi todos los días. Lo es mucho más allá de la conformidad que cada uno tengamos con lo que se dice, o de la importancia, siempre sesgada por nuestros intereses particulares, que le concedamos. Personalmente, una de las cosas que más valoro es la aportación de Carlos Valmaseda, siempre actual, de gran calidad y muy bien informada. Por supuesto no coincido con algunas de las cosas aportadas, pero siempre me parecen muy útiles para reflexionar y consecuentes con una visión materialista y muy plural y democrática de la realidad. Sin embargo, este sábado 4 de junio he visto algo perfectamente prescindible.
Me refiero a la entrevista a David Wengrow, procedente de Jacobin lat. Lo que se dice en ella es seguramente plural, pero no me ha parecido ni materialista, ni bueno para la Democracia. En realidad me ha parecido un producto de lo peor de cierta seudoizquierda anglosajona que hace años que renunció a la lucha política, aunque no a las intrigas y peleas para mejorar sus situaciones académicas y su bienestar particular. Justamente quienes han producido muchas de las cosas que hoy padecemos, como las políticas de la diversidad y similares, que sólo sirven para dividir a los trabajadores, al tiempo que los desmoralizan cuando ven como hay quien las usa para montar todo tipo de chiringuitos subvencionados. Ya desde el inicio se ve que estos “estudiosos” han dedicado su tiempo más a leer lo que otros han escrito que al arduo trabajo de campo (en realidad de eso van los llamados “estudios culturales”). Y cabe decir que no lo ocultan al hablar de “esos maravillosos colegas que son expertos y pueden ayudarte a encontrar fuentes”. Fuentes que no pasan de lo literario, como se ve por las referencias que hay en la entrevista. Y, además, se trata de una literatura de los siglos XVII y XVIII que no tenía precisamente mucho que ver con la realidad. Algo que está ausente en sus referencias a la América nativa son todos los datos aportados por los autores españoles (Bernardino de Sahagún, Bartolomé de las Casas, Pedro Cieza de León y un gran etcétera) que, a diferencia de Rousseau, Graffigny o Voltaire, habían pasado gran parte de sus vidas al otro lado del Atlántico y conocían los idiomas nativos. Es lógico, pues, que su concepción del Tahuantinsuyo sea tan diferente a la realidad material americana, como lo que escribió Voltaire en su Cándido. Sólo que este no deseaba sentar cátedra, se limitaba a hacer campaña antijesuítica (en la parte americana del Cándido, por supuesto). Sobre lo que dicen de la Nueva Francia en el siglo XVII y sus “salones” con buenos salvajes intelectuales (un erial al que eran enviados, a sufrir, quienes no conseguían gracia en Versalles) es mejor correr un tupido velo, aunque salta a la vista como dan por hechas suposiciones que no pueden demostrar. De todos modos no deseo privarme de recordar que hay quienes hicieron fortuna escribiendo cartas y atribuyéndoselas a ciertos jefes nativos (Ted Perry y la seudo carta al presidente Pierce). Da vergüenza ajena advertir como personajes de este tipo se permiten poner en tela de juicio el trabajo de auténticos científicos como Vere Gordon Childe. Por eso creo que esa nota es absolutamente prescindible.