“LOS ADJETIVOS DESCALIFICATIVOS DE LA DERECHA EXTREMA” por Ramón Qu

Nos decía nuestro profesor de narrativa – ¡Qué la tierra te sea leve! – que la utilización de adjetivos era como caminar por un lago helado: el exceso de calificativos cargaba de peso las frases y amenazaba con quebrar el texto y hundirle en las aguas frías de la cursilería.

Era nuestro maestro hombre ilustrado, libertario y ateo, sin embargo no dudaba en recurrir, si venía al caso, a los escritos religiosos o a la cultura popular. Y así, en el tema de los adjetivos calificativos, gustaba de citar a Lucas y su: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” y al acerbo de la sabiduría plebeya con aquello del “Cree el ladrón que todos son de su condición”.

Y es que su pensar dialéctico tenía algo de astronómico y gustaba de dar vueltas como un planeta alrededor del sol del problema que en cada caso se tratase. De esta manera, orbitando y orbitando en torno, iba poco a poco acercándose al meollo de la cuestión. Concluía nuestro maestro en este tema de la adjetivación con una sentencia no exenta de auto ironía en su formulación reiterativa: “El uso de los calificativos califica tanto o más al calificador que a lo pretendidamente calificado”

Y si no observemos esta retahíla de calificativos que no tendríamos problemas en alargar sino fuera porque tememos aburrir a nuestros sufridos lectores: banda, mafia, putrefacción, psicópata, cloaca, corrupto, traidor, vende patrias, tirano, déspota, golpista, ambicioso sin escrúpulos, autócrata, cleptócrata, cesarismo, maquiavélico, killer, cínico, separatistas, comunistas, supremacistas, jauría, delincuentes, caníbales… y así, como decíamos y decía Buzz Lightyear: hasta el infinito y más allá.

Toda esta sarta de calificativos la pueden ustedes oír a diario enhebrada en la boca de tertulianos a la violeta, comentaristas a la limón y políticos al pato a la naranja. Poco parece importarles la reiteración semántica y sinonímica, menos aún la imposibilidad física, incluso a nivel cuántico, de tamaña aglomeración de insultos elementales, y por supuesto nada les inquieta que la fina capa de hielo de la credibilidad del discurso se quiebre ante semejante alud de denuestos, dicterio e invectivas. Porque la cuestión es la política a martillazos.

Política a martillazos que busca fundamentalmente tres objetivos:

El primero y más evidente trepanar la cabeza supuestamente de madera del ciudadano medio con el clavo de la calumnia, la filfa, y los relatos folletinescos de malos, muy malos, y buenos, muy buenos… nosotros y Santiago y cierra España.

El segundo, amachambrar con ardor guerrero, ánimo enconado y odio crispado a las cabezas más o menos huecas que ya formaban parte de las huestes campeadoras prietas las filas, rectas marciales..

El tercero, golpear y golear la siempre frágil política, considerada como instrumento racional para alcanzar una sociedad más justa, hasta reducirla a añicos, a una escombrera con olor a pocilga en la que no quieran participar ningún posible opositor a la España, España, España del IBEX, IBEX. IBEX ahuyentado por el asco, la impotencia y la melancolía.

Política a martillazos en la que es experta esta derecha nuestra de Dios, la Patria y el Rey; política a martillazos a la que recurre cada vez que pierde el gobierno – el poder siempre es suyo –; política a martillazos que esconde la viga de jibarización del estado de bienestar, los recortes de derechos políticos, económicos y sociales de los de abajo, la defensa a ultranza de plusvalías y prebendas de los de arriba con pajares ajenos y espantapájaros varios; política a martillazos que, en definitiva, limpia, fija y da hedor.

Lástima que nuestro querido y añorado profesor de narrativa haya muerto de desesperanza. Quizás de vivir aún podría proclamar a los cuatro vientos: todos esos calificativos que empleáis mi abominable extrema derecha española de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, en tu ansia de alcanzar la Moncloa y someter a España a una nueva década ominosa, todos ellos una tras otro os califican más a vosotros que a los que pretendéis calificar.

Y es que como solías decir: cree el ladrón que todos son de su condición.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *