Miscelánea (16/06/2022)

Del compañero Carlos Valmaseda, de Espai Marx.

1. Combustibles

Petróleo

-MERCADO DEL PETRÓLEO: Mientras todo el mundo mira a Rusia, no hay que pasar por alto a Libia, donde la producción de petróleo está realmente hundida.
Las refinerías europeas están desesperadas por conseguir barriles de corta distancia, y la interrupción del suministro en Libia está empeorando las cosas. Los diferenciales del Mar del Norte se han disparado. https://twitter.com/JavierBlas/status/1536328847100198912

-Algo le pasa a la OPEP. Las exportaciones hasta el momento son las más bajas de los últimos años -línea verde-:
Fuente: https://twitter.com/HFI_Research/status/1536775822400335872

-Uno de los ganadores -momentáneo- de la crisis:
MERCADO DEL PETRÓLEO: Los barriles de crudo del SPR estadounidense están llegando al mercado a un ritmo récord. Según datos preliminares del DoE, la semana pasada se vendieron ~7,7 millones de barriles (o ~1,1m b/d). Si se confirma con los datos de @EIAgov sería la entrega semanal más rápida de la historia. https://twitter.com/JavierBlas/status/1536423260010729472

-A pesar de esta bonanza, a causa de los precios disparados de la gasolina para los automovilistas, que supera ya los 5 dólares por galón, hay un rifirrafe entre Biden y las grandes petroleras. El presidente les riñe porque ganan demasiado (https://twitter.com/JavierBlas/status/1537014456839983106) y no aumentan la producción. Las petroleras le dicen que la culpa es suya por no apoyarlas gracias al presunto proceso de descarbonización y piden más ayudas (https://twitter.com/JavierBlas/status/1537152331921477632). Biden está dispuesto a usar una ley de tiempos de guerra para forzar a las refinerías a producir más combustible y más barato. Turiel opina que esto es un síntoma del inicio de las intervenciones estatales, que él lleva años pronosticando. https://twitter.com/amturiel/status/1537300837545959427

-Los países de Asia compran cerca de la mitad del petróleo que Rusia exporta a través de sus puertos. La mayoría, como se sabe, son compras de China e India, primero y segundo en cantidad de importaciones. Asia sustituye de forma lenta a Europa como mayor comprador de crudo ruso. https://twitter.com/brunosgarzini/status/1536688654780747776. Según este otro tuitero, estas exportaciones a China e India suponen el 50% de las exportaciones marítimas: https://twitter.com/thesiriusreport/status/1536753555511685120

-Estados Unidos aplazó la sanción al Banco Central de Rusia, Vnesheconombank, Otkritie Bank, Sovcombank, Sberbank y VTB Bank para que puedan procesar todas las transacciones relacionadas con la energía hasta principios de diciembre. https://twitter.com/thesiriusreport/status/1536781189457006592. A este respecto, el antiguo presidente Medvedev acaba de declarar que los propios autores de las sanciones antirrusas idean planes para eludirlas. También espera que las economías occidentales tengan que recoger «la principal cosecha de sus sanciones» en otoño. https://twitter.com/Levi_godman/status/1536790332653838336. En concreto, en modo troll, estas son las declaraciones de Medvedev -lo siento, solo las he encontrado en inglés así resumidas-:
Fuente: https://twitter.com/RWApodcast/status/1536859627417108482

No recuerdo si os lo había pasado, pero este hilo de Jacques Sapir -en francés-, creo que resume muy bien la situación respecto al embargo petrolero a Rusia: https://twitter.com/russeurope/status/1534553580853682178
Y no es que los otanistas no se hayan dado cuenta del error que de momento está ayudando a que Rusia gane más dinero con la subida del precio. Este artículo del New York Times, por ejemplo: Russia’s Oil Revenue Soars Despite Sanctions, Study Finds

Gas

-Gazprom limita los flujos a través de una ruta clave de la UE en un 40 % en medio de problemas técnicos Es probable que los problemas en el punto de entrada de Nord Stream restrinjan el suministro. https://twitter.com/bateko71/status/1536777498943537153. Estos ‘problemas técnicos’ son en realidad una vuelta de tuerca rusa por las sanciones: según la empresa rusa, se debe a que una turbina en mantenimiento en Canadá no regresó por las sanciones. Culpó también a la alemana Siemens por no haber devuelto las unidades de bombeo a tiempo. https://twitter.com/brunosgarzini/status/1536731252233056256. Las entregas de gas a Europa se reducirán de 100 millones de metros cúbicos a 67: https://twitter.com/Levi_godman/status/1537063337179205634.

-Gazprom ha informado a Eni, la empresa energética italiana, que piensa reducir el suministro de gas un 15%. https://twitter.com/thesiriusreport/status/1537022226213613569

-Los precios del gas han subido un 25% en Europa hoy como consecuencia de las declaraciones de Gazprom. https://twitter.com/thesiriusreport/status/1537095252909117442

-Las empresas alemanas no están preparadas para sustituir el gas ruso rápidamente, según una encuesta de Wirtschaftsdienst: la mayoría de las empresas alemanas -el 58%- no podrá sustituir el gas procedente de Rusia a corto plazo. Sólo el 20% de las empresas alemanas cree que podrá sustituir parcialmente el gas natural. https://ria.ru/20220615/gaz-1795610711.html (en ruso)

A este respecto, se informa de que Alemania ha decidido finalmente no nacionalizar Gazprom Alemania para no enfadar demasiado al Kremlin: https://twitter.com/thesiriusreport/status/1536992356435738624

-Para castigar a Rusia por ocupar Ucrania, los europeos le van a comprar gas a Israel, que no ocupa a nadie y es un ejemplo de democracia y fraternidad… En realidad, el gas que van a vender, se lo están robando a los libaneses: https://twitter.com/BDSmovement/status/1537038086244339712

-Los asiáticos también están sufriendo la tirantez en el mercado de gas, en el que compiten con los europeos: https://twitter.com/SStapczynski/status/1536920295738834944

Electricidad

-En Australia se suspende el mercado eléctrico: «AEMO -la empresa responsable- ha tomado esta medida porque se ha hecho imposible seguir operando el mercado spot y a la vez garantizar un suministro seguro y fiable de electricidad para los consumidores». https://twitter.com/JavierBlas/status/1536947531061551105

2. Situación militar
El parte de guerra ruso de ayer, con resúmenes también de los días 12, 13 y 14: https://guerraenucrania.wordpress.com/2022/06/15/noticias-de-la-guerra-15-06-2022/
El de los mapas diarios no ha publicado actualización. El último es del día 15:
https://twitter.com/War_Mapper/status
1537161767557681152

Y Rybar tampoco publicó ayer su mapa animado.
(
Acaban de publicar el mapa animado de Rybar con la situación el 15 de junio: https://twitter.com/Levi_godman/status/1537391909508882432)

Ya nadie se acuerda de Bucha, pero una televisión italiana entrevista a un militar ucraniano que dice que estaba llena de colaboracionistas con los rusos, y que por tanto, al menos algunos de los muertos podrían haber sido estos colaboracionistas ejecutados: https://tg24.sky.it/mondo/2022/06/06/guerra-russia-ucraina-filorussi

Mientras tanto, las bajas ucranianas siguen siendo catastróficas: «Entre 200 y 500 soldados ucranianos mueren cada día en Donbás y el total de bajas diarias puede llegar a 1.000, según ha declarado hoy en DC Davyd Arakhamia, que dirige las negociaciones de Ucrania con Rusia. Zelensky situó el número de muertos diarios entre 60 y 100 hace apenas dos semanas.» https://twitter.com/DavidLawler10/status/1537125331336843266

Y una pregunta interesante que se plantean en Russians with Attitude: «una intervención militar en 2014 habría sido en gran medida incruenta y el ejército ruso habría entrado en Kiev fácilmente. Pero ¿habría sobrevivido Rusia a una guerra económica total contra Occidente hace ocho años?» https://twitter.com/RWApodcast/status/1537214146042798083

II. Járkov 2014: https://twitter.com/RWApodcast/status/1537209191278039042
Crearon la República Popular de Járkov. Pero como dice Russians with Attitude, entonces los nacionalistas ucranianos mataron unas docenas de personas, encarcelaron unos cientos, y más de cien mil abandonaron la ciudad. Ahora es la tercera capital del nacionalismo ucraniano. Pero quién sabe… Ya durante la revolución la ciudad cambió varias veces de manos.

3. El pueblo polaco

Al hilo de lo que comentaba ayer Miguel sobre la necesidad de diferenciar entre el gobierno polaco y la población del país, me parece interesante este gráfico sobre algunas propuestas mayoritarias entre los polacos:
-81% a favor del trabajo garantizado.
-73% a favor de la democracia en los puestos de trabajo.
-71% a favor de limitar las diferencias salariales.

Fuente: https://twitter.com/mczepkiewicz/status/1536356786382557185

En el hilo de la fuente se muestran otros datos, que el tuitero ve desde una perspectiva decrecentista.

