“Hantavirus, estupidez y miseria moral” por Ernesto Gómez de la Hera

Una vez más nuestro gobierno «social y de progreso», la «leal» oposición y los grandes medios de comunicación nos acaban de dar muestra de hasta donde pueden llegar su cretinismo y su ruindad. La ocasión ha sido el brote de hantavirus surgido a bordo del crucero «Hondius».

Este brote epidémico, como voces autorizadas y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) han explicado reiteradamente, no tiene nada que ver con una pandemia semejante a la de hace seis años. No obstante lo sucedido entonces, el miedo causado por los miles de muertes (especialmente los ancianos abandonados a su suerte en residencias de mayores de Cataluña y Madrid), ha dejado un poso y una prevención persistentes.

Por eso, salvo que recurramos a interpretaciones malévolas, fue una gran estupidez gubernamental el sacar nuevamente al escenario a Fernando Simón. Aunque retirado rapidamente, su intervención inicial hizo presentes otra vez aquellos miedos, pues nadie ha olvidado sus errores y mentiras de entonces y, por tanto, el descrédito que lleva encima cualquier discurso suyo. Animados por esta esperpéntica estupidez, los representantes de la «leal» oposición entraron de inmediato en la competencia, para ver quien la decía más gorda. De este modo trataron de convertir lo que era un brote epidémico localizado en una agresión organizada contra la salud de todos los españoles, especialmente los canarios. Seguramente por esto último la más gorda acabó estando en los labios del Sr. Clavijo y su fobia a los roedores.

Todas estas polémicas y diatribas han sido convenientemente magnificadas por los grandes medios de comunicación, que han dejado perfectamente claro, por si alguien todavía dudaba, la fraternal conexión de intereses políticos y comerciales que les unen con el gobierno, unos, y con la «leal» oposición, otros. Ha sido así como de la estupidez se ha derivado inmediatamente a la miseria moral.

Por un lado hemos visto la desconsideración con la que el Dr. Sánchez trataba a la región canaria. Desconsideración que, obviamente, jamás tendría hacia la vasca o la catalana, no por razones de simpatía, sino meramente por respeto a los votos que le mantienen en la Moncloa (si lo decisivo para esto fuesen los votos de Coalición Canaria, el Dr. Sánchez se desviviría por agradar al Sr. Clavijo). Decimos que hubo desconsideración, pero no quebrantamiento de la legalidad. Todo el ordenamiento jurídico español autoriza al Gobierno a tomar las medidas que tomó para que el «Hondius» fondeara y atracara en Granadilla de Abona. Esto no impidió que, a veces con ignorancia a veces con mala intención, hubiera intentos de obstaculizarlo. Y que esos intentos fueran también agitados mezquinamente por los medios de comunicación. Como igualmente lo fueron ciertas discrepancias y desencuentros entre ministros, siempre unidos por el interés en conservar la poltrona y siempre enfrentados por salir mejor en la foto. Lo que no ha aparecido más que en algún medio especializado ha sido la cobardía del presidente de Puertos del Estado, el canario Gustavo Santana. Él era quien tenía la obligación de ordenar que el «Hondius» fondeara y atracara, usando para ello la Ley de Puertos e impidiendo los intentos de ignorar dicha ley por parte del presidente de la Autoridad Portuaria de Tenerife, a la cual pertenece el puerto de Granadilla, Pedro Suarez. Sin embargo, prefirió ponerse de perfil y no llevar a cabo su deber como parte que es del Gobierno español. Probablemente, dando otro ejemplo vivo de miseria moral, actuó así para irse trabajando algún «puestito» en Canarias cuando tenga que salir de Madrid. Al final, seguramente forzado desde arriba, apareció por el puerto de Granadilla, procurando esconderse lo más posible.

Al margen de lo relacionado con los aspectos sanitarios, esta crisis también ha permitido ver como se juega alegremente con los dineros públicos y el absurdo de muchas decisiones que se dicen tomadas por razones técnicas, pero que en realidad lo son para el provecho crematístico de ciertas personas. Nos referimos a la existencia del propio puerto de Granadilla de Abona. Millones de españoles han podido ver, a través de la TV o de sus redes sociales, el aire desangelado y de abandono de ese puerto. También han sido testigos de lo difícil de su acceso en cuanto el tiempo empeora un poco, motivo por el cual el crucero tuvo que dejar el fondeadero y atracar. Pues bien, ese puerto ha costado millones. Administraciones, en el Cabildo tinerfeño y en la Autoridad Portuaria de Tenerife, de distinto signo impulsaron su construcción a lo largo de años (tirando con «pólvora del rey» como se dice vulgarmente) y asegurando que iba a ser todo un éxito. Al tiempo que hacían caso omiso a todas las voces, muy autorizadas algunas, que anunciaban lo innecesario del puerto y la inconveniencia del lugar elegido. Naturalmente ese puerto ha sido un fracaso y ahora ha quedado de manifiesto ante millones de personas. Siendo este el comportamiento habitual de quienes dirigen nuestro país, ¿extrañará a alguien el despropósito de estupidez y ruindad en que ha derivado todo este asunto del hantavirus?

Volviendo al aspecto sanitario del tema, queremos realizar una vindicación de la OMS. Por más que este brote epidémico no tuviera, ni de lejos, la gravedad de la pandemia del COVID-19, sí que ha demostrado lo imprescindible de la existencia y funciones de la OMS. Sólo un organismo mundial, en estrecho contacto con las autoridades gubernamentales y sanitarias de todos los países, puede controlar estos sucesos, pues ya sabemos que los virus no conocen fronteras. Esto es lo que parece no importar a algunos gobernantes y he aquí el porqué de la salida de la OMS de EE.UU. y Argentina. Precisamente, este último, el país donde es más frecuente la aparición de casos de hantavirus como este, que no en balde se conoce como hantavirus de los Andes. Pese a todas estas dificultades, la OMS ha actuado con diligencia y eficacia. Primero para ayudar a los ocupantes del crucero a recibir lo antes posible la mejor atención (y recordemos que una tercera parte de esos ocupantes eran trabajadores, no turistas ricos, algo que han obviado los medios de comunicación españoles, pero no la OMS). Segundo para procurar que el brote epidémico quedara aislado y no se extendiera más allá.

Por todo ello conviene terminar señalando la singular degradación moral de cierto medio de prensa español que airado por una rueda de prensa en España del Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, que podría significar una ventaja política para el bando contrario, se apresuró a tildarle de comunista por haber sido ministro (primero de Salud y luego de Relaciones Exteriores) en los gobiernos etíopes encabezados por el Frente de Liberación Popular de Tigré, al que él pertenecía desde años atrás como un gran número de sus paisanos tigriñas. En fin ¡otra ruindad más de las habituales en esos medios!

https://www.cronica-politica.es/hantavirus-estupidez-y-miseria-moral/.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *