DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. ¡No pasarán!.
2. 35 millones de muertos.
3. Fazi sobre Ucrania.
4. No olvidemos Palestina por Ucrania.
5. Una vez más sobre MAGA e Israel.
6. Alianza de China y Arabia Saudí.
7. Vivir de renta.
8. Malm y Petro.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 21 de agosto de 2025.
1. ¡No pasarán!
El boletín semanal del Tricontinental está dedicado, ahora que se aproximan las celebraciones del triunfo sobre Japón en Asia, a la lucha contra el fascismo, ligándolo a la Declaración de Santiago por la paz y contra una nueva Guerra Fría.
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Boletín Semanal
¡No pasarán! Nuestro llamado contra el fascismo | Boletín 34 (2025)
Decenas de millones en China y la URSS dieron su vida para derrotar al fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. Ante el resurgimiento de la militarización imperialista, Basta de Guerra Fría reitera su llamado a la paz.
21 de agosto de 2025
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Alexander Alexandrovich Deineka (Unión Soviética), Defence of Sevastopol [Defensa de Sebastopol], 1942.
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
Un recorrido por el Museo de la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa, en Beijing, hace que uno desprecie la guerra y todo lo relacionado con el militarismo. El museo no está lejos del puente Marco Polo (o Lugou), donde el pueblo chino inició su guerra para liberar a su país de la ocupación japonesa en el norte. Lo más impactante del museo son las partes que muestran la horrible violencia del militarismo japonés, como la masacre de Nanjing (1937–1938). La espantosa guerra biológica y química y los inconcebibles experimentos humanos llevados a cabo por la Unidad 731 en la ciudad nororiental de Harbin (1936–1945), y las prisiones para ianfu [mujeres de consuelo] que el ejército imperial japonés estableció para mantener esclavas sexuales para sus soldados.
Al recorrer el museo, queda claro que millones de civiles chinxs murieron en lo que fue la parte más prolongada de la Segunda Guerra Mundial: una guerra entre los militaristas japoneses y el pueblo chino que duró de 1937 a 1945. Las cifras son impactantes: al menos 20 millones de civiles y soldados chinos fueron asesinados, 80 millones de personas se convirtieron en refugiadas, 30% de la infraestructura en el delta del río Perla cerca de Cantón fue destruida, más de la mitad de Shanghái fue demolida y 80% de la capital china, Nanjing, fue reducida a escombros. La política de los tres todos del Ejército Japonés (quemar todo, matar todo, saquear todo) fue genocida en todo aspecto (en 1942, en una aldea de la provincia de Hebei, por ejemplo, el Ejército Japonés inyectó gas venenoso en un túnel donde se escondían 800 campesinxs, matándolxs a todxs).
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Hu Yichuan (China), To the Front! [¡Al frente!], 1932.
La cifra de muertes durante la Segunda Guerra Mundial continúa provocando debate y discusión. Sin embargo, hay poco desacuerdo en que el mayor número de víctimas mortales provino de la Unión Soviética (27 millones, la población actual de Australia) y de China (20 millones, la población actual de Chile). Las cifras soviéticas provienen de muchas fuentes, incluida la Comisión Estatal Extraordinaria (CHGK, por su sigla en ruso), establecida en 1942 para investigar los crímenes de guerra. El primero de esos tribunales se constituyó en Krasnodar (Cáucaso Norte) después que el Ejército Rojo recuperara Nalchik de los nazis el 4 de enero de 1943. Este tribunal encontró miles de cadáveres de personas asesinadas con gas venenoso en una zanja antitanque cerca de la ciudad. Dos años antes, en 1941, el alto mando nazi había formulado lo que se conoció como el Plan Hambre para desviar alimentos de la Unión Soviética, lo que provocó la muerte de 4,2 millones de ciudadanxs soviéticxs.
Estamos ante cifras insondables, un millón de personas asesinadas aquí, unas miles allá, otras cien mil en otro lugar. ¿Qué oficina de estadísticas puede soportar este terrible registro de muertes?
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José M. Pons (República Española), Lina Ódena, 1937.
Mientras conmemoramos el 80 aniversario del fin de esta guerra contra el fascismo y el militarismo (3 de septiembre de 1945), el colectivo Basta de Guerra Fría ha preparado lo que denominamos el Llamado de Santiago, una declaración contra la guerra y por la paz. Les instamos a leerlo y compartirlo para que, al igual que con el Llamamiento de Estocolmo de 1950, podamos conseguir que millones de personas adopten no pasarán como nuestra consigna.
La guerra es la máxima traición a la creatividad humana, al valor de la vida y al planeta que compartimos.
Hace 80 años, Estados Unidos lanzó las primeras bombas atómicas, desatando un arma de horror sin precedentes que aún nos amenaza a todxs.
Millones de personas murieron derrotando al fascismo y al militarismo. Entre ellas los pueblos soviético y chino, que hicieron sacrificios extraordinarios y sufrieron las cargas más pesadas.
Su valentía exige algo más que memoria: exige acción.
Rechazamos el ciclo interminable de violencia alimentado por el imperialismo y la codicia.
Exigimos un futuro donde prevalezcan la paz, la justicia y la prosperidad compartida, donde la humanidad viva en armonía con la naturaleza, protegiendo la Tierra para las generaciones venideras.
¡Desarme ahora! Acabemos con la militarización y construyamos un mundo donde toda vida pueda prosperar.
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Zhang Ju (China), Book Pedlar [Vendedor de libros ambulante], 1945.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, se reunieron en Alaska el 15 de agosto. Fue el primer encuentro de este tipo entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos en siete años (el último fue en 2018, cuando Putin y Trump se reunieron en Helsinki, Finlandia). No hubo un avance significativo para reducir las tensiones entre Estados Unidos y Rusia, o incluso, entre Estados Unidos y China, y es poco probable que lo haya. Pero estas conversaciones son importantes. Son un retorno a la diplomacia, un elemento esencial para la construcción de la paz. El apetito por más guerra simplemente no existe en todo el mundo, aunque no lo parezca al mirar el atlas del mal que continúa sacudiendo nuestros espíritus (de Gaza a Sudán). Durante la cumbre Putin-Trump, el papa León XIV dijo, “hoy, por desgracia, nos sentimos impotentes ante la propagación de la violencia en el mundo, una violencia cada vez más sorda e insensible a cualquier muestra de humanidad”. La idea de una violencia ensordecedora y una violencia que no está dispuesta a escuchar es un hecho. Es la actitud del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que continúa insistiendo en el genocidio contra el pueblo palestino.
La idea de la violencia y el silencio es sobrecogedora, especialmente dado el estruendo de la guerra misma. No es de extrañar que Gennady Gor (1907–1981), que vivió el sitio de Leningrado (1941–1944) y escribió poesía surrealista al respecto, terminara convirtiéndose en un importante escritor de ciencia ficción. La guerra tiene un elemento de ciencia ficción, con las tecnologías más avanzadas utilizadas para los medios más bárbaros. Este es uno de los poemas de Gor del sitio donde millones murieron para defender al mundo del fascismo:
El arroyo hastiado de discursos
Dijo al agua que no tomaba partido.
El agua hastiada de silencios
Inmediatamente comenzó a chillar de nuevo.
¡No pasarán!
Cordialmente,
Vijay
2. 35 millones de muertos.
También Xulio Ríos dedica su último artículo a la conmemoración de la victoria china contra la invasión japonesa, una de las que más víctimas produjo en la IIª Guerra Mundial.
https://globalter.com/china-en-la-ii-guerra-mundial-una-reevaluacion-necesaria/
Fotograma de la película ‘Ciudad de vida y muerte’, que relata la masacre de Nanjing.
China en la II Guerra Mundial: una reevaluación necesaria
XULIO RÍOS
En China, la conmemoración del 80 aniversario de la victoria mundial contra el fascismo nos recuerda el ingente sacrificio soportado por este país en su larga lucha contra el invasor nipón. La invasión japonesa de los años 30 y 40, marcada por atrocidades como la Masacre de Nanjing (1937), sometió a China a una crueldad inimaginable. Según las estimaciones más recientes, las bajas militares y civiles superaron los 35 millones de personas en un combate que se prolongó durante 14 años. Más que ningún otro país involucrado en la contienda. Ese sufrimiento añadió dificultades nada desdeñables a la labor de reconstrucción impulsada por el nuevo poder instituido a partir de 1949.
En Occidente, se nos ha enseñado que la II Guerra Mundial se inició en 1939, con la invasión nazi de Polonia. Nuestra visión eurocéntrica obvia que las tropas imperiales japonesas habían invadido China en 1931, ocho años antes durante los cuales la sociedad china resistía duramente la ocupación. Ciertamente, el conflicto se desarrolló en dos tiempos y dos escenarios pero la narrativa se ha visto condicionada por un enfoque sesgado que mira más a Europa que a Asia. Estamos habituados, por ejemplo, a revivir las tropelías nazis pero muy poco conocemos del terror practicado por las tropas japonesas en suelo chino. Eso explica, por ejemplo, que se haya llegado a considerar “excesivas” las críticas por parte de China y otros países de la región a las horripilantes prácticas del ejército invasor. Recuerdo haber visitado en Harbin, capital de la norteña provincia de Heilonjiang, el museo que detalla los criminales experimentos de guerra bacteriológica llevados a cabo por la Unidad 731 usando a seres humanos como cobayas. Estremecedor.
La parcialidad de este enfoque ha influido en que Japón no se haya sentido tan apremiado a reconocer con el debido énfasis su responsabilidad histórica, desistiendo de ejercitar un reconocimiento público profundo y siempre necesario. En el 70.º Aniversario, Shinzo Abe reiteró las disculpas formuladas por sus predecesores, Tomiichi Murayama (1995) y Junichiro Koizumi (2005), pero rechazó nuevas disculpas. El actual primer ministro Shigeru Ishiba ha expresado “remordimiento”. Sin embargo, incluso ese tímido arrepentimiento de Ishiba ha quedado aguado por la visita de uno de sus ministros al santuario de Yasukuni, donde una parte de Japón rinde culto a sus criminales de guerra en un contexto de indisimulada alabanza del militarismo nipón. El propio Ishiba ha mandado una ofrenda a Yasukuni.
Ha llegado el momento de recuperar el equilibrio en la percepción y valoración de aquellos trágicos acontecimientos. Resulta injusto como también peligroso que en atención a la coyuntura presente ninguneemos el papel desempeñado por actores decisivos para el balance final de aquella contienda. Es, no obstante, lo que ocurre desde hace tiempo con la marginación de la URSS (entre 20 y 27 millones de fallecidos en la contienda), quien ha visto ostensiblemente reducida su relevancia para favorecer el protagonismo de los aliados occidentales. O que abordemos con indiferencia el revisionismo en el relato histórico o los retrocesos en las expresiones de arrepentimiento por parte de los agresores.
China padece de un olvido crónico de grandes proporciones que obvia su significado y la influencia estratégica de una contribución que, internamente, abriría paso también a la definitiva victoria del Partido Comunista (PCCh) frente a las tropas nacionalistas del Kuomintang. Es hora, por tanto, de reconocer que el punto de partida de aquella conflagración no fue Europa sino Asia y que, en concreto, se operó en suelo chino. En la acción de Japón, sin condena efectiva por parte de las potencias del momento, encontrarían aliento otros gobiernos de signo fascista en otras latitudes para llevar a cabo sus nefastos planes.
Cabe a la historiografía un esfuerzo de reequilibrio de la visión occidental de la guerra. Ese ejercicio nos permitiría apreciar mejor el alto valor del orden internacional existente. Pese a sus límites, constituye el punto de partida para una estabilidad que no bloquea las posibilidades de una evolución adaptada a los cambios globales de los últimos lustros preservando el papel central de Naciones Unidas, epicentro sistémico de cualquier orden pretendidamente basado en reglas.
El valor de la paz
Hoy día, Japón está reconfigurando su política de seguridad y defensa. De facto, ha finiquitado su política pacifista, que implementó como resultado de la lección extraída de la Segunda Guerra Mundial. La visión revisionista, a manos de grupos ultraconservadores, incrementa su proyección social y política mientras las principales autoridades del país persisten en una lamentable ambigüedad justificándose en patrones culturales y la incomodidad de las verdades que deben afrontar.
China y otros países de la región que también sufrieron las atrocidades niponas, pero también los demás países víctimas, hacen bien en reivindicar la memoria histórica de este oscuro capítulo. Debemos hacerlo al completo y de forma integral para poner las cosas en su justo lugar pero igualmente para negar la suavización de la tragedia y cortar el paso a los discursos en boga que reinciden en los baremos ideológicos que condujeron a aquella gran tragedia. El peligro para la paz es real.
La conciencia colectiva es el mejor antídoto frente al ascendente extremismo. No se deben pasar por alto las lecciones como tampoco ignorar las señales de alarma. Que China lo destaque en estas fechas representa una aportación singular y una llamada de atención a toda la comunidad internacional para mostrar un mayor empeño en que la historia no debe volver a repetirse.
Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China
3. Fazi sobre Ucrania.
La visión de Thomas Fazi sobre la recientes reuniones en Alaska y Washington. Él cree que anuncian una retirada de EEUU de Ucrania.
La jugada final de Trump sobre Ucrania. La retirada estadounidense se disfrazará de paz
por Thomas Fazi
El resultado más probable será un deshielo temporal en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, aunque la lucha geopolítica más amplia continuará. Y los verdaderos perdedores serán Ucrania y Europa. Los ucranianos seguirán muriendo en una guerra que no pueden ganar, mientras que los europeos seguirán pagando la factura. Al final, también se verán obligados a aceptar un acuerdo en condiciones rusas, pero solo después de más sufrimiento. Incluso en ese caso, Europa seguirá atrapada en una relación hostil y militarizada con Rusia, con el potencial de un nuevo conflicto en cualquier momento. En el mejor de los casos, la cumbre de Alaska y sus consecuencias señalan un relajamiento temporal del enfrentamiento actual entre Occidente y el orden multipolar emergente. En el peor, garantizarán que Europa y Ucrania sigan pagando el precio de una guerra que Estados Unidos ya ha decidido dejar atrás.
* * *
Aunque la reunión de esta semana en la Casa Blanca entre Donald Trump, Volodymyr Zelensky y un grupo de líderes europeos no ha dado resultados tangibles, ha supuesto un paso importante hacia la paz en Ucrania. Por primera vez, el líder ucraniano y sus homólogos europeos han acordado discutir la guerra basándose en la realidad sobre el terreno, en lugar de en ilusiones. Hasta hace unos meses, la adhesión de Kiev a la OTAN se consideraba innegociable por la diplomacia europea y la propia OTAN. Ahora, no solo parece que esta perspectiva ha quedado definitivamente descartada, sino que, por primera vez, el debate ha pasado de la «integridad territorial» de Ucrania a posibles «concesiones territoriales».
La cumbre del lunes le valió a Trump elogios incluso de los medios de comunicación mainstream, normalmente críticos. «Ha sido el mejor día que ha tenido Ucrania en mucho tiempo… El presidente Donald Trump ha ofrecido vislumbres tentadores de cómo podría alcanzar la grandeza presidencial salvando a Ucrania, asegurando Europa y mereciendo realmente el Premio Nobel de la Paz», escribió con entusiasmo la CNN. Sin embargo, la reunión no se habría celebrado si no hubiera sido por la cumbre de Trump con Putin en Anchorage, Alaska, apenas dos días antes, que en cambio suscitó críticas casi unánimes por parte de los partidarios de Ucrania por «legitimar» a Putin. Pero esta «desdemonización» de Putin, cuidadosamente organizada, inyectó una dosis de realismo y pragmatismo muy necesaria en el debate.
La reunión de Alaska restableció formalmente el diálogo directo entre las dos mayores potencias militares y nucleares del mundo. Supuso el primer encuentro cara a cara entre un presidente estadounidense y uno ruso desde el estallido de la guerra en Ucrania, y el primer encuentro de este tipo en suelo estadounidense en casi dos décadas. También marcó un punto de inflexión en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, que desde 2022 habían alcanzado niveles de hostilidad nunca vistos desde la Guerra Fría.
El simbolismo se escenificó cuidadosamente: desde la recepción en la alfombra roja y el recorrido ceremonial en la limusina presidencial estadounidense hasta la referencia informal de Trump a «Vladimir». Todo ello debía marcar un nuevo capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Pero para Moscú significaba aún más. La cumbre fue una victoria política. La imagen de Trump recibiendo a Putin puso de manifiesto el fracaso de la estrategia occidental de «aislar a Rusia» y «paralizar su economía». Lejos de quedar marginada, Rusia ha salido reforzada: ha profundizado sus relaciones estratégicas con China, ha ampliado su influencia entre los Estados del Sur y ha resistido el régimen de sanciones que debía destruir su economía. Con el simple gesto de estrechar la mano de Putin, Trump reconoció que Rusia sigue siendo una potencia con la que hay que contar, no un Estado paria.
Más importante aún, la cumbre supuso un reconocimiento indirecto de que Occidente ha perdido de facto esta guerra. Las fuerzas ucranianas no pueden recuperar los territorios anexionados por Rusia. Por el contrario, Moscú sigue avanzando gradualmente en el campo de batalla. Esta realidad hace que una solución negociada sea la única salida posible al conflicto, una solución que necesariamente implicaría concesiones territoriales: Crimea, más las cuatro provincias orientales y meridionales anexionadas.
Esto tal vez explique por qué Trump ha dado silenciosamente marcha atrás en las diversas amenazas que había lanzado a Rusia en las últimas semanas. En julio, anunció un plazo de 50 días para que Rusia pusiera fin a la guerra, so pena de «graves consecuencias económicas». Putin lo ignoró. Trump acortó el plazo a 12 días. Putin no respondió. Incluso en vísperas de la cumbre de Alaska, Trump seguía insistiendo en un alto el fuego como resultado mínimo. Sin embargo, Putin había sido claro: Rusia no tiene ningún interés en un alto el fuego que permita a Ucrania rearmarse y reforzar sus defensas con el apoyo occidental.
Además, las demandas de Moscú siempre han ido mucho más allá de la cuestión del reconocimiento territorial, buscando una solución global que aborde las «raíces primarias del conflicto», como repitió en Anchorage: que Ucrania nunca se adhiera a la OTAN, que Occidente no la convierta de facto en un puesto militar avanzado en la frontera con Rusia y que se restablezca un «equilibrio de seguridad en Europa» más amplio. Como ha reconocido recientemente también el halcón New York Times : «El objetivo principal del líder ruso es principalmente garantizar un acuerdo de paz que cumpla sus objetivos geopolíticos, y no necesariamente conquistar una cierta cantidad de territorio en el campo de batalla».
En un intento de intimidar a Putin, Trump también amenazó con imponer sanciones secundarias a los compradores de petróleo ruso, entre ellos China y la India. Sin embargo, ambos países rechazaron rápidamente la amenaza, dejando claro que tales medidas serían ineficaces. Lejos de aislar a Moscú, las sanciones solo habrían empujado a Pekín y Nueva Delhi aún más cerca de Rusia.
Después de Anchorage, Trump abandonó sus dos posiciones iniciales. Afirmó que un acuerdo de paz era preferible a un alto el fuego y que las sanciones secundarias estaban fuera de discusión. Para Putin, esto supuso una importante victoria. Para Estados Unidos, fue un reconocimiento implícito de que Washington no tiene la influencia necesaria para imponer condiciones. En palabras de Trump, simplemente «no tiene las cartas en regla». Esto supuso un claro reconocimiento del reducido peso militar y económico de Estados Unidos y de Occidente en su conjunto.
«Para Estados Unidos, fue un reconocimiento implícito de que Washington no tiene la fuerza para imponer condiciones».
Sin embargo, un acuerdo de paz global sigue siendo inalcanzable. En Alaska no se acordó ningún plazo, sobre todo porque Europa —y el propio Zelensky— siguen oponiéndose a cualquier acuerdo en las condiciones rusas. Los líderes europeos están tan profundamente inmersos en la narrativa de la «victoria» que aceptar siquiera una parte de las demandas rusas sería un suicidio. Después de pasar dos años asegurando a sus ciudadanos que Ucrania estaba ganando la guerra, no pueden cambiar de opinión de repente sin enfrentarse a la indignación pública, sobre todo teniendo en cuenta las dramáticas repercusiones económicas de la guerra en las economías europeas.
Pero la cuestión más profunda es estructural: los líderes europeos han terminado confiando en el espectro de una amenaza rusa permanente para justificar su continua erosión de la democracia, desde la expansión de la censura en línea hasta la persecución de las voces disidentes y la cancelación de elecciones, todo ello con el pretexto de combatir la «injerencia rusa». Zelensky también tiene motivos para oponerse a la paz. Poner fin a la guerra significaría revocar la ley marcial en Ucrania, exponiendo a su Gobierno al descontento reprimido por la corrupción, la represión y la gestión catastrófica de la guerra. De hecho, una encuesta reciente ha revelado que los propios ucranianos se muestran cada vez más favorables a las negociaciones que a los combates interminables. No es de extrañar que la cumbre de Alaska haya desatado el pánico en las capitales europeas, al igual que en Kiev.
Quizás esto explique por qué el debate del lunes eludió cuidadosamente la cuestión más delicada —las concesiones territoriales— y Zelensky y los europeos insistieron en cambio en garantías de seguridad «al estilo del artículo 5» para Ucrania, tratándola de hecho como un miembro de la OTAN aunque formalmente no lo sea. Si bien Rusia ha señalado una apertura general al concepto de garantías de seguridad occidentales, el diablo está en los detalles. Los líderes europeos han pedido la participación y el apoyo jurídicamente vinculantes de Estados Unidos, algo que probablemente ni Moscú ni Washington proporcionarán, dado el riesgo de verse arrastrados a un enfrentamiento directo entre ellos. Aún menos aceptable para Rusia es cualquier acuerdo que contemple una presencia militar de la OTAN en Ucrania, como el propuesto por Gran Bretaña y Francia. Parece que los líderes europeos han adoptado una estrategia que consiste en expresar su apertura a un acuerdo, al tiempo que garantizan, a través de sus condiciones, que dicho acuerdo no pueda materializarse de forma realista.
Pero, lo que es aún más fundamental, es poco probable que el propio Trump esté dispuesto a ceder a la demanda de Putin de una reconfiguración radical del orden de seguridad global, que reduciría el papel de la OTAN, pondría fin a la supremacía de Estados Unidos y reconocería un mundo multipolar en el que otras potencias podrían emerger sin interferencias occidentales. A pesar de toda su retórica sobre el fin de las «guerras eternas», Trump sigue abrazando una visión fundamentalmente supremacista del papel de Estados Unidos en el mundo, aunque más pragmática que la del establishment liberal-imperialista. Su administración sigue apoyando el rearme de la OTAN e incluso el redespliegue de armas nucleares estadounidenses en varios frentes, desde el Reino Unido hasta el Pacífico. Las políticas de Trump hacia China, Irán y Oriente Medio en general confirman que Washington todavía se considera un imperio cuyo dominio global debe preservarse a toda costa, no solo mediante la presión económica, sino también mediante la confrontación militar cuando se considera necesario.
En este contexto, Rusia sigue siendo un desafío central. Como aliado fundamental tanto de China como de Irán, forma parte de la arquitectura del orden multipolar emergente que amenaza la hegemonía estadounidense. Para Washington, Moscú no es simplemente un actor regional, sino un nodo clave en una realineación estratégica más amplia.
Sin embargo, Trump parece decidido, al menos temporalmente, a dejar de lado el «problema ruso» y centrarse en el enfrentamiento más amplio con China. Pero esto indica un cambio de prioridades más que de principios: la lógica de la supremacía estadounidense garantiza que Rusia seguirá en la lista de adversarios, aunque los focos se desvíen brevemente hacia otros lugares.
En este sentido, Trump probablemente se conformaría con un escenario en el que Estados Unidos se liberara de la debacle ucraniana, dejando que Europa se hiciera cargo de ella durante un tiempo, posiblemente hasta que las condiciones sobre el terreno se deterioraran hasta tal punto que fuera inevitable un acuerdo en los términos rusos. De hecho, JD Vance y Pete Hegseth lo han afirmado, argumentando que Estados Unidos dejará de financiar la guerra, pero Europa puede continuar si lo desea, comprando armas estadounidenses mientras tanto. Esta «división del trabajo» permitiría a Washington reasignar recursos para el inminente enfrentamiento con China, dejando a los europeos atrapados en una guerra imposible de ganar.