4. Una opinión en el Real Instituto Elcano sobre el gas argelino
El título de este comentarista del think tank gubernamental es bastante claro: «Urge preservar la buena vecindad energética entre Argelia y España». Es interesante por los datos sobre las importaciones de gas de España, no solo las procedentes de Argelia.
https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/urge-preservar-la-buena-vecindad-energetica-entre-argelia-y-espana/

5. Popurri internacional
-Bielorrusia ha preparado una solicitud de ingreso en la Organización de Cooperación de Shanghai, según informó el martes TASS, citando a Bakhtiyor Khakimov, representante especial del presidente ruso para asuntos de la OCS. https://twitter.com/CGTNOfficial/status/1536602517278461952

-La compañía naviera estatal de Irán ha declarado que ha completado con éxito el primer tránsito de mercancías rusas a la India, utilizando el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC).
Fuente: https://twitter.com/DimitriASimes/status/1536697026204901378

-Putin ha dado el visto bueno para asignar grano a Afganistán, los volúmenes serán determinados por el Gobierno de la Federación Rusa, dijo Zamir Kabulov, director del Segundo Departamento de Asia del Ministerio de Asuntos Exteriores. https://twitter.com/Levi_godman/status/1536714746082230273

-Mélenchon plantea una ‘planificación ecológica’: «El modelo económico que defendemos busca armonizar los ritmos de la producción y la naturaleza. Nacionalizaremos el tiempo, la materia prima invisible. Esta nacionalización es lo que llamamos planificación ecológica.»
https://twitter.com/JLMelenchon/status/1536786453379923968

-A ojos de los jóvenes africanos, China tiene ya un impacto más positivo que Estados Unidos. https://twitter.com/_Punhal_/status/1536247829588455424

-Y así ven la guerra de Ucrania desde África Occidental: https://twitter.com/NoColdWar/status/1536759124083585031

-La credibilidad de la prensa en el mundo. Por increíble que parezca, aún hay un 32% de los españoles que creen lo que se publica en los medios de comunicación: https://twitter.com/risj_oxford/status/1536948328151367680

6. Cómo ven los empresarios rusos el futuro.
Con perdón, os paso un artículo de… The American Conservative. Obviamente, lo hace desde una posición conservadora, pero por eso mismo me parece interesante ver cuál es la opinión de los empresarios de cara al futuro. Parece clara la determinación de apoyar al gobierno en esta campaña así como un cierto optimismo respecto al futuro. Naturalmente, se van a enfrentar a la falta de tecnología puntera pero esto, desde mi punto de vista, teniendo en cuenta que vamos hacia una simplificación tecnológica por falta de materiales, me parece incluso un punto a favor, no en contra. Como siempre, la traducción que os paso es automática.
https://www.theamericanconservative.com/articles/are-sanctions-hurting-russia/

¿Las sanciones perjudican a Rusia?

Los empresarios rusos consideran que las sanciones son manejables e incluso una bendición disfrazada.

(Por Mistervlad/Shutterstock)

13 de junio de 2022. Dimitri A. Simes

Las sanciones contra Rusia son una bendición disfrazada, según Alexey Butrimov, director general de BJet, una empresa de aviación rusa. Aunque admite que las nuevas restricciones han creado importantes complicaciones para empresarios como él, confía en que, a largo plazo, proporcionarán a Rusia el tan necesario estímulo para reactivar su industria de la aviación, que lleva mucho tiempo inactiva.
«Por un lado, miramos con tristeza todos los problemas causados por las sanciones, pero también entendemos en el fondo que por fin podemos resucitar nuestra aviación», dijo. «Cuando los tiempos son buenos, no hay muchos incentivos para desarrollar nada rápidamente. Pero ahora que nos encontramos en una situación en la que no tenemos nada, el único camino a seguir es construir nuestro propio sistema de aviación.»

Desde la decisión del presidente ruso Vladimir Putin a finales de febrero de enviar tropas a Ucrania, Rusia ha superado rápidamente a parias desde hace mucho como Irán, Corea del Norte y Siria para convertirse en el país más sancionado del mundo. Casi de la noche a la mañana, Estados Unidos y sus aliados en Europa y Asia se movilizaron para congelar casi la mitad de las reservas financieras rusas, restringir severamente el acceso de Rusia a sus sistemas financieros y tecnológicos, y prohibir la entrada de aviones y barcos rusos en su espacio aéreo y puertos. Al mismo tiempo, cientos de empresas multinacionales han suspendido o reducido sus operaciones en Rusia desde el inicio del conflicto.

La Casa Blanca de Biden ha prometido que, como resultado de estas nuevas sanciones, «Rusia perderá muy probablemente su estatus de economía importante, y continuará un largo descenso hacia el aislamiento económico, financiero y tecnológico». Mientras tanto, en el frente político, el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan dijo a CBS News en abril que las sanciones estaban destinadas a «dificultar que [Rusia] alimentara su maquinaria bélica» y, por lo tanto, ayudar a «mejorar la posición de Ucrania en la mesa de negociaciones y hacer más probable un resultado de esta guerra que Ucrania quiere ver».

Al menos hasta ahora, las sanciones han hecho poco por alterar el cálculo geopolítico de Putin o por socavar su apoyo interno. Las predicciones más funestas de la administración Biden para la economía rusa tampoco se han cumplido, al menos de momento. Aunque las sanciones impuestas por Occidente provocaron, sin duda, la caída del rublo ruso y el visible pánico de muchos rusos de a pie, más de tres meses después, la situación económica del país parece mucho más tranquila.
Esto no quiere decir que no se avecinen aguas turbulentas para la economía rusa.
Después de tres décadas formando parte de la economía globalizada, Rusia tendrá que reestructurar por completo sus cadenas de suministro y producción lejos de Occidente y hacerlo rápidamente. Y lo que es aún más desalentador, tendrá que encontrar la manera de promover la innovación tecnológica a pesar de haber cortado sus lazos con muchas de las principales potencias científicas del mundo.
Rusia lleva años tratando de blindar su economía contra las sanciones. Desde 2014, cuando Estados Unidos y la Unión Europea impusieron por primera vez importantes sanciones contra Rusia por la anexión de Crimea, el Kremlin promovió la sustitución de importaciones y unos mayores vínculos económicos con Asia como forma de reducir la dependencia de Rusia de la tecnología y el comercio occidentales. Al mismo tiempo, Moscú aumentó sus reservas financieras hasta los 640.000 millones de dólares para disponer de un colchón importante en caso de crisis. Por último, Rusia redujo drásticamente su deuda externa y comenzó a reducir su uso del dólar para los acuerdos comerciales o como moneda de reserva. Esto sentó las bases en Rusia para una posible desvinculación económica repentina de Occidente.
Pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo. A pesar del impulso del Kremlin a la sustitución de importaciones, muchos sectores de la economía rusa siguen siendo muy dependientes de Occidente. Un estudio de la Escuela Superior de Economía, una de las principales universidades rusas, publicado en abril, reveló que Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea representaban la mitad del valor añadido extranjero de Rusia, incluidos los componentes para maquinaria, medicamentos y automóviles.
Asimismo, aunque Rusia logró acumular vastas reservas financieras en los últimos ocho años, almacenó casi la mitad de ese dinero en bancos occidentales y japoneses. En consecuencia, cuando las tropas rusas cruzaron la frontera con Ucrania, esas reservas se congelaron rápidamente. No está claro cuándo, si es que alguna vez, Moscú podrá recuperarlas.

Oleg Buklemishev, director del Centro de Investigación de Política Económica de la Universidad Estatal de Moscú, explicó que, a pesar de las crecientes tensiones políticas a lo largo de los años, la mayor parte de las salidas comerciales, los puertos, los ferrocarriles y la infraestructura financiera de Rusia estaban orientados hacia Occidente. En consecuencia, muchos empresarios rusos optaron por seguir haciendo negocios como siempre, incluso cuando el Kremlin les instaba a localizar la producción o a pivotar hacia Asia.

«Mi hipótesis es que 2014 convenció a la élite rusa de que era posible vivir bajo las sanciones y que las nuevas sanciones que se impongan no tendrán una importancia crítica», dijo. «Parece que existía la expectativa de que Occidente haría sonar sus sables como siempre, pero que al final los negocios prevalecerían».

Por lo tanto, cuando Occidente impuso sanciones sin precedentes contra Rusia por su decisión de enviar tropas a Ucrania, la conmoción económica inicial no fue sorprendentemente inmensa. A finales de febrero y principios de marzo, el rublo ruso perdió casi un 30% de su valor frente al dólar, lo que llevó a Biden a jactarse de que la moneda había quedado reducida a «escombros» [juego de palabras entre ruble, rublo y rubble, escombro]. Esta rápida devaluación del rublo hizo que muchos rusos se apresuraran a salvaguardar sus finanzas. Personalmente observé largas colas en los bancos y en los cajeros automáticos de Moscú, ya que la gente de a pie trataba de retirar las divisas que podía. Al mismo tiempo, se registraron casos de compras de pánico en todo el país, con rusos que buscaban abastecerse de todo, desde trigo sarraceno hasta productos electrónicos.

Sin embargo, esta ola de inseguridad económica parece haber tenido poco impacto en el apoyo político del Kremlin. El Centro Levada, la principal agencia de encuestas independiente de Rusia, encontró que el índice de aprobación de Putin saltó del 71 por ciento en febrero al 82 por ciento en abril, su marca más alta desde el inicio de su cuarto mandato presidencial allá por 2018. Al mismo tiempo, el 74 por ciento de los rusos expresó su apoyo a la campaña militar de Moscú en Ucrania, frente al 19 por ciento que se opuso. A la pregunta de si Rusia debería hacer alguna concesión a Occidente a cambio de levantar las sanciones, el 80 por ciento de los encuestados dijo que no.

Un proceso de consolidación similar es visible entre las élites rusas. Hasta la fecha, sólo han dimitido dos funcionarios de alto nivel: Anatoly Chubais, enviado especial del Kremlin para el cambio climático y tristemente célebre arquitecto de las reformas de privatización de Rusia durante la década de 1990, y Boris Bondarev, veterano diplomático de la misión rusa en Ginebra.

Sergey Karaganov, jefe del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia, un grupo de investigación que asesora al Kremlin, me dijo que las élites rusas consideraban cada vez más la crisis de Ucrania como una lucha existencial por el futuro de su Estado. «La mayoría de la gente entiende que un fracaso en la victoria podría socavar la estabilidad del régimen y conducir a la repetición de febrero de 1917 o 1991», dijo, refiriéndose a la caída de la Rusia zarista y la Unión Soviética. «El mayor temor de las élites rusas es el colapso, por lo que lucharán hasta la victoria y, si es necesario, llevarán a cabo cualquier escalada en pos de ese objetivo».

Karaganov añadió que las sanciones han debilitado aún más la influencia de la clase oligarca rusa, la facción dentro de la élite rusa más afín a Occidente. «Lo que ocurrió con los oligarcas demostró a todo el mundo que no hay que hacer negocios con Occidente bajo ninguna circunstancia», dijo. «Durante décadas, las clases adineradas de Rusia han invertido su riqueza en el extranjero con la expectativa de pasar su vejez en Europa. Ahora eso se ha detenido rápidamente».

