El primer apartado del capítulo, “El cambio climático y el modo de vida imperial”, lleva por título “El pecado del Premio Nobel de Economia”. El premio Nobel de Economía de 2018 (propiamente no es un Premio Nobel sino un Premio del Banco de Suecia) es William D. Nordhaus. Su área de especialización es la economía del cambio climático.
Copio el punto central del apartado: “Según Nordhaus, es mejor apostar por el crecimiento económico que preocuparnos en exceso por el cambio climático. El crecimiento económico trae prosperidad y la prosperidad alumbra nuevas tecnologías”. Favoreciendo el crecimiento económico “las generaciones futuras podrán recurrir a tecnologías mucho más sofísticadas que las existentes y sabrán afrontar con éxito el cambio climático. Mientras se tenga crecimiento económico y nuevas tecnologías, no es necesario dejar para las generaciones futuras el mismo nivel medioambiental que el actual” (14).
En otras palabras: el esperancismo tecnologista al que estamos acostumbrados, tan presente en muchas aproximaciones al tema (y en muchos de nosotros, aunque sea inconscientemente): las tecnologías del futuro solucionarán nuestros problemas del presente. La Historia, se dice (y se escribe entonces con mayúscula), lo ha mostrado-demostrado en numerosas ocasiones. Por consiguiente, a seguir por el mismo sendero. Podemos con todo, la tecnociencia del futuro nos salvará. (El profesor y científico investigador Eduard Rodríguez Farré ha escrito interesantes páginas refutando esa falsa creencia).
Las críticas de Saito a ese optimismo injustificado nada inocente: 1. “Con los porcentajes de reducción de emisiones de CO2 que él [Nordhauss] propone, la temperatura promedio de la Tierra habrá aumentado 3,5 ºC en 2100. Esto significa que, en la práctica, no tomar ninguna medida contra el cambio climático es la solución óptima para la economía” (14). 2. “Ni qué decir tiene que un aumento de la temperatura promedio de 3,5 ºC supondría consecuencias catastróficas para países en vías de desarrollo en Africa o Asia” (15) [Saito siempre tiene en mente un mundo en el que está muy presente lo que llama Sur global]. 3. “Sin duda, la agricultura en general sufrirá daños graves. Sin embargo, la agricultura “apenas” representa el 4% del PIB mundial. Si solo es eso, ¿qué más da? ¿Qué importa que sufra la gente de Africa y Asia? Estas ideas son las que es esconden en el fondo de las investigaciones laureadas con el Premio Nobel” (15). 4. “(…) es fácil que propuestas como las de Nordhaus sean recibidas con entusiasmo. Sin duda, como estrategia para que los economistas se hagan notar en los organismos internacionales es efectiva. La contrapartida es que se legitiman unas medidas lentas e intransigentes contra el cambio climático” (15).
En línea con ese “hacer notar”, Saito sostiene que ideas como las de Nordhaus han influido en el acuerdo de París de 2015. El objetivo del acuerdo, contener en menos del 2 ºC la subida de la temperatura promedio del globo, no es más que una promesa verbal. Humo. “Lo cierto es que, aunque todos los países firmantes del acuerdo cumpliesen el objetivo, las temperaturas, según algunos estudiosos, podrían terminar subiendo 3,3 ºC” (15). Obsérvese la coincidencia con la predicción del modelo de Nordhaus (3,5 ºC). Para Saito es evidente que “los gobiernos de los distintos países están anteponiendo el crecimiento económico a cualquier otra consideración y postergando el verdadero problema” (16). No solo gobiernos (¿todos ellos sin excepción?, ¿ninguno navega contracorriente?), sino también los grandes poderes económicos.
(Tomado de El Salto [2]: un estudio de NewClimate Institute y Carbon Market Watch (publicado el 13/II/2023) revela que “las promesas de reducción de emisiones de 24 de las mayores multinacionales globales son muy inferiores a los que publicitan y están a años luz de las necesidades del planeta… En concreto, si es necesaria una reducción del 43% de gases de efecto invernadero para el comienzo de la próxima década, el análisis de ambas organizaciones revela que, en conjunto, este grupo de multinacionales solo reduciría un 15% sus emisiones, “o hasta el 21% en la interpretación más optimista de sus compromisos”. Si el objetivo que publicita Nestlé es un recorte del 50% en sus emisiones para 2030, la investigación arroja que su compromiso real sería de entre un 16 y un 21%”).
De lo anterior, concluye Saito, “no resulta extraño que mientras en los medios se habla con frecuencia de medidas como los ODS, el volumen mundial de emisiones de CO2 no para de crecer año tras año. La esencia del problema se está adulterando y oscureciendo, y la crisis climática del Antropoceno continúa agudizándose” (16). Los ODS, recordemos, son para el filósofo nipón el nuevo opio del pueblo, la nueva adormecedora.
El siguiente apartado del capítulo lleva por título “Punto de no retorno”.
La idea básica a la que ya hemos hecho referencia (y que conviene tener siempre muy presente en nuestras aproximaciones): “Que quede claro: la emergencia climática no es algo que vaya a comenzar lentamente alrededor de 2050. La crisis ya ha comenzado. Estamos en ella. De hecho, cada año se suceden en todo el mundo los fenómenos metereológicos anormales que en el pasado se decía que ocurrían “una vez cada cien años”. Estamos aproximándonos peligrosamente a un punto de no retorno: una situación irreversible debida a cambios extremos” (16). Remarco: punto de no retorno. Comparto su opinión y su énfasis.
La temperatura promedio, señala Saito, ya ha subido 1 ºC. “Para contener la subida en menos del 1,5 ºC, hay que actuar inmediatamente. En concreto, antes de 2030 habría que reducir prácticamente a la mitad las emisiones de CO2 y eliminarlas por completo antes de 2050. Si, por el contrario, se mantuviera el ritmo de emisiones actual, en 2030 se habrá superado el límite del 1,5 ºC y en 2100 la temperatura promedio del planeta habrá aumentado aproximadamente 4 ºC” (17).
El siguiente apartado es una “Estimación de los daños que sufrirá Japón”, que, por supuesto, tampoco se librará de las consecuencias si las cosas siguen igual. Por ejemplo, “la subida del nivel del mar debido al derretimiento de los casquetes polares supondrá un problema serio para nuestro archipiélago. Si las temperaturas se elevasen hasta 4 ºC, los daños serían catastróficos, y algunos barrios especiales de Tokio, como Koto, Sumida o Edogawa, podrían quedar completamente anegados” (18).
“La era de la Gran Aceleración” es el título del nuevo apartado (dudo si Jorge Riechmann ha usado ya la expresión; creo que sí). Los japoneses, señala Kaito (usa un genérico que no me convence; tampoco los equivalentes: los españoles, los alemanes, los usamericanos, los occientales. ¿Tan solo una forma de hablar?), también tienen una gran responsabilidad en el calentamiento global: Japón es el quinto país en el ranking de mayores emisiones de CO2 del mundo. De hecho, los cinco primeros países en la clasificación (datos de 2017), incluyendo Japón (además: China, EE.UU. Rusia, India), han generado cerca del 60% del total de emisiones de CO2 a nivel mundial: Japón 3,4%; Rusia, 4,7%; India 6,6%; China 28,2%; EEUU 14,5%. Convendría conocer aquí la serie histórica que se considera. ¿Desde cuándo contamos? [2]
Basta con reflexionar, prosigue Kaito, “acerca del enorme impacto del cambio climático sobre las generaciones futuras para darse cuenta de que nuestro desinterés e inacción son imperdonables. Ahora es cuando debemos abogar claramente por un gran cambio y hacerlo realidad”. (18). El gran cambio que quiere proponer en el libro “es un desafío al mismísimo sistema capitalista”.
Saito llama “Gran Aceleración” al crecimiento exponencial de la actividad económica tras la II Guerra Mundial y el incremento a la par, y sin precedentes, de la carga medioambiental” (20). Esta gran aceleración se ha intensificado aún más tras el colapso del orden mundial de la Guerra Fría, desde la caída de la URSS, nos recuerda. La situación es insostenible; el Antropoceno se encamina directo al desastre. Saito no cita a Luxemburg, pero parece coincidir con ella: “socialismo (Kaito: comunismo decrecentista) o barbarie”.
El apartado finaliza señalando que para identificar las causas de la situación, debemos comprender claramente la relación entre la globalización capitalista y la crisis ecológica. Este será, añade, el objetivo del capítulo I (en el que ya estamos).
El siguiente apartado: “Los desastres de origen humano se repiten en el Sur global”. Nos quedamos aquí.
Notas
2) Es la figura 1. Nota del autor: Gráfico elaborado a partir del “EMDC/Informe de Estadística Energética y Económica (versión 2020)” de la Unidad de Análisis Cuantitativos del Instituto de Economía Energética de Japón (Centro de Conservación de Energía de Japón, 2020). Entiendo que elaborado por él.