Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx (con una observación del historiador, y también miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos).
1. Regreso al futuro.
Es curioso que la novela más importante ‘de izquierdas’ de principios del siglo XX, La jungla, de Upton Sinclair -entonces la jungla éramos nosotros- describa las condiciones de trabajo de la industria cárnica de Chicago. Recordaréis la nota sobre trabajo infantil del otro día. Una ampliación:
Labor Department fines food sanitation contractor $1.5M for child labor violations
«El Departamento de Trabajo multa con 1,5 millones de dólares a un contratista de saneamiento de alimentos por infracciones laborales de menores.
Más de 100 menores fueron empleados ilegalmente en condiciones peligrosas «utilizando productos químicos y equipos peligrosos, como sierras y cortadoras de cabezas, a menudo en turnos nocturnos».
PS: Naturalmente, hablo de novela ‘de izquierdas’ en los EEUU, no en general.
2. Mi imagen del día: ¡Ojalá sea así!
Caricatura del Daily Worker del 27 de junio de 1925. Aunque sea cien años después, e spero que se haga realidad -con un bolchevique al fondo, por si acaso-:
3. Baerbock y las matemáticas.
Yo no me atrevo a hacer mucha sangre, porque puedo cometer errores parecidos, pero Baerbock, tras su metedura de pata con lo de «estamos en guerra con Rusia», no levanta cabeza. Dos de sus últimas perlas:
La incompetente ministra alemana de Exteriores, verde Annalena #Baerbock, declara en la Conferencia de #Múnich que hay países «a cientos de miles de kilómetros de #Alemania«. Después, hábil diplomática, aseguró ante la prensa que #Putin «tiene que cambiar de opinión 360 grados».
Este es el vídeo de la vuelta en redondo: https://twitter.com/
Y esta la respuesta de Medvédev, especializado últimamente en el troleo, junto a Kadyrov y Prigozhin: https://twitter.com/
Es realmente divertido que gente tan ignorante dirija Europa. Annalena Baerbock ha dicho que se alegraría si Moscú diera un giro de 360 grados a su posición. Es decir, que la mantuviera igual. Sin duda, Master en geometría, así será. Nos mantenemos en nuestra posición.
Al hombre, por cierto, cada día se le está poniendo más cara de Nicolás II.
4. Número especial sobre Ilienkov
No lo sigo mucho, pero parece que Iliénkov está de moda. Acaban de publicar un número de la revista Marxism and Sciences: A Journal of Nature, Culture, Human and Society dedicado a su figura: THE FOUNDATIONS OF MARXISM-II: ILYENKOVIAN CONTRIBUTIONS
Se puede descargar gratuitamente en la página web de la revista: https://marxismandsciences.
5. Elecciones en Chipre.
En las últimas elecciones presidenciales ha vuelto ha ganar la derecha en Chipre. Recordemos que el partido comunista, AKEL, gobernó justo en los peores momentos de la crisis, 2008-2013. En esta ocasión han perdido por un margen bastante estrecho. Me ha gustado, para hacerme una idea de la situación, este artículo de Jacobin:
Las polarizadas elecciones chipriotas ponen de manifiesto una crisis de legitimidad política
Por Leandros Fischer
Las elecciones chipriotas del domingo dieron la victoria al nacionalista de línea dura Nikos Christodoulides. El voto de la izquierda se mantuvo, pero la campaña también mostró su debilidad a la hora de combinar la política de clases con las respuestas a la duradera división del país.
Probablemente hayan sido las elecciones presidenciales más polarizadas de la historia reciente de Chipre. En la segunda vuelta, celebrada el 12 de febrero, el ex ministro de Asuntos Exteriores Nikos Christodoulides, nacionalista de línea dura, se impuso al izquierdista Andreas Mavroyiannis por un estrecho margen de dos puntos.
Para el Partido Progresista del Pueblo Trabajador (AKEL), principal partido comunista de la oposición chipriota, es el tercer fracaso consecutivo en su intento de desalojar a la derecha del poder. AKEL había designado a Mavroyiannis, un tecnócrata liberal, con un programa para reanudar las estancadas negociaciones con la comunidad turcochipriota para reunificar la isla.
Chipre está dividida étnicamente desde 1974. Tras un golpe de extrema derecha respaldado por la junta griega contra el presidente electo, el arzobispo Makarios III, Turquía invadió la isla con el pretexto de proteger a la minoría turcochipriota. Mientras que la República de Chipre, controlada por los grecochipriotas, ingresó en la Unión Europea en 2004, la parte septentrional forma la República Turca del Norte de Chipre, no reconocida internacionalmente.
Mavroyiannis, jefe negociador grecochipriota durante cinco gobiernos, se consideraba el mejor situado para atraer a un electorado de todas las clases sociales a favor de una solución federal. Visto desde esta perspectiva, la elección de Christodoulides con el apoyo de varios partidos antifederales parece consolidar la normalización de la partición geográfica que ha existido de facto desde 1974.
Sin embargo, más que cimentar nada, las elecciones dejan al descubierto las profundas fisuras de la política y la sociedad grecochipriotas, y no sólo en torno a la cuestión de la reunificación. A pesar de la insistencia de AKEL en enmarcar las elecciones puramente como un referéndum sobre el peligro de la partición final, las elecciones también tenían claras connotaciones de clase.
Miedo a los rojos
El ganador, Christodoulides, miembro renegado de la derechista Agrupación Democrática (DISY), rompió filas en estas elecciones para presentarse como independiente. Consiguió una buena parte de la base del DISY y, por primera vez en la historia, eliminó de la segunda vuelta a su antiguo partido y a su presidente. Se rumorea que contaba con el apoyo encubierto de Nicos Anastasiades, presidente en funciones durante dos mandatos y ahora caído en desgracia por una serie de escándalos de corrupción.
En la semana entre las dos rondas, Christodoulides atacó a Mavroyiannis por considerarlo potencialmente perjudicial para la «estabilidad económica» de Chipre, al tiempo que gozaba del respaldo de la patronal de la isla. Todo ello a pesar de las credenciales económicamente liberales de Mavroyiannis, su constante invocación a la «disciplina fiscal» entre ambas rondas y su respaldo en la segunda vuelta por cerca de dos de cada cinco votantes del DISY. Estos últimos optaron por Mavroyiannis bien por motivos pro-reunificación, bien para castigar al «traidor» Christodoulides, bien por ambas cosas.
Las tácticas de Christodoulides para asustar a los rojos invocaron, como era de esperar, el historial de AKEL en el Gobierno entre 2008 y 2013, que coincidió con el estallido de la crisis financiera mundial. Por aquel entonces, una operación mediática masiva logró convencer a la mayoría del electorado de que la crisis no había sido causada por los bancos, sino por el «excesivo» gasto público del difunto expresidente de AKEL Demetris Christofias. Es una mentira tan poderosa que incluso The Guardian la ha repetido como un loro en su cobertura electoral. Gracias a una ofensiva contra la izquierda y al discurso de una gestión «competente» de la crisis, Anastasiades y una derecha unificada llegaron al poder en 2013.
Los analistas políticos suelen confundir los resultados electorales con las tendencias de la sociedad. Desde este punto de vista, las elecciones revelan un continuo giro a la derecha de la sociedad grecochipriota, reflejo a su vez de su naturaleza profundamente conservadora y patriarcal. Sin embargo, estas lecturas son erróneas. A pesar de su derrota, AKEL se mantuvo firme. En un entorno extremadamente hostil, presentó a un candidato prácticamente desconocido en una contienda que los medios de comunicación habían presentado como un derbi entre dos conocidos candidatos de derechas. El presidente del DISY, Averof Neofytou, autoproclamado thatcherista, fue expulsado de la carrera, lo que provocó una crisis interna en el primer partido del capitalismo grecochipriota. Sus votantes mostraron el mayor nivel de cohesión tras el candidato elegido por el partido, con hasta un 97% de fidelidad.
Puede que el mecanismo de movilización históricamente eficaz de AKEL se haya debilitado tras diez años de crisis, pero sigue siendo una fuerza a tener en cuenta. Además, las victorias de la derecha desde 2013 no han sido arrolladoras características de los «giros a la derecha», sino desempates entre los candidatos de la derecha y los candidatos respaldados únicamente por AKEL. Estos últimos atrajeron a votantes mucho más allá de la base del partido. «Polarización» podría ser una palabra más adecuada para describir la política grecochipriota. Para entender el significado de estas elecciones, es necesario echar un vistazo a las particularidades del sistema político chipriota.
Líneas de falla
Chipre es una república presidencialista, en la que el Jefe de Estado goza de amplios poderes ejecutivos y el Parlamento se limita a aprobar, enmendar o rechazar los proyectos de ley propuestos por el Gobierno. Las contiendas presidenciales son asuntos muy personalizados, en los que los candidatos se esfuerzan por conquistar el término medio para obtener mayorías absolutas.
No es descabellado suponer que este sistema se diseñó con el objetivo de excluir del poder a AKEL, el partido más antiguo y organizado de la isla. El campo institucional está así amañado contra la izquierda, con aparatos como el sistema educativo firmemente en manos de la derecha nacionalista. AKEL sólo alcanzó la presidencia una vez con Christofias, mientras que sólo participó dos veces en el gobierno con sus propios ministros. Tradicionalmente utiliza su peso social para elegir candidatos más a su derecha, normalmente sin participar en gobiernos.
Históricamente, el programa de la izquierda chipriota abarca varios elementos. El núcleo de su identidad es la defensa del trabajo y del Estado del bienestar. Un segundo elemento era el mantenimiento de una política exterior no alineada y el correspondiente rechazo a la OTAN. Tras la escisión de 1974, el objetivo de reunificar Chipre sobre la base de una federación bizonal y bicomunal encabezó sus prioridades. Esto está estrechamente relacionado con el objetivo de modernización social, que es anterior a la guerra de 1974. En su seminal etnografía del pueblo chipriota, el antropólogo Peter Loizos habla de la defensa por parte de los comunistas de figuras independientes de la derecha liberal, «progresistas» o con atributos personales positivos, como ser honrados o cultos.
El apoyo de AKEL a Mavroyiannis se ajusta a este último patrón. Mavroyiannis se aseguró de apelar a la base de la izquierda haciendo hincapié en la justicia social y exigiendo el restablecimiento de un mecanismo automático de ajuste de los salarios en función de la inflación, suspendido por la troika. En cuanto a la cuestión chipriota, hizo hincapié en su credibilidad ante las principales figuras turcochipriotas favorables a la reunificación, al tiempo que abogaba por un sistema educativo libre de influencias eclesiásticas. La campaña de AKEL ensalzaba la «modestia» de su candidato y su amor por la poesía y el teatro. Aunque esto pueda parecer algo apolítico, refleja el contexto histórico y geográfico, donde la izquierda sigue siendo la mayor fuerza que aboga por la modernización social.
AKEL ha optado por diferentes estrategias electorales en el pasado. En las primeras elecciones que se celebraron en la isla tras independizarse de Gran Bretaña, apoyó a una figura de la derecha liberal frente a Makarios. Con el giro hacia la no alineación, AKEL pasó a apoyar a Makarios, aunque permaneció firmemente excluida de las instituciones del Estado poscolonial. Tras los acontecimientos de 1974, AKEL optó por apuntalar en el poder al Partido Democrático (DIKO), de centro-derecha e inspirado por Makarios, el tercer partido más grande y enmarcado en términos estalinistas como representante de la «burguesía nacional», basándose en puntos de vista compartidos sobre política exterior y planificación económica.
Hasta la transición neoliberal de los años 1990-2000, la política grecochipriota estaba polarizada en torno a dos ejes. En cuanto a la política exterior y el Estado del bienestar, AKEL se alineaba con DIKO y el partido socialista minoritario EDEK frente al partido económicamente liberal y firmemente prooccidental DISY de la derecha. Pero los puntos de vista de AKEL y DISY sobre la cuestión chipriota convergen, ya que ambos han mostrado históricamente una mayor disposición al compromiso con los turcochipriotas, a diferencia del DIKO y el EDEK, más rechazantes. Para AKEL, el objetivo se deriva de sus propias tradiciones internacionalistas y de su planteamiento oficial de la reunificación como condición previa para llevar a cabo una política explícitamente socialista. Para el DISY, aceptar el principio de igualdad política con los turcochipriotas es un precio menor a pagar en un contexto en el que el capital grecochipriota es infinitamente más fuerte que su homólogo turcochipriota.
El carácter de Jano del DISY explica en parte esta paradoja. Su fundador, el otrora alineado con Makarios Glafcos Clerides (presidente de 1993 a 2003), se convirtió en un paria político en las dos décadas posteriores a los acontecimientos de 1974. La razón fue la percepción generalizada de que había impedido el regreso de Makarios del exilio tras el fracaso del golpe, pero también su voluntad percibida de firmar acuerdos «vergonzosos» ante el avance del ejército turco. Su partido ofreció a los golpistas de extrema derecha un hogar respetable, donde coexistieron con conservadores y liberales de centro. La economía de libre mercado y el anticomunismo sirvieron de pegamento para unir el irredentismo con el «realismo político» y el liberalismo social con el conservadurismo social regresivo.
Dentro de esta coalición surgen tensiones ocasionales. En el referéndum de 2004 sobre el Plan Annan de las Naciones Unidas para la reunificación -rechazado por los grecochipriotas y aceptado por los turcochipriotas-, Clerides, Anastasiades y el ala más empresarial del DISY defendieron el voto afirmativo, mientras que gran parte de la base del partido votó No por motivos nacionalistas. Sin embargo, el carácter clientelar de la política de derechas hace que estas diferencias puedan disimularse con bastante facilidad, especialmente cuando se enfrentan al objetivo común de hacer retroceder las conquistas de la clase trabajadora.
La elección de Christodoulides y el fracaso del candidato del DISY han reavivado estas tensiones. Procedente de la extrema derecha más plebeya del partido, su meteórico ascenso se percibe como producto de su preparación por parte de Anastasiades, y de la transformación de este último de «realista» en la cuestión chipriota a defensor de facto de una solución de dos Estados, aunque enmarcada en el lenguaje políticamente más aceptable de las reivindicaciones maximalistas frente a los turcochipriotas.
Sin embargo, el ascenso de Christodoulides es también emblemático de otra reconfiguración de la política grecochipriota. Los partidos del «término medio», con los que AKEL ha tratado históricamente de cooperar basándose en el legado de resistencia compartida contra el golpe de 1974, hace tiempo que también se han transformado. DIKO, un partido notoriamente oportunista y obsesionado con el poder, es hoy tan económicamente neoliberal como DISY. La relación del EDEK con el «socialismo» sigue siendo muy cuestionable. EDEK, antaño un partido radical «tercermundista» alabado por el difunto Christopher Hitchens, ha llegado a oponerse a la creación de un servicio nacional de salud. Su único argumento de venta es el nacionalismo de línea dura y el antifederalismo. Ambos partidos se unieron al DISY en la cruzada contra Christofias, a quien ayudaron a elegir en 2008, una vez que los bancos y las agencias internacionales de calificación lanzaron una guerra contra su Gobierno por su percibida inflexibilidad en las negociaciones de rescate con la troika.
El apoyo de estos partidos a Christodoulides, descendiente de la extrema derecha, ridiculiza cualquier pretensión de defender los principios de la resistencia democrática de 1974, pero añadió un cierto barniz de oposición a la candidatura de Christodoulides. La campaña de este antiguo diplomático ha sido casi cómicamente vaga en cuestiones clave, y ha contradicho repetidamente sus propias declaraciones. De voz suave, empleando sólo tópicos de «unidad», y alabado por sus partidarios como un «buen muchacho» (kalo paidi), es un significante vacío por excelencia, sobre el que se puede proyectar tanto el descontento con el historial de Anastasiades en el cargo como el apoyo al mismo. En las raras ocasiones en que Christodoulides fue explícito, lo fue al advertir contra un «desastre económico» en caso de que «AKEL volviera al poder» (AKEL insistió en que no se uniría a un gobierno de Mavroyiannis).
Mientras tanto, fueron Neofytou, del DISY, y los liberales del partido quienes tuvieron que asumir la responsabilidad de defender ideológicamente la trayectoria del actual presidente Anastasiades. Este último instó públicamente a sus seguidores a votar a Neofytou, aunque entre bastidores se rumoreaba que favorecía a Christodoulides. Alabando un milagro económico tras el desastre de la anterior «mala gestión» de la izquierda, en medio de una creciente desigualdad social y escándalos de corrupción, Neofytou y el DISY fueron castigados por el electorado, y con razón.
Neoliberalismo de crisis al estilo chipriota
La sociedad chipriota se ha transformado significativamente durante la última década. Tras la caza de brujas concertada contra la izquierda que le llevó al poder, Anastasiades no tardó en aceptar un «rescate» de la UE que saqueó los ahorros de los depositantes para ayudar a pagar el colapso del sector bancario. Un estallido casi violento de ira pública contra el Gobierno por bloquear el acceso a las cuentas bancarias llevó a un cambio para que la medida sólo afectara a los depósitos superiores a 100.000 euros. Sin embargo, esto alimentó la apatía más que la radicalización entre segmentos crecientes de la población, sobre todo porque AKEL había sido enmarcado, de forma absurda pero con éxito, como culpable de la crisis financiera mundial.
No obstante, Anastasiades recuperó rápidamente cierta legitimidad aprovechando la modesta recuperación mundial. El Gobierno amplió drásticamente un programa preexistente, por el que Chipre vendía ciudadanías de la UE a cambio de inversiones millonarias en bienes inmuebles. Legitimado como estrategia para salir de la crisis, el programa de ciudadanía por inversión (CIP) generó cientos de millones para una red nepotista compuesta por funcionarios gubernamentales, agentes inmobiliarios, contratistas de obras y bufetes de abogados que tramitaban las solicitudes de ciudadanía de individuos, a menudo manchados por antecedentes penales en sus países de origen.
La implicación personal y el interés del presidente en el programa quedaron al descubierto para todo aquel que se molestara en mirar. Su bufete de abogados tramitaba gran parte de las solicitudes de pasaporte, mientras que la inmobiliaria de su yerno vendía propiedades a los beneficiarios. En un episodio revelador, Anastasiades y su familia volaron de vacaciones a las Seychelles (donde se rumorea que depositó su fortuna personal) en un jet privado propiedad de un magnate saudí, que junto con su familia obtuvo la ciudadanía. El clientelismo y la corrupción personal eran características perennes del Estado chipriota. Sin embargo, con Anastasiades, el Estado se transformó en una cleptocracia bien lubricada. El poder judicial se llenó de socios del presidente, lo que hacía ridícula cualquier investigación de corrupción, mientras que los medios de comunicación mantuvieron y ampliaron su papel de animadores de la derecha.
Al principio, el gobierno del DISY pudo convencer a muchos de que los beneficios de la recuperación económica se traducirían en puestos de trabajo y salarios más altos. Sin embargo, los efectos venenosos del PIC se hicieron más pronunciados tras la reelección de Anastasiades en 2018. Atraer a las élites mundiales para que compren inmuebles en (la mitad de) una pequeña isla de apenas un millón de habitantes ha hecho que los alquileres se disparen hasta niveles absurdos; el alquiler medio de un piso en la ciudad costera de Limassol es probablemente más alto que en Berlín. Monstruosas torres de apartamentos de lujo casi vacías se asientan torpemente en ciudades ahogadas por la congestión debido a la falta de cualquier transporte público digno de tal nombre, mientras que la construcción acelera la destrucción del medio ambiente.
Como en otros países del sur de Europa, los jóvenes y cualificados se han visto especialmente afectados, teniendo que vivir a menudo con sus padres y sin encontrar un empleo que se corresponda con sus títulos de enseñanza superior. El dominio de un idioma que no sea el inglés puede conseguirles un empleo en una de las numerosas y sórdidas empresas de «Forex» de la isla, que molestan por teléfono a clientes extranjeros para que compren divisas o criptomonedas.
El mercado laboral se ha desregulado hasta límites grotescos. Los profesores universitarios y los maestros de escuela son clasificados como «proveedores de servicios» autónomos y privados de toda protección social. Al mismo tiempo, los planes de estudio de la educación pública siguen estando notoriamente desfasados con respecto a la sociedad, dominados como están por el nacionalismo extremo y el conservadurismo social.
El gobierno de Anastasiades no ha dejado de sembrar el pánico moral ante la «inundación de Chipre» de extranjeros (de piel oscura). Como Chipre tiene el mayor porcentaje per cápita de solicitantes de asilo de la UE, el gobierno ha elevado la «inmigración» a la categoría de problema principal. El gobierno gestiona el tristemente famoso campo de procesamiento de Pournara, donde los refugiados se hacinan en condiciones antihigiénicas y se ven obligados a dormir en el barro durante los fríos meses de invierno.
Las credenciales de Christodoulides en la materia son bien conocidas. La amorfa coalición que le respalda está convencida de que los inmigrantes forman parte de una estrategia de «gran sustitución» por parte de Turquía para alterar la demografía de la isla. Mientras tanto, el «liberal» Neofytou se dedicó a hacer sonar silbatos para perros a la extrema derecha, como viajar al Congo para negociar acuerdos de repatriación.
Las vías comunes de descontento han sido el descenso de la participación electoral, pero también el racismo difuso dirigido contra los inmigrantes. Aceptar las limitaciones de la austeridad fiscal y fetichizar el «crecimiento económico» -así como interiorizar la idea de «estar en el mismo barco»- ha dotado al racismo del carácter de una conciencia de clase desplazada, por la que los segmentos menos conscientes de clase de la clase trabajadora pisotean a los que están por debajo de ellos en lugar de a los que están por encima.
Esta dinámica se encuentra en el corazón del creciente aumento de votos para el líder de la rama chipriota de Amanecer Dorado, el «Frente Nacional Popular» (ELAM), que ganó un 6 por ciento en la primera ronda y apoyó indirectamente a Christodoulides para la segunda vuelta pidiendo a los votantes «votar contra AKEL». Normalizada por los grandes medios de comunicación y los discursos racistas durante años, la extrema derecha ha jugado un hábil juego. Ha mantenido un núcleo duro ideológicamente rígido, ha apoyado tácitamente a la derecha dominante en coyunturas críticas sin identificarse con ella, y siempre ha estado cerca para recoger los pedazos de las promesas fallidas de la derecha. El hecho de que la ELAM se haya abstenido hasta ahora de utilizar las tácticas de los soldados de asalto empleadas en el pasado por su organización matriz griega no es motivo para caer en la complacencia de descartarla como «un partido más de la derecha rechazadora».
¿Corrupción?
Tras presentarse inicialmente como un modernizador liberal que salvaría a Chipre de los comunistas fiscalmente promiscuos, la posición internacional de Anastasiades cayó en picado a finales de 2020. Un reportaje encubierto de Al Jazeera sacó a la luz (probablemente una ínfima parte) la corrupción implicada en el PIC, obligando a la UE a desconectar el programa. Desde entonces, Anastasiades ha sido señalado como un líder excepcionalmente corrupto por un heterogéneo surtido de actores. Entre ellos, no sólo AKEL y la izquierda grecochipriota en general, sino también innumerables liberales decepcionados que se habían unido con entusiasmo a su guerra contra la izquierda diez años antes.
El atractivo del discurso auto-orientador del excepcionalismo chipriota -así como los lamentos por el daño causado a «nuestra reputación» en el extranjero- son comprensibles, dada la enorme magnitud de la corrupción personal del círculo íntimo de Anastasiades. Para AKEL, condenar al «Gobierno más corrupto de la historia chipriota» ha sido una forma conveniente de rehabilitarse políticamente tras la caza de brujas de 2011-13 y de legitimar posibles alianzas electorales con actores situados a su derecha.
Sin embargo, los discursos anticorrupción pueden ser un boomerang, mucho más exitosos contra la izquierda que contra la derecha, como demuestran numerosos ejemplos latinoamericanos. La corrupción de Anastasiades no es la causa, sino más bien un síntoma del carácter rapaz de la crisis capitalista y de la menguante legitimidad política. El aumento de la tasa de explotación mediante la liberalización del mercado laboral y la mercantilización de la naturaleza (e incluso de la ciudadanía) no son el resultado de fallos personales, sino síntomas mórbidos de la decadencia del sistema y de su incapacidad inherente para ofrecer cualquier tipo de proyecto hegemónico basado en la productividad y el crecimiento.
Irónicamente, la omnipresencia de la «corrupción» en el discurso público ha beneficiado indirectamente al vacuo Christodoulides. Al presentarse a sí mismo como un modesto hombre corriente que va a la iglesia y está «más allá de las ideologías», fue capaz de aglutinar a muchos de los decepcionados por los desastrosos efectos de la década de gobierno de la derecha, pero incapaces o poco dispuestos a analizar sus causas estructurales más profundas. Que este infiltrado clave y punto nodal de todo el podrido sistema de corrupción consiguiera ser elegido -o, de hecho, que Anastasiades consiguiera que lo eligieran- es realmente un acto digno de un Maquiavelo.
¿Dónde está la izquierda?
En apariencia, las condiciones de los últimos años han sido propicias para un desafío sostenido de la izquierda. De hecho, ha habido muchas movilizaciones, tanto de AKEL como de las fuerzas a su izquierda, contra los intentos de permitir el desarrollo de la tierra en una reserva natural protegida, contra los altos alquileres y contra las bases militares británicas, junto con huelgas masivas de profesores y enfermeras. Una reciente huelga de repartidores de comida fue probablemente la primera huelga de inmigrantes autoorganizada de la que se tiene constancia, en la que la federación sindical alineada con AKEL asumió la representación de los conductores (muchos de ellos refugiados con solicitudes de asilo pendientes) en la negociación colectiva.
Sin embargo, la movilización más importante tuvo lugar a principios de 2021, para protestar por el casi cegamiento de una joven -que participaba en una protesta la semana anterior- por un cañón de agua de la policía israelí. Se calcula que veintiún mil personas marcharon durante la protesta Os Dame («Basta»), convocada por una coalición de grupos anarquistas y otros grupos radicales de izquierda para protestar no sólo contra la brutalidad policial, sino también contra la corrupción del gobierno, los toques de queda de estilo militar durante la pandemia y el maltrato a los solicitantes de asilo.
Hay múltiples razones por las que esa presión no podría traducirse políticamente. AKEL ha atenuado sustancialmente su defensa de su trayectoria en el gobierno, disfrazando en cambio su crítica al statu quo en la vernácula meritocrática y no especialmente radical de «anticorrupción». Esta admisión indirecta de culpabilidad no agrada a nadie y puede tener consecuencias imprevistas, como ya se ha mencionado.
También entran en juego factores culturales. En Chipre, «izquierda» y «derecha» son a menudo identidades relacionadas con antecedentes familiares, que a veces se parecen poco a posiciones de clase reales. De ahí que una parte no desdeñable de la clase trabajadora vote a partidos de derechas, en contra de sus intereses materiales. Al mismo tiempo, la agenda socioeconómica de AKEL se ve empañada por la existencia de capas cercanas a ella sin relación con la clase obrera. Uno de los más afectados por las revelaciones de Al Jazeera fue un promotor inmobiliario y diputado de AKEL, que fue expulsado de inmediato. Aunque AKEL no está cerca de las palancas del poder económico como los otros partidos, tales incidentes empañan la reputación de la izquierda, haciendo que todos los partidos aparezcan como «uno y lo mismo».
Otra razón de la ausencia de un desafío político es que AKEL y los diversos movimientos sociales radicales a su izquierda están inmersos en una conocida división del trabajo. Por un lado, los movimientos de mentalidad autonomista rechazan la representación y la cuestión del poder político. Por otro lado, el AKEL se ocupa de la «alta política» y de los regateos políticos con otras fuerzas parlamentarias, o asume las cuestiones planteadas por los movimientos en el parlamento. A veces proporciona los números para las movilizaciones convocadas por los movimientos -aunque discretamente- para generar presión política cuando lo considera oportuno. Este acuerdo tácito sirve a ambas partes. Permite a los movimientos eludir la difícil cuestión de la hegemonía política, al tiempo que permite a AKEL parecer «responsable» y mantener abiertos los canales de comunicación con los actores situados a su derecha.
Sin embargo, la razón más general es la cuestión no resuelta de la división de la isla. Como ya se ha mencionado, Anastasiades ha sido criticado por todos, desde la izquierda radical hasta la derecha liberal, por abandonar su anterior postura favorable a la reunificación, en favor de acomodarse efectivamente a una eventual partición de jure. Un argumento habitual de la izquierda es que la división es la causa de todos los males de la isla, desde la desigualdad social hasta el racismo y la degradación medioambiental. De forma menos burda, se afirma que Anastasiades abandonó la última ronda de negociaciones en 2017 porque la perspectiva tangible de la reunificación pondría en peligro los privilegios materiales de su cleptocracia.
Tales argumentos son ciertos en la medida en que las actitudes de la derecha hacia la reunificación están determinadas económicamente. Durante décadas, mantener las tensiones con los turcochipriotas ha servido a una serie de intereses capitalistas, sobre todo invocando la necesidad de «unidad en el frente interno» para acobardar a AKEL hasta la sumisión política.
Pero la clase dirigente grecochipriota estaba notoriamente dividida durante el referéndum del Plan Annan de 2004. Anastasiades representaba a una fracción «ilustrada» que confiaba en su capacidad para hacerse rápidamente con el control económico de la isla. Podía apuntar a un marco regional y mundial beneficioso: El turco Recep Tayyip Erdoğan era cortejado por Occidente como modernizador liberal, Estados Unidos y Gran Bretaña causaban estragos en Irak y la economía griega estaba en auge gracias al crédito barato.
«Que la cuestión de Chipre se resuelva -o no- no depende de los caprichos de una élite corrupta en una pequeña isla».
Pero 2023 no es 2004. Grecia y Turquía, asoladas por la crisis, están inmersas en un peligroso juego de riesgo en el Egeo. El giro de Estados Unidos hacia Asia ha dejado un vacío de poder en la región que numerosos actores compiten por llenar. La pugna por los combustibles fósiles bajo el lecho marino del Mediterráneo Oriental está exacerbando las tensiones. Turquía y Occidente mantienen una relación competitiva, especialmente tras el intento fallido de golpe de Estado contra Erdogan en 2016. Ambas partes quieren preservar su alianza, pero difieren sustancialmente en sus términos.
En otras palabras, «resolver» o no la cuestión chipriota no depende de los caprichos de una élite corrupta en una pequeña isla. Depende de una ecuación mucho mayor que se extiende desde el desierto libio hasta el Cáucaso, y desde el mar Egeo hasta el golfo Pérsico. Tras la invasión rusa de Ucrania, la clase dirigente grecochipriota también ha abandonado su juego de equilibrios entre Washington y Moscú, que ha durado décadas. Ha apoyado las sanciones de la UE contra Rusia que, junto con la inflación, han afectado a una economía especialmente dependiente del turismo ruso y de los depósitos bancarios. En este punto, así como en la ampliación de las relaciones con Estados Unidos y el vecino Israel, tanto Neofytou como Christodoulides estaban esencialmente de acuerdo, mientras que Mavroyiannis ha destacado repetidamente sus credenciales «europeístas».
Al presentar a Mavroyiannis, el AKEL ha intentado reunir a todos los que comparten una visión federal de Chipre y, de hecho, el candidato ha recogido prácticamente todo el voto de izquierdas, tanto dentro como fuera del AKEL, así como a los liberales del DISY, incluido el propio Neofytou e incluso la familia Clerides. Pero incluso si Mavroyiannis hubiera sido elegido, no hay ninguna garantía de que hubiera tenido éxito en la negociación de un acuerdo.
Y lo que es más importante, no hay garantías de que la reunificación conduzca a la tierra de la leche y la miel que muchos en la izquierda imaginan. Podría significar un acuerdo que permitiera a los trabajadores greco y turcochipriotas luchar colectivamente por sus derechos. Pero también podría significar una configuración disfuncional como la de Bosnia, donde la separación étnica permanece intacta, mientras las élites nacionalistas conservan sus privilegios y enfrentan a las dos clases trabajadoras. El resultado depende de las luchas en el aquí y ahora, no de algún punto indefinido en el futuro, del que todo fluirá casi mágicamente.
No se trata de «normalizar» una partición, que en el plano social ya está normalizada desde finales de los años cincuenta. La división de Chipre es una cuestión muy seria, dada la ausencia de paz y la posibilidad de guerra entre dos comunidades y sus dirigentes, respaldados como están por diferentes actores regionales en un mundo que cada vez se parece más a un polvorín. Sin embargo, la percepción dominante de la cuestión chipriota como un asunto de alta diplomacia conduce necesariamente a una subordinación de toda política radical, a la hora de la verdad. Por un lado, despoja a la izquierda de toda agencia y la reduce a la posición de espectadora, ya sea cerrando filas con la derecha contra el «expansionismo turco» (como hizo a menudo en el pasado) o dando prioridad a la reunificación por encima de todo (como ha hecho en los últimos años).
En las dos últimas décadas, desde el establecimiento de la libre circulación entre las dos partes de la isla, se han emprendido muchas acciones encomiables para recomponer los lazos entre ambas comunidades y reconocer el sufrimiento mutuo infligido durante el siglo pasado. AKEL se ha mostrado más firme a la hora de condenar las masacres perpetradas por paramilitares de extrema derecha contra civiles turcochipriotas en 1974, algo prácticamente imposible durante las décadas de sofocante clima de «reconciliación nacional» (grecochipriota) que siguieron a la invasión turca. Pero la mayoría de estos esfuerzos se han codificado como rechazos abstractos del nacionalismo, más que como expresiones de intereses comunes de clase.
La izquierda grecochipriota podría contribuir a poner fin al conflicto movilizándose sistemáticamente para frenar los excesivos poderes del chauvinista arzobispo de Chipre y acabar finalmente con su influencia en los asuntos educativos. También puede empezar por defender explícitamente el derecho de los turcochipriotas a la autodeterminación. No se trata de promover el separatismo territorial, sino de contrarrestar directamente a las fuerzas -en gran medida aglutinadas tras Christodoulides- que cuestionan el derecho de los turcochipriotas a cualquier tipo de paridad política con los grecochipriotas, porque «son una minoría». Esta actitud no es la causa fundamental de la presencia militar de Turquía y de su dominio cada vez más autoritario sobre la política turcochipriota, pero sin duda es su principal fuente de legitimidad.
Uno de los momentos más impactantes de los últimos años fue el estallido de vítores masivos en una concentración de profesores en huelga, tras la lectura de un mensaje de solidaridad de los sindicatos de profesores turcochipriotas. Fue un gesto importante, teniendo en cuenta que muchos profesores probablemente votaron a Christodoulides este fin de semana. Esta perspectiva da un contenido práctico y de clase a la lucha por la paz, en contraste con las expectativas que se crean en las deliberaciones de las estaciones alpinas, la fetichización estadocéntrica de la unidad territorial o las invocaciones a una identidad cívica chipriota común, por muy bien intencionadas o inclusivas que sean. En un mundo que se enfrenta a un desastre climático y a una peligrosa escalada en torno a Ucrania, hay muchas cosas que pueden unir prácticamente a los trabajadores de ambos lados de una isla dividida, plagada de bases británicas y a sólo trescientos kilómetros de la Franja de Gaza.
Sin embargo, lo que es más importante, el encuadre de la «cuestión chipriota» como un asunto intangible de maniobras diplomáticas es cada vez más irrelevante para un segmento creciente de la población preocupada por la supervivencia diaria en medio del aumento del coste de la vida, la precariedad laboral y la movilidad social descendente. El reciente resultado electoral refleja los problemas de legitimidad que se avecinan para el régimen de gestión de crisis establecido hace una década. La heterogénea coalición de Christodoulides es fundamentalmente inestable. Lo más probable es que intente paliar las expectativas contradictorias recurriendo a un mayor nacionalismo y a la búsqueda de chivos expiatorios contra los inmigrantes, al igual que hizo el Gobierno anterior.
Pero las elecciones también han demostrado que las crisis de legitimidad no son necesariamente sinónimo de avances de la izquierda. Sin embargo, pueden abrir un abanico de posibilidades para la izquierda. En este contexto, AKEL tiene tres opciones. Puede optar por interpretar el resultado electoral como un triunfo del nacionalismo y ajustar su postura en consecuencia, adoptando una línea más dura en materia de inmigración y la cuestión chipriota. También puede utilizar la misma lectura para transformar su actual entendimiento tácito con un liberalismo grecochipriota poco fiable en una alianza en toda regla, al tiempo que atenúa aún más cualquier retórica clasista para «evitar el peligro de la partición final». Ambas opciones equivaldrían a ir a remolque de las fuerzas procapitalistas, al tiempo que legitimarían aún más a la socialmente demagógica ELAM entre la clase obrera de formas diferentes pero igualmente peligrosas.
Una tercera opción, preferible, tendría que implicar un alejamiento estratégico de los tejemanejes de la alta política y una intervención concertada centrada en la clase, antifascista y de orientación ecológica en la sociedad en general, capaz de socavar el creciente atractivo de la extrema derecha, ya sea en sus expresiones abiertamente fascistas o en la forma implícita más dominante representada por Christodoulides. En última instancia, los cambios sociales y políticos concretos nunca han sido el resultado de acuerdos políticos en un sistema presidencial inherentemente hostil a la agenda de la izquierda, sino de la movilización de masas desde abajo.
Una estrategia de intervención social no puede tomar como punto de partida la percepción del peligro de partición (de iure), sino los intereses materiales comunes de todos los trabajadores de la isla, ya sean griegos, turcos o inmigrantes. No podemos saber qué forma concreta podría adoptar una intervención de este tipo. Si el descrédito de Anastasiades y la resistencia de la izquierda apuntan a que es factible, entonces los agudos peligros globales del cambio climático y la guerra demuestran que es el único camino.
Leandros Fischer es investigador postdoctoral en estudios sobre migración en la Universidad de Aalborg. Anteriormente ha impartido clases en la Universidad de Chipre en Nicosia y ha realizado trabajo de campo entre emigrantes a Chipre procedentes de Oriente Medio. Participa activamente en movimientos por el derecho a la ciudad en Limassol.
Observación de José Luis Martín Ramos:
Me gustaría conocer otra opinión sobre la izquierda, sobre esa «división del trabajo» que dice el autor entre la «alta política» del AKE y la política de base de anarquistas y radicales. No me la creo formulada en esos términos. Tampoco me parece correcto calificar de estalinista la teoría de la burguesía nacional. Fuera de esas dos objeciones el artículo me parece útil. La división de la isla me parece que, lamentablemente, va a ser un hecho perdurable durante largo tiempo, por eso la posición federalista del AKE me parece también la más correcta, aún reconociendo la dificultad de llevarla a cabo; no sé como interfiere las reservas de hidrocarburos en el Mediterráneo oriental en aguas «turco-chipriotas»
6. Industria armamentística
Tenemos imágenes en exclusiva de la entrega de armamento de última generación a Ucrania. Seguramente, la aportación española: https://twitter.com/
Es broma. La verdad es que nuestros amos imperiales hacen lo que pueden:
La planta de municiones de Pensilvania trabajará las 24 horas del día para producir proyectiles para Ucrania – CNN
La planta funciona ahora a pleno rendimiento y produce aproximadamente 11.000 proyectiles de artillería al mes. Pero el ejército ucraniano gasta esta cantidad en pocos días.
Se decidió instalar nuevos equipos de alta tecnología en la planta y contratar a varias docenas de trabajadores adicionales. Pronto, la producción debería pasar a funcionar las 24 horas del día para producir más proyectiles.
Pero, como sabemos y se apunta en el mismo tuit, puede no ser suficiente -muchos enlaces a seguir, en el original-:
On Shells And Armor: The War Of Sustainment
Sobre proyectiles y blindajes: la guerra de la contención
Breve análisis de la guerra de producción entre la OTAN/Ucrania y Rusia.
Simplicius El Pensador
10 de febrero
Proyectiles, proyectiles y más proyectiles
Analicemos las perspectivas de sostenimiento de ambos bandos, OTAN/Ucrania vs. Rusia.
Sabemos que Ucrania utiliza supuestamente entre 5.000 y 6.000 proyectiles al día, y que se calcula que Rusia dispara hasta 60.000, aunque se trata de una cantidad «máxima» elevada, ya que la media diaria en el transcurso de la guerra se acerca más a los 20.000-30.000 proyectiles.
EE.UU., autoproclamado «centro neurálgico» de la fabricación mundial, produce 14.000 proyectiles al mes y recientemente ha anunciado un «aumento de la producción 3 veces superior» hasta 40.000 para ayudar a Ucrania, que poco después se modificó desesperadamente hasta 90.000 para contener las pérdidas de las AFU, que se acumulaban rápidamente. Incluso para Estados Unidos, se trata de un esfuerzo lo suficientemente grande como para tardar aproximadamente 2-3 años en aumentar la producción.
Una de las explicaciones es que las empresas armamentísticas son reacias a realizar las costosas inversiones necesarias en equipos y personal para aumentar enormemente la producción cuando sospechan que la guerra podría terminar pronto de todos modos, con la consiguiente pérdida de inversión en todos esos nuevos costes de equipamiento/formación de personal en los que han incurrido. Esos costes sólo merecen la pena si los beneficios a largo plazo están garantizados, y tal y como están las cosas para las AFU, las garantías son dudosas.
El NYTimes acaba de publicar un informe sobre las instalaciones y capacidades de fabricación de proyectiles de 155 mm de Estados Unidos, un proceso de aspecto decididamente arcaico; algunas de las máquinas, admiten, tienen casi 80 años y no fueron diseñadas para una escalada tan moderna. EE.UU. tenía más de 80 fábricas de este tipo durante la guerra fría, ahora sólo sobreviven 5, y en realidad se trata de una sola línea de proceso general: la fabricación está repartida en 5 instalaciones diferentes, cada una de las cuales contribuye con un componente distinto; el acero en bruto para los proyectiles en una planta de Pensilvania en la «región del acero», los explosivos fabricados en otro lugar en Tennessee, y el «montaje» final en una planta de Iowa.
En este hilo se describen las capacidades de Canadá. En el mejor de los casos, pueden producir 12.000 proyectiles al mes con un aumento de la producción, pero en realidad sólo 6.000.
Los problemas de Inglaterra son los siguientes:
En Inglaterra, la situación es de lo más triste. El gobierno está intentando llegar a un acuerdo con BAE Systems para ampliar la producción de proyectiles, pero no tienen ni un céntimo, sobre todo teniendo en cuenta los recortes en el presupuesto militar bajo Sunak. No tienen suficiente munición ni dinero ni siquiera para su exiguo ejército, como en Ucrania.
A Alemania no le va mucho mejor. Un artículo de Reuters informa de que Rheinmetall puede aumentar su producción a 400-500k proyectiles de 155 mm al año, lo que equivale a 33-42k al mes. Pero Alemania y sus aliados de la OTAN están planeando construir nuevas fábricas de proyectiles de 155 mm en Polonia y Hungría, así como desmantelar una en Rumanía, aunque todas estas mejoras llevarán su tiempo.
Además, Ucrania consume tanto proyectiles soviéticos de 152 mm como proyectiles de 155 mm de la OTAN. Se desconoce la proporción, pero para argumentar podemos suponer que es 50/50, más o menos. Aunque en realidad, Ucrania tenía muchos más sistemas de artillería de la época soviética, que disparan 152 mm, que nuevos sistemas de 155 mm suministrados por la OTAN.
El problema es que la mayoría de estos aumentos son sólo para 155 mm de la OTAN, ya que la mayoría de los países de la OTAN no producen 152 mm. Pero los obuses de 155 mm son exactamente los primeros que probablemente se le acabarán a Ucrania, ya que el material occidental es mucho más escaso en general y se estropea con mayor rapidez. Así que sufrirán una hambruna de proyectiles de 152 mm especialmente grave.
Aparte de un par de fábricas en pequeños países ex soviéticos/afiliados a la Unión Soviética como Bulgaria, Rumanía y la República Checa, Occidente no tiene capacidad para suministrar 152 mm. Y lo más probable es que no puedan producir ni de lejos lo suficiente para saciar el glotón apetito ucraniano. Sobre todo porque Rusia parece haberse dedicado desde hace tiempo a sabotear la mayoría de las líneas de producción europeas de 152 mm que quedan, ya que una improbable racha de «explosiones fortuitas» derribó una fábrica de armas checa en 2014, una fábrica de armas búlgara más recientemente, así como una fábrica de armas rumana justo antes del inicio de la SMO.
Si se suman todos ellos: la tasa de aumento total de 90.000 al mes para EE.UU., 6.000 para Canadá, ~ 40.000 para Alemania (la más alta de Europa, como afirmaron), y seamos generosos y digamos 50.000 adicionales al mes de varios otros países para complementar (Francia, Australia, etc.), obtenemos un total de 186.000 al mes x 12 = 2,2 millones al año.
186.000 al mes son exactamente 6.200 al día, lo que coincide exactamente con los gastos de las AFU. Por lo tanto, se puede ver que a pleno rendimiento, la OTAN debería ser teóricamente capaz de mantener a Ucrania a flote.
Un punto interesante es que esto significaría que la OTAN, a su máxima capacidad, apenas alcanzaría el punto de equilibrio en la producción de proyectiles sólo para Ucrania. Supongamos que la propia OTAN se viera envuelta en hostilidades con Rusia, o incluso con China. No podrían abastecer tanto a Ucrania como a sí mismos.
La prensa occidental lo ha destacado recientemente en repetidas ocasiones, en artículos como éste. Y éste:
El informe del Center for Strategic & Int’l Studies del primer enlace afirma que:
La base industrial de defensa de Estados Unidos no está adecuadamente preparada para el entorno de seguridad internacional que existe actualmente. En un conflicto regional de gran envergadura -como una guerra con China en el estrecho de Taiwán-… Estados Unidos probablemente se quedaría sin algunas municiones -como las municiones de largo alcance guiadas con precisión- en menos de una semana.
Del mismo modo, la memoria corta ha ocultado los propios problemas de sostenimiento de la OTAN durante sus incursiones mucho menos intensas, en los últimos años. Este artículo del Washington Post de 2011, escribe:
Menos de un mes en el conflicto libio, la OTAN se está quedando sin bombas de precisión, lo que pone de relieve las limitaciones de Gran Bretaña, Francia y otros países europeos para sostener incluso una acción militar relativamente pequeña durante un período prolongado de tiempo, según altos funcionarios de la OTAN y Estados Unidos.
¿Le suena familiar? Ecos de las interminables acusaciones de Occidente a Rusia por su supuesta «sequía armamentística» durante la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, Rusia parece estar haciéndolo bien con misiles y armamento; pero la OTAN, golpeando a un oponente «ni de lejos», en una lucha de baja intensidad, difícilmente podría sostenerse adecuadamente.
Pero volviendo a los proyectiles, la gran pregunta del millón sobre la que pivota toda esta guerra: ¿está Rusia en mejor situación? La verdad aquí es más turbia.
Por un lado, se decía que las reservas soviéticas de proyectiles de 152 mm eran previsiblemente enormes. Rusia heredó gran parte de las existencias soviéticas y del Pacto de Varsovia de estas municiones, y algunas estimaciones las elevan a 150 millones de proyectiles, mientras que otras las sitúan entre 30 y 50 millones.
Para dar credibilidad a estas cifras, disponemos de impresiones oficiales de las existencias totales de proyectiles de las Fuerzas Armadas estadounidenses en 1995. Sin contar a los Marines, Estados Unidos tenía más de 20 millones de proyectiles de 105 mm, 155 mm y 8 pulgadas. Y hay que tener en cuenta que Estados Unidos no es una fuerza de artillería y tiene una pequeña fracción de la utilización doctrinal de la artillería rusa.
Ergo, podemos asumir con confianza que las existencias heredadas de los soviéticos rusos serían órdenes de magnitud mayores que esto, dado que doctrinalmente eran una fuerza de artillería pesada. Unas existencias como mínimo tres veces superiores a las de Estados Unidos son creíbles, e incluso diez veces superiores no resultarían demasiado inverosímiles.
Pero eso sin tener en cuenta los diez años que duró la guerra afgana, durante un panorama económico en constante declive bajo la administración de Gorbachov, seguido de aproximadamente otra década de dos guerras chechenas consecutivas, en un momento en el que, en los años 90, la industria de defensa rusa probablemente sólo estaba avanzando lentamente en la producción. Así que no es de extrañar que algunos informes, como éste de un artículo ruso de julio de 2002, apuntaran al agotamiento de los proyectiles de 152 mm en la segunda mitad de la Segunda Guerra de Chechenia.
Si eso es remotamente plausible, entonces hay pocas posibilidades de que Rusia haya restaurado sus arsenales a algo parecido a los días soviéticos entre entonces y ahora. Aunque nótese la distinción: «todos los 152 mm modernos». Los arsenales soviéticos más antiguos tienen una línea de producción de «reacondicionamiento» separada: se trata de proyectiles cuyos fusibles u ojivas pueden haber caducado y/o necesitado una actualización. Así que esto podría significar que todavía tenían existencias antiguas, que estaban en proceso de reacondicionamiento, pero al mismo tiempo se estaban agotando las nuevas existencias producidas directamente de la línea de montaje.
Un informe afirma que la inteligencia estonia descubrió que los arsenales rusos de proyectiles de 152 mm en vísperas de la OME rondaban los 17 millones, y que Rusia puede producir 3,4 millones al año. Esto es bastante creíble y realista.
Aceptando que Rusia agotó en su mayor parte los arsenales utilizables de 152 mm a principios de la década de 2000 (sin contar los arsenales envejecidos que requerían reacondicionamiento), es creíble que Rusia pasara las dos décadas siguientes produciendo a un ritmo moderado equivalente a los 90.000 al mes de Estados Unidos, lo que le otorgaría alrededor de 1 millón de proyectiles al año. Y veinte años de tal almacenamiento, desde principios de la década de 2000, darían aproximadamente 20 millones, en línea con las estimaciones estonias.
Se calcula que Rusia ha utilizado entre 7 y 10 millones de proyectiles en el primer año de la SMO (20-30.000 al día multiplicados por aproximadamente un año). Si las estimaciones estonias son exactas, eso significa que a Rusia podrían quedarle entre 7 y 10 millones, lo que equivale aproximadamente a un año más de proyectiles.
En la Segunda Guerra Mundial, se decía que la URSS había producido 100 millones de proyectiles al año, sólo para dar una idea de lo que es posible. Además, por regla general, Rusia tiene varias veces más fábricas de armas por categoría que Estados Unidos. Por ejemplo, la famosa planta de Lima, en Ohio, produce todos los Abrams estadounidenses. El principal productor ruso de tanques, Uralvagonzavod, cuenta con unas 12 fábricas, aunque no todas se dedican a la producción de tanques. Algunas producen equipamiento civil, como vagones de tren, mientras que otras se dedican por completo a la modernización/reacondicionamiento de tanques, como la actualización de los antiguos T-72 al estándar T-72B3.
Así que si EE.UU. puede fabricar 90.000 proyectiles al mes (1 millón al año) en una sola línea de producción simplemente aumentando los turnos, Rusia probablemente tiene varias líneas de producción de este tipo, en la famosa fábrica de armas de Tula y en otros lugares, y debería ser capaz de triplicar cómodamente esa cifra, como mínimo. Y triplicar 1 millón de proyectiles nos lleva exactamente a lo que la inteligencia estonia estimaba que Rusia fabrica al año; o esta fuente que afirmaba que Rusia estaba ensamblando cómodamente 2 millones de proyectiles al año:
Podemos suponer que un aumento serio podría permitir la producción de más de 7 millones, cubriendo los gastos de la SMO.
Sin embargo, ha habido indicios o «informes» desde aproximadamente diciembre de que Rusia ya está experimentando un hambre de proyectiles. Y no sólo fuentes «propagandísticas» ucranianas, sino también rusas reputadas, como Vladlen Tatarsky de la RPD, aunque hay que admitir que algunas de esas perspectivas son limitadas. Además, algunos de los rumores surgieron de la supuesta reducción de los disparos rusos de más de 60k al día a 20-30k hace varios meses. Sin embargo, existen otras explicaciones válidas de por qué Rusia habría disminuido el ritmo en ese momento, ya que en ese momento se estaba llevando a cabo una gran reorganización operativa (así como una movilización masiva), lo que en la práctica suponía una «pausa» en la mayoría de las operaciones ofensivas importantes para preparar la siguiente gran fase que se avecinaba.
Los informes, sin embargo, estaban respaldados por pruebas fotográficas de números de serie encontrados en algunos proyectiles rusos de 152 mm vinculados a líneas de producción recientes. Pero eso no significa necesariamente que Rusia haya agotado sus existencias, sino que podrían estar mezclando y combinando; pero es para reflexionar.
También se ha informado de que Corea del Norte ha empezado a suministrar munición de 152 mm a Rusia, basándose en fotos de satélite de trenes obtenidas por Estados Unidos. De ser cierto, podría ser simplemente una sabia decisión logística de Rusia para complementar su propia producción. Después de todo, ¿por qué no atiborrarse de adquisiciones adicionales cuando tienes una fuente extremadamente capaz, dispuesta, fiable y conveniente (ubicación cercana) justo en tu frontera que puede complementar y aliviar la carga?
Además, Rusia podría estar preparándose astutamente para el futuro, acumulando existencias en caso de una posible guerra más amplia con la OTAN, para cubrir sus bases. Hay muchas explicaciones razonables que no apuntan necesariamente al agotamiento de las existencias, pero es algo que hay que tener en cuenta de todos modos.
En cualquier caso, ninguno de los dos bandos se quedará nunca sin proyectiles, ya que está claramente demostrada la capacidad de ambos para seguir produciendo. La única cuestión es si Rusia puede producir lo suficiente para sostener una operación de avance de intensidad extremadamente alta, que requiere un aumento de los gastos diarios por encima de los 20-30.000 de la guerra posicional de intensidad media que ha caracterizado los últimos meses.
Una última pista nos la dio el anuncio de que Rusia ha aumentado «varias veces» la producción de proyectiles guiados por láser Krasnopol. Si suponemos que «varias» significa al menos 3, si no más, entonces podemos deducir que toda la producción de proyectiles también ha aumentado, sobre todo porque 3X corresponde perfectamente a una triplicación máxima de los turnos en una fábrica de armas determinada.
Tanques y blindados
Y brevemente sobre tanques y blindaje: durante gran parte de la década de 2000, el Uralvagonzavod de Rusia ha demostrado ser capaz de producir alrededor de 200-250 tanques nuevos al año, y actualizar 600-650 tanques a los estándares modernos, lo que normalmente incluye convertir los T-72B en T-73B3, los T-80 y T-80U en T-80BVM, y los T-90 en T-90M, etc.
El gráfico anterior muestra las cifras de producción de tanques por año durante el periodo 2007-2014. Las filas de la izquierda son: Rusia, EE.UU., Alemania, China y Polonia. Se puede ver que Rusia produjo 148 en 2007, 77 en 2008, 130 en 2009, 248 en 2010, 338 en 2011, etc. El total del periodo es de 1.291 tanques.
Esto es más de lo que produjeron los demás países juntos. Y eso sin contar las actualizaciones/modernizaciones, por no mencionar que se trata de lentos periodos de entreguerras sin necesidad de urgencia ni de aumentos de producción. En resumen, ese es el ritmo de producción «cómodo» y sostenible de Rusia.
En 2022, sin embargo, Shoigu habría ordenado a Uralvagonzavod más que duplicar la producción hasta 480 nuevos tanques al año, y también habría ordenado la construcción de dos nuevas fábricas específicas para mejorar y reparar blindados, lo que aumentaría exponencialmente la capacidad de modernización. Aunque actualmente no se conoce el calendario de esas fábricas ni la rapidez con la que pretenden ponerlas en marcha.
El hecho es que Rusia puede fabricar de forma creíble un mínimo de 250 hasta un objetivo de 480 nuevos tanques al año, y modernizar otros 600+. Eso significa que cada año Rusia puede entregar entre 800 y 1.100 nuevos carros de combate en primera línea de combate. Hay que tener en cuenta que, en su momento álgido, con más de 4.000 empleados, la planta estadounidense de Lima producía 120 M1A1 Abrams al mes, es decir, 1.440 al año, y se dice que Rusia producía entre 1.200 y 1.600 tanques al año en los años 80 soviéticos. Así que estas cifras no son nada del otro mundo y es probable que ni siquiera representen toda la capacidad de Rusia. Si continúan expandiéndose y creciendo, en 2-3 años podrían igualar esas cifras y más.
La infame (y casi fraudulenta) lista «Oryx» afirma que Rusia ha perdido hasta ahora más de 1.500 carros de combate en total. Esta cifra combina «destruidos» y «capturados». Sin embargo, aceptándolo por el momento, lo que la mayoría de la gente pasa por alto es que esta lista no discrimina entre la RPD/RPL y Rusia. Representa el total de blindados «aliados» perdidos.
Hay razones para creer que las fuerzas de la LDPR perdieron mucho más blindaje que Rusia, dado que en muchos de los combates más intensos (Mariupol, Severodonetsk, etc.), las fuerzas propiamente rusas desempeñaron un papel más auxiliar, proporcionando la potencia de fuego de la artillería de retaguardia o pequeños grupos de élite de infiltración o apoyo, mientras que el grueso del blindaje y las fuerzas de choque pertenecían a la LDPR. Y por no mencionar que los tanques de la LDPR utilizan obviamente los mismos símbolos tácticos y designaciones omnipresentes, Z, etc., lo que hace imposible discriminar en las fotos, salvo la circunstancia de que un tanque sea de un tipo de modelo obvio que la propia Rusia no utiliza normalmente (es decir, T-64, etc.).
Sin embargo, si nos atenemos a la lista inflada, estimaremos que sólo la mitad de ella corresponde a blindados rusos reales, siendo el resto de la LDPR, es decir, unos 750 tanques rusos perdidos. Eso significa que en un solo año, Rusia ya habría reemplazado todas sus pérdidas de blindaje mediante las cifras de producción de más de 800-1100 tanques probadas anteriormente. Y dado el hecho de que la lista de Oryx está muy inflada (por medio de múltiples auditorías probadas, y por una variedad de razones como el doble y triple recuento, un sinfín de atribuciones erróneas, tanto engañosamente intencionadas como falsificaciones no del todo correctas (muchos tanques «photoshopeados» fueron vistos con tripulaciones ucranianas burdamente eliminadas para que parecieran tanques rusos «abandonados»), podemos suponer que tal vez sólo 400-500 (o incluso menos) de esas pérdidas son tanques rusos reales en lugar de LDPR. Eso significa que Rusia podría haber duplicado esas pérdidas con nuevas adquisiciones. Y la avalancha de vídeos recientes da fe de ello, ya que hemos sido testigos de cómo los blindados rusos más recientes, mejorados o no, inundaban las líneas: muchos T-90M nuevos en particular, T-80BVM, etc.
Así que la creencia de que Rusia se está «quedando sin blindados» no podría estar más lejos de la realidad. Las adquisiciones de Rusia en tiempos de paz (850 en total al año, 250 nuevos y 600 modernizados) ya eran suficientes para compensar las probables pérdidas totales en Ucrania. La nueva producción ampliada y acelerada ya ha superado las pérdidas y está generando una ganancia neta en blindaje.
Ucrania, por su parte, está en mala forma. Si las cifras oficiales rusas son remotamente exactas, Ucrania ha perdido la mayor parte de sus MBT de preguerra. Las nuevas aportaciones de Occidente, que se parecen a esto:
Son un impresionante total de 441 prometidos, aunque no te engañes, gran parte de ellos son dudosos o tienen un «plazo de entrega» ampliado, es decir, uno o dos años. Y dado que Ucrania ha perdido entre 1.200 y 1.500 MBT en total, o más según las estimaciones rusas, la reposición gradual sólo puede compensar una parte de las pérdidas, mientras que Rusia, como se ha señalado, probablemente ha repuesto todas sus pérdidas y ahora está añadiendo una ganancia neta de blindados.
Los cómicos anuncios recientes parecen más «performativos» en sus gestos de generosidad. A saber, el anuncio de hoy de la alemana Rheinmetall de suministrar sus tanques Panther de nueva generación, todavía «conceptuales», es francamente mezquino en su cinismo de palo y zanahoria convertido en estratagema mediática, diseñada con qué propósito… ni siquiera yo puedo entenderlo.
Después de todo, como señalé en este reciente artículo, incluso el viejo Challenger-2 está a punto de ser mimado como un huevo Fabergé de porcelana, imagínense hasta dónde llegarían para mantener un futurista Kf51 Panther a salvo del camarada Kornet y sus amigos.
Hace poco vimos al ministro de la guerra británico pidiendo que los ucranianos mejoren su punteria; a Borrell diciendo que si los ucranianos no reciben munición en unas pocas semanas, la guerra se ha acabado; y ahora esta noticia, también relacionada con Ben Wallace, que publica Spiegel y que comenta así Bhadrakumar:
¡1/4 Epitafio a la saga de tanques occidentales para Ucrania! El Secretario de Defensa del Reino Unido a la revista Spiegel: Alemania organizó una reunión con sus aliados de la OTAN esta semana para discutir la entrega de tanques. Fue entonces cuando los problemas se hicieron evidentes. La decisión política está ahí…
2/4 Los políticos enviaron a sus militares a los depósitos sólo para descubrir que sus tanques no están operativos ni reparados para su entrega a Ucrania… La OTAN tiene que enfrentarse a la dolorosa verdad de que nuestros ejércitos han sido más o menos vaciados en los últimos 30 años…
3/4 Existen cifras sobre cuántos tanques tiene cada país. Pero luego está la realidad que nos dice que son demasiado pocos los que están operativos. En cuanto a las existencias de munición, también nos dimos cuenta de que nuestros planes para tiempos de paz no eran suficientes.
4/4 «No contábamos con una guerra de verdad, así que las cifras objetivo para la munición eran demasiado bajas».
7. Borrell y el neocolonialismo ruso
Borrell dice que Rusia es una potencia neocolonial y que así hay que explicárselo a los países del Sur global: https://twitter.com/
Algunos, como Michel, tienen un poco más de vergüenza torera: https://twitter.com/
«Muchos países del Sur Global no olvidan que Moscú les ayudó a liberarse de los colonizadores europeos», -el jefe del Consejo de la UE, Michel, para explicar la negativa de los Estados asiáticos, africanos y latinoamericanos a apoyar la posición de Occidente en el conflicto ucraniano.
Y parece que, de momento, Borrell no tiene mucho éxito: https://twitter.com/
«Fuimos colonizados y perdonamos a quienes nos colonizaron. Ahora, los colonizadores nos piden que seamos enemigos de Rusia, que nunca nos colonizó, ¿es justo? Para nosotros no: sus enemigos son sus enemigos, nuestros amigos son nuestros amigos», – Jeje Odongo, Ministro de Asuntos Exteriores de Uganda.
Hace dos días, por cierto, fue el aniversario de la ejecución en un país muy cercano, Kenia, del líder de los Mau Mau, Dedan Kimathi: https://twitter.com/
El 18 de febrero de 1957, el luchador por la libertad de Kenia, Dedan Kimathi, fue ejecutado por los británicos. Lideró la revolución del KLFA (MauMau) contra la brutal ocupación británica de su país.
«Yo no lidero a terroristas. Lidero a africanos que quieren su autogobierno y su tierra»-D. Kimathi
Se cuenta -lo he leído incluso en la Wikipedia- que cuando Mandela en 1990, al poco de su liberación, fue a Nairobi, pidió visitar la tumba de Kimathi y saludar a su viuda. Tuvieron que explicarle que ni sabían donde estaba enterrado, ni tenían idea de dónde estaba su viuda -que malvivía-. Para los Jomo Kenyiatta y Arap Moi, los vendidos que dirigieron el país tras la independencia, los maumau eran terroristas, siguiendo la lógica colonial…