Más de tres meses después de la imposición de las sanciones, la vida en Rusia tiene un sorprendente aire de normalidad. Tras su caída inicial, el rublo ha recuperado en las últimas semanas todo el valor que tenía antes de la guerra y algo más, gracias a la combinación de los altos precios mundiales de la energía y las estrictas medidas de control de capitales del gobierno ruso. Algunos de los primeros signos de ansiedad económica también han parecido disiparse: Los restaurantes, cafés y bares de Moscú están más llenos que nunca. Aunque los precios de los comestibles han aumentado notablemente, los supermercados siguen estando totalmente abastecidos con una amplia gama de productos, incluidos los aperitivos extranjeros. La mayor diferencia se observa en los centros comerciales, donde algunas tiendas occidentales han cerrado sus puertas. Sin embargo, las marcas locales y asiáticas siguen trabajando como de costumbre y parecen tener una buena cuota de clientes en un día cualquiera.
¿Son estas señales de que la economía rusa se está estabilizando rápidamente o es simplemente la calma que precede a la tormenta? Buklemishev, de la Universidad Estatal de Moscú, sugirió que estaba más cerca de esta última opción. Me dijo que la reciente apreciación del rublo mostraba que la prolongada dependencia de la economía rusa de las exportaciones de hidrocarburos había alcanzado «nuevas proporciones absurdas», ya que el valor actual de la moneda se debe principalmente a que, aunque las importaciones han disminuido considerablemente, las ventas de energía siguen aportando importantes ingresos en divisas a Rusia. Sin embargo, con el actual régimen de control de capitales, los exportadores se ven obligados a convertir en rublos la mayor parte de sus ingresos en divisas.

«No hay muchos signos externos de problemas económicos, al menos en Moscú, pero empezamos a ver la subida de precios, la desaparición gradual del surtido en las estanterías y el cierre de tiendas y fábricas», añadió. «Lo que estamos viendo ahora son probablemente los últimos días de una existencia feliz y tranquila. En el futuro las cosas serán diferentes».

Buklemishev no es el único que advierte que se avecinan tiempos difíciles. En abril, el Primer Ministro ruso, Mijail Mishustin, admitió que Rusia se enfrentaba a su situación económica más difícil en tres décadas. El Banco Central de Rusia ha pronosticado que el PIB del país podría descender entre un 8 y un 10 por ciento en 2022, mientras que se espera que la inflación anual alcance entre el 18 y el 23 por ciento. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial prevén que la economía rusa se reduzca este año un 8,5% y un 11,2%, respectivamente.

Durante una conferencia de prensa a finales de abril, Elvira Nabiullina, directora del Banco Central de Rusia, advirtió que las nuevas restricciones comerciales y logísticas dificultarían considerablemente la adquisición de una amplia gama de productos acabados y componentes por parte de los consumidores y fabricantes rusos. Incluso las industrias altamente localizadas de la economía rusa se verían afectadas, explicó, ya que basta con que falte un componente pequeño pero clave para interrumpir la producción. Nabiullina predijo que Rusia empezaría a sentir de forma significativa el aguijón de las sanciones en el segundo y tercer trimestres de este año, a medida que las reservas existentes empezaran a agotarse. La recuperación económica, dijo, dependerá en gran medida de la rapidez con que las empresas rusas puedan establecer nuevas cadenas de producción y suministro.

La reciente decisión de la U.E. de prohibir el 90% del crudo ruso antes de fin de año podría complicar aún más las cosas para Moscú al privarle de una importante fuente de ingresos.

Para comprender mejor los nuevos retos que plantean las sanciones, hablé con varios empresarios rusos de diferentes sectores sobre cómo había cambiado su vida y qué esperaban en el futuro. Para mi sorpresa, descubrí que muchos de ellos expresaban su confianza en que podrían no sólo adaptarse, sino incluso prosperar en su nueva realidad.

«Las sanciones han activado y movilizado a la comunidad empresarial rusa», dijo Nikolai Dunaev, vicepresidente de Opora Rusia, una asociación nacional de pequeños y medianos empresarios que cuenta con cientos de miles de miembros.

«En los últimos tres meses, casi todas las personas con las que hablamos han encontrado alguna forma de adaptarse», explicó Dunaev. «Algunos han encontrado proveedores alternativos en China, India, Turquía y los países de Oriente Medio, mientras que otros han tenido que reducir temporalmente la producción o cambiar el surtido de bienes que producían. Sin embargo, lo importante es que todos están encontrando soluciones a sus problemas, de una forma u otra».

Algunos empresarios han informado incluso de que las sanciones están dando un impulso inesperado a sus negocios. Valentina Andreeva es la propietaria de Mrs. Ruby, una empresa de muebles de primera calidad con sede en Moscú. Me dijo que en los últimos cinco meses, su negocio ya había generado los ingresos de todo un año. «Ahora mismo no podemos procesar nuevos pedidos porque nuestra capacidad de producción actual no es suficiente», dijo. «Estamos ampliando nuestra capacidad productiva para hacer frente a este crecimiento de la demanda, porque cada día llegan nuevos pedidos».  

Andreeva explicó que, anteriormente, los productores nacionales de muebles de lujo como ella se enfrentaban a la dura competencia de las marcas italianas, que habían invertido importantes recursos en las últimas décadas para establecerse con fuerza en el mercado ruso. Sin embargo, tras la imposición de sanciones, las cadenas logísticas y financieras que conectaban a Rusia con Italia se cortaron rápidamente. Al mismo tiempo, las sanciones contribuyeron a desencadenar una «ola de patriotismo» entre los rusos adinerados, lo que hizo que acudieran en masa a las marcas nacionales en señal de desafío.

«Para la gente de Rusia, que se ha acostumbrado a los muebles exquisitos, no hay nada en el mundo que les haga alejarse de este lujo», dijo Andreeva. «Y como el dinero sigue estando ahí, siguen encargando muebles nuevos. La única diferencia es que ahora los compran en Rusia en lugar de en Italia».

Andreevna predijo que, aunque se eliminen las sanciones en los próximos dos años y las marcas italianas puedan volver a Rusia, les costará recuperar su anterior cuota de mercado. Al fin y al cabo, ¿por qué pasar por las molestias y los riesgos adicionales de pedir algo al extranjero cuando se puede comprar ese producto con la misma facilidad cerca de casa?

«Si los productores rusos pueden demostrar que son capaces de producir tan bien como Italia, nadie hará pedidos a este país en el futuro, ya que existen numerosas barreras», afirma.

Butrimov, de BJet, también confía en que las sanciones beneficiarán a su industria a largo plazo. Se trata, sin duda, de una postura atrevida si se tiene en cuenta que la aviación está considerada como uno de los sectores de la economía rusa más vulnerables a las sanciones. Butrimov admite que será difícil para los fabricantes de aviones encontrar sustitutos para ciertas importaciones occidentales, especialmente los componentes de alta tecnología como los motores avanzados y la electrónica. Sin embargo, cree que Rusia podrá desarrollar sus propias alternativas en los próximos cinco años.

Mientras tanto, Butrimov afirma que los fabricantes rusos tienen formas de «simplificar» sus diseños sin sacrificar significativamente la calidad o la seguridad. «Por ejemplo, si tienes una cabina con monitores electrónicos, nada te impide instalar temporalmente una solución más antigua», explicó. «Sí, tendremos que dar algunos pasos atrás tecnológicamente, pero una vez que seamos capaces de desarrollar y producir nuestros propios monitores, eso nos ayudará a dar un gran salto adelante».

Según Butrimov, una de las mayores ventajas de Rusia es que hace unas décadas contaba con una industria aeronáutica bien desarrollada. Durante la época soviética, el país no sólo diseñaba sus propios aviones, sino que controlaba totalmente su ciclo de producción. Aunque gran parte de esa capacidad se degradó en las décadas siguientes al colapso de la Unión Soviética, Butrimov me dijo que Rusia aún conservaba una gran cohorte de ingenieros bien formados y la capacidad de producir modelos viables.  

«Rusia sigue teniendo fábricas para la producción de aviones militares, y en la situación actual lo único que tenemos que hacer es ampliar la producción de aviones militares al sector civil», dijo. «Por ejemplo, seguimos sacando al mercado los aviones Il-96 e Il-76. Nada nos impide aumentar la producción del Il-96, pero esta vez con un motor mejorado y una nueva aviónica».

Butrimov ya ve algunos indicios de que el sector de la aviación rusa ha empezado a ajustarse a sus nuevas realidades. «Estamos viendo la aparición de nuevas pequeñas empresas que producen componentes clave y el gobierno está tratando de promover la fabricación de equipos rusos», dijo. «Así que, por un lado, tenemos problemas, pero por otro, estos problemas han puesto en marcha finalmente el proceso de sustitución de importaciones, cuyo resultado es que Rusia dejará de depender de todo el mundo».

A largo plazo, quizá la cuestión más importante sea hasta qué punto Rusia podrá seguir produciendo innovaciones tecnológicas mientras esté sometida a sanciones. La economía rusa tiene ciertamente suficientes recursos naturales y conocimientos industriales para sobrevivir, pero ¿puede prosperar en un mundo donde las tecnologías avanzadas reinan cada vez más? Como he descubierto, la respuesta a esta pregunta está muy en el aire en este momento.

Sergei Abramov es el director del Instituto de Sistemas de Programas de la Academia Rusa de Ciencias, pero quizá sea más conocido por su trabajo como diseñador jefe del superordenador ruso «SKIF-Aurora». Abramov me contó que, como consecuencia de las sanciones financieras impuestas a Rusia, su instituto ya no puede pagar servicios como direcciones IP, infraestructura de telecomunicaciones, servidores e incluso aplicaciones como Zoom o Dropbox. «Antes no se pensaba en estas cuestiones», admitió. «Todos estábamos tan acostumbrados a que podíamos sacar fácilmente una página del navegador o escribir una línea de código, que no pensábamos realmente en los servicios que hacen posible estas acciones sencillas».

