No hay que imaginar a la nueva derecha extrema española (En adelante NDE) como una pandilla de gárrulos y cerriles, salidos de los montes carpetovetónicos y dispuestos a reconquistar su España, España, España a golpes de Tizona y Babieca. Haberlos de ese tipo los habrá, pero en todo caso dichos especímenes ocuparían dentro del agujero negro de la derecha extrema el lugar subalterno de portar banderas, gritar eslóganes y, llegado el caso, de repartir algún que otro garrotazo y tente patrio.
En realidad, los miembros más destacados de la NDE –como en su tiempo los dirigentes falangistas– son hijos de la clase media o alta, con unos cuantos másteres a sus espaldas, oratoria o pluma fácil y buena presencia o al menos adecuada a estos tiempos donde la imagen lo es casi todo. Y, por cierto, no son solo hombres como en los tiempos de José Antonio, sino que abundan las mujeres, no al estilo de la inefable Pilar Primo de Rivera, sino modernas, dinámicas, empoderadas y feministas… a su manera.
Por supuesto sus raíces ideológicas pueden rastrearse lejos en el pasado. Por ejemplo, compartiendo querencias con sus homólogos europeos en la tradición anti ilustrada de Burke, o más castizos con nuestro Donoso Cortés. Incluso, en su vertiente auto titulada “liberal”, con la Escuela de Salamanca, vía Hayek. También los hay –¿Cómo no en el país de lo atado y bien atado?– herederos del nacional catolicismo. Sin embargo estos últimos aún están mal vistos y mejor se les oculta tras la figura del pretendido último Franco: autoritario pero paternal, forjador del desarrollo español y creador de esa clase media base de toda democracia que se precie de tal… y cual.
Pero es en los tiempos más cercanos donde conviene fijar la mirada. Así, a escala internacional, tendríamos en el terreno teórico a intelectuales como: Hayek, Friedman, Kristol, Huntington, Buchanan…; a nivel práctico políticos como Thatcher o Reagan y los actuales Milei o Meloni; y en el terreno de los centros ideológicos del poder, por ejemplo, a Mont Pelerin.
En España cabría citar a los pseudo historiadores y publicistas que iniciaron y continúan el revisionismo de la historia del franquismo y la República, y que denostaron y denuestan contra la leyenda negra a la par que reivindican la “conquista de América” y el Imperio donde no se ponía el sol. Caso aparte sería Gustavo Bueno que con su defensa de España y la Hispanidad, su poner sobre la cabeza a Marx –de la misma forma que este hizo con Hegel, Bueno pretende hacerlo con Marx: el motor de la historia no sería la lucha de clases sino la lucha de imperios y estados– y sus ataques a la izquierda Bambi ha dado origen a una corriente filosófica política de materialismo de derecha extrema –su propio hijo sin ir más lejos–.
Pero aparte de estas influencias más o menos lógicas o evidentes, la NDE tiene otras más particulares y sorprendentes. Porque ahí donde la ven, la NDE bebe del leninismo en general y de Gramsci en particular. Y no solo por motivos biográficos –un buen número de miembros de la NDE, al menos de entre los más veteranos, fueron comunistas en su juventud– sino también por causas que, poniéndonos pedantes, atribuiríamos a la razón instrumental: en los fines, completamente contrarios; pero si el enemigo en los medios en algo acierta… ¡Copiémoslos!. Y si de Lenin han aprendido la constitución de una vanguardia reducida y profesional de revolucionarios –en su caso contra revolucionarios– y el lema –también a su manera– de “Estudiar, organizarse y hacer propaganda”, de Gramsci –en continuidad con Lenin. Gramsci definió el leninismo como la ‘doctrina de la hegemonía del proletariado’, –han tomado para sí los conceptos de hegemonía y lucha cultural.
Según Gramsci: “Un grupo social puede y, aún más, debe ser dirigente ya antes de conquistar el poder gubernativo (ésta es una de las condiciones principales para la propia conquista del poder); después, cuando ejercita el poder, e incluso si lo tiene fuertemente empuñado, se convierte en dominante pero debe continuar siendo también ‘dirigente’.” Para el comunista italiano ser dirigente significa tener la capacidad de dirigir, encabezar o liderar cultural, intelectual y moralmente al bloque social que pretende el poder. Esta capacidad de dirigir no es meramente coercitiva, sino que debe estar basada en la persuasión. En definitiva frente a la colonización del sentido común de la gente por parte de las clases dominantes, es imprescindible instaurar un nuevo sentido común favorable a las clases dominadas. El medio para este cambio de sentido común es la lucha cultural.
La NDE ha comprendido con extrema lucidez la verdad política profunda de esta perspectiva gramsciana de la llegada al poder a través de la conquista de la hegemonía. Y no lo ocultan, algunos de sus más insignes representantes no dudan en citar a Gramsci y reconocer su influencia sobre ellos. Y es que el nuevo Maquiavelo gramsciano, ese intelectual colectivo al servicio de los de abajo, bien puede ser aplicado, con los oportunos cambios, al viejo Maquiavelo, al Leviatán de siempre, al intelectual orgánico de toda la vida, a los de arriba.
