Dos comentarios del profesor Miguel Candel

Sobre lenguas en la UE, sobre la nueva formación de izquierdas en Alemania.

I. En lugar de «latín» deberías decir «francés», que era la lengua diplomática por excelencia.

Estoy totalmente de acuerdo con A. Lo de la caja de Pandora es algo más que una metáfora. Y el coste financiero tampoco es nada desdeñable: cada lengua oficial nueva implica, no la adición de una «unidad» más de trabajo y de coste económico, sino la de esa unidad multiplicada por el número total de lenguas oficiales preexistentes a las que habrá que traducir lo dicho y escrito en la nueva. No se trata, pues, de una expansión en progresión aritmética, sino geométrica. Pues bien, con el aumento paulatino de lenguas oficiales, lo que está pasando en la práctica en la UE es que ya sólo se habla y se escribe en inglés en el trabajo interno (años atrás, era en francés y en inglés). Y esa tendencia se ha agudizado con la entrada de los países del Este, que prefieren expresarse en la lengua del Imperio antes que en la suya propia. Lo importante es que a los ciudadanos les lleguen los textos europeos en una lengua oficial de su país, no qué lengua se use en las reuniones internas de los organismos. La UE como tal sólo tiene obligación de financiar y reconocer VALIDEZ JURÍDICA a la traducción en una lengua por Estado. Si la Gene quiere tener los textos de la UE en catalán, que se monte un servicio de traducción propio. Pero que quede claro que no tendrán fuerza legal si no están visados por un organismo oficial de la UE. En el Parlamento Europeo, como tiene presupuesto propio, si quieren admitir el bable como lengua oficial en los plenos, allá se las compongan. Pero nada de eso le llegará al ciudadano de a pie, sino que sólo servirá para que los oradores se regalen a sí mismos el oído.

Y una anécdota curiosa: el inefable (y probable colaborador de la CIA) Heribert Barrera, cuando fue europarlamentario (tras haber sido exaltado a la condición de hispanoparlamentario gracias a la ruina económica de los militantes del PTE, que financiaron con créditos personales la campaña de las elecciones de 1977) nunca intervenía en el PE en español, sino en inglés. Pues bien, un día ocurrió que un miembro británico de la Comisión, que debía presentar un informe en el Parlamento y no conocía las manías lingüísticas de HB; creyendo que éste se había dirigido a él en inglés por simple cortesía, quiso devolverle la cortesía respondiéndole en español. El berrinche de HB, que lo interpretó como una puya, fue, según dicen, de dimensiones homéricas.

II. No nos pongamos la venda antes de la herida, como viene a decir JL. Respecto a lo que dice J., muy ortodoxo todo ello, sí señor, tengo que decir que en países que conozco un poco, como Alemania, con su pasado nazi, hay que tener mucho cuidado en evitar dar carnaza a la fiera con políticas de inmigración que abonen el prejuicio de que «de fuera vendrá quien el pan te quitará», especialmente en períodos de crisis como el actual. Es sintomático que los Bordes, perdón, Verdes y el mismo Scholz, por miedo al crecimiento de Alternativa por Alemania. estén empezando a hablar de devolver inmigrantes, virando peligrosamente hacia las posiciones tradicionales de la derecha. Es una de las grandes «cruces» de la izquierda occidental y hay que hilar muy fino al respecto. Mejor que empezar a hablar de deportaciones es empezar diciendo que la política migratoria se debe regir por criterios de igualdad de derechos para todos y defensa de esos derechos. Y, como es bien sabido, la inmigración se utiliza en todos los países desarrollados para presionar a la baja los salarios, por ejemplo. En Alemania se agrava la cosa porque la inmigración ha sido utilizada con fines de política internacional. Primero, Merkel dijo poco menos que Alemania acogería a todos los sirios que huyeran del déspota El-Assad, y luego Scholz acogió a un par de millones de ucranianos presuntamente fugitivos del terror ruso, a los que subvencionaba indiscriminadamente con unos mil euros mensuales (lo sé de primera mano por una conocida de Bonn que acogió en su casa a una chica ucraniana). Por eso no es casualidad que el primer diputado del Bundestag que criticó la política de apoyo al régimen de Kiev (me gusta llamarlo tal como lo llaman los rusos) fuera un miembro de Alternativa por Alemania.


Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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