Ischenko en la New Left Review

Del historiador y compañero de Espai Marx, José Luis Martínn Ramos.

La New Left Review de este mes publica una entrevista al sociólogo político ucraniano, que no os paso porque hay bastante paja y bastante tópico sobre el imperialismo soviético y los interes de Putin y de Rusia -que se suponen idénticos y espurios-. A pesar de todo en la entrevista dice cosas de interés que os extracto de manera lo má sumaria posible.

Para empezar Ischenko se mueve en un terreno intermedio -«centrista»- en el que me ha sorprendido su ingenuidad -si es que es eso- sobre las maniobras políticas y prebélicas de EEUU y la OTAN. A veces sus afirmaciones son contradictorias entre sí: rebaja la influencia del batallón Azov en vísperas de la guerra, pero líneas más abajo reconoce que no ha estudiado detenidamente el ejército ucraniano presente en el Donbas y páginas más adelante la presión del Batallón y otros grupos de derecha, amenazando con una guerra civil para que no se cumplieran los acuerdos de Minsk. Y, consciente de la ilegitimidad del régimen político surgido de los acontecimientos del Maidán pero incapaz de rechazar que fuese una revolución, se inventa una nueva clase de revolución, la «revolución deficiente».

Vamos a las cosas de interés. De esa «revolución deficiente» surgieron cuatro beneficiados principales: la oposición oligárquica a Yakunovich, las ONG financiadas con fondos occidentales -que considera como una parte fundamental de la «sociedad civil» ucraniana post-soviética-, la extrema derecha y «Washington-Bruselas». Los perdedores: las «secciones de la elite ucraniana organizadas en el Partido de las Regiones, el Partido Comunista (13% de votos en 2012) y la izquierda en general. Bajo el gobierno de Porochenko las ONG y la extrema derecha impulsan la radicalización nacionalista. En esa radicalización nacionalista el relato post-maidan de un nacionalismo civico inclusivo no consiguió erosionar al nacionalismo étnico exclusivo (ucranianos vs. rusos o «prorrusos») sino que lo fortaleció. El gobierno de Poroshenko y posteriores asumió la agenda nacionalista de extrema derecha contra los comunistas, las feministas, los gitanos… Las leyes de descomunistización prohibieron al PCU en 2015, ucrainización forzada, restricciones a los productos culturales rusos, expulsión del idioma ruso del sistema educativo y los medios de comunicación… En 2019, en plena campaña electoral, Poroshenko promovió las leyes contra el idioma ruso y cambió la constitución ucraniana de 1996, que recogía el principio de no alineamiento, por la afirmación de que el «curso estratégico» del Estado es lograr la plena integración en la OTAN y la Unión Europea. Según Ischenko esa fuga hacia adelante era tan impopular que Poroshenko perdió de calle contra el novato Zelensky, que obtuvo el 70% de los votos, incluido el de muchos, como el propio Ischenko, que esperaban de él un cambio hacia recuperación de políticas inclusivas y de políticas de paz. Zelensky no cumplió las expectativas, por lo menos las de Ischenko, que lo atribuye al hecho de la vaciedad política de Zelensky y de su carencia total de proyecto y organización, que lo ha ido derivando hacia las posiciones de antiguos oligarcas y de sectores radicales nacionalista. Ischenko supone, sin dar pruebas, que Zelensky estaba poco antes de la guerra dispuesto a reactivar el cumplimiento de los acuerdos de Minsk, pero no lo llevó a cabo por la oposición de la extrema derecha, y ni siquiera emprendió una campaña de propaganda en favor de los acuerdos de Minsk, para coger fuerzas frente a esa extrema derecha. Parece pues que, aunque sea con la boca pequeña, el propio Ischenko reconoce el peso político determinante de esa extrema derecha ante el poco consistente Zelensky.

Ischenko acaba recogiendo una información de un artículo del Time, de 2 de febrero de 2022, de un tal Simon Shuster, en el que se afirma que en el detonante de la actual crisis y guerra estuvo las sanciones y sometimiento a proceso de Medvedchuk, líder del Partido de las Regiones, en febrero de 2021, al mes siguiente de la toma de posesión de Biden. Una acción que sumó los intereses de Zelensky, para quien Medvedchuk era el principal opositor, en esos momentos con más apoyo social que el propio Zelensky, y de Biden, ya que las cadenas televisivas de Medvedchuk estaban en campaña permanente contra los trapicheos de Biden hijo en Ucrania. En cualquier caso las acciones contra Medvedchuk obtuvieron la felicitación de la embajada USA en Kiev -por algo será-. Shuster señaló que esas sanciones dieron lugar a las primeras acumulaciones de fuerza militar ruso en la frontera con Ucrania. Putin las habría considerado como la señal de que Zelensky había virado definitivamente hacia una posición antirrusa y pro-OTAN. Ischenko escribe: “las medidas tomadas contra M fueron consideradas por Putin como la gota final en su convicción de que Ucrania jamás implementaría los Acuerdos de Minsk, de que a ningún político amigo de Rusia se le permitiría formar parte de un gobierno de coalición, y de que el país nunca sería reconducible a respetar los intereses ruso». Es decir, la sanción a M no solo era un acto de política interna ucraniana sino una declaración de hostilidad definitiva hacia Rusia. La preparación efectiva de la invasión -según la entrevista de NLR– arrancó en diciembre de 2021. Pero Biden se negó a negociar con Putin y por el contrario se dedicó a airear las intenciones [supuestas intenciones desde el primer momento] de Rusia de atacar; por más que según la propia CIA y el MI6 «los signos de la decisión final de Putin de comenzar la guerra no fueron evidentes antes de febrero». En otras palabras, la conclusión de lo que pregunta el entrevistador y responde Ischenko es que las movilizaciones militares rusas de diciembre de 2021 no tenían el sentido de un ataque inminente sino de una acción de presión para que retomar la senda del Acuerdo de Minsk, boicoteada por Poroshenko y finalmente descartada también por Zelensky en febrero de 2021. Ischenko concluye preguntándose ingenuamente -o «ingenuamente»- por qué Biden no impidió la invasión. Podía hacerlo, dice: «Una estrategia podría haber consistido en iniciar negociaciones serias con Putin, acordar que Ucrania no se convertiría en miembro de la OTAN… Otra estrategia opuesta a esta, habría sido enviar cantidades masivas de armas a Ucrania antes de que estallara la guerra, suficientes en todo caso para alterar los cálculos efectuados por Putin, pero Estado Unidos no hizo ni una cosa ni otra, lo cual parece realmente extraño y, por supuesto, absolutamente trágico para Ucrania». Ischenko muestra desconocer la historia de las guerras americanas desde la segunda mitad del siglo XX, las directas como la del Viet-Nam o la indirecta como la de Afganistán; en ambas EEUU prefirió la guerra al acuerdo. En Afganistán prolongó todo lo que pudo la guerra para debilitar a la URSS. Como lo confesó la Clinton -lo comentamos al principio de la guerra- ese fue el objetivo fundamental entonces y tenía que volverlo a ser ahora.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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