Los rusos son muy conscientes de todo esto. Probablemente no se hacen ilusiones sobre los verdaderos objetivos del establishment imperialista estadounidense. Y saben muy bien que cualquier acuerdo alcanzado con Trump podría ser anulado en cualquier momento. Sin embargo, los objetivos a corto plazo de Putin están en consonancia con los de Trump. Se podría decir que Rusia y Estados Unidos son adversarios estratégicos cuyos líderes comparten, sin embargo, un interés táctico en la cooperación.
Desde esta perspectiva, se podría suponer que el objetivo de la cumbre de Alaska nunca fue alcanzar un acuerdo de paz definitivo. Tanto Trump como Putin comprenden sin duda que tal acuerdo es actualmente imposible. Más bien, la reunión tenía por objeto permitir a Estados Unidos retirarse de Ucrania sin admitir la derrota, mientras Rusia sigue avanzando. Para Washington, esto crea una cobertura política: Trump puede afirmar que ha intentado la diplomacia, descargando el peso de la guerra sobre Europa. Para Moscú, la ventaja radica en el debilitamiento gradual de Ucrania con la desaparición del apoyo logístico estadounidense. De hecho, para fomentar la salida estadounidense, Rusia podría incluso aceptar un alto el fuego temporal y quizás también vagas «garantías de seguridad» estadounidenses —que Rusia y Estados Unidos presentarían respectivamente como concesiones significativas y victorias—, aunque es poco probable que tal tregua se mantenga.
El resultado más probable será un deshielo temporal en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, aunque la lucha geopolítica más amplia continuará. Y los verdaderos perdedores serán Ucrania y Europa. Los ucranianos seguirán muriendo en una guerra que no pueden ganar, mientras que los europeos seguirán pagando la factura. Al final, también se verán obligados a aceptar un acuerdo en condiciones rusas, pero solo después de más sufrimiento. Incluso en ese caso, Europa seguirá atrapada en una relación hostil y militarizada con Rusia, con el potencial de un nuevo conflicto en cualquier momento. En el mejor de los casos, la cumbre de Alaska y sus consecuencias señalan un relajamiento temporal del enfrentamiento actual entre Occidente y el orden multipolar emergente. En el peor, garantizarán que Europa y Ucrania sigan pagando el precio de una guerra que Estados Unidos ya ha decidido dejar atrás.
4. No olvidemos Palestina por Ucrania.
Que los EEUU ahora intenten la paz en Ucrania no nos debe hacer olvidar que siguen siendo cómplices en el genocidio palestino.
https://www.tarikcyrilamar.com/p/on-war-peace-genocide-and-absurdity
Sobre la guerra, la paz, el genocidio y el absurdo
O cómo (no) hablar y escribir sobre la guerra de Ucrania y el genocidio de Gaza
Tarik Cyril Amar
21 de agosto de 2025
Es un hecho que a menudo escribo y, en ocasiones, hablo sobre dos acontecimientos importantes de nuestros tiempos tan oscuros: la guerra de Ucrania y el genocidio de Gaza.
Este no es el lugar para entrar en largas reflexiones introspectivas y egocéntricas sobre por qué ha surgido este patrón. Obviamente, lo he creado, pero no lo he elegido deliberadamente. Solo diré esto: a diferencia de algunos que hacen afirmaciones absurdas, yo soy un auténtico experto en Rusia y Ucrania, con una formación sólida y prolongada y, lo que no es poca cosa, domino ambos idiomas. Así es como han salido las cosas.
No puedo afirmar ser un experto en Palestina e «Israel». Aunque hago todo lo posible por estar bien informado (y no desinformado), no tengo formación específica; no sé hebreo y mi árabe es, muy a mi pesar, más que rudimentario. Sin embargo, soy humano, y el genocidio nos concierne a todos los seres humanos.
Y aquí estamos, espectadores en su mayoría impotentes del genocidio de Gaza. Podemos protestar y luchar, pero sabemos que no tenemos lo que se necesita para detener a los monstruos «israelíes» del asesinato en masa y el sadismo: un ejército que salve a sus víctimas palestinas (y a muchas otras), los derrote totalmente (al igual que a sus parientes, los nazis alemanes de antaño) y abol Y muchos de los que no participamos en acciones directas, como los héroes de Palestine Action, por ejemplo, en el futuro, durante el resto de nuestras vidas, sin duda tendremos que recordar lo poco que hicimos, no lo mucho.
Sin embargo, ese poco hay que hacerlo. Y mientras lo hacemos lo mejor que podamos, ha surgido ahora una pregunta urgente. Pongámoslo así, a grandes rasgos: cuando Joe «Genocidio» Biden lideraba Estados Unidos, el estado occidental más poderoso y decisivo en el genocidio de Gaza, las cosas eran absolutamente horribles (como lo son ahora), pero eran más sencillas en un aspecto. El demonio —y elijo esta palabra deliberadamente, como católico romano renegado que culpa a la Iglesia por no haber excomulgado al vil y perverso asesino— Joe Biden no hizo nada que cualquier persona intelectualmente y moralmente sana pudiera acoger con satisfacción. (Tenga en cuenta que no escribo «nada atenuante», porque no se puede «atenuar» el delito de genocidio).
Ahora nos enfrentamos a su sucesor, que es cómplice del genocidio de Gaza en la misma medida que Biden. Sí, Donald Trump también es Donald «Genocidio» Trump. Y, sin embargo, nos ha hecho saber —no en broma, como nos ha asegurado de forma creíble su portavoz— que le gustaría ir al cielo. Y eso a pesar de que sabe —o, con falsa modestia, afirma saber— que sus posibilidades no son muy grandes.
La razón por la que Donald «Genocidio» Trump cree que aún puede tener una oportunidad de ir al paraíso es la misma que le hace pensar que ya se merece el Premio Nobel de la Paz en este mundo: su contribución a, con suerte, el fin de la guerra de Ucrania.
Dejemos de lado deliberadamente lo poco sentido que tiene esta afirmación, ya que Trump, por supuesto, ha contribuido a provocar la guerra en primer lugar. De hecho, al armar a Ucrania con armas que su predecesor no le había dado, Trump también tiene una responsabilidad indirecta en la prolongación de la guerra. Sin los misiles Javelin que él suministró, Ucrania podría haber sido derrotada rápidamente. Dependiendo del bando en el que se encuentre, puede que lo encuentre lamentable. Es un hecho que todo el mundo debe reconocer que habría salvado la vida de casi dos millones de soldados ucranianos, como ahora sabemos. Pero, de nuevo, dejemos eso de lado.
Lo que es mucho más inquietante, realmente abominable, es que el mismo Donald «Genocidio» Trump ni siquiera parece darse cuenta de que el cielo no puede ser un lugar para quienes cometen un genocidio, como él. Su comprensión del mundo, su lugar en él y su moralidad esencial son profundamente perversas. No es, en terminología cristiana vulgarizada, un pecador de poca monta, el típico hombre (y mujer, por supuesto) caído en desgracia: codicioso, envidioso, tramposo, ladrón y quizás incluso peor. Si Dios elige a alguien para que quede fuera de su misericordia, son los asesinos en masa y, por supuesto, los de niños. Sí, y también a quienes les ayudan. Al igual que Joe Biden, a quien le encanta odiar, Donald «Genocidio» Trump es un pecador monstruoso, un agente factual y objetivo del mal diabólico. ¿Lo entenderá alguna vez? Quién sabe. ¿Hay vuelta atrás para él? Solo Dios lo sabe.
Pero preguntémonos por nosotros mismos y nuestras obligaciones: ¿Cómo debemos escribir y hablar y cómo no debemos escribir y hablar sobre estos dos acontecimientos coincidentes: la guerra de Ucrania y su posible fin, en la que Trump sí desempeña un papel (aunque no tan importante como le gustaría imaginar), y el genocidio de Gaza, en el que también desempeña un papel (aunque mucho peor y mucho mayor de lo que quiere reconocer).
Una respuesta (mala) es obvia: la compartimentación. Su práctica es tan fea como la palabra. En realidad significa participar en una forma de mentira y negación. No se puede hablar del trabajo real de Trump —por la razón que sea— en favor de la paz en Ucrania y simplemente «olvidar» su complicidad en el genocidio de Palestina. Sin la menor intención de ser frívolo, imagínese a un alemán tratando de venderle «Hitler, el constructor de autopistas», mientras omite convenientemente a Hitler, el holocausto. ¿Lo ve? (Personalmente, por si sirve de algo, he adoptado la costumbre de mencionar al menos a Trump, el co-genocida, cada vez que me preguntan o hablo de «Trump, el pacificador». ¿Es suficiente? Difícilmente.
Luego estaría la relativización. Otro término engorroso, que se aplica literalmente aquí: otra forma (mala) de hablar de Ucrania y Gaza al mismo tiempo sería afirmar o insinuar una relación jerárquica de facto entre sus significados y las obligaciones que generan. Es una técnica tan cobarde que me resulta desagradable incluso articularla con fines expositivos. Pero ahí está. Equivaldría a decir, en voz alta o tácitamente, que reducir el riesgo de una guerra nuclear apocalíptica entre Estados Unidos y Rusia es más importante que poner fin al genocidio de los palestinos.
Es obvio que se trataría de una «lógica» totalmente errónea y profundamente perversa. Falla porque no hay ninguna razón real y realmente convincente —ninguna de las que «Israel» tiene sobre Trump y el resto del establishment estadounidense, aparentemente perverso en su conjunto, es válida; tampoco lo son las consideraciones electorales o geopolíticas— por la que Trump no pueda, de hecho no deba, hacer ambas cosas: ayudar a poner fin a la guerra en Ucrania y, lo que es aún más urgente, poner fin al genocidio en Gaza, que en cambio está prolongando y ayudando a cometer. De hecho, es —objetivamente— mucho más fácil para un presidente estadounidense detener a «Israel», que no puede sobrevivir sin el apoyo constante y masivo de Estados Unidos, que hacer la paz en Ucrania.
Eso significa que la actuación de Trump en Ucrania no es nada de lo que enorgullecerse, en realidad: solo pone de relieve lo horrible que es su crimen contra Palestina. Hay que decirlo. Y si Donald «Genocidio» Trump realmente recibiera el Premio Nobel de la Paz, sería solo un ejemplo más de la completa prostitución de quienes lo otorgan, así como otra señal más de lo absurdamente malvadas que son nuestras «élites».
Una vez más, ¿cómo hacerlo mejor, no gradualmente, sino en principio? No puedo terminar este texto con una respuesta porque no la tengo. Pero una cosa está clara: las vidas y los derechos de los palestinos no pueden ser tratados como algo menor, como algo que, en efecto, importa menos que, por ejemplo, preservar a otros del riesgo de una Tercera Guerra Mundial. De hecho, en términos de crímenes cometidos, el genocidio y el asesinato en masa de niños son los peores. Lo mínimo que debemos hacer es pedir cuentas a quienes están dispuestos a darse palmaditas en la espalda por la paz en Ucrania. No se les debe permitir ocultar que son cómplices de genocidio en Palestina, y se les debe recordar que no hay «mitigantes» para ese mal absoluto.
5. Una vez más sobre MAGA e Israel.
Una tendencia que esperemos imparable: hasta en la derecha estadounidense crece el rechazo a la ocupación israelí.
https://www.972mag.com/israel-us-maga-republican-party/
El férreo control de Israel sobre la derecha estadounidense se está desvaneciendo
El cambio generacional, el aislacionismo y la ira nacionalista están rompiendo el consenso proisraelí del Partido Republicano. Pero la izquierda debe mantenerse alerta ante sus motivos.
Por Ben Lorber 20 de agosto de 2025
El 12 de octubre de 2017, el entonces congresista Matt Gaetz tomó la palabra en la Cámara de Representantes de Estados Unidos para presentar una resolución que condenaba a las Naciones Unidas por su aparente sesgo antiisraelí. «Me levanto hoy para apoyar a nuestro amigo y aliado, Israel», anunció el representante de Florida, afirmando que la ONU estaba tratando de «reescribir la historia, condenar a Israel y calificarlo de potencia ocupante en Jerusalén». Gaetz criticó duramente el «antisemitismo» del organismo internacional y sus «intentos de castigar y deslegitimar a Israel», y animó a sus colegas a «mostrar su solidaridad con Israel».
Su discurso de dos minutos fue el típico discurso del AIPAC, el mismo que todavía hoy escuchamos de políticos como el senador Ted Cruz, que presentó una resolución paralela a la de Gaetz en el Senado. En ese momento, Gaetz llevaba menos de un año en su primer mandato y ya era una figura destacada del ala Make America Great Again (MAGA) del Partido Republicano, con el presidente Donald Trump a la cabeza. Pero ocho años después, Gaetz ha cambiado de tono.
«¿No les parece que la seducción de Israel de la política exterior estadounidense es una especie de locura por el cambio de régimen?», preguntó el 16 de junio de 2025 durante un segmento de The Matt Gaetz Show, emitido en la cadena de extrema derecha One America News Network, mientras Trump debatía la posibilidad de unirse a la guerra de Israel contra Irán. «Si Israel es una democracia», publicó en X tres días después, «¿cuándo podrán votar todos los árabes que viven allí?». Y el 21 de junio, debatió sobre la «supremacía judía» en Israel con un invitado a su programa, destacando la represión del país contra los cristianos palestinos.
Aunque ya no es un funcionario electo, Gaetz se ha convertido en uno de los muchos avatares de una corriente creciente de escepticismo hacia Israel dentro del movimiento MAGA.
Desde el 7 de octubre, una panoplia de prominentes comentaristas de extrema derecha, entre ellos Tucker Carlson, Jack Posobiec y Steve Bannon, así como políticos del MAGA como Marjorie Taylor Greene, se han vuelto cada vez más críticos con el apoyo de Estados Unidos a Israel. Se opusieron ferozmente a la posibilidad de una intervención militar estadounidense en la guerra de 12 días de Israel contra Irán.
Y aunque algunos cambiaron de opinión y elogiaron los ataques cuando pareció que se había evitado una guerra más larga, voces como las de Carlson y Greene siguen temiendo que Trump pueda seguir inclinándose por sumir a Estados Unidos en una guerra en Oriente Medio. A Carlson y otros se suman una serie de voces populares del ecosistema de YouTube y los podcasts de tendencia derechista, entre las que se encuentran comentaristas como Joe Rogan y Theo Von y el cómico libertario Dave Smith.
Mientras tanto, los sectores más radicales han adoptado críticas cada vez más duras y abiertamente antisemitas hacia el sionismo, como las voces misóginas populares de la «manosfera», como Andrew Tate y Jake Shields, los conspiradores como Alex Jones y Candace Owens, y los supremacistas blancos declarados como Nick Fuentes. Algunas de estas figuras han rechazado por completo a Trump, insistiendo en que está totalmente comprometido con los sionistas y que un auténtico movimiento nacionalista solo puede surgir de las cenizas del trumpismo.
En la primera administración Trump, pocos habrían creído que una transformación tan radical como la de Gaetz pudiera producirse en el corazón de la relación aparentemente férrea entre la derecha estadounidense y la israelí. Pero en los casi dos años transcurridos desde el 7 de octubre, el apoyo a esa relación se ha erosionado constantemente entre la base y la vanguardia del MAGA. Y desde la guerra entre Israel e Irán en junio, las grietas en la superficie se han ampliado hasta convertirse en un abismo, lo que apunta a un cambio sísmico que podría remodelar la derecha estadounidense.
Cambio de campo de batalla
Desde la primera campaña presidencial de Trump en 2015, el mensaje central del movimiento MAGA, «America First» (Estados Unidos primero), ha incluido una fuerte reprimenda al consenso neoconservador posterior al 11 de septiembre que sumió a Estados Unidos en décadas de guerras interminables en Oriente Medio. Muchos activistas de la derecha reconocen abiertamente que la animadversión antiamericana en la región refleja una especie de reacción, alimentada en gran medida por el apoyo de Estados Unidos a Israel, y afirman que países como Irán, a pesar de su retórica belicosa, no suponen una amenaza concreta para la seguridad estadounidense. Rechazan la mayor parte de la ayuda militar y humanitaria en el extranjero, argumentando que el dinero de los contribuyentes debería destinarse a los estadounidenses.
Muchos también están genuinamente horrorizados por la interminable campaña de destrucción aniquiladora de Israel en Gaza y no quieren que el dinero de los contribuyentes financie tales atrocidades. Algunos incluso han rechazado los esfuerzos de la derecha proisraelí por suprimir inconstitucionalmente las críticas a Israel. Los libertarios de la coalición MAGA afirman defender los derechos de libertad de expresión en la esfera pública, mientras que los nacionalistas cristianos temen que la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, que según sus detractores amordaza las críticas a Israel, limite la capacidad de los cristianos para profesar la teología antijudía clásica, como considerar a los judíos responsables colectivos de la muerte de Jesús.
Pero la mayoría de los escépticos de derecha con respecto a Israel no son antimilitaristas. Aunque critican el apoyo de Estados Unidos a la guerra en Oriente Medio o Ucrania —una línea divisoria igualmente controvertida en el movimiento MAGA—, se muestran igual de belicosos con China, a la que consideran una amenaza civilizatoria para el dominio geopolítico estadounidense. Funcionarios del Pentágono como Elbridge Colby, que se autodenomina «realista» en política exterior y promueve estas opiniones en su actual cargo de subsecretario de Defensa para Política en el Departamento de Defensa, pueden ser odiados por los responsables políticos proisraelíes, pero llamarlos «aislacionistas» sería un término erróneo. Lo que realmente quieren es reducir la presencia estadounidense en Oriente Medio, solo para reubicar el poderío militar en el Indo-Pacífico.
Ya sea como cálculo político o como preocupación por la situación humanitaria en Gaza, las críticas de la derecha estadounidense a Israel suelen flotar sobre las agitadas olas de las teorías conspirativas y el antisemitismo. A medida que el discurso se radicaliza, las condenas al complejo militar-industrial y a las burocracias de inteligencia del «Estado profundo», arraigadas y belicistas, suelen ser difíciles de separar de las quejas acaloradas contra las conspiraciones sionistas secretas que, en la imaginación de los conspiradores, están formadas por élites judías estadounidenses hostiles, desleales y demoníacamente todopoderosas que orquestan el apoyo de Estados Unidos a Israel desde las sombras.
Durante años, los conservadores proisraelíes han retratado sin cesar a la izquierda como la principal amenaza para los judíos, incluso cuando los grupos nacionalistas blancos y milicianos, las comunidades en línea como QAnon y otros radicales de derecha han profesado durante mucho tiempo formas conspirativas y antisemitas de antisionismo. Después del 7 de octubre, estos discursos se abrieron paso en toda la derecha, pero los partidarios de Israel de la derecha y sus instituciones —como la Heritage Foundation, cuyo Proyecto Esther se centra exclusivamente en combatir el movimiento de solidaridad con Palestina— minimizaron abiertamente la gravedad de estas fuentes de antisemitismo. Ahora han vuelto a un giro familiar: el «nuevo antisemitismo» emana de ambos «extremos» del espectro político. Funcionarios israelíes como el ministro de Asuntos de la Diáspora, Amichai Chikli, se han dedicado a dar lecciones a Charlie Kirk, líder del grupo universitario MAGA Gen-Z Turning Point USA, en X, mientras que grupos de hasbara como Israel365 están formando a influencers cristianos para contrarrestar las narrativas críticas de la derecha, ansiosos por reforzar la alianza judeocristiana sionista.
Pero a medida que portavoces neoconservadores como Mark Levin se dan cuenta de que sus argumentos habituales contra el «islamofascismo» ya no sirven para movilizar a las tropas con la misma eficacia, sus acaloradas polémicas contra la «derecha woke» delatan su miedo a estar perdiendo el control del discurso. Sus frenéticas teorías conspirativas de que Qatar o el Partido Comunista Chino están detrás de las operaciones de influencia del antisionismo MAGA están cargadas de un trasfondo de incertidumbre y aprensión. Se sienten asediados en su propio campo; el comentarista evangélico Glenn Beck, por ejemplo, afirmó recientemente que ha recibido amenazas de muerte de activistas de la derecha por su apoyo a Israel.
La era MAGA ha sido testigo del regreso al centro de la vida estadounidense de corrientes largamente reprimidas de nativismo y supremacía cristiana blanca. El antisemitismo abierto es, en muchos sentidos, la última línea roja, pero con el deterioro del apoyo a Israel, esa línea también podría estar desvaneciéndose. El sionismo neoconservador y belicista ha parecido sacrosanto desde la década de 1980, pero nunca fue verdaderamente inmortal; pronto podría convertirse en la excepción, y no la norma, en la larga trayectoria de la derecha estadounidense.
Una alianza fracturada
A principios de este verano, la división de la derecha sobre Israel quedó plenamente de manifiesto en la cumbre estudiantil anual de Turning Point USA, celebrada en Florida a mediados de julio. La cumbre es la zona cero de la derecha de la generación Z, y entre sus miles de asistentes se encuentran muchos de los probables líderes futuros del movimiento conservador. Este verano, varios líderes de MAGA afirmaron que Jeffrey Epstein podría haber sido un agente del Mossad, mientras que el programa de la conferencia incluía un acalorado debate en directo sobre el apoyo de Estados Unidos a Israel en el centro del escenario. Las duras críticas a la ayuda militar estadounidense y al intervencionismo neoconservador fueron las que recibieron más aplausos.
La evolución de TPUSA es aún más sorprendente si se tiene en cuenta que, en 2019, se vio envuelta en una polémica relacionada con el movimiento MAGA cuando se opuso a los jóvenes seguidores de Fuentes, prohibiendo a los «groypers», como se autodenominaban, cuando estos planteaban sin descanso preguntas críticas con Israel durante los actos de TPUSA en campus de todo el país. Esas voces solitarias se han convertido desde entonces en un coro que TPUSA ya no puede ignorar. Una encuesta realizada en marzo de 2025 por el Pew Research Center reveló que el 50 % de los votantes republicanos de entre 18 y 49 años tenían una opinión « desfavorable » de Israel.
Si bien la base joven y enérgica de MAGA es cada vez más crítica con Israel, este sentimiento aún no se ha impuesto en el conjunto de la coalición. Aunque las encuestas llevan mucho tiempo mostrando un descenso en el apoyo a Israel entre los jóvenes evangélicos, los votantes evangélicos de más edad, el núcleo del electorado de Trump en las tres últimas elecciones presidenciales, siguen formándose su opinión sobre Israel a partir de medios tradicionales como Fox News y de los sermones dominicales proisraelíes.
Pero incluso aquí están empezando a aparecer fisuras teológicas. Cuando Tucker Carlson cuestionó los fundamentos bíblicos del sionismo cristiano durante su combativa entrevista con Ted Cruz el 19 de junio, los fragmentos del acalorado intercambio se hicieron virales, lo que provocó una actitud defensiva y un debate en los medios cristianos y en las iglesias.
Luego, en julio, el ataque de Israel contra la única iglesia católica de Gaza y la violencia de los colonos en la ciudad cristiana palestina de Taybeh provocaron un coro de condenas en los medios cristianos. Esto incluso llevó al embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, un acérrimo sionista cristiano, a visitar Taybeh. Días antes, Huckabee había condenado con inusitada dureza el asesinato del palestino-estadounidense Sayfollah Musallet a manos de colonos, pidiendo «que se rindan cuentas por este acto criminal y terrorista».
Ahora, la derecha cristiana dominante se apresura a repeler estas amenazas internas al consenso proisraelí dominante. Pero, dado que una serie de críticos protestantes y católicos dentro del movimiento MAGA cuestionan abiertamente la ortodoxia sionista cristiana, es posible que el centro no se mantenga mucho más tiempo.