Sin embargo, para Abramov el problema más acuciante es el peligro de que Rusia se quede atrás tecnológicamente como consecuencia de las sanciones. Como me explicó, el desarrollo de tecnologías punteras en la era de Internet sólo es posible mediante la cooperación internacional, ya que la innovación requiere grandes recursos financieros, tecnológicos y de conocimiento. Abramov señaló que cuando su instituto desarrolló el superordenador «SKIF-Aurora», formó una alianza con Intel y la empresa italiana Eurotech, que contribuyeron de forma significativa al producto final.

«¿Podríamos hacer todo esto sin la cooperación internacional? No, no podríamos», dijo. «Aunque teníamos algunas soluciones tecnológicamente punteras, no eran suficientes para crear el producto final. Un superordenador requiere cientos de soluciones de vanguardia, y eso es muy difícil de desarrollar completamente por uno mismo».

Las sanciones también crearon otras barreras a la innovación, advirtió Abramov. Además de restringir las importaciones tecnológicas, las sanciones amenazan con forzar a la economía rusa a una caída prolongada, lo que significaría que otros sectores tendrán menos recursos para pedir soluciones a la industria informática. Y lo que es aún más preocupante, la dificultad de trabajar bajo las sanciones podría empujar a muchos informáticos rusos con talento a buscar mejores oportunidades en otros lugares. Abramov afirmó que, de sus cinco mejores alumnos, cuatro han abandonado Rusia.

«El sector de las tecnologías de la información seguirá trabajando y habrá algunas soluciones nacionales en software y hardware, pero todo este trabajo será monstruosamente complicado», dijo. «En estas circunstancias, será muy difícil hablar de que Rusia desarrolle productos con superioridad competitiva».

El éxodo masivo de trabajadores del sector de las tecnologías de la información desde finales de febrero ha hecho temer que Rusia pueda enfrentarse pronto a una importante fuga de cerebros, aunque la magnitud exacta del problema es objeto de debate. La Asociación Rusa de Comunicaciones Electrónicas causó sensación cuando en marzo informó de que entre 50.000 y 70.000 especialistas habían abandonado el país y que se esperaba que otros 100.000 lo hicieran al mes siguiente.

En cambio, un estudio publicado a finales de mayo por la asociación de desarrolladores de software Russoft estimaba que sólo 40.000 trabajadores de TI se habían trasladado al extranjero en lo que va de año. Y lo que es aún más significativo, el estudio de Russoft concluía que hasta la mitad de esos especialistas podrían regresar a Rusia antes de que acabe el año.

Valentin Makarov, director de Russoft, me dijo que hay varias razones por las que espera que tantos trabajadores informáticos rusos vuelvan a casa. En primer lugar, la afluencia de profesionales rusos bien pagados a los países vecinos ha provocado un fuerte aumento de los precios de los inmuebles en esos lugares, lo que hace que el traslado a largo plazo sea mucho más costoso. En segundo lugar, muchos rusos que se trasladaron al extranjero declararon haber experimentado la hostilidad de los lugareños. Por último, Makarov cree que el nuevo paquete de incentivos del gobierno ruso para las empresas y los trabajadores del sector de las tecnologías de la información, que incluye exenciones fiscales y del servicio militar, podría ayudar a atraer a muchos de ellos de vuelta a Rusia.

«Perder 20.000 especialistas es, por supuesto, muy malo, pero no es suficiente para afectar seriamente a la calidad del trabajo de la industria», dijo. De cara al futuro, Makarov afirmó que, aunque la adaptación a la nueva realidad posterior a las sanciones será sin duda difícil, el sector ruso de las tecnologías de la información está preparado para el reto. Señaló que algunas empresas rusas han visto cómo sus ventas se han multiplicado entre 2 y 8 veces en los últimos meses, impulsadas por el crecimiento de la demanda de soluciones informáticas nacionales tras el éxodo de los gigantes tecnológicos occidentales de Rusia. El siguiente paso, según Makarov, es buscar oportunidades de expansión en los mercados de los países en desarrollo, que, según él, representan el 40% de la cuota total del mercado mundial de TI.

Aunque Makarov admite que no será posible compensar totalmente la pérdida de acceso a las tecnologías avanzadas occidentales, sostiene que Rusia podría unir fuerzas con empresas de mercados tecnológicos emergentes como China, India, Malasia e Indonesia para desarrollar sus propias innovaciones de vanguardia. Makarov cree que la independencia geopolítica de Estados Unidos podría ser un poderoso argumento de venta para Rusia, especialmente a la hora de establecer una cooperación tecnológica más estrecha con Pekín.

«Obviamente, China está más integrada económicamente con Occidente que con Rusia, pero la confrontación geopolítica entre China y EE.UU. no va a llegar a ninguna parte en breve», dijo. «Al contrario, a medida que se imponen más y más sanciones contra China, ésta necesitará encontrar nuevos socios en el desarrollo tecnológico y en todos los demás ámbitos. Dado que tanto Rusia como China tienen programadores muy fuertes, tiene sentido que trabajemos juntos en la construcción de un nuevo espacio tecnológico en lugar de seguir dependiendo de Estados Unidos.»

En sólo tres meses, la relación de Rusia con el mundo exterior ha dado un vuelco total. La era postsoviética de la globalización, en la que Rusia vendía recursos naturales a Occidente a cambio de componentes clave, tecnologías y productos acabados, probablemente haya desaparecido para siempre. Pero lo que viene a continuación no es nada seguro. ¿Encontrará Rusia la forma de desafiar los pronósticos y mantener su estatus de gran economía mundial? ¿O está condenada a convertirse en un paria internacional que se quedará cada vez más atrás tecnológicamente? Sospecho que no tendremos una respuesta definitiva a esta pregunta hasta dentro de unos años.

Dimitri A. Simes ha escrito para National Interest y Nikkei Asia, y fue becario de periodismo Robert Novak en 2020.

7. Más sobre el debate entre decrecimiento y Green New Deal

Un par de artículos se suman a la polémica:
1.-Pablo Font desde Andalucía, en un hilo en el que hace referencia a los dos artículos de CTXT: https://twitter.com/PabloFontOporto/status/1536810219518496768, y este artículo en El Salto:
https://www.elsaltodiario.com/andalucismo/opinion-andalucia-disputada-soberania-justicia-visperas-gran-prueba

Andalucía disputada: soberanía y justicia en vísperas de la gran prueba

El momento clave de estas elecciones viene dado por un marco del que apenas se oye en la campaña de los partidos hegemónicos: se está cerrando la ventana de oportunidad para evitar un grave colapso ecosocial de nuestro territorio, y está en juego si lo afrontaremos de manera justa y soberana, sin tutelas externas ni internas.

Pablo Font Oporto

Profesor de Filosofía Política en la Universidad Loyola Andalucía

Las próximas elecciones andaluzas se van a producir en un contexto altamente problemático que (cuesta creerlo) apenas sigue apareciendo de manera anecdótica y marginal en la campaña electoral de los partidos hegemónicos: el peligro de un grave colapso ecosocial en nuestra tierra exige amortiguarlo y prepararnos para su gestión justa y soberana. Sospechen si no se habla de esto. Porque las élites lo saben y prefieren gestionarlo ellas. Adivinen por qué leyendo un poco más.
1. El contexto global: una crisis ecosocial en el marco de una encrucijada de crisis

Es importantes tener muy presente el contexto global, en el que nos encontramos inmersos en una encrucijada de una serie de crisis civilizatorias, dentro de la cual a su vez despunta la intersección de muy diversas y complejas crisis ecosociales (de las que las más importantes son el caos climático y la crisis de los recursos, junto con la pérdida de biodiversidad). Este magma de crisis ecosociales (unido a esas otras crisis) apunta a la posibilidad inminente de un colapso civilizatorio en un medio plazo. Como explica Casal Lodeiro, un colapso socioambiental se refiere a una simplificación brusca e involuntaria de nuestras sociedades. Diversos investigadores (como Asier Arias o Gil-Manuel Hernández Martí) apuntan que ya estamos probablemente asistiendo al colapso del sistema-mundo conformado entorno a la globalización económica.

Por otro lado, el hecho de que se están cerrando las ventanas de oportunidad para amortiguar esas crisis entrelazadas aumenta la gravedad de la situación. Estamos hablando de unos pocos lustros, y el margen para prepararnos y aminorarlo es estrecho. En efecto, los informes científicos más conservadores (como el del IPCC, el Panel Intergubernamental de Naciones Unidas para el Cambio Climático) ya advierten de la necesaria premura que debemos darnos para disminuir drásticamente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero para evitar un colapso climático. Simultáneamente, y en paralelo a esta situación, nos encontramos con una cada vez mayor escasez de combustibles fósiles de calidad y baratos en un momento en el que, por ejemplo, gran parte de la Humanidad se alimenta mediante una agricultura que depende esencialmente de los mismos. Estas son sólo algunas de las razones por las que hay quienes hablan del siglo XXI como el de “la gran prueba” (Jorge Riechmann).

Ante este panorama nos encontramos cuatro esquinitas: cuatro posiciones, tres de las cuales son negacionistas directas o indirectas. La negacionista indirecta es la de Trump, es la del nacionalpopulismo de extrema derecha, incluido Vox: no existe la crisis ecosocial, es una conspiración para alimentar chiringuitos progres. Las dos siguientes posiciones no niegan el problema, pero aseguran que tenemos la solución (ergo, no hay problema): la tecnología. De este modo, se convierte la crisis en una oportunidad. En efecto, de un lado, para el capitalismo verde (el globalismo neoliberal encarnado por Biden; sitúen aquí al PP y a Ciudadanos), es la ocasión perfecta para el negocio (que supuestamente enriquecerá a toda la sociedad, conforme a la teoría del efecto derrame o goteo descendente). De otro, para la socialdemocracia y el Partido Verde alemán (ideas aquí asumidas por el PSOE y Más País), la coyuntura permitirá reconstruir el gran pacto social que fue destruido desde los años 70 por el neoliberalismo y el neoconservadurismo, a través de la distribución de la riqueza que las renovables y la electrificación del transporte generarán vía la creación de una ingente cantidad de puestos de trabajo (obviando las limitaciones y efectos colaterales de esta supuesta transición ecosocial). Sólo una cuarta posición advierte de que tenemos un problema pero no una solución clara e inocua, y dentro de ella se encuadran diversas posturas con matices diferenciales: decrecentismo, ecosocialismos, ecofeminismos, colapsismos…

Simultáneamente, nos encontramos que las dos primeras posturas defienden los intereses, respectivamente, de las élites locales (las que tradicionalmente han controlado las economías territoriales) y de las oligarquías globales (las que impulsaron, dirigen y se aprovechan de la globalización económica). De tal modo que, como si se tratase de una matrioska rusa, podemos ver que la actual guerra de Ucrania no es sino un enfrentamiento que encubre dentro de sí un contienda entre ambos grupos de élites, pero que, a su vez oculta, en lo más profundo de esta, un ataque de ambas contra el resto de la Humanidad, especialmente los pueblos y territorios más vulnerables. Esto es algo sobre lo que he escrito recientemente en un libro que Marcos Rivero ha reseñado en El Salto.

2. “La colonia feliz y el señorito de Madriz”

Andalucía no sólo se caracteriza por una mucho mayor pobreza, desempleo, precariedad y desigualdad que el resto del Estado español. Como sugiere Manuel Rodríguez Illana en el título de su último libro (El esclavo feliz. La alienación mediática del pueblo andaluz), Andalucía es, desde muchos puntos de vista, una colonia. Una colonia a la que se presupone feliz (lo que no empece en absoluto que podamos serlo, a pesar de nuestra condición colonizada) desde los arquetípicos clichés desarrollados por el nacionalismo centrípeto español. En efecto, el pensamiento andalucista, crítico o decolonial ha constatado la subalternidad colonial andaluza, tanto en el plano socioeconómico (como defienden Carlos Arenas o Manuel Delgado Cabeza ) como sociocultural (sin ánimo exhaustivo, es algo que, en la estela del propio Blas Infante y su círculo, han defendido desde destacados intelectuales de la ola andalucista de los años 70, como Pepe Aumente o José Acosta, a históricos actuales como Isidoro Moreno, Pura Sánchez, Manuel González de Molina o el propio Antonio Manuel, junto con jóvenes como Javier García Fernández o José Carlos Mancha).

Hemos hablado antes de élites, y se da la circunstancia de que muchas de las investigaciones apuntan a que la vulnerabilidad socioeconómica y sociocultural andaluza tiene una de sus más importantes fuentes en las élites que la manejan como una colonia. En ese sentido, hay también cierto consenso entre el pensamiento mencionado sobre el hecho de que (como consecuencia de circunstancias que se remontan a la conquista castellana pero que se agudizan en los siglos XIX y XX) cabe calificar como élites coloniales tanto a las propiamente externas (y residentes en las metrópolis) como las oligarquías supuestamente internas. Estas últimas son en realidad castas desterritorializadas, que son también por tanto ajenas al bienestar del territorio y la población local (desde una lógica arcaica pero eficaz, de cuanto peor el territorio, mejor para ellas), y son también por tanto coloniales (aunque sean señoritos de nuestra tierra, se identifican con las metrópolis). Y lo que es más grave aún, estas élites despliegan una identidad que (como apuntara Frantz Fanon respecto a toda persona subalternizada en general), es asumida por gran parte del pueblo, que introyecta su condición de colonizado.

De aquí podemos extraer la conclusión de que los problemas de nuestra tierra requieren claramente una mirada soberanista, andalucista, que atienda a sus problemas sin dependencias (incluso bienintencionadas) ni injerencias externas. Necesitamos empoderarnos para que las decisiones relativas Andalucía se tomen aquí y que los procesos adecuados sean trabajados desde nuestras singularidades y poniendo en valor nuestra forma de enfocarlos (lo que no significa, por supuesto, una cerrazón hacia todo lo que venga de fuera o un rechazo a los aportes culturales, pues precisamente la andaluza es una cultura construida desde una constelación de tradiciones diferentes que han dejado su impronta enriquecedora en nuestro modo de entendernos y de vivir).

3. Andalucía: crisis ecosocial en territorio vulnerable

Geoposicionando a Andalucía, nos encontramos que no sólo nuestra gente es más vulnerable por su condición de dependiente y subalterna en términos socioeconómicos y socioculturales, sino también por la especial vulnerabilidad ambiental de nuestro territorio. En efecto, las características del hábitat andaluz en el marco de las graves crisis ecosociales que nos afectan a nivel global lo exponen de manera especial a un colapso que tendría graves consecuencias sociales (dada la propia fragilidad del tejido social andaluz, sobre todo de los sectores más débiles). Pero, además, la propia subalternidad colonial andaluza en términos socioeconómicos y socioculturales hace que no sólo esté en grave peligro nuestra gente, sino que además esa amenaza esté pasando de manera muy inadvertida en los debates sociales, hasta el punto de que siga siendo un elemento secundario en esta campaña electoral (¡que no haya aún un bloque sobre medio ambiente y crisis ecosocial en los debates electorales es buena muestra de ello!). Ante previsibles tensiones ecosociales a la vista (en terrenos como el hídrico, el energético, el alimentario, etc.), queda claro que, como ya dijimos, los principales interesados en esta omertá son las propias élites coloniales. De este modo, nuestra subalternidad (también en lo) ecosocial supone la falta de acción interesada (además de incompetente) ante, por ejemplo, las terribles previsiones climáticas para Andalucía en escenarios más o menos BAU (business as usual, es decir, si todo sigue igual). Y no será por falta de informes y estudios, algunos de la propia Junta de Andalucía, cuya inoperancia y negligencia (como en general en todo lo relativo a nuestro atraso) en este ámbito es ominosa, al igual que las del Estado español.

Igualmente, se percibe de manera claramente interesada lo que está ocurriendo en el plano de los recursos minerales y energéticos. Nuestra tierra es tradicionalmente una colonia cuyos recursos son arrancados por un extractivismo colonial (interno y externo). Pero al clásico papel de Andalucía como territorio de sacrificio en términos de extractivismo de materiales y minerales (este último incrementado en el marco de la supuesta transición ecosocial, que exige ingentes cantidades de minerales) se une el de la conversión explícita del territorio andaluz (como en general está ocurriendo con los territorios empobrecidos y especialmente los rurales del Estado español, sobre todo en el Sur peninsular) en colonias energéticas. En efecto, el destino de cada vez más extensiones de tierra a la generación de electricidad mediante energías renovables (que no verdes) es preocupante. Más aún cuando la capacidad generadora de energía que estamos implementando (con el consiguiente enriquecimiento de las élites, que no de las masas populares, aunque digan lo contrario) va destinada (como es obvio, dada la magnitud de todos los nuevos proyectos de renovables) a alimentar los grandes centros de poder, no sólo en la propia Andalucía, hacia las ciudades más importantes, sino sobre todo hacia el Estado español y Centroeuropa. Esto último ha quedado patente en estas últimas semanas: la UE cada vez se muestra más interesada en nuestra potencial capacidad generadora de una energía que extraerán desde su posición de superioridad, más aún cuando a la crisis energética cuya razón de fondo es el descenso del petróleo de calidad y barato (como decía aquella canción) se ha unido la coyuntura de la guerra de Ucrania.

Por último, y sin ahondar en otras cuestiones para no alargarnos más, no cabe olvidar el tradicional papel de Andalucía como basurero del Estado español (título de otro libro de Rodríguez Illana, por cierto), y últimamente también de Europa. La tradicional subalternidad de Andalucía en materia de desechos se acredita por múltiples ejemplos históricos que siguen candentes: el único cementerio nuclear de España (El Cabril, en Hornachuelos, Córdoba), que fue abierto por el Estado y estuvo operando muchos años de manera clandestina; la alta radioactividad remanente tras la no descontaminación de los residuos de la fábrica de concentrados de uranio de Andújar (que alimentaba las centrales nucleares de Zorita y Garoña); el suelo contaminado por radiactividad en Palomares (Almería), no limpiado desde 1966, y cuya peligrosidad sigue aumentando aún; el vertedero de residuos tóxicos de Nerva (Huelva); el vertedero de residuos peligrosos de Bolaños (Jerez); la balsa de fosfoyesos de Huelva (procedente del polo químico, fuente —junto con la zona industrial de Algeciras— del llamado triángulo de la muerte en Cádiz, Huelva y Sevilla; la propia ubicación de balsa es una amenaza por el hecho de estar en zona de peligro de tsunamis, como el Lisboa de 1755)… La lista es completita, y una vez más encontramos diferentes intereses de élites coloniales internas y externas y la acción negativa de los gobiernos central y autonómico ante estos hechos.

Nuevamente, cabe advertir que la mirada ante estos problemas ecosociales debería incluir una perspectiva andalucista, dada la subalternidad a la que las élites (reitero: externas e internas) someten a nuestro pueblo y su tierra.

4. El pueblo al resto: construyendo alternativas ante el ataque. Los campos de juego

Como si en un partido de tenis se tratase, parece que el pueblo sólo le cabe por el momento defenderse. Para eso, lo primero es transformar todo el miedo y la rabia que puede generar este contexto en una palanca movilizadora: “be calm y organízate pa evitá un colasso en tó la boca”.

Podríamos decir que soñar es transformar, amar es actuar. Ya en un anterior artículo intenté suscitar motivaciones que nos muevan a actuar ante la urgencia de un ecosocialismo andalucista.

Como ya apuntaba entonces, el futuro no está escrito, pero desde luego si no hacemos nada ya sabemos hacia dónde irá. La ciudadanía organizada puede hacer mucho y existen muchas propuestas viables (junto con lo que puedan ayudar las tecnologías, usándolas con precaución y sin idolatrarlas). En ese sentido, podemos citar todo lo que supone el paradigma ético de los cuidados, con el ecofeminismo que la atraviesa. O la vuelta a formas de vida tradicionales incorporando lo mejor de nuestra sabiduría popular que ya desplegaban nuestras abuelas; junto con otras que en muchos momentos hemos (a su vez) despreciado, subalternizado y colonizado (en lo que podríamos englobar como epistemologías del Sur [global], como las llama Boaventura de Sousa Santos), para evitar desperdiciar algo tan valioso como la experiencia popular. El aprovechamiento de toda esta experiencia pasa por una recuperar los lazos comunitarios, los cuidados mutuos, reconstruir el tejido social, desmercantilizar los espacios y las dimensiones público-comunitarias… Lo que, claro está, requiere todo un trabajo personal y colectivo para aprender a vivir con menos bienestar material y mayor bienestar socio-convivencial, espiritual y comunitario. En definitiva, por un cambio de cosmovisión, de matriz cultural. Sólo así podremos también atender a las necesidades reales de nuestra gente sin traspasar los límites biofísicos de nuestro territorio (como apunta la teoría de la economía rosquilla). Así, un cambio de mente (una auténtica conversión personal y colectiva en términos de asunción de límites y de pertenencia comunitaria abierta e inclusiva a la hora de asumirlos) nos permitirá también reincorporar una industria desde parámetros absolutamente antitéticos a lo que entendemos por planes de reindustrialización clásicos (de productos de primera necesidad, de proximidad, de reciclaje y alimentada sobre todo por energías tradicionales u otras como la termosolar a pequeña escala y en propiedad comunal).

La estrategia de las élites coloniales internas y externas pasará por tratar siempre de atraernos desde sus engaños tecnoptimistas y tecnólatras, alimentados por una superestructura individualista y consumista. Pero no debemos cejar en nuestro empeño. Tampoco en el terreno de la política partidaria como espacio de disputa inabdicable. En efecto, el juego de los partidos políticos hegemónicos es claro: son la voz de su amo y despliegan un entretenido circo de Alaska en el nuestro imaginario colectivo, ya saturadamente colonizado. Por eso, la imperiosidad de un ecosocialismo andalucista supone también dar la batalla en este ámbito: el de la política de partidos. 

Habrá quien de manera honesta manifieste y deje constancia de lo estrecho del marco de la democracia liberal representativa partitocrática en cuanto a los cambios posibles y las dificultades de que propuestas decrecentistas, ecosocialistas y ecofeministas puedan obtener respaldo electoral en una sociedad que rechaza la propia idea de límite. Pero la trampa del apartidismo es el reverso de la del partidismo. No todo es por supuesto la política institucional, que no es más que parte de terreno de disputa. Pero, además de ser en muchos sentidos naíf, la pendiente deslizante del argumento que propugna la autoexclusión del marco de la democracia representativa liberal acaba conduciendo a la postre a convergencias con planteamientos tecnocráticos y, como prolongación, autoritarios. Por tanto, el ecosocialismo andalucista pasa también por la organización electoral y la participación y presión interna en partidos políticos. Y hay quienes ya lo están haciendo. Revisen los programas y lo verán.

En definitiva, defender nuestra tierra es defender nuestra gente. Y para evitar la trampa partidaria (la que, por el contrario, cifra toda su energía en la democracia representativa liberal), debemos ir pensando ya en el 20J. Ese día debemos seguir luchando por quienes no tienen voz: por los pueblos sacrificados (que ya han colapsado) y por las generaciones futuras. Tal vez así (como dice Roman Krznaric) podamos acabar siendo lo que es más esencial hoy: unas buenas antepasadas.

2.- Aunque no esté dedicado específicamente a este debate, es interesante ver una vez más las posturas de Emilio Santiago, que acaba de publicar en la nueva revista, Lapublica.net:

https://lapublica.net/es/articulo/decrecimiento-green-new-deal/

Tanto decrecimiento como sea posible, tanto Green New Deal como sea necesario

14 de junio de 2022

Entre lo ecológicamente necesario y lo políticamente casi imposible

La gran tragedia de nuestro tiempo es que lo ecológicamente necesario es casi políticamente imposible. Lo ecológicamente necesario es una reducción drástica de emisiones de CO2 como punta de lanza de un aterrizaje de emergencia de la actividad humana dentro de unos límites planetarios violentamente sobrepasados. Lo políticamente casi imposible es superar un modelo socioeconómico cuya estructura y lógicas profundas nos conducen a la catástrofe. En la naturaleza del capitalismo está ser infinitamente expansivo, someter la materia concreta del mundo a la tiranía de la abstracción, alimentarse de violencia sistemática sobre lo social y actos de piratería sobre lo común y generar desigualdad, caos y sufrimiento psíquico y material muy por encima tanto de lo tolerable como de lo que sería posible. Todos ellos son rasgos que nos adaptan especialmente mal al examen evolutivo de la crisis ecológica. Y que nos han situado en una cuenta atrás históricamente inédita. A un lado del pulso, la acumulación de capital, los beneficios empresariales, los derechos de propiedad y todo el poder de sus inercias y su fuerza coactiva. Al otro el derecho a la vida y el derecho al futuro en un planeta habitable. Esto es, la posibilidad de desviarnos de un camino suicida que ha exterminado ya a millones de especies. Y puesto en peligro de extinción a otras tantas, entre ellas la humana. No es un pulso equilibrado. De hecho, lo delirante de nuestra época es que los intereses creados alrededor de un coágulo de riqueza monetaria acumulada pesan, en la balanza colectiva, muchísimo más que algo tan inmenso como lo absolutamente todo. Porque estamos perdiéndolo todo: la vida, el mundo, el planeta, el futuro, para nosotros y para las generaciones que vendrán. Y perdemos para que unos pocos puedan, casi literalmente, atrincherarse en búnkeres donde acorazar sus privilegios en medio de la devastación.

Revertir la tendencia de este pulso es lo políticamente casi imposible. Este texto plantea una hipótesis para estirar ese casi todo lo que nuestra época permita y empezar a ganar: un Green New Deal articulado por una estrategia populista.

Para el decrecimiento, Green New Deal

De modo genérico, el Green New Deal es un dispositivo político y al mismo tiempo un programa para una transición ecológica socialmente justa. Se apoya en dos pilares, que afectan al hardware y al software de nuestro metabolismo socioeconómico. El primero es una reforma ecológica del modelo productivo y su tecnosfera: descarbonización completa mediante energías renovables, cierre de ciclos materiales, ecoeficiencia, industria verde, usos del suelo sostenibles (agroecología, reforestación, regeneración ecosistémica)… Dado el peso abrumador de los combustibles fósiles en la matriz energética de nuestro metabolismo social, esta ecologización técnica tendrá un efecto de arrastre sobre el conjunto de la vida económica y material, de un modo análogo a lo que pudo ser en su momento el uso del carbón, los motores de explosión, la electricidad o la digitalización. El segundo, es una transformación del software socioeconómico para producir una inmensa operación de redistribución de riqueza y para recuperar la iniciativa económica del Estado al servicio de las clases populares. Todo ello en el marco de una nueva era fiscal, verde, sí, pero sobre todo profundamente progresiva.

El formateo y reprogramación del software socioeconómico actual es fundamental en el Green New Deal. Y lo define tanto o más que el despliegue de las energías renovables. Por eso algunos de sus partidarios usamos el término en inglés, ya que su traducción al castellano es imposible. El New Deal es un significante que en la memoria anglosajona; hace referencia a un recuerdo histórico que es una potente declaración de intenciones. Un recuerdo de esos a los que en España por desgracia no podemos recurrir: los de abajo, a veces, ganamos. ¿Podemos imaginar que el presidente ejecutivo de Google pagase el 91% de sus beneficios en impuestos, y con ello financiar comunidades energéticas o un programa de renta básica universal? ¿Podemos imaginar que el 20 % del patrimonio privado de las grandes fortunas del país pasara por decreto a manos del Estado e invertirlo en una potente red de ferrocarril de mercancías o en escuelas de permacultura para el repoblamiento rural? Lo primero era lo habitual en el EE.UU. de posguerra, en el EE.UU. del New Deal, donde Roosevelt impulsó, sin declararlo, una suerte de tope a la acumulación de riqueza que sirvió para financiar sus programas sociales. Lo segundo fue el impuesto de reconstrucción nacional que De Gaulle impuso a la oligarquía francesa en 1945. El Green New Deal es incomprensible sin entender que busca movilizar estos y otros referentes históricos para drenar los coágulos de nuestra imaginación política, y aunar transición ecológica con la inauguración de una etapa posneoliberal en la gobernanza económica y en nuestro modelo social.

En este punto son necesarias unas aclaraciones. En el ámbito español el Green New Deal ha sido recibido con importante hostilidad por una parte del movimiento ecologista, que ha opuesto al Green New Deal la bandera del decrecimiento. Se trata de un debate falso, aunque comprensible. En primer lugar, porque se están contraponiendo cuestiones de naturaleza diferente. Latouche, promotor de la idea del decrecimiento, lo define como una «ficción performativa», una provocación para descolonizar nuestras mentalidades de los apriorismos de la economía productivista: la necesidad de una expansión perpetua de su esfera material y la identificación de esta expansión con el progreso del bienestar y las posibilidades de una vida buena.

Este es un horizonte que ningún ecologista serio puede rechazar. Nuestra esfera material debe desescalarse hasta volver a situarse dentro de los límites planetarios, y debemos hacerlo desacoplando crecimiento de felicidad y reparto equitativo de la riqueza. Pero como dice André Gorz, el decrecimiento es una brújula que no puede tener en sí misma traducción política en nuestras sociedades. Herman Daly lo resume maravillosamente cuando dice «el decrecimiento es una buena idea en busca de un programa». Pero si el decrecimiento es una meta irrenunciable, el Green New Deal por el contrario es un camino, una traducción política para el aquí y el ahora, una fórmula para el mientras tanto; que además muchos defendemos que debe ser ecualizada en coordenadas poscrecentistas. El Green New Deal no va a implicar una contracción inmediata y general de la actividad económica. Será selectivo. Algunos sectores decrecerán y otros conocerán un fuerte desarrollo. Pero incluso estos últimos deben orientarse para sentar las bases estructurales que permitan enviar la lógica del crecimiento perpetuo al museo de la vida humana en el Holoceno. Por decirlo de modo provocativo, el Green New Deal es un medio político realista y pragmático para alcanzar el decrecimiento. Mi posición podría resumirse en: tanto decrecimiento como sea posible, tanto Green New Deal como sea necesario.

Pero también se trata de un debate falso porque, en segundo lugar, opera cierto reduccionismo falaz. Green New Deal no es capitalismo verde, aunque el capitalismo verde se quiera vestir de Green New Deal. El término está en disputa. Sus contenidos varían mucho dependiendo de si lo esgrime Ursula Von der Leyen o Alexandria Ocasio Cortez. La cultura política del movimiento ecologista sigue siendo presa de cierta concepción del conflicto político como el choque de dos fuerzas compactas y separadas. Si el enemigo usa tus términos, tus términos se habrían perdido, habrían sido «recuperados», o «desactivados». Nuestra posición es exactamente la contraria: no hay en política un dentro-fuera delimitado de antemano, solo campos de relaciones ambivalentes y siempre polisémicas. Si el enemigo quiere parecerse a nosotros, es porque lo estamos haciendo bien. El lenguaje debe pelearse desde una perspectiva de mínimo común múltiplo social. Siempre es preferible un significado menos depurado en lo ideológico, pero con mayor capacidad de interpelar a las mayorías. Siempre es mejor dos ideas en la cabeza de cien que cien ideas en la cabeza de dos.

El debate real está en otro lugar. En los derbis decrecimiento-Green New Deal lo que realmente está en juego son otras polémicas que se solapan. Fundamentalmente cuatro: I) inminencia (o no) de un colapso socioecológico; II ) el papel del Estado y el de los movimientos sociales en la transición; III ) un remake verde de la vieja polémica revolución-reforma, y IV) cómo se construyen sujetos políticos en sociedades modernas. Aunque no tengo espacio para argumentarlo, mi posición y mi defensa de un Green New Deal populista se establece en base a los siguientes presupuestos: I) el colapso es una posibilidad pero no un hecho consumado ni inminente; II ) el control del Estado tiene un papel central e insustituible en la transición ecológica; III ) la dicotomía revolución-reforma ha sido superada por la historia; IV) en sociedades modernas los sujetos políticos se construyen hegemónicamente y su máxima expresión es la construcción de pueblo.

Eclecticismo estratégico para desmantelar el capitalismo

Si el Green New Deal no es por defecto capitalismo verde, ¿qué puede ser? Erik Olin Wright distinguió cinco lógicas estratégicas en la historia del anticapitalismo. Las denominó aplastar el capitalismo, desmantelar el capitalismo, domesticar el capitalismo, resistir al capitalismo y huir del capitalismo. Aplastar el capitalismo se corresponde a los planteamientos revolucionarios clásicos. Desmantelar el capitalismo concuerda con el reformismo fuerte que aspira a transformar el sistema socioeconómico, pero con métodos graduales y compatibles con el pluralismo político democrático (la socialdemocracia de la Segunda Internacional). Domesticar el capitalismo se ajusta a la socialdemocracia moderna, que no aspira a trascender el orden socioeconómico capitalista, solo a corregir sus peores efectos. Resistir al capitalismo y huir del capitalismo son lógicas que nos remiten a la conflictividad popular, por un lado, y a la experimentación de alternativas económicas y culturales por otro, que disputan parcelas de poder concretas a las lógicas del sistema capitalista, pero no lo impugnan en tanto que sistema. La lucha sindical es el ejemplo histórico más evidente de resistencialismo anticapitalista. Y la economía social es el más exitoso de los experimentos de éxodo fuera del capitalismo que hemos conocido.

Siguiendo este esquema, el Green New Deal del que quiero reivindicarme sería uno que, partiendo de la lógica estratégica donde está hoy situada la tarea de la transición ecológica justa, que es en la categoría «domesticar el capitalismo», aspira a que esta se desplace gradualmente a la lógica estratégica «desmantelar el capitalismo». Se suele reprochar, con mucha razón científica por parte del ecologismo, que la emergencia climática no admite gradualismos. Si ha habido tiempos con «condiciones objetivas» para aplastar el capitalismo mediante una revolución rápida es ahora. El problema de estos planteamientos maximalistas es que pecan de una ingenuidad histórica abrumadora. Después del siglo XX, el mito clásico de la revolución ha quedado invalidado. Sin espacio para justificarlo como merecería, hoy debemos asumir sin autoengaños que las estructuras socioeconómicas profundas no se revierten en unos pocos años ni en unas pocas décadas a golpe de varita mágica revolucionaria. Ni aun teniendo el monopolio de un poder político indiscutido. Debemos asumir que la economía del día después de la revolución estará obligada a ser mixta en alguna proporción importante, y por tanto se dedicará a desmantelar y no a aplastar el capitalismo; que acceder a ese monopolio del poder por vía insurreccional y mantenerlo suele conllevar un coste inmenso, en lo político y en lo ético, por las resistencias feroces que va a encontrarse, y que obligarán a la revolución a acuartelarse en un síndrome defensivo permanente con fuertes hipotecas autoritarias y militaristas.

Renegar del mito revolucionario clásico no implica renegar de la política revolucionaria. Los momentos cálidos de erupción social, con conflictos de intensidad fuerte, que no se canalizarán por los cauces institucionales establecidos, seguirán sucediendo. Y pueden ofrecer ventanas de oportunidad maravillosas para el bando popular. Pero no pueden ser ya interpretados como el desencadenante de una suerte de «teletransporte civilizatorio» que nos permitirá aplastar el capitalismo.

Aunque el Green New Deal aspire a desplegar una hoja de ruta de desmantelamiento del capitalismo como centro de gravedad de su horizonte político, para avanzar necesitará ser estratégicamente ecléctico. Aprovechar las mareas de los momentos de irrupción plebeya de tintes revolucionarios o destituyentes. Practicar una paciente estrategia de domesticación del capitalismo en los momentos más fríos. E integrar dentro de su articulación política todos los conflictos socioambientales y todas las experiencias de transición transformadoras que van perfilando el sentido común de época hacia una respuesta sostenible y justa a la crisis ecológica.

Gramsci vs. neoliberalismo: una defensa de la estrategia populista

Pero la pregunta realmente importante sobre el Green New Deal no es en qué consiste ni cómo se clasifica en un esquema teórico, sino cómo lo llevamos a la práctica. La apuesta que aquí se defiende es mediante un enfoque centrado en la construcción de hegemonía ecologista, que dé como resultado la articulación de un pueblo que tenga la transición ecológica como columna vertebral de la proyección futura de su comunidad nacional deseada, del sueño de país que funda.

Gramsci nos enseñó que hay una autonomía relativa de la política, que anula los viejos esquemas de la base material y la superestructura ideológica, que el ecologismo ha calcado del marxismo. La política no traduce mayorías sociales que están materialmente dadas, sino que las performa, las construye. No se trata de «tomar conciencia de la realidad material» —la explotación capitalista, la emergencia climática— como si esto fuera a tener efectos políticos directos. Los efectos políticos de cualquier dato siempre están abiertos. Que tengan un efecto y otro dependerá de cómo los oriente el discurso imperante, la cultura, los valores y sentimientos predominantes… eso que Gramsci llamó hegemonía. Esto es, una visión ideológica particular del mundo que se hace pasar por natural, por la normalidad, y que integra a aquellos que subordina política o económicamente. Porque todo orden realmente estable siempre funciona más allá de la coacción: requiere la colaboración de una parte mayoritaria de la población.

Para ser hegemónica, toda política transformadora debe apoyarse en los sentidos comunes populares, que siempre son ideológicamente ambivalentes y contradictorios, e integrar sus demandas. Esto impone ciertos procedimientos. Primero, hay que liderar culturalmente antes de gobernar. Para ello se debe partir siempre de los nodos del sentido común popular, sus afectos y pasiones, y orientarlos discursivamente para desembocarlos en un horizonte de valores y una interpretación del mundo social emancipadora. En este trabajo de «doble poder ideológico» se suceden momentos más fríos, que son como una fina llovizna, y momentos más cálidos, como de fuerte tormenta. Estos últimos, el «momento populista», se desatan siempre porque la hegemonía establecida por el poder falla. Hay una disfunción en las élites, muchas veces marcada por desprestigio y división interna, y las demandas que fundamentan el consentimiento de la población no pueden ser satisfechas. En ese momento, bajo el telón de fondo de una gran afrenta difusa, se multiplican los malestares y las demandas populares irrumpen masivamente en la vida pública. En estos momentos, toda esa galaxia de reivindicaciones puede ser articulada y su potencial de rechazo al orden puede apuntarse hacia un relato, una serie de símbolos y un proyecto que dibuje una frontera política nueva. La más transformadora de todas esas fronteras, la que hace nuestro bando más grande y el suyo más pequeño, es la frontera entre pueblo y oligarquía. Es cuando las tensiones de la vida cotidiana se organizan alrededor de estos dos mundos enfrentados cuando las capas populares logramos avanzar más lejos. De hecho, las fuerzas transformadoras no suelen poder acceder al gobierno, al menos no en posiciones interesantes, si no es por el impulso de una tormenta populista.

El proceder hegemónico transformador no acaba con la llegada al poder. Solo cambia el terreno y los materiales, pero la artesanía sigue siendo la misma: orientar el sentido común mayoritario, desde sus propios contenidos contradictorios, hacia el consentimiento y la colaboración activa en políticas emancipadoras. También en el poder se viven momentos de llovizna y de tormenta. Pero cuando se está en el gobierno se debe atender a nuevas dimensiones que exigen otros enfoques y tienen sus propias lógicas: la lucha política en los aparatos del Estado y la gestión, que debe dar solución a las demandas populares. El gobierno cuenta además con herramientas de construcción de hegemonía mucho más poderosas porque trabajan no en la dimensión blanda del discurso (la lucha ideológica), sino en la parte más dura del discurso y más irreversible: las leyes, las infraestructuras, la cultura objetual cotidiana, que producen la hegemonía más duradera, la que se asienta y reproduce de modo inconsciente.

La hegemonía ecologista, en un contexto histórico de victoria antropológica neoliberal, debe atender a las siguientes particularidades. El neoliberalismo ha pulverizado el vínculo social. Ha creado un imaginario de felicidad ecológicamente insostenible. También se ha situado en un callejón ambiental sin salida que no puede resolver y que nos arroja a una crisis orgánica crónica. Los golpes sucesivos de la extralimitación ecológica impedirán a las élites cumplir sus promesas. Eso impedirá la restauración de la normalidad y multiplicará las turbulencias. Pero también puede eclipsar cualquier horizonte de un futuro mejor, como de hecho ya está sucediendo. Y albergar involuciones políticas trágicas.

En este terreno de juego, si el ecologismo quiere ser hegemónico, no puede caer en el derrotismo. Debe obligarse a encarnar una salida de emergencia, una imagen de un mundo mejor hacia el que apuntar esfuerzos colectivos. Existen en el sentido común de época elementos que pueden ser disputados en esta dirección. La supervivencia y la seguridad vital son los más evidentes. Como lo es la salud ante la intoxicación química y psicológica fruto de un modelo de desarrollo que nos hace enfermar. También las inmensas posibilidades de empleo verde en una transición tomada en serio. La doble interpelación temporal entre las buenas noticias del futuro (desarrollos tecnológicos ecoeficientes) y las buenas experiencias del pasado que empezamos a echar de menos, con lo que estas tienen de potencial para construir una felicidad no consumista (lentitud, vida comunitaria, tiempo libre, posibilidad de cuidar). El respetar los dictámenes científicos; el reparar el pacto generacional, para no mirar a nuestros hijos e hijas y sentir vergüenza; el amor por el territorio y el arraigo que este nos genera: todos estos son ingredientes centrales en la receta discursiva de un Green New Deal hegemónico y populista.

El Green New Deal de la llovizna: guerra de posiciones climática y reforestación regenerativa de comunidades

En tiempos fríos, tiempos de llovizna, las tareas de un Green New Deal son básicamente dos: la guerra de posiciones climática y la reforestación regenerativa de nuestras comunidades desertificadas por el neoliberalismo. La guerra de posiciones climática busca empujar la transición ecológica más lejos, pero siempre con la idea de ir asegurando trincheras que permitan ir erosionando la correlación de fuerzas a nuestro favor. Esto puede tomar muchas formas: desde enmiendas legislativas para ampliar la ambición de una ley climática hasta un conflicto socioambiental contra una refinería. Desde una película con moraleja ecologista hasta un supermercado ecológico cooperativo. Desde una batalla judicial que siente precedentes interesantes a una campaña electoral en la que el clima se coloque un poco más en el centro de la agenda. La guerra de posiciones climática es un ejercicio paciente y continuo de pequeñas victorias que van sentando posibilidades mejores para pelear en un futuro.

En paralelo, es fundamental que los tejidos comunitarios que pueden envolver y desbordar el trabajo institucional de un Green New Deal, y que pueden experimentar para ir más allá de los límites institucionales, sean reforestados mediante una suerte de cultivo regenerativo. Todos los esfuerzos que hacen los movimientos sociales, la economía cooperativa y el asociacionismo popular serán fundamentales, pero, dada la victoria neoliberal, estamos atrapados en un círculo vicioso donde es difícil que la autogestión popular pueda irrumpir sola. El bando popular es demasiado débil para que sus alternativas constructivas florezcan en un mundo donde las dinámicas del capital tienen una fuerza arrolladora. Por ello, una de las tareas fundamentales de las fuerzas transformadoras ecologistas en los momentos en que toquen poder es usar ese poder para crear viveros en los que nuestras pequeñas plantaciones comunitarias puedan prosperar: uso político de la compra pública, subvenciones, normativas facilitadoras… Una política simbiótica entre gobiernos transformadores y sociedad civil ecologista, una política de colaboración público-social potente y sostenida en el tiempo es el único atajo que nos queda para romper la maldición de la precariedad material y vital, que convierte las utopías reales de los movimientos ecologistas en una suerte de peces solubles que se disuelven en las aguas capitalistas.

El Green New Deal de la tormenta: ¿hacia un ecoleninismo de la NEP?

Pero también vendrán tormentas y huracanes. Momentos de quiebra del consenso y decepción casi irreconciliable respecto al proyecto de las élites. Cabe esperar que, además, estos momentos puedan presentarse de modo cada vez más claro como una expresión de que las élites están embarcadas en una misión ecológicamente suicida. Y estos momentos ofrecerán huecos para transformaciones estructurales impensables unos meses antes. Estas pueden servir para que las fuerzas ecologistas lleguen al poder, como ha especulado Kim Stanley Robinson en su novela El ministerio del futuro con el caso de la India. Pero sin recurrir a la ciencia ficción, la historia nos enseña que también pueden servir para que gobiernos no transformadores apliquen políticas que atentan decididamente contras las lógicas del mercado y los intereses de la oligarquía. La pandemia de la covid-19 ofrece un precedente impresionante. La economía capitalista se detuvo y, con muchas limitaciones, se aplicaron, al menos de fronteras para dentro, soluciones basadas en la idea de bien común frente al interés privado.

Pensemos todo esto en términos ecologistas: en 2020 hubo otro experimento involuntario más allá de lo sanitario. Las emisiones de CO2 se redujeron un 25 % ¡en apenas 30 días! Ni el plan ecologista más radical de la historia ha planteado algo así. Y se pudo hacer. Por supuesto se hizo en un contexto trágico, pero la enseñanza técnica y política de este precedente se puede separar de este contexto trágico. Hoy sabemos que nuestras sociedades pueden técnicamente reducir de modo espectacular sus emisiones manteniendo los servicios básicos de la población si hubiera voluntad política y social para ello. El reto que tenemos por delante es menos traumático, porque no hace falta hacerlo tan deprisa. Como dice Andreas Malm, no podemos olvidarnos jamás de este precedente a la hora de pensar la lucha contra la emergencia climática.

Malm continúa su argumentación defendiendo que la pandemia nos ha enseñado que es el momento de pasar del ecomarxismo al ecoleninismo: estrategias políticas socialistas para aplicar en situaciones de catástrofe o emergencia, como fue la guerra civil rusa o la pandemia del coronavirus. Me ha parecido una ocurrencia sugerente pero discrepo del mismo punto ciego que suele ser común en pensadores como Malm: no prestar atención a cómo se hace eso de llegar al poder en términos hegemónicos. Álvaro García Linera, quien no solo lo ha pensado sino que lo ha demostrado, decía que a ellos en Bolivia no les quedó más remedio que ejercer como leninistas de la NEP (Nueva Política Económica, el programa económico que impulsó Lenin tras la victoria en la guerra civil rusa, un socialismo de mercado que conservaba rasgos capitalistas), haciendo convivir directrices socialistas, mercados capitalistas e instituciones democráticas. Ecoleninistas de la NEP: como ficción especulativa, este puede ser un buen punto de reflexión para lograr imaginar las tareas de un Green New Deal populista en los momentos de tormenta.

Un decálogo ecologista para la década decisiva

Para cerrar esta reflexión del modo más aterrizado posible, se ofrece un decálogo que pueda servir de inspiración para armar un Green New Deal populista y transformador en la década climática decisiva. Son medidas que pueden ser impulsadas como acción de gobierno, como programa para concurrir a unas elecciones, como proyecciones para un discurso hegemónico y como ámbitos de trabajo para diversas luchas desde movimientos sociales ecologistas.

  1. 1.Guerra ecologista fiscal por todos los medios: impuesto de emergencia climática al patrimonio de las grandes fortunas, tasas y cánones a las emisiones de lujo, impuesto al carbono vinculado con una renta climática redistributiva, salario máximo

2.Ambición climática: adelantar la descarbonización en los países del Norte al 2040 reduciendo sustancialmente el consumo energético.

3. Reforma ecológica de la contabilidad nacional: introducir en la contabilidad oficial un indicador biofísico y otro social paralelos a la contabilidad monetaria.

4.Derecho al tiempo: reducción de la jornada laboral a 32 horas sin pérdida salarial y políticas ecofeministas de conciliación y masculinización de los cuidados.

5. Salud pública integral garantizada, tanto física como psicológica, y con perspectiva climática y ambiental.

6.Democracia energética, asegurando el acceso a un mínimo suministro eléctrico como derecho ciudadano y desmantelando el oligopolio energético a favor de iniciativas del tercer sector.

7.Conexión entre transición ecológica, reequilibrio demográfico y restauración ecosistémica: repoblación de los desiertos demográficos mediante agroecología protegida por compra pública, desarrollo del ferrocarril, compensaciones a la instalación de renovables en forma de servicios públicos de calidad, fondos de custodia del territorio para la reforestación y la regeneración ecosistémica.

8.Industrialización verde centrada en la economía circular, el reciclaje de minerales críticos y el ecodiseño eficiente.

9.Nuevos bienes comunes analógicos y digitales, que faciliten una economía del compartir basada en el uso de lo ya producido.

10. Democracia generacional: rebaja de voto a los 16 años, tribuno de las generaciones futuras, agencias oficiales de prospección de escenarios y reforma de los códigos jurídicos para usar el derecho como mecanismo de defensa generacional

8. Revolución científica

A los participantes en la actividad delante de las Cortes les han empezado a llegar citaciones para declarar ante la policía. Espero que el gobierno más progresista de la historia haga algo -que no sea encarcelarlos-: https://twitter.com/EsRebelCientif/status/1537040851079159808
Me ha hecho gracia este tuit de César Rendueles: Fuente:
https://twitter.com/crendueles/status/1537132996628733956

9. Palestina: la magnitud de la tragedia

En un informe titulado «15 años demasiado largos», el Centro Al-Mezan afirma que los ataques militares israelíes han matado a 5.418 palestinos, el 23% de ellos niños y el 9% mujeres, en la asediada Franja de Gaza a lo largo de 15 años.
Fuente: https://twitter.com/OnlinePalEng/status/1537083655272767488

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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