Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.
Suma y sigue, por lo que se refiere a movilizaciones y represión. Ayer los núcleos más activos de la movilización en el Sur, fueron Cuzco y Tacna; en Cuzco se repitió el intento de ocupación del aeropuerto -como en Juliaca- y una respuesta policial que por ahora ha dado el saldo del un muerto -por herida de bala en el tórax y una veintena de heridos; el muerto era presidente de una comunidad campesina. Puno-Juliaca está en la resaca de la masacre anterior, dominada por los actos de duelo; se ha confirmado que todos los muertos fueron por herida de bala. Quizás la novedad más importante es que en el Norte empiezan las movilizaciones, la Central Regional de Rondas Campesinas del Departamento de La Libertad ha convocado a partir del lunes 16 el paro indefinido con los mismos lemas de las movilizaciones del Sur. El Departamento de la Libertad, cuya capital es Trujillo, había sido en el pasado feudo del APRA y tiene un importante peso político en Perú. De manera que la tormenta no amaina, todo lo contrario.
No amaina, pero no tiene una salida clara. La consigna política de las movilizaciones es disolución del congreso y nuevas elecciones, y asamblea constituyente, esta última promesa electoral de Perú Libre-Castillo en 2021, y de manera implícita libertad de Pedro Castillo. No hay una expresión clara y unánime de reposición de Castillo en la presidencia. Aunque haya quien la pida, la cuestión queda diluida por la petición de disolución del congreso, la gran reivindicación de los manifestantes; la izquierda presente en el parlamento parece abierta a una situación de gobierno de transición que pueda ser aceptada de forma mayoritaria. En las manifestaciones del Sur una lema habitual es la queja sobre la desconsideración que sufren por parte del estado y del gobierno de Lima- es obvia, solo hay que ver los niveles de pobreza y la disposición de servicios públicos y sociales- y eso lo aplican también a la constitución diciendo que discrimina al mundo campesino.
Así que una nueva constitución sería la clave del cambio. Pero eso no está nada claro. Para empezar hay que recordar que en unas elecciones en las que ha participado el 73%, con máximos en el departamento de Lima (79,5), pero también en Puno (81,9), La libertad (78,6) o Cuzco (75,8), las fuerzas de la derecha fueron mayoritarias; las dos candidaturas de izquierda no sumaron más que el 20% de los votos en las legislativas (Perú Libre el 13,4 y Juntos por Perú el 6,6). Castillo ganó la presidencia porque su opositor fue Keiko Fujimori; un candidato popular más centrado, con un mínimo proyecto reformista habría arrasado a Castillo. Las próximas elecciones podrían producir cambios, pero no un vuelco tan importante como para dar la mayoría a la izquierda. Se pueden sumar fuerzas de derecha a la idea de una nueva constitución, pero no será aquella en la que piensan los manifestantes y puede proponer la izquierda. Por otra parte, aunque en el sur se quejan de que son maltratados por el sistema electoral – y por el reducido número de diputados- lo cierto es que no hay una disfunción grave en ese sentido en el sistema electoral en sí: de acuerdo con el reparto de diputados por departamento a la mayoría de ellos les «cuesta» un diputado unos 200.000 votos (225.000 en el Departamento de Lima, 205.000 en el de Cusco) y los departamentos de Ayacucho y Puno les cuesta menos (160.000 y 180.000 en cifras redondas). El problema no es, en esta cuestión, de discriminación legal sino un problema mucho más grave; es un problema social, de las características de la sociedad peruana, con sus encrucijadas de clase y raza y con el gran desequilibrio socio-económico y territorial, que hace que la tercera parte del país, y de sus electores, se concentren en los departamentos de Lima y El Callao. Esos departamentos, su población blanca, mestiza y chola, tienen el mayor poder político; algo que se refleja en el hecho de que 41 de los 133 diputados son elegidos en esos departamento; 33 en la circunscripción metropolitana de Lima. Cualquier mayoría parlamentaria queda predeterminada por el peso de Lima-Callao. Y esa circunscripción metropolitana tiene, hoy por hoy, una clara orientación derechista en términos de fuerzas políticas. En las elecciones de 2021, de los 33 diputados electos de Lima metropolitana, solo 5 pertenecían a la izquierda (Perú Libre 2 y Juntos por Perú, 3); solo una fuerza podría caracterizarse como centrista , el «Partido Morado», con 3 diputados; el resto va de la derecha tradicional de Acción Popular (2 diputados) a las nuevas derechas como Renovación Popular -ultraliberal, ultracatólica- (6 diputados) a la extrema derecha fujimorista (5 diputados). Ya puede ganar Castillo en Ayacucho, con el 52%, o en Cuzco, con el 38 % (aquí Juntos por Perú obtuvo su mejor resultado relativo, un 20,3%), que la gran Lima y los departamentos costeños contiguos desde el Norte hasta Ica incluida están hoy por hoy bajo la hegemonía de la derecha, que se enfrenta y se divide mucho entre sí pero ha demostrado unirse sólidamente cuando se ha tratado de desalojar a Castillo de la presidencia.
La línea de la constituyente es sugestiva, pero habría que sumar muchas más cosas y conseguir un consenso reformador para que Perú deje de estar jodido.