Compañía peligrosa
El 24 de julio, Charlie Kirk publicó un vídeo de un grupo de discusión de estudiantes de TPUSA en el que se indagaba sobre las razones de su decreciente apoyo a Israel. Una estudiante atribuyó a una iniciativa, presumiblemente de un grupo de solidaridad con Palestina de su universidad, la sensibilización sobre la difícil situación de los niños palestinos en Gaza. «En el campus de nuestra universidad, hay carteles con niños desaparecidos… intentan que sintamos más simpatía por ellos».
Y, de hecho, la guerra civil de la derecha no ha surgido de la nada. Las movilizaciones progresistas masivas contra la guerra genocida de Israel han acentuado la relevancia de la crisis en la política estadounidense, lo que ha contribuido a abrir una brecha en la coalición MAGA.
Los líderes de MAGA como Kirk no quieren que esa brecha se amplíe. Les preocupa que incluso la apariencia de desunión pueda desorganizar el bando MAGA y frenar el impulso de su marcha autoritaria, cuando solo han pasado seis meses de la segunda administración Trump. Hay motivos para esperar que estos debates frenen los esfuerzos de la derecha por reprimir el movimiento de solidaridad con Palestina. Aunque es poco probable que las crecientes críticas a MAGA pongan fin de la noche a la mañana al cheque en blanco de la administración Trump a Israel, con el tiempo pueden erosionar la impunidad de la que Israel ha disfrutado durante mucho tiempo por parte de su principal patrocinador imperial.
A medida que el genocidio de Gaza alcanza niveles de devastación horribles e inconcebibles, cualquier descenso en el apoyo de parte del electorado estadounidense es sin duda bienvenido y muy necesario. Pero los progresistas deben seguir siendo cautelosos a la hora de aplaudir acríticamente a los críticos de Israel en la derecha o de colaborar de manera sustancial con ellos. Estos actores están al frente de las deportaciones masivas, la represión de los derechos LGBTQ, los ataques a la organización de la izquierda y otros avances autoritarios.
Su queja principal no es la solidaridad con los palestinos, sino la humillación nacionalista, la vergüenza y la rabia ante la perspectiva del declive estadounidense. Y sus críticas a la supremacía judía institucionalizada en Israel/Palestina suenan hipócritas, dado su entusiasta apoyo a una agenda nacionalista cristiana blanca paralela en Estados Unidos.
La necesidad de un movimiento progresista de masas contra la guerra sin fin es mayor que nunca, ya que millones de personas en todo Estados Unidos se rebelan contra el apoyo bipartidista a la matanza de Israel. Si los progresistas no lo construyen, nuestros competidores de la extrema derecha canalizarán ese descontento hacia fines cada vez más oscuros y distópicos.
Ben Lorber trabaja como analista de investigación sénior en el think tank de justicia social Political Research Associates, donde investiga el antisemitismo y el nacionalismo blanco. Publica regularmente sobre el antisemitismo y la derecha estadounidense y escribe un blog en benlorber.com. Es coautor de «Safety through Solidarity: A Radical Guide to Fighting Antisemitism» (Seguridad a través de la solidaridad: una guía radical para combatir el antisemitismo). Tuitea en @benlorber8.
6. Alianza de China y Arabia Saudí.
Aunque nos pasa algo desapercibido, Arabia Saudí también ha reformulado su política exterior para un acercamiento decisivo hacia China.
https://thecradle.co/articles/black-gold-meets-green-ambition-in-saudi-arabias-energy-shift-to-china
El oro negro se une a la ambición verde en el cambio energético de Arabia Saudí hacia China
La alianza estratégica de Riad con Pekín está acelerando su transformación energética, socavando la hegemonía occidental y afianzando al reino en el futuro multipolar de Asia.
Mohamad Hasan Sweidan
21 DE AGOSTO DE 2025
Arabia Saudí ya no es solo el pozo de petróleo del mundo. Bajo las amplias reformas de la Visión 2030 del príncipe heredero Mohammed bin Salman (MbS), Riad se apresura a transformar su economía basada en los hidrocarburos en una potencia energética diversificada. En una transición profundamente geopolítica, el reino ha dado un giro decisivo hacia Oriente, hacia China.
Durante décadas, el contrato social saudí se sustentó en los ingresos del petróleo crudo. Ahora, ese contrato se está redefiniendo. La capacidad del Estado para financiar transformaciones estratégicas, desde megaproyectos de hidrógeno verde hasta desiertos solares, se sustenta cada vez más en ingresos no petroleros, que ahora representan el 40 % de los ingresos totales del Gobierno.
Este cambio refleja una política deliberada de diversificación económica para poner fin a lo que MbS ha descrito como la «adicción al petróleo» del país, respaldada por una asociación estratégica con China, que ha acelerado la transición energética del reino y abierto nuevos horizontes geopolíticos.
Arabia Saudí se está volcando cada vez más hacia Pekín, mientras que China está reforzando su presencia en los mercados de Asia occidental y su influencia regional, con implicaciones de gran alcance para la estructura del sistema energético mundial y el equilibrio de poder en la región.
Reformulación del plan energético
La transformación comenzó en abril de 2016, cuando el entonces ministro de Defensa, MbS, presentó la Visión 2030. Este documento establecía una hoja de ruta integral para alejar las bases económicas de Arabia Saudí de la dependencia del petróleo.
En el prólogo del documento, MbS destaca:
«Nuestro país es rico en recursos naturales. No dependemos únicamente del petróleo para satisfacer nuestras necesidades energéticas. Bajo nuestras tierras se encuentran oro, fosfato, uranio y muchos otros minerales valiosos. Pero nuestra verdadera riqueza reside en la ambición de nuestro pueblo y en el potencial de nuestra generación más joven».
Entre sus objetivos declarados figuran: aumentar la inversión extranjera directa del 3,8 % al 5,7 % del PIB, ampliar el papel del sector privado del 40 % al 65 %, aumentar las exportaciones no petroleras del 16 % al 50 % del PIB y desarrollar sectores estratégicos como el turismo, la minería, las energías renovables y la fabricación de material de defensa.
Para alcanzar estas ambiciosas metas, Riad ha destinado casi 270 000 millones de dólares a proyectos de energía renovable. La energía solar constituye la columna vertebral de esta transformación. Proyectos como la Iniciativa de Energía Renovable del Rey Salman y la megaplanta solar que se está construyendo en la ambiciosa ciudad inteligente NEOM, que se espera que genere 2,6 gigavatios y abastezca de energía a más de un millón de hogares, representan la magnitud de las ambiciones del reino. La energía eólica también está ganando terreno. El parque eólico Dumat al-Jandal, de 400 megavatios, ya está en funcionamiento y suministra electricidad a unos 70 000 hogares.
Quizás el pilar más revolucionario de esta estrategia sea el hidrógeno verde. Actualmente, NEOM Green Hydrogen Company está construyendo la mayor planta de producción de amoníaco a partir de hidrógeno verde del mundo, que funcionará con energía renovable.
Mediante el uso de electricidad renovable para dividir las moléculas de agua, Arabia Saudí planea producir hidrógeno combustible sin emisiones. Estos avances se sustentan en asociaciones con empresas globales como SEFE Energy y destacados inversores chinos en tecnologías limpias. El objetivo final es convertirse en un importante exportador de energía limpia, lo que permitiría a Riad descarbonizar su economía y mantener su estatus de superpotencia energética.
Los datos del Ministerio de Finanzas de Arabia Saudí muestran que, en 2024, los ingresos totales del Gobierno alcanzaron los 1,26 billones de riales (unos 336 000 millones de dólares), lo que supone un aumento del 4 % con respecto al año anterior. El gasto ascendió a 1,37 billones de riales, un 6 % más, lo que amplió el déficit a 115 630 millones de riales. Dentro de esta estructura, los ingresos no petroleros se acercaron por primera vez a la mitad de los ingresos totales del Estado, con 502 470 millones de riales, es decir, el 40 % del total, tras una tasa de crecimiento anual de casi el 10 %.
Los impuestos sobre bienes y servicios dominaron con un 57,5 % de esta cifra, seguidos de los ingresos no fiscales, las ganancias de capital y los impuestos al comercio internacional. Mientras tanto, la participación del petróleo en los ingresos se redujo al 60 %, lo que refleja el cumplimiento por parte de Riad de los recortes de producción de la OPEP+. Estos cambios fiscales están reajustando progresivamente el presupuesto, reduciendo la volatilidad y reforzando la capacidad del reino para financiar su diversificación energética a largo plazo.
El eje energético saudí-chino
Las ambiciones energéticas de Riad están estrechamente ligadas a su creciente relación estratégica con China. Durante las dos últimas décadas, Arabia Saudí ha reorientado sus exportaciones de petróleo hacia Oriente. En los primeros cinco meses de 2025, China representó el 24,3 % de las exportaciones de petróleo saudí, seguida de Japón (16,5 %), Corea del Sur (15,4 %), los países de la ASEAN (11,3 %), India (10 %) y Taiwán (4,1 %). Por el contrario, Estados Unidos solo recibió el 3,3 % y la Unión Europea, un mero 0,2 %.
Se trata de un cambio calculado en la estrategia saudí, que alinea el futuro energético del reino con las economías emergentes de Asia Oriental. Los contratos de suministro a largo plazo y las empresas conjuntas de Aramco con socios asiáticos están diseñados para asegurar la cuota de mercado y profundizar la integración económica.
En marzo de 2023 se cerró un acuerdo histórico, cuando Aramco adquirió una participación del 10 % en la empresa china Rongsheng Petrochemical por 3600 millones de dólares a cambio de un contrato de suministro de 20 años para el suministro de 480 000 barriles diarios (bpd). Otros proyectos conjuntos en el noreste de China aumentarán el suministro total en otros 690 000 barriles diarios.
Arabia Saudí también está sentando las bases para la exportación de energía limpia. Ha firmado memorandos de entendimiento con empresas energéticas de Japón, Corea del Sur y Alemania para poner en marcha envíos piloto de amoníaco azul y verde. Estas iniciativas reflejan las estrategias de exportación de los principales productores de gas natural licuado (GNL), como Qatar, y tienen como objetivo asegurar el dominio de Riad en la emergente economía del hidrógeno.
Infraestructura renovable: vía rápida y hacia el este
Según el Middle East Economic Survey (MEES) publicado en febrero de 2025, la capacidad de generación de electricidad renovable de Arabia Saudí casi se duplicará este año, pasando de unos 6,5 gigavatios (GW) a alrededor de 12,7 GW a finales de año.
Esto incluye varios proyectos, entre los que destaca la planta solar fotovoltaica de Layla, de 91 megavatios, que están desarrollando conjuntamente empresas saudíes y chinas. Para hacer frente a la intermitencia natural de la energía solar y eólica, Riad tiene previsto acompañar este crecimiento con sistemas de almacenamiento en baterías.
Arabia Saudí también cuenta con unos costes de electricidad renovable ultracompetitivos. Un proyecto solar se ha presupuestado en 0,0129 dólares por kilovatio-hora, uno de los más bajos del mundo. Esto refuerza la ambición de Riad de convertirse en un importante exportador de hidrógeno verde, a pesar de las continuas dudas sobre la fluctuación de la demanda y los costes de infraestructura. Ya han comenzado las obras de una enorme planta de hidrógeno verde en NEOM, en la costa del mar Rojo.
En la actualidad, Arabia Saudí domina el crecimiento de las energías renovables en la región, con más del 40 % de la expansión prevista entre 2024 y 2030. Los Emiratos Árabes Unidos, el Estado de ocupación israelí, Omán, Egipto, Irak y Marruecos representan en conjunto otro 44 %.
Más allá de los compromisos climáticos, dos factores estructurales impulsan este auge: el aumento de la demanda interna y el estrés provocado por el clima. La demanda máxima ha alcanzado niveles récord en Kuwait, Egipto, Argelia, Omán e Irak, lo que ha provocado cortes de suministro en Egipto y el primer apagón nacional de la historia de Kuwait. La propia Arabia Saudí registró un consumo récord en 2023, en medio de un rápido crecimiento demográfico y económico.
La evolución de Aramco: más allá de los hidrocarburos
Aunque el petróleo sigue siendo un pilar fundamental de la economía saudí, Aramco se ha reposicionado como un gigante energético diversificado. En 2020, envió a Japón el primer lote de 40 toneladas de amoníaco azul del mundo en un proyecto piloto.
En 2021, los responsables energéticos saudíes estaban debatiendo planes para suministrar hidrógeno a Asia y Europa. Aramco se ha comprometido a producir 11 millones de toneladas de amoníaco azul con bajas emisiones de carbono al año para 2030, con el apoyo de las reservas de gas natural y la capacidad de almacenamiento geológico de carbono del reino.
El año pasado, el fondo soberano del país, el Fondo de Inversión Pública (PIF), puso en marcha una empresa de soluciones energéticas de 10 000 millones de dólares para financiar el hidrógeno verde y las infraestructuras relacionadas. Mientras tanto, Aramco sigue buscando asociaciones internacionales e inversiones nacionales para consolidar su papel en la transición energética.
Arabia Saudí entiende que asegurar hoy contratos de hidrógeno a largo plazo puede reportar las mismas ventajas estratégicas que los contratos de GNL a largo plazo aportaron a Qatar. El liderazgo de Riad ha acogido activamente foros mundiales sobre el hidrógeno y ha posicionado al reino como un futuro centro energético en un orden mundial multipolar.
Climas, consumo y urgencia regional
El impulso de Arabia Saudí hacia las energías renovables no solo está motivado por la diversificación, sino también por la necesidad. La región del Golfo Pérsico se está calentando rápidamente y la demanda de electricidad está aumentando. En 2023, el consumo de energía en Arabia Saudí alcanzó máximos históricos.
Este aumento de la demanda se debe en gran medida al clima. A medida que suben las temperaturas, las necesidades de refrigeración se disparan. Los Estados de Asia occidental, incluido el Estado ocupante, luchan por mantener la estabilidad energética en medio del crecimiento demográfico y la expansión urbana. La inversión estratégica de Arabia Saudí en energías renovables es también una inversión en seguridad energética.
Su entorno natural es un activo fundamental. Con algunas de las tierras más aptas para la energía solar del planeta y importantes corredores eólicos, el reino puede producir energía limpia a precios ultracompetitivos. Estas condiciones, combinadas con un agresivo apoyo político y la inversión china, convierten a Riad en un actor formidable en la futura economía energética mundial.
Un nuevo mapa del poder
La transformación de Arabia Saudí marca un reordenamiento de la energía, la economía y la influencia, lo que claramente va más allá de un simple proyecto nacional.
Al reducir su dependencia del petróleo e integrarse en el auge económico de Asia, Riad está desafiando abiertamente el dominio del sistema energético liderado por Occidente. El reino ya no se conforma con seguir siendo un exportador de petróleo y se está posicionando como proveedor de electricidad, hidrógeno y tecnologías energéticas avanzadas.
A medida que disminuye la influencia de Washington, crece la presencia de Pekín. El giro energético de Arabia Saudí hacia el este declara que el futuro del poder mundial y la expansión de la influencia saudí no se configurarán en el Atlántico, sino en toda Eurasia.
7. Vivir de renta.
Una de las últimas entrevistas a Michael Hudson, en esta ocasión en el programa de Ben Norton, está dedicada a uno de los grandes problemas en nuestras sociedades: la imposibilidad de conseguir una vivienda digna a un precio asequible.
https://michael-hudson.com/2025/08/americas-free-lunch-economy/
La economía estadounidense del almuerzo gratis
10 de agosto de 2025, Los propietarios se apoderan de la sociedad
(Introducción)
BEN NORTON: Los caseros se están apoderando de la sociedad. Para muchos trabajadores medios se ha vuelto imposible comprar una casa. Y el precio del alquiler se ha vuelto prohibitivo.

Este problema es especialmente grave en Estados Unidos. Pero no es sólo un problema de Estados Unidos, sino de muchos países de todo el mundo, especialmente de los países occidentales de Norteamérica y Europa, cuyas economías se han financiarizado.

En Estados Unidos, por ejemplo, el mayor arrendador no es un particular, sino una enorme empresa de inversión de Wall Street: Blackstone, el fondo de capital riesgo.
Blackstone poseía más de 300.000 viviendas de alquiler en Estados Unidos hasta 2023. La cifra no ha hecho más que aumentar desde entonces.
Blackstone y otros fondos de inversión de Wall Street han estado acaparando viviendas residenciales. Luego suben el precio de los alquileres, lo que ha alimentado el fenómeno de los sin techo, ya que muchas personas están siendo desalojadas de sus casas.
Por cierto, el multimillonario CEO de Blackstone, Stephen Schwarzman, que es el CEO mejor pagado de Wall Street, fue uno de los principales financiadores de la campaña presidencial de Donald Trump en 2024.
Ahora que Trump ha vuelto como presidente de Estados Unidos, esto da al multimillonario Stephen Schwarzman y a Blackstone mucha influencia en la formulación de políticas de Trump.
Por supuesto, Trump ha recortado masivamente los impuestos a los ricos, beneficiando a multimillonarios como Stephen Schwarzman, que ayudó a financiar su campaña.

El 69% de los recortes fiscales de la «Gran Ley Bonita» de Trump van a parar al 20% de los estadounidenses más ricos. Solo el 6% va al 40% más pobre.
El gobierno estadounidense está aplicando muchas otras políticas que benefician a estos terratenientes corporativos de Wall Street que están engullendo casas por todo el país.
Business Insider informó en 2022 que los inversores institucionales estadounidenses compraron el 25% de las viviendas unifamiliares volteadas en el tercer trimestre de 2022.
Invertir en una vivienda significa que un inversor compra una casa, normalmente vieja y deteriorada, e invierte unos cuantos miles de dólares en renovarla. Luego la vende y obtiene enormes beneficios de decenas de miles o incluso cientos de miles de dólares.
No sólo lo hacen los pequeños empresarios. Cada vez son más los inversores institucionales, muchos de ellos de Wall Street.

Business Insider informó de que los inversores estaban detrás del 44% de las compras especuladoras de viviendas unifamiliares estadounidenses en el tercer trimestre de 2022. Y este problema no hace más que empeorar.
La CNBC informó de que las firmas financieras de Wall Street han comprado cientos de miles de viviendas unifamiliares desde la Gran Recesión, que el propio Wall Street provocó en 2008 y 2009.
Esa crisis también llevó a millones de estadounidenses a perder sus casas en primer lugar. Así que Wall Street es responsable de muchos de estos problemas.
La CNBC registró una estadística increíble, estimando que «los inversores institucionales podrían controlar el 40% de las viviendas unifamiliares de alquiler en Estados Unidos para 2030».

Estos son los nuevos señores feudales. Estos son los propietarios corporativos que están engullendo casas en los EE.UU..
El Gobierno estadounidense ha desempeñado un papel de apoyo a estos fondos de capital riesgo y otras empresas de Wall Street que están comprando todas estas viviendas, estos caseros de Wall Street.
La CNBC señaló que «el sector del alquiler de viviendas unifamiliares se inició con el apoyo del Gobierno tras la crisis financiera de 2008», que, una vez más, fue provocada por Wall Street.
El informe de la CNBC citaba al congresista californiano Ro Khanna, quien afirmó: «Lo que es indignante es que el dinero de tus impuestos esté ayudando a Wall Street a comprar viviendas unifamiliares».
El New York Times publicó un artículo en el que se explicaba cómo las firmas financieras de Wall Street están comprando básicamente todas las viviendas residenciales de manzanas enteras en barrios de Estados Unidos.
El Times mostraba el ejemplo de un pequeño barrio de Charlotte (Carolina del Norte) llamado Bradfield Farms, que cuenta con 34 viviendas. Los inversores han comprado 33 de esas viviendas. Todas ellas, excepto una, son ahora propiedad de inversores, que están alquilando estas viviendas. Y, por supuesto, aumentan masivamente el coste del alquiler.
Como decía el New York Times, «es más probable que un recién llegado alquile una casa a un propietario corporativo».
El periódico añadía: «Wall Street ha venido a por la vivienda inicial».

El New York Times analizó varias ciudades en las que los inversores se están haciendo con viviendas residenciales, entre ellas Atlanta, Memphis, Orlando, Tampa, Las Vegas, Houston y San Antonio.
Este informe señalaba que los inversores se dirigen en gran medida a barrios de clase media y trabajadora, especialmente con grandes poblaciones negras y latinas.
Así que vemos cada vez más que los estadounidenses de clase trabajadora, en particular, los estadounidenses de clase trabajadora negros y latinos, son ahora incapaces de poseer una casa, porque las casas están siendo compradas por estos terratenientes, estos inversores, incluidos los terratenientes corporativos de Wall Street, y tienen que pagar alquileres cada vez más altos a la clase terrateniente.
Esta es una de las principales razones por las que el número de personas sin hogar se está disparando en Estados Unidos.
Sólo en 2024, el número oficial de personas sin hogar reconocidas aumentó un 18%, en un año. Y es muy probable que se trate de una estimación conservadora, porque muchas personas sin hogar no acuden a albergues y no están registradas como parte del sistema.
Sin embargo, debo subrayar que no se trata de un problema exclusivo de Estados Unidos. Ocurre en países de todo el mundo, especialmente en las economías financierizadas occidentales.
Un buen ejemplo de ello es España. El New York Times publicó otro informe muy interesante sobre cómo, en Madrid, las empresas de inversión estadounidenses de Wall Street también han estado comprando casas al otro lado del charco, al otro lado del Océano Atlántico, en Europa.
Ya he hablado de cómo el fondo de capital riesgo Blackstone es el mayor arrendador de Estados Unidos, con más de 300.000 unidades de alquiler en propiedad.
Pues bien, Blackstone también se ha convertido en el segundo mayor propietario de viviendas en España. Y Blackstone es el mayor propietario privado de inmuebles residenciales en Madrid, la capital española.

Blackstone posee 13.000 viviendas sólo en Madrid, y casi 20.000 unidades de alquiler en toda España.
El New York Times informaba de que «en toda España, alrededor de 185.000 propiedades en alquiler son ahora propiedad de grandes empresas, la mitad de ellas de firmas con sede en Estados Unidos», en su mayoría en Wall Street.
Y sorpresa, sorpresa, mientras estos caseros corporativos fagocitan viviendas, los precios de los alquileres han aumentado un 57% desde 2015, en una década, y los precios de la vivienda han aumentado un 47% en España.
Así que lo que estamos viendo es que los terratenientes se están apoderando de la sociedad, en Occidente en particular.
Para hablar de esto hoy, tengo el privilegio de entrevistar al renombrado economista Michael Hudson, autor de muchos libros, entre ellos Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Bondage Destroy the Global Economy.
Hoy hablamos de cómo el capitalismo ha evolucionado del capitalismo industrial al capitalismo financiero, especialmente en la era neoliberal, desde el ascenso de los fundamentalistas del «libre mercado» como Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido en la década de 1980.
Hablan de los llamados «mercados libres», pero, como señala Michael Hudson, cuando dicen mercados libres, se refieren a la libertad de los terratenientes corporativos y de Wall Street para comprar todos los activos existentes, de los monopolistas para monopolizar industrias enteras y extraer rentas monopolísticas.
Michael Hudson explica cómo están destruyendo la economía de Estados Unidos y Occidente en general, y cómo la gente puede luchar contra estos terratenientes corporativos.
Esta es la segunda parte de una discusión que mantuve con Michael Hudson, basada en un artículo que publicó, titulado «Cómo la Mayoría Global puede liberarse del colonialismo financiero estadounidense«.
Ahora voy a reproducir algunos aspectos destacados de los puntos principales que expuso Michael Hudson, y luego pasaremos directamente a la segunda parte de nuestro debate.
(Destacados)
MICHAEL HUDSON: El alquiler es lo que John Stuart Mill dijo que los caseros ganan mientras duermen. Lo ganan sin trabajar. No desempeñan un papel productivo.
…
Cuando los economistas modernos hablan de «mercado libre», no se refieren a lo que decían Adam Smith, John Stuart Mill y los demás. Se referían a un mercado libre de renta económica, libre de la clase terrateniente que cobraba alquileres, que debían pagarse con los presupuestos de los asalariados.
…
Uno de los problemas de los países del Sur Global, y de la Mayoría Global, es que han enviado a sus estudiantes más prometedores a Estados Unidos para ser educados en economía. Y el plan de estudios de economía que se enseña hoy en día no habla de nada de este tipo de mercado libre, o de las reformas del mercado libre como liberadoras de las economías de la renta económica.
Hubo una contrarrevolución en Estados Unidos y Europa contra las reformas industrial-capitalistas. Los rentistas contraatacaron.
…
Lo que hizo China que no hicieron las demás naciones, las occidentales, fue completar la revolución capitalista industrial manteniendo los bancos y la creación de dinero en el dominio público.
En China, es el Banco Popular de China el que crea dinero y determina quién va a obtener el crédito y en qué condiciones.
Ese no es el caso en Occidente. En Occidente, son los bancos comerciales los que determinan quién va a obtener el dinero y crear crédito para.
Lo único que les preocupa es ganar lo más rápido posible. Y la ganancia más rápida es posible prestando dinero a un asaltante de empresas, para hacerse cargo de una empresa, esencialmente dividiéndola en partes, vendiendo sus bienes inmuebles, y arrendándolos de nuevo, utilizando el precio de venta como un dividendo especial.
Las empresas pedirán prestado incluso para comprar sus propias acciones. Pedirán prestado a tipos bajos en el marco de la relajación cuantitativa y comprarán acciones que rindan más.
Los bancos occidentales se dedican a los préstamos improductivos, y China se centra en los préstamos productivos.
(Entrevista)
BEN NORTON: Michael, siempre es un verdadero placer tenerte. Gracias por acompañarnos hoy.
Michael, esta es la segunda parte de nuestra discusión. En la primera parte, discutimos la idea del «colonialismo financiero centrado en Estados Unidos» que discutiste en tu artículo.
Has hablado de cómo los países pueden crear alternativas en un mundo más multipolar, y de cómo, en particular, pueden desafiar la deuda en la que están atrapados; y de cómo, en última instancia, es imposible pagar esta gran deuda denominada en dólares, por lo que no deberían pagarla; en su lugar, deberían buscar alternativas.
Aquí, en la segunda parte, vamos a hablar de cómo los propietarios se están apoderando de la sociedad y haciendo que el coste de la vida sea prohibitivamente caro para los trabajadores.
Para entender por qué ocurre esto, tenemos que comprender la idea de renta económica, y en qué se diferencia del valor y del beneficio.
Empecemos con una pregunta muy amplia. ¿Puede explicar por qué le pareció importante escribir este artículo? Lo ha descrito como una especie de manifiesto. ¿Y cuál es el principal argumento que esgrime sobre cómo la Mayoría Global puede liberarse del colonialismo financiero dominado por Estados Unidos?
MICHAEL HUDSON: Bueno, escribí el artículo porque hay una tendencia de la Mayoría Global, y especialmente del Sur Global, a quedarse a medio camino, y a no enfrentarse al hecho de que, durante los últimos 200 años, desde la revolución industrial, toda la dinámica de las naciones industriales -Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos- ha sido revolucionaria.
Se deshicieron de sus vestigios de feudalismo. Se deshicieron de la clase rentista. Definieron el libre mercado como un mercado libre de renta económica, renta de la tierra, renta de monopolio. Y querían reformar las finanzas. E hicieron muchas de estas cosas.
Pero en sus inversiones extranjeras, desde principios del siglo XIX en adelante, querían que otros países no protegieran su industria, sino que suministraran materias primas a las naciones industriales, y esencialmente que dejaran que los países con superávit comercial, las naciones industriales, utilizaran estos superávit para obtener el dinero para prestar a los productores de materias primas e invertir en sus tierras, y recursos naturales, e infraestructuras públicas.
Así que lo que se creó fue una economía de espejo. El mundo se dividió en dos tipos de economía: una reformista, capitalista industrial en las naciones industrializadas; y economías rentistas, en gran parte de propiedad extranjera, ya que los rentistas eran extranjeros, en todo el resto del mundo que no se protegía a sí mismo, no tenía gobiernos lo suficientemente fuertes como para apoyar a su propia industria, debido a la dominación extranjera.
Mapa del núcleo y la periferia según la teoría de la dependencia
Estos países nunca han podido ir más allá de los residuos del colonialismo extranjero y del imperialismo financiero, podemos llamarlo así. Y a lo que se enfrentan es, en gran medida, al mismo tipo de problema al que se enfrentaron Gran Bretaña y Europa: ¿Cómo minimizan los capitalistas industriales su coste de producción deshaciéndose de todos los sobrecostes rentistas? Esencialmente, haciendo que el gobierno se haga cargo de muchos de los cargos de la economía, liberando a la economía de los monopolios; gravando progresivamente la renta, especialmente la renta de las materias primas y la renta de la tierra.
Todo lo contrario ocurre en los países del Sur Global. Los extranjeros poseen sus materias primas. Esencialmente, los extranjeros han sido capaces de utilizar el apalancamiento de la deuda para decir, bueno, vamos a utilizar el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, en los Estados Unidos, para prestarles dinero para que puedan permitirse financiar sus déficits comerciales que provienen de su no industrialización.
Pero este préstamo va a ser en términos que nos permitan comprar su industria, privatizar su dominio público, privatizar sus monopolios naturales, y cobrar una renta de monopolio, en lugar de proporcionar servicios públicos, salud, educación, comunicaciones, transporte a una tasa subsidiada para ayudar a hacer una economía industrial competitiva.
A menos que la Mayoría Global, y especialmente los países del Sur Global, reestructuren su economía de la misma manera radical que Europa reestructuró su economía, no va a ser capaz de escapar de la especialización existente de la mano de obra mundial, y la inversión, y la dependencia económica.
De eso se trata realmente. Lo que se necesita en términos de política interna para que los países sean soberanos y realmente independientes, en lugar de tener que gastar todos sus ingresos fiscales y reorganizar su economía sólo para pagar sus deudas en dólares extranjeros y permitir a los inversores extranjeros enviar toda la renta de la tierra, y la renta de los recursos naturales, y la renta de monopolio fuera de sus países, a las naciones acreedoras industriales.
BEN NORTON: Gracias, Michael. Ha sido un gran resumen de tu argumento principal.
Hablemos más de esta idea de la clase rentista. Usted señala que los economistas políticos clásicos, gente como Adam Smith y David Ricardo, que tan a menudo son citados por los economistas neoliberales dominantes hoy en día, a menudo no leen realmente el trabajo de esos economistas políticos.
Si volvemos atrás y leemos a los economistas políticos clásicos, veremos que criticaban duramente a la clase terrateniente, y veían a estos terratenientes como restos de los aristócratas feudales, que utilizaban su control sobre los monopolios, los monopolios naturales y la tierra, para cobrar rentas de monopolio. No producían nada, no aportaban nada productivo a la economía.
He aquí algunas citas de Adam Smith en su obra magna, La riqueza de las naciones, escrita en 1776 (énfasis añadido):
«Tan pronto como la tierra de cualquier país se ha convertido en propiedad privada, a los terratenientes, como a todos los demás hombres, les encanta cosechar donde nunca sembraron, y exigen una renta incluso por su producto natural» (Libro 1, capítulo 6).
«El arrendador exige una renta incluso por la tierra no mejorada, y el supuesto interés o beneficio sobre el gasto de la mejora es generalmente una adición a esta renta original. Estas mejoras, además, no siempre son realizadas por el propietario, sino a veces por el arrendatario. Sin embargo, cuando llega el momento de renovar el arrendamiento, el propietario suele exigir el mismo aumento de la renta, como si todas ellas hubieran sido hechas por él mismo» (Libro 1, capítulo 11).
«La renta de la tierra, por lo tanto, considerada como el precio pagado por el uso de la tierra, es naturalmente un precio de monopolio. No es en absoluto proporcional a lo que el propietario puede haber invertido en la mejora de la tierra, o a lo que puede permitirse tomar; sino a lo que el agricultor puede permitirse dar» (Libro 1, capítulo 11).
Para los economistas políticos clásicos, los terratenientes se diferenciaban de los capitalistas industriales, que, sí, explotaban el trabajo. Y esto es algo que Karl Marx, por supuesto, enfatizó más tarde, la plusvalía extraída de los trabajadores.
Sin embargo, existe la idea de que Marx era completamente diferente de los economistas políticos clásicos como Adam Smith. Pero, en realidad, Marx tenía mucho más en común con Smith y Ricardo que los economistas neoclásicos y marginalistas de hoy, que no apoyan la teoría laboral del valor – mientras que Smith, Ricardo y Marx estaban todos de acuerdo en la teoría laboral del valor, que el valor proviene en última instancia de los trabajadores que producen algo.

Así pues, la clase rentista no produce nada. Y por eso el economista político clásico veía a los capitalistas industriales como revolucionarios en comparación con los terratenientes.
Incluso el propio Marx. Vayan a leer el Manifiesto Comunista. El comienzo del primer capítulo elogia el capitalismo como fuerza revolucionaria contra el feudalismo.
La burguesía, históricamente, ha desempeñado un papel de lo más revolucionario.
La burguesía, allí donde se ha impuesto, ha acabado con todas las relaciones feudales, patriarcales e idílicas.
…
La burguesía no puede existir sin revolucionar constantemente los instrumentos de producción, y con ello las relaciones de producción, y con ellas todas las relaciones de la sociedad.
Tu argumento, Michael, es que, con la creciente financiarización del capitalismo, el capitalismo se ha alejado de ese elemento progresista que tal vez era cierto en los primeros días, y se ha vuelto cada vez más monopolizado, con menos y menos competencia, menos y menos productividad real, menos y menos innovación, y más y más explotación, y más y más extracción de rentas de monopolio.
¿Puede hablarnos más de esta idea?
MICHAEL HUDSON: Sí, es más complicado que eso. El término teoría laboral del valor es muy engañoso. En realidad es una teoría laboral de la renta económica.
De lo que se trata, y lo que todos los economistas clásicos tenían en común, hasta Marx, y más tarde hasta Thorstein Veblen y otras personas, era una teoría del valor, del precio y de la renta.
El precio era el exceso de valor, que es el coste básico de producción. El valor se definía como ¿qué necesita una economía como coste de producción necesario para el industrial? ¿Y cuánto es innecesario?
Bueno, lo que Marx describió que hacía el capitalismo industrial, mirando hacia atrás en los 100 años justo antes de que escribiera, era que el capitalista quiere deshacerse de todos los costes innecesarios de producción, los costes que realmente no son parte de la naturaleza, no son costes reales, sino que son costes legales – el derecho legal de los propietarios a cobrar alquiler, en lugar de que el alquiler sea recaudado por el Estado como su base imponible natural, que es lo que Adam Smith, y [David] Ricardo, y John Stuart Mill, y sobre todo Marx y los socialistas desarrollaron.
La idea central de la teoría del valor y los precios era reducir los precios al valor real, al coste de producción.
Denominarla teoría del trabajo del valor significaba que, en última instancia, el coste real de la producción es el trabajo.
La tierra se produce libremente, por naturaleza. La tierra no tiene coste de producción, pero los terratenientes cobran por ella.
Los monopolios los crean las leyes. No son naturales. Son privilegios monopolísticos, a menudo creados en la época medieval por los gobiernos, con la ayuda de sus banqueros, para idear una forma de extraer rentas monopolísticas de la economía, con el fin de recaudar el dinero necesario para pagar los intereses de las deudas de guerra que contraían los reinos europeos.
La banca tampoco tiene por qué privatizarse y gestionarse en beneficio de los acreedores.
De hecho, Adam Smith – aparte de Ricardo, que era un portavoz de los bancos – casi todos los economistas de mediados del siglo XVIII escribieron sobre cómo los bancos no prestaban para la industria y el desarrollo; no proporcionaron a James Watt el dinero para construir esas máquinas de vapor. Tuvo que hipotecarse.
Especialmente la banca inglesa y americana no prestaba para fines industriales; era banca de usura. Se prestaba principalmente con fines rentistas, para comprar propiedades rentistas como tierras, o monopolios – como la inversión extranjera en ferrocarriles era lo más importante en el mercado de valores del siglo XIX.
Las comunicaciones, el desarrollo de los puertos, el desarrollo de las carreteras eran cosas que se financiaban, que se añadían al coste de producción, todo tipo de cargas monopolísticas de las que la teoría clásica del valor, el precio y la renta quería deshacerse.
Cuando los economistas modernos hablan de «libre mercado», no se refieren a lo que decían Adam Smith, John Stuart Mill y otros; se referían a un mercado libre de rentas económicas, libre de la clase terrateniente que cobraba alquileres que debían pagarse con el presupuesto de los asalariados.
Mientras la tierra fuera propiedad de los terratenientes, y mientras éstos, especialmente en Gran Bretaña, impusieran aranceles agrícolas especiales, como las Leyes del Maíz -que impedían que Gran Bretaña importara alimentos a bajo precio para alimentar a la mano de obra, de modo que pudieran obtener rentas agrícolas más elevadas por sus tierras, lo que generaba costes muy elevados-, no había forma de que Gran Bretaña pudiera haber competido con otros países industriales.
Ese era todo el tema de David Ricardo. Aunque era portavoz de los banqueros, criticaba a la clase terrateniente, porque, si Inglaterra protegía a sus terratenientes, a sus propietarios, entonces Inglaterra no sería el taller del mundo. Y si Inglaterra no fuera el taller del mundo, entonces los banqueros ingleses no podrían obtener beneficios e intereses en su principal mercado, que era la financiación del comercio exterior y las transferencias de divisas.
Así que la idea de los industriales y la clase bancaria, trabajando juntos, era deshacerse de las rentas de la tierra y las rentas de monopolio, para hacer Gran Bretaña mucho más ágil y competitiva, bajando sus precios al valor real de coste, deshaciéndose de la renta económica, para que pudieran bajar los precios a otros países.
Entonces, al apoyar el libre comercio en lugar del proteccionismo agrícola – y esto fue en un momento en que la clase terrateniente todavía controlaba la Cámara de los Lores, la cámara alta del gobierno, y era capaz de dictar su propio interés – toda la idea era que la reforma parlamentaria para liberar la política de la clase terrateniente permitió a los reformadores, los industriales y los banqueros, para liberar a los mercados del poder de la clase terrateniente para imponer rentas, el poder de los monopolistas para cobrar altas tarifas, deshaciéndose de los monopolios, mediante la imposición de la competencia, como los Estados Unidos hicieron con sus leyes anti-monopolio.
Países como Alemania, a finales del siglo XIX, transformaron la banca. En lugar de dejar que los bancos prestaran dinero para fines improductivos, para básicamente lo que Marx llamó banca de usura, Alemania tomó la iniciativa de industrializar la banca, y hacer que la creación de dinero y el crédito bancario se centraran en financiar la inversión de capital en la industria, que es lo que permitió a Alemania ascender tan rápidamente hasta convertirse en una potencia industrial.
Pues bien, nada de esto ocurrió en países extranjeros. Gran Bretaña adoptó el libre comercio e hizo un trato político con otros países cuando abolió las Leyes del Maíz en 1846, y dijo a Estados Unidos, América Latina y otros países: «Os dejaremos entrar en el mercado británico, sin aranceles, si nos dejáis entrar en vuestro mercado. ¿Por qué no compran en el mercado más barato? Tenemos ventaja. Nos hemos pasado cien años dándonos ventaja y reformando nuestra economía para poder ofreceros una industria mucho más barata. ¿Por qué no exportan sus materias primas a cambio de nuestra industria? Será una economía mundial feliz y unificada. Cada uno produce lo que mejor sabe hacer».
David Ricardo puso como ejemplo matemático el intercambio de telas británicas por vino portugués. Y en el ejemplo de Ricardo, fue tan deshonesto, tan retórico, que convirtió a Portugal, el proveedor de materias primas, en el «ganador», en las ganancias del comercio.
El tipo de teoría del comercio internacional [de la ventaja comparativa] que se enseña, incluso hoy en día, se basa en la teoría ricardiana del libre comercio. No tiene en cuenta la dimensión política, la dimensión social, toda la idea de cuál es el papel de la renta económica en la determinación de las estructuras de precios internacionales y la competencia.
Bueno, uno de los problemas de los países del Sur Global, y de la Mayoría Global, es que han enviado a sus estudiantes más prometedores a Estados Unidos para que se eduquen en economía. Y el plan de estudios de economía que se enseña hoy en día no habla de nada de este tipo de libre mercado, o de las reformas del libre mercado como liberadoras de las economías de la renta económica.
Hubo una contrarrevolución en Estados Unidos y Europa contra las reformas capitalistas industriales. Los rentistas contraatacaron.
A finales del siglo XIX, John Bates Clark en Estados Unidos, los austriacos en Europa y los liberales británicos decían: «La renta económica no existe. No hay diferencia entre precio y valor. Cualquiera que sea el precio de venta de un bien o servicio es lo que los consumidores deciden pagar. Todo es demanda del consumidor para todo. Todo el mundo gana lo que obtiene. No hay renta económica».
Eso es lo que se enseña aquí a los estudiantes. Y luego regresan a sus países. Y hay una creencia en estos países – incluso lo he visto en China, donde, mis estudiantes allí se quejan de que los estudiantes educados en los Estados Unidos tienen preferencia en los puestos de trabajo, pero ciertamente no aprenden marxismo en los Estados Unidos.
El único grupo que sigue hablando de Adam Smith, John Stuart Mill, Ricardo y toda la escuela de economía clásica son los marxistas, porque toda esta lógica del valor, el precio y la renta culminó en Marx, que fue realmente el santo patrón de la contabilidad económica.
De hecho, trabajó en los balances de las empresas industriales e hizo un modelo de la economía. Y en este modelo, distinguió el capitalismo industrial de lo que había antes, de la época feudal, básicamente, y de los rentistas.
Dijo que Adam Smith tenía razón. John Stuart Mill tenía razón. El alquiler es lo que John Stuart Mill dijo que los propietarios ganan mientras duermen. Lo hacen sin trabajar. No desempeñan un papel productivo. Y la economía se divide en dos mitades: la economía de producción y la economía de circulación.
Ahora bien, es cierto, como usted ha señalado hace unos minutos, que el industrial vende los productos que fabrican sus empleados; vende estos productos del trabajo a un precio superior al que le cuesta contratar la mano de obra.
Pero Marx decía que esto es crear valor. El industrial organiza realmente la producción. El industrial no obtiene beneficios mientras duerme. Organiza una cadena de suministro de materias primas. Desarrolla mercados y todo un sistema de comercialización. Organiza la industria. Moderniza constantemente otros medios de producción.
Así que Marx incluyó los beneficios industriales como un elemento de valor, y dijo, si nos fijamos en la parte de la producción de la economía que produce valor, que sin duda incluirá los beneficios industriales, pero excluirá la renta de la tierra, la renta de los recursos naturales, la renta de monopolio, y el interés financiero, que se hace sólo porque los bancos han comprado el poder de monopolio para crear dinero y crédito, que se acepta como moneda de curso legal para el pago de impuestos. Se trata de una creación legal que no es necesaria.
Bueno, imagínate si estuvieras haciendo un modelo de la renta nacional y la cuenta del producto, o el producto interior bruto, los Estados Unidos y Europa, todos los países del mundo bajo las Naciones Unidas, una especie de formateo del producto interior bruto, incluyen la renta de la tierra, y los servicios financieros, y la renta de monopolio en esto.

En Estados Unidos, por ejemplo, intenté separar la búsqueda de rentas del valor real real del PIB de la renta económica excesiva en el PIB. Pregunté al Departamento de Comercio: cuando un banco impone recargos por demora del 20% o el 30% a los usuarios de tarjetas de crédito, elevando su tasa de interés del 19% a más del 30%, ¿dónde aparece esto en el PIB?
Dijeron, oh, eso es proporcionar un servicio financiero. Así que se considera un servicio.
Los economistas clásicos decían que los monopolistas, banqueros y terratenientes no prestan un servicio. Tienen el privilegio especial de obtener dinero. Pero eso no es un producto. Las comisiones de demora no son un producto. Recibir intereses y percibir ingresos por los intereses obtenidos no es un producto.
La subida de los precios de la vivienda, que en realidad no es más que el aumento del precio del suelo, no de la construcción, pero el precio sube a pesar de que la construcción sigue siendo la que es; todo eso no es un producto; es esencialmente inflación de precios financieros.
La renta de este lugar que está subiendo, la renta de la tierra, se utiliza para pagar intereses a los bancos. Y así los Estados Unidos y Europa se deshicieron de una clase terrateniente hereditaria feudal. Nosotros ya no tenemos una clase terrateniente. Hemos democratizado la vivienda y los bienes raíces comerciales. Cualquiera puede comprar una casa, comprar bienes raíces comerciales. Pero la mayoría de la gente tiene que hacerlo pidiendo una hipoteca.
¿Y cómo consiguen una hipoteca? Pujan unos contra otros, y el ganador es el comprador que promete pagar al banco la mayor parte de la renta del suelo y otros ingresos por alquiler en concepto de intereses.
Así que, de alguna manera, la economía occidental se ha convertido en una economía rentista, y eso ha llevado a la desindustrialización.
A menos que los países del Sur Global y los países de la Mayoría Global hagan lo que Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos hicieron en el siglo XIX, o lo que China hizo tras la revolución de 1949, no van a poder tener una alternativa económica que les permita ser potencias industriales competitivas, a cargo de sus propios ingresos.
En lugar de transferir toda la renta económica de su economía a los propietarios extranjeros, a los inversores extranjeros en su minería, su industria petrolera, su infraestructura pública, todo eso se ha desarrollado y les ha dejado con toda esta superestructura de deuda externa, que impide a sus gobiernos invertir para apoyar la economía; invertir en su propia y nueva infraestructura para servir a la economía, en lugar de carreteras y puertos para los inversores extranjeros.
Aquí se necesita toda una revolución estructural en la organización de la economía y la sociedad, al igual que hubo que reestructurar todo el sistema político parlamentario en Europa para introducir las reformas económicas que hicieron a las naciones industriales mucho más eficientes y a los países en los que invertían mucho menos eficientes.
BEN NORTON: Un análisis muy importante, Michael. Lo que has dicho me ha recordado el trabajo de Giovanni Arrighi, el economista político que desgraciadamente falleció en 2009.
En 2007, escribió un libro muy interesante, justo antes de que Estados Unidos provocara una crisis financiera masiva, que era Adam Smith en Pekín.
En este libro, argumentaba que, de nuevo, Marx criticaba a Adam Smith, pero en realidad había mucho más en común entre Smith y Marx que con muchos economistas neoclásicos actuales.

Arrighi describió la idea de lo que denominó «socialismo smithiano», o una especie de socialismo de mercado, muy similar al modelo chino actual, que incluye la propiedad pública de las cúspides de la economía, los monopolios naturales, la tierra, los recursos, las telecomunicaciones, las infraestructuras y, lo que es más importante, las finanzas; pero también una robusta economía de mercado interno, con mucha competencia que hace bajar los márgenes de beneficio.
Porque, como has señalado, los economistas políticos clásicos originales, como Smith, reconocieron que, si hay competencia perfecta, los beneficios llegan a cero. Y de hecho, los capitalistas en muchos sentidos están incentivados a monopolizar sus respectivas industrias, para que puedan maximizar sus márgenes de beneficio.
Hoy en día vemos esto expresado bastante abiertamente, por gente como Peter Thiel, que es uno de los principales partidarios de Donald Trump.
Peter Thiel es un multimillonario de Silicon Valley, un importante capitalista de riesgo. Y también empleó al vicepresidente de EE.UU. JD Vance.
Peter Thiel lleva años defendiendo los monopolios. Publicó un artículo de opinión en The Wall Street Journal titulado «La competencia es para los perdedores«, en el que lamentaba el hecho de que, si hay mucha competencia, los márgenes de beneficio caen a cero. Decía que por eso todos los capitalistas quieren un monopolio, y argumentaba que eso es bueno.
Mientras que, si nos fijamos en la economía de mercado socialista de China hoy en día, en realidad tiene todos estos capitalistas son, ya sabes, participan en el deporte de sangre. Todos ellos están luchando entre sí hasta la muerte en esta competencia despiadada.
En China, los márgenes de beneficio son prácticamente nulos, mientras que en Estados Unidos los beneficios de las empresas están en máximos históricos, y la participación del trabajo en la renta disminuye y disminuye, al tiempo que los beneficios de las empresas están en máximos históricos.
A mí me parece que esto corrobora empíricamente exactamente lo que estás argumentando: que cuando existe un sistema monopolizado, como en EE.UU., los beneficios son muy elevados.
Cuando en China existe este sistema que garantiza la competencia y minimiza los monopolios, los beneficios son muy bajos.
Y está claro qué sistema proporciona realmente un mejor nivel de vida a su población.
MICHAEL HUDSON: Bueno, el gran punto de Arrighi es bastante correcto, pero su título para ello, Adam Smith en Pekín, es muy desafortunado.
Lo que ocurrió en realidad fue que, a finales de la década de 1970, los chinos decidieron que no querían que nuestro tipo de socialismo fuera como el estalinismo en Rusia.
Al principio me preguntaron si quería ir a ese instituto de Shanghai al que acudía la gente de la escuela de Chicago, Milton Friedman y sus colegas. Yo dije: «Caramba, eso suena bastante maravilloso».
Esto fue como en 1979. Y dije: «Sabes, probablemente ayuda que soy marxista. Crecí en un hogar marxista». Y me dijeron: «Oh, querido, es mejor que no vayas. No quieren ninguna señal de marxismo».
Bueno, lo que pasó fue que Milton Friedman fue, y les convenció para que dejaran florecer cien flores. Dijo: «No puedes hacer que el Estado lo diseñe todo. Tienes que dejar espacio para que se produzca la innovación».
Eso es lo que pasó en Gran Bretaña, y pasó en Alemania.
BEN NORTON: Siento interrumpirte, Michael. Definitivamente, tienes razón en que en China tenían la idea de dejar que florecieran cien flores. Y había mucho pragmatismo y experimentación.
Pero en cuanto a la cuestión específica de Milton Friedman, a menudo se malinterpreta. Y David Harvey hizo mucho daño con esta falsa idea de que China adoptó el neoliberalismo y escucharon a Milton Friedman.
En realidad, esto se describe muy bien en el libro How China Escaped Shock Therapy de Isabella Weber. La autora examina los archivos de China y muestra cómo, sí, tienes razón, Friedman fue, junto con muchos otros asesores económicos de todo el mundo, porque los dirigentes chinos, dirigidos por Deng Xiaoping en aquel momento, querían escuchar muchas opiniones diferentes. Así que Milton Friedman fue uno de los miles de economistas invitados.
Pero en realidad, en su libro, Isabella Weber demostró que ignoraron en gran medida lo que Milton Friedman recomendaba, y en su lugar escucharon los consejos de otros economistas que no eran neoliberales extremos como Friedman.
Así, por ejemplo, en la cuestión de la liberalización de los precios, Friedman pedía un «big bang»; quería la liberalización de todos los precios inmediatamente.
Weber muestra en su libro cómo en realidad el gobierno chino tenía un enfoque incrementalista, gradualista, y no adoptaron la teoría del «big bang»; no adoptaron ese enfoque de Friedman.
MICHAEL HUDSON: Tienes toda la razón. Sólo lo cité porque es el más conocido. Y, por supuesto, es tan extremista que cualquier persona realista se daría cuenta de que es casi un chiflado.
Lo que hizo China que no hicieron las demás naciones, las occidentales, fue completar la revolución capitalista industrial manteniendo los bancos y la creación de dinero en el dominio público.
En China, es el Banco Popular de China el que crea dinero y determina quién va a obtener el crédito y en qué condiciones.
Ese no es el caso en Occidente. En Occidente, son los bancos comerciales los que determinan quién va a obtener el dinero y crear crédito para.
Lo único que les preocupa es ganar lo más rápido posible. Y la ganancia más rápida es posible prestando dinero a un asaltante de empresas, para hacerse cargo de una empresa, esencialmente dividiéndola en partes, vendiendo sus bienes inmuebles, y arrendándolos de nuevo, utilizando el precio de venta como un dividendo especial.
Las empresas pedirán prestado incluso para comprar sus propias acciones. Pedirán prestado a tipos bajos en el marco de la relajación cuantitativa y comprarán acciones que rindan más.
Los bancos occidentales se dedican a los préstamos improductivos, y China se centra en los préstamos productivos.
Sin embargo, lo único que China no hace es lo que Adam Smith instaba sobre todo. Decía que hay que evitar la renta de la tierra. La renta de la tierra es la fuente pública natural de ingresos fiscales. Es la base fiscal natural, no los impuestos sobre los salarios del trabajo o los beneficios industriales, sino la tierra.
Bueno, Marx, se pasó el volumen uno de El Capital hablando de lo que tú y yo acabamos de mencionar: ¿Cómo obtiene un capitalista su beneficio productivo? Empleando mano de obra para producir un excedente, para producir ganancia, la plusvalía en esto.
Así explicaba Marx, bueno, ¿qué es la teoría laboral del valor? ¿Nos referimos al precio que el trabajo recibió por su salario, o al precio al que se vende el producto del trabajo? Ahí hay un excedente por encima del valor. Marx no llamó a ese excedente renta económica; dijo que sigue siendo valor, pero es ganancia, no renta.
Para entender eso, hay que entender todo el cuerpo económico de la discusión económica de los cien años anteriores a él, desde Adam Smith y Ricardo, Malthus, Mill, todo eso. Eso es lo que no se enseña aquí.
Después de que Marx dijera, bueno, esto es lo que añado a la teoría clásica del valor, dedicó los volúmenes dos y tres de El Capital a discutir la renta y los rendimientos financieros. Y esencialmente escribió lo que solía llamarse el volumen cuatro, que originalmente había pensado que fuera el primer volumen deEl Capital, en sus teorías de la plusvalía, que fue realmente la primera historia de la teoría económica que se publicó en Occidente.
Marx, en sus teorías de la plusvalía, discutió todo el desarrollo del pensamiento económico en relación con el valor, el precio y la teoría de la renta, desde William Petty a través de Davenant y los fisiócratas, y todos los economistas menores, cuyos nombres probablemente son desconocidos para la mayoría de su audiencia.
Bueno, los chinos con los que he hablado, y yo fui profesor de economía en la Universidad de Pekín, en la Escuela de Estudios Marxistas, así que estoy bastante familiarizado con lo que enseñaban.
Me invitaron a la primera conferencia marxista internacional y dije que, para entender el marxismo, había que leer los volúmenes dos y tres de El Capital, y también las teorías de la plusvalía. Bueno, eso no cayó muy bien, porque yo me estaba centrando en la renta económica.
Ya he dicho que estamos viendo un aumento del precio de la vivienda en el sector inmobiliario. Y el problema es la relación entre el gobierno central de China y las localidades. Una parte de su, ya sabes, dejar que cien flores florezcan filosofía es, bueno, vamos a dejar que cada uno de los pueblos y las ciudades a desarrollar su propia organización, y vamos a ver lo que se desarrolla mejor.
Pues bien, un denominador común en las localidades chinas es que financian su gasto público vendiendo, o arrendando, terrenos a promotores inmobiliarios. Y los promotores inmobiliarios lo compran y lo convierten en viviendas. Y con el tiempo, estas viviendas se venden a precios cada vez más altos.
Esta subida de los precios de la vivienda, o de los inmuebles comerciales, es en realidad un aumento de la renta del suelo. Era el aumento del precio al que se refería John Stuart Mill cuando decía que los propietarios obtienen beneficios mientras duermen. Se refería a que los propietarios obtienen mientras duermen lo que hoy llamamos plusvalías, que en realidad son plusvalías por la valoración de los alquileres.
Pues bien, China no ha abordado específicamente este problema de los alquileres que subyace a las tensiones en las finanzas nacionales y locales, que condujeron a todo el crack inmobiliario de la sobreconstrucción.
En la segunda conferencia marxista vino David Harvey. Yo pronuncié uno de los discursos especiales en la primera conferencia. David Harvey recibió el correspondiente discurso de apertura en la segunda conferencia, porque sus libros se han vendido muy bien en China.
Y Harvey dijo, todo lo que tienes que hacer es justo lo que Michael Hudson dijo: tienes que leer los volúmenes dos y tres de Capital con el fin de obtener la base marxista completa.
Con Adam Smith y la economía clásica, todo es un sistema evolutivo que explica por qué Europa se desarrolló y el resto del mundo no – aparte de Estados Unidos, que era la otra nación industrial proteccionista, que se convirtió en una nación acreedora como resultado.
Bueno, David Harvey no recibió una respuesta más positiva que la mía. Y en China hay reticencia a estudiar los volúmenes dos y tres de Capital, igual que en Estados Unidos, no se habla de economía clásica; hay muy poca.
Se podría decir que lo que ha hecho China es reinventar la rueda de forma espontánea, simplemente por la lógica interna del desarrollo económico.
China ha reproducido las políticas de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos, así como el propio capitalismo industrial.
Lo ha replicado sobre todo impidiendo los monopolios, e impidiendo un sector bancario que se ha convertido en lo que era en Estados Unidos, la madre de los trusts, creando monopolios y financiando, y haciendo lobby para la creación de monopolios -lo que tienes bajo el régimen de Donald Trump hasta ahora en Estados Unidos-.
Bajo Trump, durante el último medio año, ha abolido casi toda la aplicación de la legislación antimonopolio de Estados Unidos.
Pues bien, China ha hecho casi todas las prevenciones de renta rentista, renta económica, excepto la de la renta de la tierra, razón por la cual se han desarrollado en China tantos propietarios absentistas de bienes inmuebles, que compran una propiedad para alquilarla como arrendadores.
Eso es lo que llevó al Presidente Xi a decir que la vivienda debe ser para vivir; no debe ser un vehículo de inversión.
En la medida en que el suelo es un vehículo de inversión, se debe a la renta del suelo que no se recauda como base imponible.
Bien, China dirá, bueno, realmente no necesitamos una base impositiva, porque podemos crear nuestros propios ingresos. No necesitamos pedir prestado a una clase financiera, porque cuando hubo una revolución, en 1945-49, nos deshicimos de la clase terrateniente; nos deshicimos de la clase financiera.
Así que el gobierno tuvo que limitarse a sobrevivir creando su propio dinero, igual que Estados Unidos creó billetes verdes durante la Guerra Civil, por ejemplo; o las colonias americanas crearon su propia moneda.
Esto es universal. China se limitó a seguir el camino lógico de menor resistencia, sin oposición alguna de intereses creados rentistas que dijeran: «No, no, hay que ganar dinero más fácilmente mediante la renta económica, no mediante la industrialización, no mediante la inversión».
Esa fue realmente la ventaja de China. Pero no siguió el énfasis número uno de Adam Smith en la renta de la tierra.
BEN NORTON: De nuevo, Michael, has planteado muchos puntos interesantes. Es difícil saber a cuál responder exactamente.
Quiero plantear esta idea interesante que hemos visto convertirse en este tipo de tropo que es muy popular en los medios sociales hoy en día, en las finanzas TikTok y Twitter, que es la idea de «ingresos pasivos».
Estoy seguro de que lo ha visto. Y lo que es bastante gracioso es que usted ha citado a menudo esta cita muy importante del economista político del siglo XIX John Stuart Mill, que dijo:
«Los terratenientes se enriquecen mientras duermen sin trabajar, arriesgar ni economizar. El aumento del valor de la tierra, derivado del esfuerzo de toda una comunidad, debe pertenecer a la comunidad y no al individuo que pueda ostentar la titularidad».
Ahora, cuando ves la cita completa, está claro que está diciendo que estos propietarios no deberían estar recibiendo estos ingresos de alquiler que obtienen, esta extracción de renta por el simple hecho de poseer esta tierra y monopolizar esta tierra.
Pero lo que es hilarante, en una especie de forma sádica, una manera muy triste, es que si usted busca la cita, «Los propietarios se enriquecen mientras duermen», de John Stuart Mill, se pueden encontrar muchos mensajes de los medios sociales de empresas inmobiliarias, diferentes agentes inmobiliarios citando que y diciendo esto es por qué usted debe comprar una casa y usted debe convertirse en un propietario.
Especialmente para los más jóvenes, existe este gran tropo de los «ingresos pasivos». Hay millones de vídeos en las redes sociales de gente que intenta enseñarte cómo puedes obtener ingresos pasivos convirtiéndote en casero.
En la economía estadounidense, hoy en día todo gira en torno a la idea de que todo el mundo intenta convertirse en su propio propietario, para no tener que trabajar, y esto se ve como algo positivo. Pero, obviamente, esto es extremadamente destructivo para la sociedad y la economía.
También es un producto secundario, un subproducto, del hecho de que la economía se ha financiarizado por completo, y la gente siente que no tiene alternativa económica, así que todos quieren convertirse en terratenientes.
MICHAEL HUDSON: Bueno, esto es lo que se enseña en las escuelas de negocios. Esto es cómo hacer dinero. Esto es lo que se enseña en los planes de estudio de economía.
Así que imagínense si los países del Sur Global envían a sus estudiantes a Estados Unidos -muy a menudo los estudiantes de las familias más ricas, que pueden permitirse pagar los 50.000 a 80.000 dólares anuales que cuesta una universidad estadounidense de prestigio-, pueden imaginarse lo que ocurre cuando regresan a su país.
No se les enseña cómo crear una economía sin rentas, sino que se obtiene una economía que proporciona un almuerzo gratis: ingresos sin trabajar, una economía de almuerzo gratis.
Milton Friedman dijo que «no existe el almuerzo gratis», pero el capitalismo financiero se basa en el almuerzo gratis. No era de lo que se trataba el capitalismo industrial.
Pero nos hemos convertido en la economía del almuerzo gratis, sin que el currículo académico tome nota de ello, y sin que todo el cuadro estadístico oficial de los economistas establezca una distinción entre el PIB real, el coste real del sector de la producción; y el PIB ficticio, la renta económica.
Bien, lo que esto significa es suponer que estás comparando el PIB de China con el PIB de Estados Unidos. Eso es engañoso. Por supuesto que muestra a China a la cabeza, pero el avance es en realidad mucho más rápido de lo que muestran las estadísticas.
Porque si dices, bueno, cuál es la comparación entre el PIB real de Estados Unidos y el PIB real de China, en términos de lo que se produce realmente, China está muy por delante, porque no tiene el PIB ficticio que tienen Estados Unidos y las economías occidentales.
El único elemento ficticio es el aumento del precio de los inmuebles, que es un aumento del precio, no del valor. Y para ello hay que tener la distinción clásica entre valor, precio y renta económica.
Esa simple distinción es tan fácil de decir con palabras, pero, generación tras generación, hubo debates para refinar lo que eso significaba, refinar el concepto.
¿Qué es un coste necesario para la producción? ¿Qué es un coste innecesario para la producción? ¿Qué es el valor y qué es el precio por encima del valor? Todo esto tardó cien años en desarrollarse.
Y después de que se desarrollara, a finales del siglo XIX, como he dicho, los rentistas contraatacaron e introdujeron un siglo de economía basura, la Escuela de Chicago, la economía de «libre mercado» que se convirtió en un libre mercado para los rentistas, no para el resto de la economía.
BEN NORTON: Michael, creo que es la nota perfecta para terminar nuestra discusión.
Esta fue la segunda parte de mi entrevista con el economista Michael Hudson. Esta discusión en dos partes es sobre el artículo de Michael titulado «Cómo la Mayoría Global puede liberarse del colonialismo financiero de EEUU«.
En la primera parte de esta entrevista, Michael analiza el desarrollo de este sistema que él describe como «colonialismo financiero centrado en EE.UU.», cómo se desarrolló, qué instituciones componen este sistema y cómo los países de la Mayoría Global pueden desarrollar alternativas a este sistema.
Dicho esto, Michael, ¿quieres añadir algo más?
MICHAEL HUDSON: No, ya lo has dicho todo.
BEN NORTON: Muy bien, bueno, gracias por acompañarnos, Michael.
Michael Hudson es un economista de renombre mundial y autor de numerosos libros.
Muchas gracias, Michael. Siempre es un placer.
MICHAEL HUDSON: Gracias por recibirme.
8. Malm y Petro.
No cabe ninguna duda de que el gobierno de Petro en Colombia es de los que más en serio se ha tomado una política de descarbonización. Malm y Guez escriben sobre las dificultades que supone el «postextractivismo en un solo país».
https://jacobin.com/2025/08/colombia-fossil-fuels-climate-petro
Colombia contra la era de los combustibles fósiles
- Andreas Malm, Maxy Guez
En contra de las tendencias mundiales, el Gobierno colombiano de Gustavo Petro ha intentado abandonar el carbón y el petróleo. Pero el proyecto pone de manifiesto los límites del postextractivismo en un país.
Nuestro taxi se detiene lo más cerca posible del palacio presidencial. Salimos y nos unimos a la cola. Entregamos nuestros pasaportes a los guardias en el primer control. Luego tenemos que pasar por varios controles de seguridad, y la gravedad y solemnidad aumentan con cada uno de ellos. Por fin estamos dentro de los pasillos, cerca del santuario más íntimo del poder estatal, pero debemos esperar otra hora o dos hasta que llegue el momento —ahora también tenemos que entregar nuestros teléfonos— y se abre la puerta de la oficina y ahí está: el presidente de Colombia.
Está recostado en su silla. De su escritorio se alzan pilas de libros, uno de ellos coronado por Revolución, de Enzo Traverso. Una keffiyeh cubre un pájaro de madera. La parafernalia bolivariana se mezcla con fotos familiares, pero sobre todo hay un caos de libros, y tan pronto como concluyen los saludos corteses, el jefe de Estado comienza a hablar del libro que él mismo está escribiendo: un análisis marxista de la crisis climática.
Durante la COVID, empecé a leer El capital por tercera vez en mi vida, a través del prisma de la crisis climática, porque se puede leer desde muchas perspectivas. Me enfermé de COVID, pero no dejé de leer, terminé los tres volúmenes y extraje el material relevante para mi libro. El cambio climático es solo el espejo atmosférico de la acumulación de capital en la Tierra. El huracán de la acumulación produce un huracán de flujo de energía. Y esto puede llevar al fin de la humanidad. Existe una contradicción antagónica entre el capital y la vida misma.
Es poco habitual, por decirlo suavemente, escuchar a un jefe de Estado hablar en estos términos. Pero Gustavo Petro no es un presidente cualquiera. Da más la impresión de ser un profesor excéntrico o un activista de base que expone un análisis detallado de la situación mundial ante sus compañeros. Se levanta de un salto de la silla, la agarra por detrás y vuelve a sentarse para otra larga digresión. Salpica sus miniconferencias con referencias a Kohei Saito y Nicholas Georgescu-Roegen, nombres poco conocidos entre los responsables políticos en el año 2025. Pero, más que nada, su idiosincrasia se caracteriza por una rasgo destacado: se toma muy en serio la crisis climática.
En este momento, estamos lidiando con un brote de fiebre amarilla en Colombia. Está causado directamente por el aumento de las temperaturas. Este virus solía limitarse a las tierras bajas, pero cuando hace más calor asciende a altitudes más elevadas, a las zonas cafeteras, donde hasta ahora han muerto cuarenta personas. Aquí en Bogotá, aunque la ciudad está rodeada de una naturaleza exuberante, sufrimos escasez de agua. Si miran el Amazonas, el año pasado se quedó completamente sin agua. Cientos de delfines rosados murieron en el río y sus cadáveres quedaron esparcidos por las orillas. Es la señal de alarma que anuncia el fin. Si la selva amazónica desaparece, llegaremos a un punto sin retorno. La COP30 se celebrará a finales de este año en Belém, donde el río se encuentra con el océano, donde la naturaleza es más impresionante, y esta podría ser realmente la última oportunidad. Trump no va a venir, pero toda la humanidad debe estar allí.
Cuando Petro ganó las elecciones presidenciales en 2022, situó el clima en lo más alto de su agenda, y no se ha desviado de esa prioridad. En todo caso, su compromiso personal con esta causa por encima de todas las demás parece haberse reforzado. Ha trabajado con más ahínco que la mayoría para abordar el problema de raíz. Según él mismo, controlar la deforestación en la Amazonía es un logro singular.
(Una de sus disquisiciones más largas durante nuestra estancia en su oficina se refiere a la naturaleza del ciclo hidrológico en la selva tropical).
Pero el progreso es precario. Las tasas de deforestación siguen dependiendo en gran medida del poder de los narcotraficantes y las bandas armadas en la Amazonía, fuerzas que su Gobierno no ha logrado controlar. Dada la distribución mundial de las emisiones —la deforestación representa aproximadamente una décima parte del dióxido de carbono y la quema de combustibles fósiles el resto—, quizá el logro más extraordinario de Petro se encuentre en otro ámbito.
Cuando Petro estaba en campaña en 2022, se comprometió a liberar a Colombia de la producción de combustibles fósiles. Pondría fin a la concesión de licencias para proyectos de extracción. No habría más contratos nuevos para la minería del carbón o la perforación de petróleo y gas. No habría fracking. Por supuesto, son legión los presidentes y primeros ministros que incumplen sus promesas, pero en este caso, las promesas electorales se han cumplido al pie de la letra: bajo la guardia de Petro no se ha concedido ni un solo permiso para la extracción de combustibles fósiles. Como él mismo afirma: «Lo más importante es detener la exportación de petróleo y carbón, aunque representen el 60 % de nuestros ingresos por exportación. Y la producción de petróleo y carbón está cayendo rápidamente. Le dije al país que esto iba a suceder y que teníamos que sustituirlos por otras cosas». Si hubiera más de un presidente como Petro, cabría suponer que el mundo sería diferente al que conocemos hoy.
«Una política de la vida»
Los combustibles fósiles no son ajenos a la formación social de Colombia. El petróleo y el carbón han sido durante mucho tiempo las principales vías de acumulación de capital que atraviesan su territorio. El petróleo se extrae aquí desde la década de 1920 y el carbón desde la de 1980; a principios de siglo, los sucesivos gobiernos de derecha se esforzaron por superarse unos a otros en la aceleración de la producción de ambos. Se fijaron en esta industria en particular como la «locomotora del crecimiento». Engrasaron sus ruedas con licencias para todos los yacimientos detectables, abrieron terrenos vírgenes y se prepararon para la siguiente frontera: el fracking, que, según el ministro de Energía del gabinete anterior al de Petro, triplicaría las reservas de petróleo y gas del país. En resumen, se comportaron como cualquier gobierno de cualquier gran estado productor de combustibles fósiles. Antes de 2022, el Estado colombiano actuó como cabría esperar de cualquier comité encargado de gestionar los asuntos de la burguesía: echando leña al fuego a máxima velocidad.
Pero el país era inusual por su extrema orientación exportadora. El objetivo no era tanto consumir combustibles fósiles como venderlos en el mercado mundial. La locomotora se dirigía hacia el norte, donde se quemaría el petróleo y el carbón y, sobre todo en este último caso, se acumularían los beneficios. Las vetas de carbón se entregaron a empresas extranjeras para su extracción y transporte a lejanas chimeneas. Cuando Petro asumió el poder, Colombia exportaba más de nueve décimas partes de su carbón —una cuota solo superada por Mozambique— y más de la mitad de su petróleo.
Ocupaba el sexto lugar entre los exportadores mundiales de carbón, sin rival en América Latina; en petróleo, ocupaba el vigésimo cuarto lugar a nivel mundial y el tercero en la región. Los combustibles fósiles representaban más de la mitad de las exportaciones de Colombia y casi la mitad de todas las inversiones entrantes. En términos biofísicos —medidos, por ejemplo, en tonelaje—, ningún otro producto se le acercaba. Colombia ha sido durante mucho tiempo un ejemplo del intercambio ecológicamente desigual: una periferia arquetípica despojada de sus recursos por el núcleo rico, y los combustibles fósiles han constituido la mayor parte de la materia disipada. Al mismo tiempo, Colombia ha desarrollado una dependencia excesiva del petróleo y el carbón exportados para obtener regalías, impuestos y otros tipos de ingresos. Otros países pueden haber producido cantidades mucho mayores de cualquiera de estos dos productos —por ejemplo, Estados Unidos o China— sin estar tan completamente a su merced. Las economías grandes y diversificadas tendrían más facilidad para deshacerse de estos combustibles.
