Del amigo Singuer Lin, 6/09/2022.Y dijo ayer (b. abajo) el Gonzàlez (alias “Cambray”): “(…) en Catalunya un mestre no decidirà en quina llengua fa les seves classes” (sic).
¡Pues menos mal que el procés “ha muerto”, como hay quien nos dice! porque, si llega a estar “vivo”, a los enseñantes de la escuela pública de la Cataluña contemporánea vete tú a saber qué marchamo simbòlic nostrat deberían lucir para demostrar, además, su identificación con el règim nacionalcatalanista de montserratina regla, o, si se prefiere, con el “Alegre i Combatiu Moviment del Fet Diferencial” (“MFD-JONS”), tal y como ocurrió en las “escuelas” parroquiales y en las pocas escuelas públicas de los años 1940 y 1950, en donde, respectivamente, los curas solían lucir tonsuras capilares salvadas de la caspa de su pelambrera, o bastantes maestros “del Movimiento” o de “FET”, ostentaban en las solapas de sus raídas chaquetas, escudos del “yugo y las flechas” o , si era el caso, estrellita de alférez provisional.
La cosa, en la actual Cataluña, puede empezar por exigir mediante un Decret determinadas banderas y lazos: al principio en fachadas y muros escolares (solo de centros públicos, claro), hasta pasar a fer lluir petits detalls de compromís.Cat en la indumentaria del funcionariado docente más adicto, o en el del vulnerable.
No sé si se conoce que, todavía en los años 1980 y 1990, en el set de, digamos, gadgets, que podía encontrarse en un armario, un director de un centro de enseñanza primaria o secundaria público de Cataluña (al tomar posesión de su cargo), una foto enmarcada del rey Juan Carlos I, y una bandera constitucional española de c. 1,5 m de altura.
Al respecto, tan sólo conocí un director de una sesentena (lo sé porque intenté ejercer de tal unos años, en medio del perverso e ineficaz principio consuetudinario de “eres más que un jefe, un amigo”), que en plena era pujolista tenía aquél, por motivos constitucionalistas, en su despacho de un centro “de comarcas”, desplegados ambos símbolos.
Yo no me atreví a ello, lo admito (aunque en mi caso, entonces, hubiera sido como provocación antipujolista), pero bastante hice con intentar quitar crucifijos que habían por el centro, a costa de las críticas de, entre otros, el “profesor” (?) de religión católica, que era el sindicalista “progre” de “USTEC”, y a costa del “ponerse de lado” del sindicalista de la “CONC-CC.OO”.
Dado, pues, que el procés no ha muerto, cabe esperar, al respecto, iniciatives del Govern de la Generalitat y de sus aliados nacionalcatalanistes d’”esquerres” del “MFD-JONS”, sobre todo en ámbitos (como el de la escuela pública) que, poco o nada, interesan, de verdad, al conjunto del Poder Judicial y al Gobierno de Pedro Sánchez, ni a políticos, plumillas, y tertulianos profesionales de allá y de acá.Cat.