Del compañero y presidente de Espai Marx, Joaquín Miras.
Amigos. Hace unas horas, os escribí una apostilla, sobre el artículo de un ¿estadounidense? en que se mencionaba a Hamás, al analizar la actual guerra entre palestinos, semitas, e israelíes, parte de ellos, también semitas. Mi nota -me disculpáis la autocita- era «Hamas no ha crecido y arraigado por la ayuda de Israel, sino porque la Umma, la comunidad, «las» cientos de comunidades islámicas que repartían a todo el mundo alimentos, ropa, formación -indudablemente islámica- medicinas y atención médica, socialización y consuelo, que no es poco. Ninguna eticidad se sostiene sin red de microorganización, y Hamas lo es, sabe que la política no es elecciones sino organizar, ayudar, crear comunidad».
Esta nota mía, si me permitís la petulancia, va mucho más allá del caso concreto de Hamas, y está correlacionada con esa idea tan exiguamente compartida en el mundo denominado de izquierdas occidental, de la eticidad. En el presente de la Humanidad, en lo que es ya el presente de la misma, ésta solo va a lograr subsistir a la gran crisis a la que la enfrenta la naturaleza, en la medida en que grupos político-culturales comprendan que la única alternativa política válida es la creación de bases microorganizadas, e interconexionadas entre sí, que generen en comunidad nuevas formas de vida, nuevas eticidades, costumbres, sittes, eticità, mores, o cultura civilización de vida cotidiana: nuevas, esto es, que sean eticidades alternativas a las que hay y ponemos en obra y que ahorman la vida cotidiana según las necesidades del capitalismo, eticidad cuyo nombre es la Modernidad. La política entendida como religación comunitaria que genere nuevas formas de vida es la única alternativa.
Comunidades en las que habrá que luchar por imponer la igualdad estricta y la democracia, contra el autoritarismo y contra los que reclamen la diferencia porque se sienten dignos de leyes privadas que los defiendan en sus diferencias a costa del uso de los recursos de todos -privi-legium-.
Las religiones, antes, fueron eso: religaciones que creaban formas de vida en común. También la traditio filosófica orgánica del viejo mundo helénico y de la posteriorioridad del Islam y de la cristiandad, desde Aristóteles, Aquino, el derecho romano, Vitoria, Suárez -el colosal libro 7 del De Légibus sobre Consuetudo y mores- Montesquieu, Rousseau, Vico, Hegel, y luego, ya los denominados «grandes conservadores» del marxismo, Lukács, Gramsci que se horroriza ante las consecuencias de los «Tiempos modernos» -el gorila amaestrado de americanismo y fordismo…-, Bloch, Benjamin… Por eso, solo aquellas fuerzas político culturales que sean capaces, ahora ya, de dedicarse a esas actividades organizadas directamente en la base, y que creen nueva vida cotidiana, actividades que son las que crean sujeto cultural comunitario, o Blocco storico, tienen validez y no ya futuro, sino función en el presente inmediato. Eso es lo que en otros tiempos significó la palabra «hegemonía»: proyecto organizado de un sujeto capilarmente constituido que crea una emergente «civilità» nueva, una nueva vida. Un orden nuevo o kosmos (o mundus, un mundo, un todo ordenado…que escribe Togliatti en alguna parte, no ya en otro siglo, sino, a su vez, también, en otro cosmos intelectual).
Estas organizaciones religadoras, generadoras de vivir en comunidad, musulmanas llevan trabajando y entendiendo la política así desde hace más de 40 años. Quizá, más, pero es por esa época cuando yo comencé a percatarme, a tener gafas intelectuales, a entender las diversas interpretaciones absolutamente contrapuestas entre sí, que se entendía por la palabra «política». Entonces, ya a nosotros no se nos esperaba en estos debates, entendidos como cómicos vericuetos especulativos que no llevaban a ninguna parte, por toda la dirigencia, ya no había política alguna inspirada en estas ideas, y estas ideas estaban ya fuera de nuestro horizonte intelectual de sentido de nuestro pensamiento colectivo.