Sin embargo, todo esto cambió en 2022, o más bien entre 2018 y 2021, cuando la furia popular contra la forma neoliberal de desarrollo capitalista estalló en una revuelta tras otra, con manifestaciones masivas y asambleas locales, huelgas generales y comedores comunitarios, destrucción de propiedades y enfrentamientos con la policía en toda Colombia. Fue esta oleada la que cristalizó en la victoria electoral de Petro.
La secuencia de lucha extraparlamentaria convertida en éxito electoral se ajustó a un modelo ideal que intentos similares recientes en el Norte —en particular los proyectos de Bernie Sanders y Jeremy Corbyn— nunca alcanzaron. Petro se subió a la ola de repulsa hacia la derecha que había gobernado Colombia durante dos siglos. Hizo de la lucha contra la base del statu quo —el extractivismo de los combustibles fósiles, entonces ampliamente detestado— uno de los pilares de su programa.
Este había adquirido la reputación de ser la locomotora de la destrucción tanto de la naturaleza como de las personas. Gran parte de la brutal violencia de las últimas décadas de la guerra civil sirvió para despejar tierras para yacimientos petrolíferos y minas de carbón; el capital afluyó a tierras vaciadas por las masacres, solo para devastarlas aún más con oleoductos y minas a cielo abierto.
La crisis climática como tal probablemente no era una preocupación de los votantes. Sin embargo, Petro integró la economía extractiva en una narrativa climática más amplia, vinculando siempre los problemas internos a la situación mundial. Vinculó las políticas climáticas radicales al deseo de una Colombia que no se destruyera a sí misma. Lo enmarcó como una «política de la vida»: un rechazo de la autodestrucción en favor de la supervivencia planetaria y nacional. Una vez en el palacio presidencial, puso en marcha el que posiblemente sea el proyecto más avanzado del mundo para la transición away from fossil fuels. En consecuencia, se ha topado con obstáculos formidables.
El ocaso del carbón, el impulso del futuro
El carbón es un vector de destrucción en el norte de Colombia: tierras fértiles convertidas en un paisaje lunar de cráteres áridos; fuentes de agua contaminadas o desaparecidas; aire tan denso de partículas tóxicas que hace inhabitables pueblos enteros; pobreza extrema arraigada en torno a las minas. Las ganancias de la «piedra negra» han sido escasas. Dos empresas extranjeras dominan el sector: Glencore, el mayor comerciante de materias primas y exportador privado de carbón del mundo, y Drummond, una empresa de Alabama especializada en el carbón colombiano. Ninguna de las dos ha acogido con agrado la negativa del Gobierno de Petro a aprobar nuevas minas. Hay suficiente carbón para mantener la producción durante al menos otro siglo al ritmo anterior a Petro, pero el objetivo de este Gobierno es dejarlo en el suelo.
Irónicamente, algunos factores del mercado podrían echar una mano en este sentido. El carbón colombiano se exportaba principalmente a Europa, sobre todo a los Países Bajos, pero la demanda en el continente está cayendo en picado, mientras que aumenta en Asia. Sin embargo, transportar millones de toneladas a través de los océanos hasta las centrales eléctricas asiáticas requiere largos viajes. A medida que el mercado se inclina hacia Oriente, el carbón del país queda fuera del mercado: una empresa como Glencore obtendrá mejores márgenes de beneficio aumentando la extracción en Sudáfrica o Australia. Por esta razón, la producción colombiana ha caído desde un máximo de 100 millones de toneladas en 2017 a alrededor de 60 millones el año pasado.
Cuando viajamos por las regiones mineras del norte, Drummond acaba de anunciar una reducción inminente de su producción a la mitad. «Esto está sucediendo mucho más rápido de lo que esperábamos», dice Felipe Corral-Montoya, activista y académico crítico con el carbón que hasta hace poco trabajaba en el Ministerio de Energía. Su oposición se basa en un compromiso con la justicia climática, pero se ve reforzada por razones económicas:
Nuestra industria del carbón está en vías de colapso. Este barco se está hundiendo. Queda un margen de tiempo de quizás doce a quince años, y luego se acabará. Nos decían que éramos profetas de la fatalidad, pero ahora incluso las empresas admiten que no tiene sentido producir carbón aquí.
A escala mundial, esto supone un mero reajuste de los yacimientos de extracción, sin ningún beneficio para el clima, pero, paradójicamente, abre un espacio político para los defensores de la transición en Colombia.
Ya hay una experiencia reciente de colapso no planificado. En 2021, una filial de Glencore cerró repentinamente sus minas cerca de La Loma, en el departamento del Cesar, dejando en la estacada a ocho mil trabajadores y sus familias. El resultado es una población activa a la deriva y contaminantes que se filtran en los arroyos locales. Los sindicatos se han unido a las comunidades rurales e indígenas para responsabilizar a la empresa.
Mientras tanto, hay preocupación por nuevos cierres: «Nosotros, los trabajadores del carbón, estamos preocupados porque hemos dado nuestra vida, nuestra juventud, nuestra fuerza a estas empresas, y ahora Drummond está cerrando… Deben dejarnos algo, alguna compensación cuando se vayan», dice Jenis Hernández, miembro de Sintracarbón, el sindicato de trabajadores del carbón. Para Corral-Montoya y otros activistas por la transición que trabajan con el Gobierno de Petro, el argumento es sencillo: planificar y coordinar el inevitable fin del carbón, «mejor por diseño que por desastre».
Sin embargo, la industria minera y sus amigos de la derecha tienen una objeción: la demanda europea de carbón podría repuntar. Ya lo hizo en 2022, tras la invasión de Ucrania. Donald Trump está haciendo todo lo posible por reavivar el renacimiento del carbón. Se avecinan más turbulencias geopolíticas. Y en un rincón de Cesar, la preocupación no es una retirada caótica de las empresas, sino una nueva incursión.
Cañaverales es un pueblo enclavado entre frondosos bosques tropicales y manantiales de aguas cristalinas. Los visitantes acuden a nadar en sus aguas cristalinas. Los dos mil habitantes se identifican como afrocampesinos y se enorgullecen de sus canales de riego autogestionados y de sus productivas tierras de cultivo, que constituyen el granero de la región. «Estamos rodeados de agua», dice Oscar Gómez, miembro de la junta del Consejo Comunitario de los Negros de Cañaverales. «Producimos algodón, yuca, maíz y productos lácteos, pero no sabemos nada de excavar carbón. Con las historias que me han contado, el carbón me aterroriza».
Hace diecisiete años, una empresa brasileña adquirió una licencia para abrir una mina que se tragaría la mayor parte de las tierras del pueblo. Desde 2025, la licencia está en manos de una empresa turca llamada Best Coal Company. La extracción aún no ha comenzado, pero los residentes temen que las excavadoras puedan aparecer en cualquier momento.
Otra miembro de la junta, Geania Gómez Moscote, describe lo que está en juego: «A pesar del calor, tenemos un territorio mágico. Queremos preservarlo: la tranquilidad, el sentimiento de comunidad, saber que su vecino puede ayudarle en cualquier momento. Hay un manantial especialmente cristalino en el bosque que, para nosotros, representa el corazón de esta tierra. Pero ahora el corazón late débilmente. La mina lo destruiría».
No entendemos por qué esta empresa turca quiere hacernos tanto daño.
Entonces, ¿por qué Petro no detiene este proyecto minero de una vez por todas? Porque la licencia es antigua y el Gobierno no va a romper contratos firmados antes de su llegada al poder. Los afrocampesinos de Cañaverales llevan años librando una batalla legal, con el apoyo de Rosa María Mateus, de un colectivo de abogados de Bogotá. Ella está indignada:
¿Cómo se puede permitir que se abra una nueva mina, en plena crisis climática, cuando el presidente ha dicho que no habrá más carbón? La razón es la amenaza de una demanda de la empresa, en el marco de estos perversos tratados internacionales de protección de las inversiones. Por eso tenemos que convencer al Gobierno de que se retire de ellos. Hasta que eso ocurra, adelante, que demanden. Al final, valdrá la pena proteger este ecosistema.
En este momento, el Estado hace oídos sordos a esta comunidad. El Gobierno se ve presionado entre organismos internacionales y autoridades regionales que dejan hacer lo que quieren a las empresas. Ni siquiera se escucha a Petro. Es como una maquinaria que sigue funcionando sin parar.
Se están preparando medidas para pasar de la acción legal a la acción directa, en caso de que aparezcan las excavadoras. «Tenemos que resistir cualquier ataque», afirma Hugué Martínez, también miembro de la junta del consejo. «Siempre nos dicen que la concesión minera se vendió hace mucho tiempo y que no se puede hacer nada al respecto. Pero, ¿y si el contrato es fundamentalmente defectuoso? Sabemos que estamos luchando contra un monstruo de mil cabezas, pero seguiremos adelante, porque para nosotros es una cuestión de vida o muerte».
La herencia del Estado
La cuestión de los contratos preexistentes afecta al núcleo de la teoría marxista del Estado y a las contradicciones del socialismo reformista: una izquierda elegida heredará un aparato que es burgués de arriba abajo. No puede simplemente «tomar posesión del Estado, como si fuera una casa nueva: las habitaciones pueden estar llenas de trampas explosivas, las escaleras bloqueadas; puede haber francotiradores en la cocina», como ha dicho Juan Carlos Monedero. Tras la derrota electoral, el enemigo de clase puede permanecer atrincherado en los ministerios, en el poder judicial, en la policía, en los partidos de la oposición, y puede utilizar los medios de comunicación para avivar escándalos y acosar a los cuadros del cambio.
Pocas personas han experimentado las contradicciones del poder estatal de forma tan aguda como Irene Vélez-Torres. Asumió el Ministerio de Energía en 2022. Una carismática joven profesora de geografía, con un pasado anarquista y un posterior giro hacia el marxismo, se inspiró en el «ambientalismo de los pobres» de Joan Martínez-Alier y en la «pedagogía del oprimido» de Paolo Freire. Su investigación se centró en la ecología política del extractivismo y la agroindustria en Colombia. Fue ella a quien Petro nombró para tomar el bastión de la industria de los combustibles fósiles dentro del aparato estatal y ejecutar la moratoria de las licencias.
Cuando llegué por primera vez al edificio del Ministerio de Energía, subí las escaleras hasta la cima de la pirámide, el sexto piso, para entrar en mi oficina como ministra. Me encontré con una sala llena de insignias, logotipos y premios de todo tipo de empresas mineras y de hidrocarburos: Glencore, Shell, Occidental, pequeñas y grandes, todas estaban allí. Era como un templo para las empresas, como si me estuvieran observando. Este era un ministerio destinado a servir a las empresas, no a las personas. Lo primero que hice fue quitar esos carteles, empezando por los de mi escritorio.
Inició un diálogo con los sindicatos sobre cómo organizar la transición. «De un día para otro, un ministerio que siempre había ido en una dirección dio un giro de 180 grados, hacia la izquierda». Irene Veléz-Torres se convirtió rápidamente en la bestia negra de la derecha, la miembro más vilipendiada del gobierno de Petro. «Yo era el rostro de esta política, y eso era demasiado para las élites». Vocal, elocuente, sin un linaje familiar noble, era una afrenta para los sentidos burgueses. Cuando tuvo la osadía de sugerir que los países ricos —pero no los pobres, como Colombia— debían someterse al «decrecimiento» y que el Sur Global debía desvincularse del «capitalismo fósil», se convirtió en blanco de un torrente de insultos.
Fue objeto de dos intentos de destitución, interminables tormentas en las redes sociales y agresiones físicas aleatorias por parte de ciudadanos enfurecidos, muchas de ellas con tintes sexistas: cómo se atrevía esta ministra a llevar zapatillas y pendientes tan grandes, etc. Tras solo un año, cuando las amenazas se extendieron a sus hijos, dimitió. El Ministerio de Energía —oficialmente, Ministerio de Minas y Energía— siguió adelante con la eliminación gradual de los combustibles fósiles, pero sin el carismático liderazgo de Irene Veléz-Torres. Fue derrocada por los golpes bien dirigidos de la maquinaria burguesa.
Sin embargo, dos años más tarde, a principios de agosto de 2025, volvió: Petro nombró a Veléz-Torres su nueva ministra de Medio Ambiente. Fue una muestra de compromiso con la transición y de aprecio hacia su compañera de armas más controvertida, así como una señal de que el último año de su presidencia no verá reducidas sus ambiciones. La lucha por asegurar el poder del Estado continúa.
Las últimas plegarias de Cristo Petrolero
Más importante que la piedra negra para el Estado es el oro negro. Alrededor de dos tercios del petróleo de Colombia es producido por una empresa que sigue siendo mayoritariamente estatal: Ecopetrol (el nombre, que suena ecológico, es puramente accidental, ya que es la abreviatura de «Empresa Colombiana de Petróleo»). El fin del carbón significaría el fin de los beneficios para Glencore y Drummond. Pero el fin del petróleo privaría al Estado de una importante fuente de ingresos, lo que hace que la moratoria sea aún más audaz.
La industria petrolera tocará fondo si no se reponen las reservas. La exploración continua es la condición sine qua non de un negocio petrolero próspero; sin perforaciones, no habrá nuevos yacimientos que sustituyan a los agotados. La moratoria, en otras palabras, es una sentencia de muerte. Según varias estimaciones, entrará en vigor en 2031: si la prohibición se mantiene, Ecopetrol no tendrá más petróleo que extraer para ese año. Incluso las previsiones un poco más optimistas sugieren que la próxima década será la última. «¿Podrá sobrevivir la industria petrolera colombiana a las reformas revolucionarias de Petro?», se leía en un sombrío titular de la prensa económica. Tras su llegada al poder, la actividad perforadora se desplomó, se suspendieron contratos en masa y Exxon abandonó el país, lo que frenó en seco la expansión de este circuito de acumulación. La inversión total en producción petrolera podría descender un 7 % en 2024, y la inversión extranjera directa en el sector, hasta un 30 %. Se había puesto en marcha una espiral de muerte, por decreto de la izquierda. «Nos enfrentamos a una fuerte resistencia en el sistema financiero», afirma Tatiana Roa Avendaño, viceministra de Medio Ambiente, que pasó muchos años como activista de base e investigadora antes de entrar en el gabinete. «Pero no llegamos al Gobierno para gestionar el statu quo. Lo hicimos, desde una posición de profundo desequilibrio de poder, para abrir una grieta en el muro fósil».
Es difícil exagerar lo dramáticamente que Colombia se ha desviado aquí de las tendencias mundiales. El año en que ganó Petro, 2022, fue también el año de una bonanza de beneficios sin precedentes en la industria petrolera mundial, lo que provocó una frenética actividad inversora. El gasto total en producción upstream aumentó un 9 % en 2023 y probablemente otro 7 % al año siguiente. Eso equivale aproximadamente al descenso registrado en Colombia. Justo cuando el resto del mundo redoblaba su apuesta por los combustibles fósiles, este país comenzaba a retirarse de ellos.
Sin embargo, eso no significa que toda la exploración haya cesado. Al contrario, Petro y Veléz-Torres dejaron claro desde el principio que se respetarían las más de trescientas licencias existentes. Más reformistas que revolucionarios, buscaban un estrangulamiento gradual del capital fósil primitivo.
Pero ese plazo puede darles tiempo para contraatacar. El arraigo del petróleo en el capitalismo colombiano no es más visible que en Barrancabermeja, la capital de la industria, una ciudad famosa por su calor y humedad a orillas del río Magdalena. Está dominada por un enorme complejo de refinerías. Frente a él se alza un monumento de alambre de Jesús, con los brazos extendidos hacia el cielo, conocido como «Cristo Petrolero». Los visitantes se agolpan frente al Cristo Petrolero y se hacen selfies. En Barrancabermeja, el empleo, la educación e incluso la religión giran en torno a la refinería y las plataformas de Ecopetrol. Las tuberías atraviesan sin cesar la vegetación. Los dibujos de los niños en las paredes de las escuelas representan instalaciones petroleras y los patios de recreo cuentan con pozos.
Pero si se navega río abajo, se encuentra a pescadores que han visto cómo su medio de vida ha quedado arruinado por la constante afluencia de contaminantes. Yuli Velázquez es la presidenta de Fedepesan, la federación regional de pescadores: lleva más de una década documentando la disminución de especies en el río y sus afluentes. Se han encontrado manatíes en peligro de extinción flotando muertos en la superficie, junto a caimanes, tortugas, aves y, lo que más preocupa a Fedepesan, miles de peces. Velázquez nos lleva en una barca para mostrarnos el petróleo que se derrama en los humedales junto a un oleoducto de Ecopetrol. «Aquí se está produciendo una masacre de la fauna», afirma. Los pescadores dicen que padecen enfermedades como dermatitis e infecciones fúngicas. Velázquez acogería con satisfacción el fin de la industria petrolera; recuerda con cariño cómo, durante los cierres por la COVID-19, el río volvió a ser lo que era cuando la refinería redujo sus actividades. En todo el país, desde el Amazonas en el sur hasta las costas del Pacífico y el Caribe en el norte, los ecosistemas tendrían efectivamente una oportunidad de sobrevivir si esta industria desapareciera.
Pero al volver a la ciudad, la mayoría de los residentes con los que se encuentra rezan para que Ecopetrol y otras empresas se queden. Un centro intelectual de la industria es la Universidad Industrial de Santander (UIS), la universidad técnica de Barrancabermeja. Andrés Mauricio Montes es el director de su campus. Quiere que la producción de petróleo continúe durante otro siglo.
El petróleo es importante, porque aquí hay mucha gente que depende de él. Colombia no es un país con una industria manufacturera especializada ni con tecnología avanzada: exportamos materias primas. Necesitamos acceder a nuestros recursos hidrocarburos, pero la prohibición de la exploración nos impide encontrarlos. No es conveniente; no es la forma correcta de hacerlo.
La UIS tiene un programa de ingeniería petrolera. Solía atraer a unos quinientos solicitantes al año. Después de que Petro llegara al poder, ese número se redujo a cero. Montes culpa a la «mala propaganda del Gobierno», que disuade a «los chicos» de dedicarse al petróleo. Ahora está trabajando para convencer a los estudiantes de que el petróleo tiene futuro, citando la captura y el almacenamiento de carbono, que lo hacen sostenible y facilitan la recuperación mejorada del petróleo, ya practicada por Ecopetrol.
Esta posición es compartida por la derecha del espectro político. «No se cansan de promover la destrucción del sector minero y energético», se quejó una diputada del Centro Democrático; el expresidente Iván Duque, que se mantuvo fiel a un enfoque aceleracionista durante su mandato, denunció las políticas de Petro como «suicidio social y económico» (ambos comentarios se produjeron durante el mandato de Irene Veléz-Torres, cuando la retórica alcanzó su punto álgido).
La presión para revocar la moratoria ha sido inmensa. Adrián Correa, activista comunista en su juventud, ahora uno de los cuadros de la transición y hasta hace poco director de una unidad de planificación del Ministerio de Energía, describe así el discurso difundido por la derecha:
«Dicen que detener la exploración nos obligará a importar gasolina.
Estamos poniendo en riesgo nuestra seguridad energética: «Prepárense, colombianos, pronto se quedarán sin gas en sus casas, no podrán cocinar, tendrán que usar estufas de leña y volver a la Edad Media». Y, por desgracia, han tenido éxito. Esto toca la fibra sensible de la gente común: el miedo a la supervivencia.
La industria está organizada en dos federaciones empresariales: Naturgas, para las empresas productoras de gas, y la Asociación Colombiana del Petróleo, para las productoras de petróleo, entre las que se encuentran BP, Shell, Petrobras y otros gigantes extranjeros. Ambas han financiado think tanks, apoyado a periodistas y financiado generosamente una guerra cultural contra Petro y la izquierda.
Pero el bando de Petro ha respondido con un argumento estrictamente económico: el futuro del petróleo en Colombia es tan sombrío como el del carbón. El crudo es viejo, pesado y caro de extraer. En cuanto los precios caen a 60 dólares por barril, los márgenes de beneficio se esfuman y los yacimientos se cierran. Incluso antes de Petro, la producción y la exportación estaban en declive. Los defensores de la transición colombiana argumentan que este país necesita una base más segura para su desarrollo; más vale renunciar al petróleo inestable y dejar que otros con reservas más lucrativas continúen.
La derecha, por supuesto, replica que los precios del petróleo podrían dispararse en cualquier momento, como ocurrió en 2022. Y Colombia, insisten, todavía tiene un recurso enorme sin explotar: el fracking.
A la derecha le encanta el olor del fracking por la mañana
Ecopetrol, así como empresas extranjeras —entre ellas Exxon—, llevan mucho tiempo salivando ante las reservas que podrían explotarse si se diera luz verde al fracking. Los mayores yacimientos se encuentran en la zona de Barrancabermeja, en el río Magdalena. A una hora en coche hacia el norte se encuentra la aldea afrocolombiana de Puerto Wilches. Aquí vive Yuvalis Morales, la joven hija de una pescadora, que lleva varios años liderando campañas contra el fracking: ella vio cómo el gobierno anterior aprobaba «proyectos piloto» de Ecopetrol y Exxon. Se desató una feroz lucha popular contra ellos. La gente de Puerto Wilches tenía razones particulares para resistir:
El fracking destruiría los pantanos y marismas de los que dependemos para pescar y obtener agua dulce. Hay mucha propaganda nacionalista en torno a Ecopetrol, como empresa estatal que puede generar ingresos para los colombianos. Algunas personas en este país dirán: «¿Por qué no? Adelante, que hagan fracking». Pero aquí, en esta región, la gente común está en contra. Y no solo los que dependen de los recursos hídricos para su trabajo, ¡incluso la clase media quiere poder lavarse los dientes! Así que hemos contado con un amplio apoyo y hemos conseguido ganar todas las batallas políticas, legales y económicas aquí en Puerto Wilches. Y entonces llegó este Gobierno y canceló los proyectos piloto. Se retiraron las máquinas.
Esa decisión fue la razón por la que Exxon se marchó de Colombia.
Aún más intensa es la frustración y la ira, tanto de las empresas nacionales como de las extranjeras, ante la idea de que un gobierno pueda prohibir el acceso a un tesoro como ese. Andrés Gómez, que anteriormente trabajó como ingeniero petrolero para Ecopetrol y Halliburton, se hartó de la destrucción causada por la industria. Abandonó su trabajo para unirse a la resistencia popular y ahora trabaja como coordinador para América Latina de la Iniciativa para el Tratado de No Proliferación de los Combustibles Fósiles. En otra medida que alinea al aparato estatal con los movimientos sociales, Colombia se convirtió en el primer país productor de combustibles fósiles en respaldar esta iniciativa —que trata las reservas de combustibles fósiles como si fueran bombas nucleares— durante las negociaciones de la COP a finales de 2023. Pero Gómez se preocupa por el peligro que sigue existiendo.
La única oportunidad que tiene Colombia de explotar reservas verdaderamente extensas de petróleo ligero y gas se encuentra en una formación de esquisto a lo largo del Magdalena, conocida como La Luna. Podría ser la cuarta más grande de su tipo en el hemisferio occidental. Estados Unidos tiene la cuenca del Pérmico, Argentina la de Vaca Muerta —en ambas, el lema es «Perfora, nena, perfora», cortesía de los presidentes de extrema derecha— y México la cuenca de Burgos. Solo La Luna ha permanecido sin explotar hasta hoy:
Si se iniciara aquí el fracking, se produciría un nuevo boom exportador. Y devastaría la región. Durante los 105 años que llevamos con la industria petrolera en este país, se han perforado 25 000 pozos. Según los planes de Ecopetrol, se perforarían 12 000 pozos para fracking en solo diez años, la mitad del total anterior. Esto se debe a que, con esta tecnología, un pozo se agota en solo tres años, aproximadamente; no se puede utilizar durante ochenta o noventa años, como ocurre con algunos yacimientos convencionales, por lo que hay que perforar y perforar sin cesar, como se ha hecho en Estados Unidos. Y Ecopetrol tiene la intención de gastar al menos 50 millones de litros de agua en cada pozo.
¿De dónde vendrá esta agua? Del río Magdalena, por supuesto. Y una vez que el agua ha sido inyectada en el suelo, vuelve a la superficie muy contaminada. Tendremos más destrucción ambiental en una década que la que hemos tenido en un siglo.
Hasta ahora, la resistencia de Colombia al fracking ha sido la más eficaz del hemisferio occidental, y el gobierno de Petro ha tratado de codificar sus logros en la ley. Ha fracasado. Cinco veces se presentó al Congreso un proyecto de ley para prohibir el fracking; cinco veces los partidos de la derecha lo bloquearon. La Asociación Colombiana del Petróleo encabezó la obstrucción. Como resultado, la pausa en el fracking sigue siendo solo eso, totalmente contingente a la determinación del gobierno actual de retener las licencias. Con otro presidente en el palacio, se podrían abrir las compuertas de La Luna.
Energía para la red del pueblo
Entonces, ¿cuál es la alternativa a los combustibles fósiles en Colombia? Como la mayoría de los países del Sur Global, tiene un inmenso potencial para generar energía solar y eólica. A pequeña escala, esto podría significar instalar un panel fotovoltaico (PV) en un tejado. El gobierno de Petro ha promovido el concepto de «comunidades energéticas»: instalar paneles en asentamientos rurales pobres que no están conectados a la red, lo que les permite ser autosuficientes en materia de electricidad e impulsar su agricultura. Esta iniciativa ha tenido una gran acogida. Se han creado al menos 300 comunidades energéticas con el apoyo del ministerio, y hay otras 1000 en construcción.
Dado que un panel fotovoltaico en una choza no amenaza ningún interés poderoso, es, en cierto sentido, el fruto más fácil de la transición; en otro, su visión más utópica. Como argumenta el presidente Petro: «El petróleo, el gas y el carbón deben expandirse constantemente, porque representan capital, capital fósil. Pero somos un país del sol, y la energía solar cambia la geografía del poder».
El mayor potencial se encuentra en la zona del Caribe, donde viven los pueblos indígenas. Y la capacidad de autogeneración es muy alta; hemos hecho todo lo posible para incentivarla. Cada familia puede abastecerse de la electricidad que necesita, en lugar de comprarla en el mercado. Las grandes multinacionales extraen riqueza a través de la renta diferencial, como se describe en el tercer volumen de El capital, pero la energía solar elimina este elemento. Las comunidades energéticas se liberan de la tiranía de las empresas y los precios.
Su ministro de Educación, Daniel Rojas, otro intelectual marxista, profundiza en esta visión. No se trata, dice, de un «comunismo de guerra ecológico», sino de
democratizar al máximo la propiedad privada. No pretendemos tener un sector energético completamente estatal, sino una estructura descentralizada en la que cada hogar pueda financiar y generar su propia electricidad y venderla a otros, en la que cada escuela, cada comunidad pueda satisfacer sus propias necesidades.
Las comunidades subalternas han hecho cola para formar comunidades energéticas. Una de ellas se llama Pondores. Situada a poca distancia de una comisaría de policía en las llanuras de La Guajira, una de las dos provincias septentrionales saqueadas por la industria del carbón, es un aglomerado de barracones, construidos en 2017 para antiguos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Tras firmar el acuerdo de paz, una brigada de combatientes bajó de las montañas y se instaló en este campamento, a la espera de un asentamiento más permanente. Ocho años después, su vida en el limbo por fin está llegando a su fin. En Pondores, estos veteranos de la lucha armada, con una gran conciencia política, han improvisado y experimentado formas de vida comunitaria: una tienda cooperativa, un periódico, una comunidad energética.
Pero no han tenido un suministro estable de energía, ni una fuente constante de subsistencia. Eso está a punto de cambiar. A un paso de Pondores, se están construyendo casas dignas, parcelas agrícolas y un parque solar equipado con baterías de almacenamiento: un nuevo hogar comunitario para los excombatientes, que se inaugurará antes de finales de 2025. Mary Luz, una combatiente desmovilizada de 48 años y madre de dos hijos, espera con ilusión la mudanza:
Estuve con la guerrilla durante veintidós años. Era agradable vivir en las montañas. Cada uno llevaba su manta y se construía su casita, y vivíamos bien al amparo de la madre selva. Aquí abajo, en la llanura, hay mucha contaminación por las minas de carbón: todo el polvo que se levanta y te enferma. Pero este proyecto solar es una oportunidad. Nos da autonomía y proviene del sol, no de otras fuentes. Hoy en día hace demasiado calor, hay demasiada quema; ya no sabemos cuándo es verano y cuándo es invierno. Pero estamos agradecidos; quizá el año que viene podamos tener una casita más cómoda y plantar yuca y plátanos. Hay que sobrevivir con lo que se encuentra. Así es como se vive.
En otro rincón de La Guajira, en las altas y verdes colinas de la Sierra Nevada, los indígenas del pueblo kankuamo también han adoptado con entusiasmo la energía solar. «La energía que suministran las empresas privadas aquí es muy inestable», explica Daniel Maestre Villazón. «No alcanza el voltaje necesario para hacer funcionar los equipos de nuestros proyectos productivos, nuestra acuicultura, la cría de pollos, el pulido de frutas. Por eso queremos energía solar». Hasta ahora solo se han instalado unos pocos paneles, pero la esperanza es que haya más. «Queremos crear nuestra propia empresa para gestionar nuestros propios recursos energéticos; queremos aprender, desarrollar y mantener esto nosotros mismos».
La filosofía de la energía solar autogestionada se ha afianzado entre algunas de las comunidades más desfavorecidas de la Colombia de Petro. En solo tres años, el Gobierno ha presidido un aumento de la capacidad de energía solar de diez veces. Por supuesto, esta expansión no es única en sí misma, pero lo que sí es único es que va acompañada del abandono de los combustibles fósiles: una transición real, no solo una adición de energía.
Este Gobierno ha promovido la energía solar de forma mucho más coherente que la eólica, a pesar de las fuertes corrientes costeras. La energía solar es más barata. Sin embargo, la energía eólica será necesaria para una transición completa, y se han instalado algunas turbinas —muy pocas, desde la perspectiva europea— en La Guajira. Junto a ellas viven Luis Carlos Iguarán y su madre, María Dolores, la autoridad matriarcal tradicional de una comunidad indígena wayuu. Traumatizados desde hace mucho tiempo por los efectos de la industria del carbón, acogen con satisfacción el parque eólico cercano. También se han instalado paneles solares, que proporcionan wifi gratuito y servicios básicos a la comunidad. «Esto es bueno para nosotros, bueno para el país, pero hay demasiados proyectos paralizados y detenidos».
El despliegue de la energía eólica se ha dejado en manos del sector privado, y las empresas se han retirado de la región. Una de las razones ha sido la oposición de los wayuu de otras zonas, que se han resistido a la idea de otra infraestructura energética más, además del odiado carbón. Alegan una distribución injusta de los ingresos, la falta de consulta y el desprecio por el significado espiritual del paisaje. Como resultado, los vientos de La Guajira siguen casi tan inexplotados como los esquistos de La Luna.
El mercado odia el sol
A gran escala, la energía solar y eólica podrían sustituir al petróleo y al carbón como productos de exportación. Petro ha planteado la idea de una red transcontinental de electricidad renovable, que se extendería desde Alaska, en el norte, hasta la Patagonia, en el sur. Colombia aportaría sus excedentes al sistema y recibiría a cambio los de otros países. Dos gobiernos amigos, Uruguay y Panamá, se han sumado recientemente a esta idea tan ambiciosa, y este último se ha comprometido a interconectar cables de alta tensión. Petro incluso llevó la propuesta a Joe Biden. Como nos explicó:
El odio de los latinoamericanos hacia la sociedad blanca es tan fuerte que quieren detener toda la inmigración hacia Estados Unidos. Le sugerí a Biden que podríamos hacerlo construyendo esta red, generando desarrollo económico en nuestros países para que la gente no tuviera que emigrar. Lo entendió, pero no hizo nada. No he podido hablar con Trump; le escribí una carta, pero no me respondió. Trump es puro nacionalismo; solo quiere extraer más petróleo y gas. Ni siquiera cree en el cambio climático.
Si esta curiosa oferta para mantener a los latinos alejados de Estados Unidos se llevara a cabo, probablemente nunca generaría beneficios a la escala del petróleo y el carbón. Una red transcontinental de abundancia renovable haría que los precios de la electricidad se acercaran a cero. Y ahí radica un obstáculo estructural familiar para el programa de transición de Petro y sus compañeros: la energía solar y eólica no pueden generar beneficios como los combustibles fósiles.
Ecopetrol lo sabe. Junto a sus yacimientos petrolíferos más antiguos, situados en las afueras de Barrancabermeja, conocidos como La Cira Infanta, ha construido el mayor parque de paneles solares de la región, no para vender la electricidad como mercancía (lo que no enriquecería a nadie), sino para alimentar las plataformas petrolíferas al menor coste posible. Ecopetrol es el mayor consumidor de electricidad de Colombia. Está ampliando su capacidad de energía solar para aumentar los márgenes de beneficio de su actividad principal: la extracción de hidrocarburos. Gran parte de la electricidad del parque solar se destina a una planta que inyecta decenas de miles de metros cúbicos de agua al día en el suelo para extraer el petróleo restante. Petro no se ha opuesto; de hecho, asistió a la inauguración del parque y firmó uno de los paneles. (Sin embargo, sí se ha opuesto a otra fuente de beneficios de Ecopetrol: sus operaciones de fracking en la cuenca del Pérmico. Pero cuando intentó que la empresa vendiera los activos, sus acciones cayeron y se echó atrás). Así, una parte considerable de la actual producción de energía solar de Colombia se utiliza para sostener la rentabilidad y prolongar la vida de su principal empresa petrolera.
La falta de rentabilidad de la energía solar y eólica se debe a la ausencia de mano de obra en su producción. Y por esa misma razón, algunos sectores laborales se han alineado con los combustibles fósiles. César Loza, actual presidente del sindicato de trabajadores petroleros Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo (USO), ha rechazado las políticas de Petro: «Los empleos generados por la industria del petróleo y el gas en Colombia son de alta calidad, gracias a los esfuerzos de la USO y sus trabajadores. Por el contrario, los empleos generados por fuentes de energía alternativas, como la energía solar, tienden a ofrecer salarios bajos y no requieren tanta mano de obra». Nadie excava en busca de luz solar ni perfora en busca de viento. Por lo tanto, concluye, «necesitamos más exploración de petróleo y gas, pase lo que pase».
Esto podría considerarse la postura de una aristocracia laboral fósil, que defiende su isla de privilegios en un mar de precariedad y pobreza, «privilegios» en un sentido muy relativo. El petróleo sigue pareciendo una oportunidad para una vida mejor para los habitantes de Barrancabermeja y sus alrededores. Un trabajador de Ecopetrol, que prefiere permanecer en el anonimato, nos cuenta cómo encontró empleo en la empresa a los diecinueve años:
Vengo de una familia pobre. Necesitaba dinero. Para mí fue un milagro que me contrataran en este sector sin experiencia. No quería vivir en la pobreza y sigo sin quererlo, quiero vivir bien. Quiero que mi familia, mis hijos, vivan bien, porque yo pasé muchas penurias en mi infancia. Cuando empecé en Ecopetrol, vi que era una forma de ganar mucho dinero. Es, digamos, uno de los mejores trabajos de Colombia: estar en Ecopetrol es estar en la cima; gano seis veces más que la media. Y mis jefes ganan mucho más que un ministro del Gobierno.
Mientras nos muestra La Cira Infanta, este hombre señala las fincas de la empresa donde viven los trabajadores en edificios proporcionados por Ecopetrol y abastecidos con electricidad de sus generadores. «Aquí hay casas grandes y bonitas, con aire acondicionado». Pero es consciente de que no toda la población de la región se beneficia de ello. Hay frecuentes manifestaciones en los alrededores de las instalaciones de Ecopetrol: «Ocurre cada dos semanas más o menos, la gente bloquea las carreteras para pedir a Ecopetrol que invierta más en la región y les dé trabajo». Este trabajador ha acabado en el parque solar. Es uno de los pocos que se han quedado para su funcionamiento y mantenimiento. Se contrató a unos doscientos trabajadores para la construcción del parque, pero solo treinta se quedaron en el lugar tras su inauguración, una pequeña parte de la mano de obra dedicada a la extracción propiamente dicha.
Del mismo modo, un puñado de los trabajadores que perdieron su empleo cuando Glencore cerró su mina en La Loma se reciclaron como ingenieros especializados en la instalación de paneles solares. Pero una vez instalados los paneles, ya están ahí; la luz del sol es gratis, a diferencia del carbón. En La Loma, muchas familias trabajadoras estarían encantadas de que se reabriera la mina, ya que podría proporcionar puestos de trabajo en cantidades que la energía solar no parece capaz de ofrecer. La localidad está rodeada por tres minas a cielo abierto de Drummond, de las que depende la población para su empleo y sus ingresos. El privilegio —si es que se le puede llamar así— de trabajar en las minas ha sido cuidadosamente racionado por esta empresa: solo se puede contratar a un miembro de cada familia. Esta dependencia estructural de los combustibles fósiles, esta atracción magnética hacia las minas y los campos como mejores fuentes de un salario digno, parecería predisponer a los sindicatos a defender la extracción. Y sin la mano de obra firmemente de su lado, ¿cómo podría un gobierno derrotar al capital fósil?
Pero en los sindicatos colombianos —muy politizados, tras un siglo de agitación militante y guerras civiles— las corrientes más progresistas son fuertes. El liderazgo de la USO no ha estado exento de críticas por su apoyo al fracking. Una poderosa oposición se ha alineado con la agenda de Petro. En el centro Aury Sará de Bogotá, que lleva el nombre de un líder de la USO mártir en 2001, un mural representa una mano extendida de la que brotan árboles, paneles solares y turbinas eólicas. Esta rama de la USO acaba de patrocinar un seminario sobre ecofeminismo. Hablamos con Juan Carlos Aguilar, miembro de la comisión nacional de la USO para los derechos humanos de los trabajadores. Después de haber trabajado durante veintiséis años en la refinería de Barrancabermeja, no siente ningún aprecio por el negocio del petróleo. «La transición energética es necesaria, simplemente porque estamos superando los límites del equilibrio en este mundo. La explotación del petróleo puede haber traído una gran riqueza a algunos sectores de la sociedad, pero también ha traído una gran pobreza, violencia y contaminación, y nada de esto ha sido compensado por la industria», afirma.
En los últimos meses, la USO parece haberse acercado a las prioridades de Petro. Edwin Palma, actual ministro de Energía —en un gabinete famoso por su alta rotación—, es un antiguo líder del sindicato que, en su nuevo cargo, ha aceptado el rechazo oficial al fracking. Se está planificando una serie de comunidades energéticas para la región de Barrancabermeja, en cuyos yacimientos petrolíferos solía trabajar. Este desarrollo pone de manifiesto, una vez más, el singular experimento de Colombia: la organización de los trabajadores petroleros participa directamente en la planificación de la transición. Sin embargo, la capacidad de las energías renovables para sustituir todos esos puestos de trabajo sigue siendo incierta. Juan Carlos Aguilar reconoce que «todavía no hay una propuesta real y concreta del Gobierno» sobre fuentes de ingresos alternativas para sus compañeros. ¿Cómo se puede resolver este problema?
Romper la trampa de los recursos
Una solución podría ser replantearse la transición energética como una ruptura con la lógica de la dependencia de los recursos. A ojos de Felipe Corral-Montoya y Catalina Combariza Díaz, ambos trabajadores del think tank radical Polen, la tarea no es otra que poner fin al estatus de Colombia como enclave extractivista. «Cualquier cosa que no sea un cambio completo del modelo económico nacional solo será un parche». Se abandonaría entonces la idea de que el futuro reside en la exportación de cualquier tipo de energía o materia prima, y la suerte de la población se desvincularía, en el sentido clásico, de la del núcleo rico. Como explica Corral-Montoya:
Deberíamos utilizar nuestros abundantes recursos energéticos renovables para procesar y producir cosas aquí. Necesitamos construir vínculos locales e internos. La energía solar podría dinamizar nuestra industria de procesamiento de alimentos. Cuando pongamos en marcha los autobuses eléctricos aquí en Bogotá, también deberíamos fabricarlos. Estábamos adaptando el viejo coche de mi madre para que fuera eléctrico, y se puede imaginar una adaptación general del parque automovilístico colombiano en talleres de todo el país. Y los componentes necesarios podrían fabricarse en fábricas de aquí.
Ahora tenemos un proyecto en la costa caribeña para fabricar motocicletas eléctricas, y funcionan incluso mejor que los antiguos modelos de gasolina porque tienen más par motor. Deberíamos pensar en nuestras energías renovables como la base para la industrialización de Colombia.
Esto, según este argumento, refutaría el alarmismo de la derecha en torno a la «seguridad energética»: en lugar de seguir dependiendo de la gasolina, habría que electrificarlo todo y conectarlo a los sistemas domésticos.
También podría integrar plenamente a la mano de obra. A los trabajadores del sector del carbón y el petróleo se les podría ofrecer empleo industrial cualificado. Corral-Montoya continúa:
Lo que pasa con las plantas solares es que no se necesitan tantos trabajadores después de la construcción, solo algunos para la limpieza, el mantenimiento y la vigilancia. Por lo tanto, los trabajadores no pueden pasar a la producción de electricidad como tal, pero pueden incorporarse a industrias que consumen mucha electricidad. Todo lo demás se considerará un descenso social. Dirán: «No quiero ser agricultor, no quiero ser un empresario autónomo que instala paneles solares, tengo mi estatus como minero del carbón o trabajador del petróleo». Y por eso los sindicatos no han apoyado necesariamente la transición, porque hasta ahora ha beneficiado sobre todo a los más pobres. Quieren otros trabajos estables con altos ingresos. Se les podría imaginar formando cooperativas que serían las industrias del futuro.
Corral-Montoya no se ve a sí mismo como un John Maynard Keynes o un Vladimir Lenin ecológico, sino como un «Raúl Prebisch ecológico». La división internacional del trabajo entre países coloniales y colonizados es, para mí, el ADN de nuestra situación». Desde esta perspectiva, la dependencia unilateral de la exportación de combustibles fósiles no es una razón para desistir de la eliminación gradual. Es, más bien, su razón de ser económica.
Catalina Combariza Díaz tiene una opinión similar y ha aplicado este ecoestructuralismo autóctono al caso del hidrógeno. A diferencia de la energía solar o eólica, el hidrógeno verde puede exportarse como materia prima a cualquier destino del mercado mundial. Alemania es un cliente potencial. Tanto el Gobierno anterior como el actual han depositado sus esperanzas en este escenario. Pero ¿por qué reproducir la constante fuga y pérdida de recursos de esta nación? Es mejor quedarse con el hidrógeno verde y utilizarlo para producir cemento y acero —ambos con una urgente necesidad de descarbonización— bajo el control de empresas estatales. Incluso la aviación nacional, de la que Colombia se ha vuelto excesivamente dependiente, podría alimentarse con combustibles a base de hidrógeno. O el país podría empezar a fabricar trenes con electricidad renovable. La refinería de Barrancabermeja podría convertirse en un centro de hidrógeno verde, etc. La imaginación colombiana no tiene límites.
En este contexto, surge inevitablemente el espectro de un nuevo auge minero de minerales críticos. ¿Marcará Colombia su territorio con una nueva generación de feas cicatrices? Corral-Montoya, Combariza Díaz, Petro y muchos otros no se oponen a la extracción en sí misma —se necesitarán materiales para desarrollar una Colombia independiente y libre de combustibles fósiles—, pero sí rechazan el extractivismo: el modelo de producir en masa productos sin procesar para su eliminación en otros lugares. Y, por suerte, quizá, Colombia no tiene las montañas de litio y cobre de Bolivia o Chile. Pero, al igual que con el carbón en Cañaverales, el cobre está avanzando en algunas fronteras de la Amazonía y Antioquia y, como era de esperar, provocando una resistencia similar por parte de las comunidades indígenas y campesinas, que temen ser víctimas una vez más del despojo y la destrucción, pero ahora en nombre de la «transición». Petro se opone personalmente a las minas en ambas regiones. Estas batallas siguen sin resolverse, mientras poderosos intereses —extranjeros y nacionales— tiran de la correa.
Se han presentado otras ideas de carácter anticolonial. Países capitalistas avanzados como Alemania podrían dar a Colombia espacio fiscal para eliminar gradualmente el petróleo mediante la condonación de parte de su deuda. Pero, como siempre, cuando se pide a los países ricos que paguen, esta idea no les ha sentado bien. En 2024, el Gobierno de Petro dio a conocer un plan de megainversión pública para la eliminación gradual, pero su destino sigue siendo incierto en el momento de escribir este artículo. El Estado colombiano no es un aparato acostumbrado a dirigir la economía movilizando recursos bajo su propio mando directo.
Y luego está el turismo, más concretamente el ecoturismo, fácil de ridiculizar por no ser libre de carbono ni descolonial. La afluencia de turistas a Colombia se ha disparado recientemente. Con un toque de vanidad presidencial, Petro se atribuye el mérito: «Creo que es porque hago mucho ruido a nivel internacional; hablo de lo bonito que es el país y por eso viene tanta gente». Sean cuales sean los méritos de esa afirmación, los ingresos del turismo superaron a los del carbón en 2024. Y eso también cuenta como un logro de algún tipo.
La transición energética en un país
Pero, al final, las contradicciones de la transición colombiana se reducen a un único callejón sin salida: no puede hacerlo sola. El gobierno de Petro ha sido un faro en un aislamiento extremo. Incluso en la vecindad inmediata de América Latina, todos los demás países productores de combustibles fósiles han pisado el acelerador, desde la izquierda hasta la derecha, desde Venezuela hasta Argentina, un grupo de comités para gestionar los asuntos de la burguesía sigue buscando más. El gobierno de Lula es uno de ellos. A finales de este año, justo antes de acoger la COP30, Brasil subastará licencias para 172 bloques de petróleo y gas, 47 de ellos en la Amazonía.
Así es como funciona el mundo, el modus operandi del Estado burgués: todo sigue igual, con toda su monotonía. Romper con ello en una sola nación tiene tantas posibilidades de éxito como el socialismo en una sola. Petro se refiere a sí mismo como «el último mohicano». «Los más ricos del mundo están apostando por la muerte. Temen perder el poder y por eso no avanzamos hacia una transición, sino hacia una guerra mundial».
Hay algo trágico, pues, en el espectáculo de Petro en el palacio presidencial. Sin la exportación del experimento colombiano, parece condenado a derrumbarse. Durante nuestra estancia en el país en la primavera y principios del verano de 2025, nadie expresó su confianza en que la izquierda ganará las elecciones del año que viene. Lo más común es la resignación ante la perspectiva de la derrota. La Constitución actual prohíbe que un presidente ejerza más de un mandato; quien intente tomar el relevo de Petro se enfrentará a una batalla cuesta arriba. Es probable que el Estado vuelva a manos de sus propietarios originales.
Si eso ocurre, ¿qué sobrevivirá del proyecto de transición? Es casi seguro que un gobierno de derecha eliminará las restricciones e inundará la industria de los combustibles fósiles con nuevas licencias. «Todos los candidatos presidenciales de derecha prometen hacerlo. Nuestros logros son temporales», predice Veléz-Torres. «El fracking en el río Magdalena podría comenzar el 9 de agosto de 2026», el día después de la toma de posesión del próximo presidente, anticipa Andrés Gómez. En el peor de los casos, una derecha revanchista podría desatar una violencia masiva contra los movimientos sociales que se interpongan en su camino. Activistas como Yuli Velázquez y Yuvalis Morales ya han estado a punto de morir a manos de escuadrones de la muerte.
