La virtud de la Poesía es que convierte lo íntimo y personal en universal. Por eso es sorprendente que un poeta haya sido capaz de invertir los términos y rebajar lo universal a su propio individualismo personal. Nos referimos a Rafael Argullol y su carta abierta a Pedro Sánchez, publicada en El País del 11 de mayo, solicitando la desaparición (incluso dejando un solar) de la Jefatura de Policía de Barcelona.
¿La razón? Que en dicho lugar, durante la dictadura franquista, se cometieron todo tipo de aberraciones y torturas contra los ciudadanos que luchaban por devolver la Democracia a España. Y que él no puede pasar por allí delante sin experimentar una sensación de asco.
No cabe duda de que Rafael Argullol tiene absoluta razón en cuanto a los hechos, harto demostrados ya. También la tiene cuando califica la tortura de abyección. Incluso es loable su sentimiento personal, ya que él padeció en carne propia lo que allí se hacía. Y, desde luego, esto le da una autoridad moral que no tiene la gran mayoría de quienes suelen manifestarse ocasionalmente ante la Jefatura de Vía Layetana. Y es que estos, por edad, no se vieron arrastrados hacia ese edificio. Ni lo fueron, salvo escasas excepciones, sus padres y/o abuelos; algunos por estar muy ocupados haciendo dinero en las condiciones de la Dictadura y otros por estar acobardados por esta.
Desgraciadamente lo que a Rafael Argullol parece haberle pasado desapercibido es que la tortura continúa siendo una práctica universal en sitios como Palestina, o el Sáhara Occidental, o….podríamos seguir mucho rato y cualquier persona puede ampliar la lista en función de sus conocimientos o preocupaciones particulares. Por eso lo que debemos reivindicar no es la eliminación de un lugar donde se practicó en tiempos la tortura, ni siquiera la eliminación de los lugares donde se sigue practicando, sino la desaparición de esta abyecta práctica. Esto sí que debería ser objeto de cartas abiertas y de movilizaciones.
No queremos acabar esta breve nota sin añadir algo que no tiene nada que ver con esa carta abierta de Rafael Argullol, ni con sus opiniones, pero sí con las de los habituales protestantes contra la mencionada Jefatura de Policía. Nos referimos a su oposición a la existencia de comisarías y de policías. Pues es esto lo que suelen expresar con mucha más vehemencia que su oposición a la existencia de la tortura. Siendo las cosas como son actualmente, ello no debería sorprender en absoluto. Sin embargo, dadas las raíces ideológicas de esos protestantes habituales, sí que nos sorprende esa malquerencia. Una parte de ellos proceden de una raiz que siempre ha justificado y visto como imprescindible en una comunidad política que no haya llegado aún a la «administración de las cosas» la existencia de cuerpos organizados para la defensa de la seguridad pública ciudadana. Otra parte sí que proviene de una raiz ideológica que siempre consideró mala y rechazable la existencia de esos cuerpos, pero que, en las poquísimas ocasiones en que estuvieron en situación de hacerlo, no tuvieron problemas en establecerlos y en dejarlos actuar sin control.
Por nuestra parte, no tenemos nada en contra de la existencia de esos cuerpos organizados. Pero tenemos todo en contra de la existencia de la tortura. Por eso no consideramos necesario demoler la Jefatura de Policía de Vía Layetana. Lo que sí consideramos imprescindible es garantizar que nunca se practique la tortura. Ni allí ni en lugar alguno. Y eso se garantiza con la Ley y con la movilización constante y organizada para perseguir esa abyección y a sus practicantes.
https://www.cronica-politica.es/de-poetas-y-comisarias-de-policia/.