La NDE tiene pues perfectamente claro la necesidad de la lucha cultural para su llegada al poder. Y en ello está desde hace décadas. Veamos algunas de las cuentas y abalorios con los que nos quieren dar gato por liebre.
Naturalización del capitalismo versus criminalización de una casta. “There is not alternative”. El capitalismo es el mejor sistema de económico. El problema es la existencia de una casta política – de corte estatalista cuando no social comunista – que exprime a la sociedad con impuestos para financiar sus chiringuitos y cuentas corrientes. La propiedad privada, la iniciativa económica, la libertad de mercado son los derechos fundamentales del individuo. En definitiva, la consideración como natural y fundada biológica y evolutivamente la ideología del homus oeconomicus: el hombre como agente racional y egoísta buscador de máximas utilidades.
Fomento del individualismo versus colectivismo totalitarios. “There is no such a thing as society”. “No hay sociedad sino individuos y familia”. El estado pretende convertirnos en menores de edad, empobrecernos para que seamos dependientes de sus subvenciones. Defensa cerrada del individualismo posesivo, de la desigualdad social como creadora de riqueza, de la preferencia de lo privado frente a lo público. Canto a la voluntad y la meritocracia como ascensor social: querer es poder. Definición de la felicidad y el bienestar como consumo, egoísmo y burbujas privadas construidas en torno al dinero y la capacidad adquisitiva: Vive lo mejor que puedas y deja vivir como puedan… y eso sí, que la cervecita y la ración de boquerones en las terrazas no falten.
Creación de ideas fuerzas versus criminalización de ideologías. La Nación como el gran “nosotros” que une a los iguales, que fundamenta nuestra identidad, que constituye el verdadero sujeto político, el origen de la soberanía, la base de nuestras libertades, frente a otros “nosotros” de clase, género o raza que solo pretenden la división, el odio, el enfrentamiento para así someternos mejor. La Familia, célula básica de la sociedad, crisol primario de los individuos, espacio primordial de la educación y el amor, baluarte de la libertad frente a las injerencias totalitarias del Estado que buscan conformar antes siervos que ciudadanos. La libertad, derecho fundamental del ser humano, entendida como el libre arbitrio de individuos atomizados y en competencia, buscadores de la felicidad concebida como cumplimiento de la voluntad y el deseo de cada cual, cuyos únicos lazos en común están dados por la necesidad mutua derivada la división del trabajo y que están regulados por la leyes civiles y del mercado, frente a la democracia como participación de la gente en la gestión de las cosas, incluido el mundo prohibido de la economía.
Podríamos seguir desgranando cuentas y abalorios, también podríamos desvelar que hay tras estas proclamas de la NDE: en lo económico – y a pesar de que dentro de la NED habitan dos almas: la proteccionista y la librecambista – “una economía sana en un estado fuerte”: disciplina presupuestaria, reducción del gasto público, reforma fiscal favorable a las empresas, privatización de las empresas públicas, reformas laborales que favorezcan el despido y que destruyan el poder sindical y de negociación de los trabajadores, desregulación de la economía, liberalización financiera y comercial, libre circulación de capitales y mercancías pero no de mano de obra…; en lo político: libertad contra democracia, esto es, lex mercatoria internacional, libertad de mercado frente a cualquier intento de regulación democrática de la economía, reducción del estado a sus funciones represivas de ejercicio único de la violencia y a sus labores de apoyo a la acumulación de capital; en lo cultural y cotidiano, atomización social, individualización opresiva, despersonalización real, fomento de la hostilidad y el resentimiento, miedo al desclasamiento, pánico al otro tercermundista: la muchedumbre consumista, nihilista y solitaria. Sin embargo nos limitaremos a una advertencia: La izquierda progresista y transformadora está siendo derrotada en esta lucha cultural.
Derrotada por incomparecencia: no parece darse cuenta de la fortaleza del enemigo, de los avances en la colonización de conciencias que está alcanzando adormecida como está en una superioridad moral, que – dicho sea de paso – también le está siendo arrebatada.
Derrotada por la potencia de fuego de la NDE: son muchos los aparatos ideológicos al servicio de la nueva derecha y pocos los de la izquierda. La idea contraria parte de un error: que algunos que se proclaman de izquierdas sean realmente de izquierdas.
Derrotada por la práctica políticos de los que se proclaman de izquierdas pero que realmente no lo son. La vieja socialdemocracia, devenida con Clinton, Blair y González en social liberalismo, es cada vez más vista como parte del poder vampírico de las clases dominantes. Su política social liberal hasta la crisis, su verdadero papel de fontaneros de la crisis de 2007/08, su incapacidad –hablamos de Pedro Sánchez– de llevar a cabo unas verdaderas reformas radicales en España están sirviendo para alimentar el monstruo de la NDE.
Derrotada por la incapacidad de la denominada izquierda transformadora de ofrecer a la sociedad española un proyecto político real, creíble y progresista, sumida como está en viejos espejismos, eternas rencillas cainitas y un creerse lo que ya no es.