En aquella época descubrí que en el mundo musulmán, por el contrario sí operaban con ideas semejantes a estas; lo descubrí con inquietud, con recelo, con suspicacia, con prejuicio hacia estos grupos. Pensaba en nosotros como alternativa a ellos. Ahora no tengo ninguna objeción, ni recelo, ni prejuicio. La humanidad necesita, para salvarse, de quienes comprenden la política como religación comunitaria inmanentemente deliberada y generada, que a su vez genera praxis y eticidad. Los que lo hagan, pueden quizá salvar la humanidad, los otros, no sirven. Así que bienvenidos todos los que parten de otra variación de proyecto sobre creación de comunidad. Por eso mismo es muy importante ver qué sale del sínodo católico, claro.
Sí sé que nosotros, los comunistas, procedemos de una tradición en la que esta idea está cifrada en su propio nombre, «le communauterisme», la communeauté, la communitas, de donde deriva por corrupción el gemaine alemán. Que surgimos -Alain Maillard, William Sewell…- de las comunidades francesas de obreros artesanos agremiados, que defienden el control sobre la producción contra las nuevas técnicas, y que organizan culturas materiales de vida y se consideran los herederos de Robespierre -los neobabuvistas, etc-. El libro de Jacques Grandjonc, extraordinario explica esto, pero eso ahora no está ni en nuestra memoria, ni tan siquiera en los propios libros viejos nuestros. En consecuencia, no somos presente. Porque estamos incrustados como reliquias que pronuncian jaculatorias en el interior de instrumentos políticos que entienden la política como institucionalidad, además de haber desbarrancado sin seso por el neoliberalismo de las identidades woke.
Solo podemos hacer algo en caso de que lo reconozcamos, y eso es lo que quería expresar anoche, en una tercera nota anterior. Como podéis percibir, no es este un escrito de un ángel exterminador, ni de un traidor que se pasa al otro lado. De hecho, es todo nuestro conjunto el que se ha pasado al «lado oscuro» del identitarismo neoliberal butleriano. Qué le vamos a hacer.
Vale la pena con todo hacer el trabajo de rescate de legado, que es lo único que podemos transmitir, a las religaciones organizadas que existan.
No es que yo piense que en Europa ya está todo «copado» por otras fuerzas religadoras y la «oferta política» religadora comunista ya no tiene cabida, «porque ya no hay mercado»; precisamente esa manera de hacer política no está sometida a ventanas de oportunidad, espacios políticos, momentos oportunos y demás tacticismos. Por otro lado, esas formas de hacer política, en Europa, no las hay en absoluto, hoy.
Pero el torbellino de viento se ha enredado en las alas de este ángel que constituye lo que resta de la izquierda europea -aceptemos que existe- y que mira complacido, fatuamente narcisista, el torbellino y el arrastre, el camino que recorre, impulsado por ese viento huracanado del que disfruta, derechos de los animales, de los fetos, de los subgrupos, minorismos LGTBI+, etc. No sé qué opinará nuestra camarada del Tudeh Nazanin Armanian de que se haya concedido el premio Nobel de la paz de este año a una mujer iraní… defensora de la transexualidad. Un nuevo éxito triunfal, un rotundo éxito del igualitarismo revolucionario que arrojará a la calle a las amplias masas… en pos de los rayos del radiante porvenir
El mundo será de quien lo salve. De quien consiga articular alternativas de civilización desde la vida cotidiana de la gente, ayudando a que se organice. De quien sea capaz de abrirse, integrar y organizar toda la capacidad de iniciativa de acción de todo aquel que desee participar en la producción de un nuevo vivir cultural, que solo las comunidades religadas, millones de personas juntas, organizadas en comunidades intercomunicadas, puede generar. Que el comienzo de todo eso sea o suene como el primer ensayo de una orquesta, una colosal cacofonía -Gramsci-, que los procesos lo sean en contradicción entre los diversos verdaderos agentes organizadores, será lo normal
Entre tanto, esperemos que no esté ya grabado el epitafio del comunismo y que éste coincida con el de la venganza de don Mendo: «aquí muere un león, cansado de hacer el oso».