En ningún otro lugar se asesina a tantos defensores del medio ambiente como en Colombia; de hecho, incluso bajo el gobierno de Petro, este país ha registrado casi la mitad del total mundial. Con un presidente de derecha —un Jair Bolsonaro o un Javier Milei colombiano— no es impensable que se vuelva a caer en los patrones de la guerra civil. El primer intento a nivel nacional de dejar los combustibles fósiles en el suelo podría ahogarse en sangre.
En el mejor de los casos, una derecha menos agresiva podría permitir que partes del proyecto siguieran adelante: comunidades energéticas, parques solares, un sector del carbón abandonado a su suerte. Mejor aún, podrían surgir movimientos extraparlamentarios para defender los logros, bloquear el fracking e impulsar la transición. Lo mejor, naturalmente, sería una alianza renovada entre esos movimientos y el Estado, mediante una combinación de movilizaciones masivas y victorias electorales, el tipo de milagro que todavía ocurre de vez en cuando en este continente.
Pero incluso si lo peor llegara a suceder, aún podría transmitirse algo de luz a las generaciones futuras. Incluso en una Tierra invernadero, los últimos historiadores podrían mirar atrás a la década crítica de los años 2020 y concluir que el final del juego no estaba predeterminado. Hubo un país que demostró lo que se podría haber hecho.
Andreas Malm es profesor asociado de ecología humana en la Universidad de Lund. Es autor, junto con Wim Carton, del libro de próxima publicación The Long Heat: Climate Politics When It’s Too Late (El largo calor: la política climática cuando ya es demasiado tarde).
Maxy Guez es periodista independiente francés.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 21 de agosto de 2025.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/live-54-palestinians-killed-831-wounded-24-hours
En directo: Israel bombardea la ciudad de Gaza mientras la ONU advierte que los niños no sobrevivirán a la hambruna provocada por la guerra
Las muertes por hambruna en Gaza alcanzan las 271 mientras el secretario general de la ONU condena la expansión de los asentamientos israelíes
Puntos clave
La ONU advierte que los niños de Gaza se enfrentan a un tercer año sin escuela en medio de la guerra israelí
Despiden a un responsable de prensa estadounidense por rechazar el lenguaje proisraelí
Más de 62 000 palestinos muertos en la guerra de Israel contra Gaza
Últimas noticias
Buenas noches, lectores de Middle East Eye.
Al menos 48 palestinos murieron el jueves a causa del genocidio perpetrado por Israel en Gaza. Mientras tanto, en una entrevista emitida el jueves, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que Israel atacará la ciudad de Gaza independientemente de si se alcanza un alto el fuego con Hamás que contemple la liberación de los rehenes israelíes. «Lo haremos de todos modos», declaró Netanyahu en la entrevista.
También el jueves, el brazo armado de Hamás, las Brigadas Al-Qassam, reivindicó un ataque contra lo que describió como un «centro de mando y control» israelí y una concentración de soldados israelíes al oeste de la ciudad de Rafah.
Esto es lo que necesita saber:
- El número de palestinos muertos mientras buscaban ayuda alimentaria en Gaza ascendió a 13, según Al Jazeera Arabic.
- El Líbano anunció el jueves que había comenzado a desarmar a los grupos de resistencia palestinos.
- Al menos cinco niños palestinos están desaparecidos después de buscar ayuda humanitaria en Gaza, según Defensa de los Niños Internacional-Palestina (DCIP).
- Amnistía Internacional ha condenado el plan de Israel de construir un nuevo y extenso asentamiento en la Cisjordania ocupada como una violación flagrante del derecho internacional.
Un niño palestino muerto por un ataque con drones israelíes en el centro de Gaza
Al menos un niño palestino murió el jueves por un ataque con drones israelíes en el centro de Gaza, según Al Jazeera Arabic.
Israel atacó un edificio residencial en el campamento de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, como parte de su genocidio en curso en el enclave.
Al menos 48 palestinos han muerto desde el amanecer del jueves por los ataques israelíes.
Finlandia convoca al embajador de Israel por los asentamientos en Cisjordania y Gaza
Finlandia anunció el jueves que había convocado al embajador de Israel por el proyecto de asentamiento E1 en Cisjordania y el genocidio en Gaza.
El Ministerio de Asuntos Exteriores finlandés dijo que había expresado su «profunda preocupación» por los planes de Israel de ampliar los asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada y atacar la ciudad de Gaza.
«Finlandia ha pedido que se permita el acceso sin obstáculos de la ayuda humanitaria a Gaza, de conformidad con el derecho internacional», añade el comunicado.
Colonos israelíes atacan coches al sur de Belén
Colonos israelíes atacaron vehículos palestinos el jueves por la tarde cerca de la entrada sur de Belén, en la Cisjordania ocupada, según la agencia de noticias palestina Wafa.
Los colonos bloquearon la carretera principal que conecta Jerusalén y Hebrón, en la Cisjordania ocupada, y lanzaron piedras contra coches palestinos.
Los ataques de los colonos se han disparado en medio del genocidio que Israel lleva 22 meses perpetrando en Gaza.
La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, UNRWA, advirtió el jueves sobre la grave falta de refugios en Gaza, donde alrededor del 90 % de los palestinos se encuentran desplazados.
La UNRWA afirmó que los palestinos que se enfrentan al genocidio de Israel viven en condiciones de hacinamiento.
«Los refugios existentes se han deteriorado o han sido abandonados en medio de los repetidos desplazamientos forzados. Nuevos desplazamientos agravarán la ya catastrófica situación de los refugios», añadió el comunicado.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que Israel atacará la ciudad de Gaza independientemente de que se alcance un alto el fuego con Hamás que contemple la liberación de los rehenes israelíes.
«Lo haremos de todos modos», declaró Netanyahu en una entrevista con Sky News Australia emitida el jueves.
«Nunca se ha cuestionado que no vayamos a dejar a Hamás allí», afirmó.
Las Brigadas Al-Qassam de Hamás reivindican un ataque contra soldados israelíes cerca de Rafah
El brazo armado de Hamás, las Brigadas Al-Qassam, reivindicó el jueves un ataque contra lo que describió como un «centro de mando y control» israelí y una concentración de soldados israelíes al oeste de la ciudad de Rafah.
Las Brigadas Al-Qassam afirmaron que utilizaron cohetes Rajum de corto alcance en el ataque.
El brazo armado de Hamás lanzó a principios de esta semana un sofisticado ataque contra las tropas israelíes que incluyó combates cuerpo a cuerpo. Los ataques demuestran que, tras 22 meses de ataques israelíes, Hamás sigue siendo capaz de operar militarmente dentro de Gaza.
Al menos 13 palestinos muertos mientras buscaban ayuda en Gaza
El número de palestinos muertos mientras buscaban ayuda alimentaria en Gaza ascendió a 13, según Al Jazeera Arabic.
El jueves ha sido un día especialmente mortífero para los palestinos hambrientos que intentaban conseguir comida en medio del genocidio israelí.
Según el Hospital Hamad de Gaza, al menos 91 palestinos también resultaron heridos mientras buscaban ayuda.
Los palestinos se enfrentan al fuego de mercenarios israelíes y estadounidenses mientras caminan para recuperar alimentos de la ampliamente desacreditada Fundación Humanitaria de Gaza.
Netanyahu ordena el inicio de negociaciones inmediatas para liberar a «todos» los cautivos en Gaza
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo el jueves que había ordenado el inicio de negociaciones inmediatas para liberar a los cautivos israelíes que quedan en Gaza.
«He dado instrucciones para que se inicien inmediatamente las negociaciones para la liberación de todos nuestros rehenes y el fin de la guerra en condiciones aceptables para Israel», dijo el primer ministro en un comunicado en vídeo durante una visita a la división de Gaza, añadiendo que estaba aprobando el plan militar para tomar la ciudad de Gaza.
A principios de esta semana, Hamás aceptó una propuesta de alto el fuego de Egipto y Qatar que contemplaba la liberación de la mitad de los rehenes israelíes, todos ellos hombres en edad militar, como parte de un alto el fuego de 60 días.
Israel no respondió a la propuesta.
Líbano comienza a desarmar a los grupos palestinos vinculados a Fatah
El Líbano anunció el jueves que había comenzado a desarmar a los grupos de resistencia palestinos.
Los periodistas dijeron que vieron convoyes de las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF) entrando en el campamento de Burj al-Barajneh, en Beirut, antes de la entrega de armas.
La medida subraya cómo Beirut está tratando de reafirmar la autoridad de las LAF en todo el Líbano, incluidos los 12 campamentos de refugiados palestinos donde la policía y los soldados libaneses se abstuvieron de entrar.
«Hoy comienza la primera fase del proceso de entrega de armas en los campamentos palestinos», declaró en un comunicado el presidente del Comité de Diálogo Libanés-Palestino, Ramez Dimashkieh.
Beirut está bajo presión de Estados Unidos y los países del Golfo para que también desarme a Hezbolá.
En mayo, el presidente libanés, Joseph Aoun, se reunió con el presidente palestino, Mahmud Abás, en Beirut, donde ambos acordaron un plan para desarmar a los grupos vinculados a Fatah.
No está claro si el desarme se aplicará a Hamás, que también opera en el Líbano, pero está en conflicto con la Autoridad Palestina y Fatah.
Al menos cinco niños palestinos desaparecidos tras buscar ayuda en Gaza
Al menos cinco niños palestinos han desaparecido tras buscar ayuda humanitaria en Gaza, según informó el jueves Defensa de los Niños Internacional-Palestina (DCIP).
Los niños desaparecidos tienen entre 12 y 16 años, según el grupo, que añadió que probablemente fueron secuestrados por el ejército israelí.
«Las fuerzas israelíes están disparando, deteniendo y haciendo desaparecer a niños palestinos que buscan ayuda en Gaza», afirmó Ayed Abu Eqtaish, director del programa de rendición de cuentas de DCIP.
El número de muertos por el genocidio de Israel en Gaza asciende a 48
Al menos 48 palestinos murieron el jueves por ataques israelíes en Gaza, incluidos varios muertos en un ataque aéreo en la ciudad de Gaza antes de una importante ofensiva israelí en la zona.
El portavoz de la defensa civil de Gaza, Mahmud Bassal, dijo que al menos ocho personas murieron en un ataque aéreo en el barrio de Sabra, en la ciudad de Gaza.
Sabra y el cercano distrito de Zeitoun han sido duramente golpeados por los ataques israelíes en los últimos días.
Amnistía Internacional ha condenado el plan de Israel de construir un nuevo y extenso asentamiento en la Cisjordania ocupada como una violación flagrante del derecho internacional.
«La aprobación por parte de la administración civil israelí del plan de asentamiento E1 para construir unas 3400 viviendas entre Jerusalén y el asentamiento de Ma’ale Adumim, en la Cisjordania ocupada, es una violación flagrante del derecho internacional humanitario y un paso peligroso hacia la anexión formal», afirmó Amnistía en un comunicado emitido el jueves.
El comunicado añade que el asentamiento profundizaría el aislamiento de la Jerusalén Oriental ocupada de Cisjordania y dividiría efectivamente Cisjordania en dos, «afianzando aún más la ocupación ilegal y el sistema de apartheid de Israel».
Al menos 11 palestinos muertos por Israel mientras buscaban ayuda en Gaza
Al menos 11 palestinos han muerto desde la madrugada del jueves mientras buscaban ayuda en la Franja de Gaza, según Al Jazeera.
Casi 2000 palestinos han sido asesinados por Israel este año al intentar obtener las escasas raciones de ayuda de los centros de distribución gestionados por la Fundación Humanitaria de Gaza, respaldada por Estados Unidos e Israel.
El Reino Unido convoca al embajador israelí por el plan de expansión de los asentamientos
El Reino Unido convocó el jueves al embajador de Israel en Londres en respuesta a la aprobación por parte de Israel de un plan de expansión de los asentamientos a gran escala que, según los expertos, acabaría con las aspiraciones de un Estado palestino en la Cisjordania ocupada.
El miércoles, el Reino Unido calificó el plan de «flagrante» violación del derecho internacional que socavaría la solución de dos Estados.
27 países piden a Israel que permita la entrada de periodistas extranjeros en Gaza
Más de dos docenas de países, entre ellos Gran Bretaña, Francia y Alemania, pidieron el jueves a Israel que permitiera «el acceso inmediato e independiente de los medios de comunicación extranjeros» a la Franja de Gaza.
«Los periodistas y los trabajadores de los medios de comunicación desempeñan un papel esencial a la hora de poner de relieve la devastadora realidad de la guerra», afirmaron en una declaración conjunta los miembros de los 27 países pertenecientes a la Coalición por la Libertad de los Medios de Comunicación.
Israel ha matado al menos a 239 periodistas palestinos en Gaza y ha bloqueado el acceso a los reporteros extranjeros.
Objetivo de las protestas en Gaza: el palestino que sigue detenido en Estados Unidos
De todas las detenciones de personas proPalestina, no ciudadanas estadounidenses y de alto perfil relacionadas con las protestas en los campus universitarios llevadas a cabo por las autoridades de inmigración de la Administración Trump a principios de este año, Leqaa Kordia es la única que sigue languideciendo en un centro de detención en Alvaredo, Texas.
El lunes, los abogados de la joven de 32 años presentaron una petición actualizada en su demanda federal solicitando su liberación inmediata del centro de detención de Prairieland, basándose en nuevas pruebas descubiertas el mes pasado en un caso independiente.
El caso en cuestión es Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP) contra Rubio, que pretendía impugnar la política del secretario de Estado Marco Rubio, calificada por los demandantes como «política de deportación ideológica».
Figuras militares israelíes clasificadas confirman el impactante número de víctimas civiles en Gaza
Las cifras de una base de datos militar israelí clasificada han confirmado el impactante número de víctimas civiles en Gaza, a pesar de los años de escepticismo israelí sobre las cifras del Ministerio de Salud palestino.
Una investigación conjunta de The Guardian, la publicación israelí-palestina +972 Magazine y el medio en lengua hebrea Local Call reveló que, en mayo de 2025, los servicios de inteligencia israelíes habían registrado 8900 combatientes de Hamás y la Yihad Islámica Palestina como muertos o «probablemente muertos».
En ese momento, el Ministerio de Salud palestino afirmó que al menos 53 000 personas habían muerto en Gaza, lo que significa que las cifras obtenidas por la investigación sugieren que el 83 % de las víctimas mortales son civiles.
Israel ha matado a 9073 civiles en Gaza desde mayo, según el Gobierno
El asalto terrestre de Israel en Gaza ha causado 9073 muertos desde mayo, según la Oficina de Medios del Gobierno.
El comunicado, publicado en su página de Telegram, afirma que entre los muertos hay 2358 niños, 1088 mujeres y 455 ancianos, así como 36 900 heridos.
«Exigimos a la comunidad internacional que tome medidas serias y eficaces para detener estas masacres cometidas por la ocupación y que la haga responsable, de conformidad con las disposiciones del derecho internacional humanitario», añadió la oficina.
Grupos palestinos en el Líbano se desarmarán el jueves: comité
Los grupos armados palestinos en el Líbano comenzarán a entregar sus armas a las autoridades el jueves, según ha informado un comité conjunto.
«Hoy comienza la primera fase del proceso de entrega de armas desde el interior de los campos palestinos», declaró en un comunicado el presidente del Comité de Diálogo Libanés-Palestino, Ramez Dimashkieh.
Afirmó que el proceso comenzaría en el campo de Burj al-Barajneh, en Beirut, donde se entregaría un primer lote de armas que quedaría bajo la custodia del ejército libanés.
En las últimas semanas, el deprimente discurso político europeo sobre Gaza —y, en general, sobre el derecho de los palestinos a la autodeterminación— ha arrojado algunos rayos de luz sobre una situación sombría.
Francia, seguida por el Reino Unido y Canadá, ha anunciado oficialmente su intención de reconocer plenamente al Estado palestino el próximo mes.
Los dos primeros países comparten la mayor responsabilidad histórica por el caos que ha sufrido Oriente Medio y su población tras las trágicas decisiones que tomaron hace un siglo: desde el Acuerdo Sykes-Picot de 1916, pasando por la Declaración Balfour de 1917, hasta el Tratado de Versalles de 1919 y sus consecuencias.
Si los derechos legales tuvieran un valor real y los países de la región hubieran sido más valientes y astutos, estas dos potencias coloniales habrían sido sepultadas bajo una demanda colectiva, largamente esperada, por valor de miles de millones de dólares por los inmensos daños que han infligido a Oriente Medio.
Israel dijo que había informado a los grupos médicos y de ayuda humanitaria del norte de Gaza para que prepararan planes para abandonar la zona antes de una campaña militar para tomar el control de la misma.
Las autoridades militares dijeron en un comunicado que habían informado «a los responsables médicos y a las organizaciones internacionales del norte de la Franja de Gaza… para que se prepararan para la evacuación de la población hacia el sur de la Franja».
Israel dice que ha liberado a un ciudadano liberado por el Líbano
La oficina del primer ministro israelí ha informado este jueves de que el ciudadano israelí Saleh Abu-Hussein, detenido en el Líbano durante aproximadamente un año, ha regresado a Israel tras las negociaciones con la ayuda de la Cruz Roja.
La oficina ha declarado que el primer ministro Benjamin Netanyahu ha dado la bienvenida al ciudadano.
«Es un paso positivo y una señal de lo que está por venir», ha escrito en la red social X.
Información de Reuters.
El jefe de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) ha advertido de que los niños de Gaza se enfrentan a la muerte por desnutrición a menos que se permita la entrada de ayuda de emergencia durante el asalto israelí a la ciudad de Gaza.
El jefe de la UNRWA, Philippe Lazzarini, dijo que el número de niños desnutridos en la ciudad de Gaza se ha multiplicado por seis desde marzo.
«Tenemos una población extremadamente débil que se enfrentará a una nueva operación militar de gran envergadura», declaró a los periodistas en Ginebra. «Muchos simplemente no tendrán fuerzas para soportar un nuevo desplazamiento. Muchos de ellos no sobrevivirán».
Lazzarini describió la crisis como una «hambruna fabricada y provocada», y acusó a Israel de utilizar los alimentos como arma de guerra.
En mayo, observadores internacionales advirtieron de que más de medio millón de personas en Gaza estaban al borde de la inanición, aunque no llegaron a declarar la hambruna.
El número de muertos en Gaza supera los 62 200 en medio de los implacables ataques israelíes
El Ministerio de Salud de Gaza afirma que los ataques israelíes han causado la muerte de al menos 62 192 personas desde el 7 de octubre de 2023.
Los hospitales de todo el enclave informaron de que solo en las últimas 24 horas habían recibido 70 cadáveres y 356 heridos.
El Ministerio añadió que el número total de heridos asciende ya a 157 114, lo que pone de relieve la devastadora magnitud de los bombardeos israelíes.
Las autoridades médicas de Gaza afirmaron que al menos 20 personas han muerto en los ataques israelíes en todo el enclave desde el amanecer.
Israel mata a 20 personas en Gaza, entre ellas ocho que esperaban ayuda
Las autoridades médicas de Gaza afirman que al menos 20 personas han muerto en los ataques israelíes en todo el enclave desde el amanecer.
Los equipos de emergencia informaron de que cuatro personas murieron y otras resultaron heridas después de que las fuerzas israelíes bombardearan Jabalia al-Balad, en el norte de Gaza.
Los hospitales confirmaron que entre los muertos se encontraban ocho palestinos que se habían reunido con la esperanza de recibir la ayuda que tanto necesitaban.
Las autoridades locales acusaron a Israel de atacar deliberadamente a civiles que ya padecían hambre y condiciones de asedio, y calificaron los ataques de nuevo crimen contra una población atrapada bajo el bloqueo.
Israel bloquea la ayuda vital mientras se agrava la hambruna, según la oficina de prensa de Gaza
La Oficina de Prensa del Gobierno de Gaza ha afirmado que Israel está estrangulando deliberadamente el flujo de ayuda hacia el enclave asediado y ha advertido de que la hambruna se está agravando.
En un comunicado publicado en Telegram, afirmó que solo 250 camiones de ayuda habían entrado en Gaza en los últimos tres días, una fracción de los 1800 previstos, y que muchos de ellos habían sido saqueados antes de llegar a los necesitados.
La oficina afirmó que las restricciones de Israel han bloqueado «productos alimenticios vitales», como huevos, carne roja, pescado, lácteos, verduras y suplementos nutricionales.
Añadió que considera a Israel y a sus aliados «plenamente responsables de la catástrofe humanitaria» y pidió «a las Naciones Unidas, a los países árabes e islámicos y a la comunidad internacional que tomen medidas serias para abrir los pasos fronterizos y garantizar el flujo de ayuda, especialmente alimentos, leche maternizada y medicamentos vitales, y que hagan responsable a la ocupación de sus crímenes contra la población civil».
El fuego israelí mata al menos a 20 personas en Gaza, entre ellas civiles que buscaban ayuda
Los hospitales de Gaza han informado de que las fuerzas israelíes han matado al menos a 20 palestinos desde el amanecer en varias zonas del enclave sitiado.
Los servicios de emergencia dijeron que cuatro personas murieron y otras resultaron heridas en el bombardeo israelí de Jabalia al-Balad, en el norte de la Franja de Gaza.
Entre los muertos hay ocho civiles que esperaban ayuda, lo que pone de relieve el creciente número de víctimas entre quienes buscan productos de primera necesidad.
Los grupos de derechos humanos han condenado a Israel por atacar a civiles y objetivos humanitarios, y han descrito los ataques como parte de una campaña más amplia que sigue devastando a la población de Gaza.
Multitudes esperando comida, con ollas vacías en las manos. Niños a los que les falta un brazo, una pierna, a veces ambos. Trabajadores de emergencia asesinados y enterrados en una fosa común junto a sus ambulancias destrozadas.
Palestinos abatidos a tiros en los lugares de distribución de ayuda. Familias que se enfrentan al desplazamiento masivo de la ciudad de Gaza. Periodistas como Anas al-Sharif asesinados por dar testimonio.
Como muchos han señalado, estas no son escenas de muerte. Son escenas de eliminación: la destrucción sistemática de la vida mediante bombardeos implacables, hambre, sed, heridas que alteran la vida, enfermedades sin tratar, traumas, agotamiento y la privación de refugio contra el frío, las inundaciones y el calor.
En la Cisjordania ocupada, los palestinos también se han enfrentado a mortíferas incursiones israelíes y ataques de colonos, con cientos de muertos desde que comenzó la guerra de Gaza.
Este genocidio es posible gracias a décadas de deshumanización de los palestinos por parte de Occidente, que los ha reducido a «terroristas» y «animales humanos».
El imán de Al-Aqsa advierte de que Israel busca el control total del lugar sagrado
El jeque Ekrima Sabri, imán y predicador de la mezquita de Al-Aqsa, ha acusado a Israel de trabajar para reforzar su control sobre el lugar sagrado ocupado por Tel Aviv.
En declaraciones a Al Jazeera el jueves, afirmó: «Las autoridades de ocupación pretenden imponer su soberanía sobre Al-Aqsa. El objetivo de las incursiones de los colonos es despojar al Waqf de su autoridad sobre Al-Aqsa».
Advirtió de que la frecuencia y la naturaleza de las incursiones israelíes se han intensificado en las últimas semanas, y que ahora entre los participantes se encuentran «ministros».
Estos comentarios reflejan la creciente indignación de los palestinos, que consideran que las acciones de Israel en el recinto forman parte de un intento más amplio de socavar la custodia musulmana del lugar y consolidar el control sobre la Jerusalén Oriental ocupada.
Dos personas más mueren de hambre en Gaza mientras se agrava la crisis bajo el asedio israelí
El Ministerio de Salud de Gaza informó de que dos palestinos más han muerto de hambre y desnutrición en las últimas 24 horas como consecuencia del asedio israelí a la Franja.
El ministerio afirmó que estas muertes elevan a 271 el número total de víctimas mortales relacionadas con el hambre durante la guerra de Israel contra Gaza, entre ellas 112 niños.
Las fuerzas israelíes matan a una persona e hieren a 15 cerca del centro de ayuda de Rafah
Los servicios de emergencia de Gaza informaron de que las fuerzas israelíes abrieron fuego cerca de un centro de ayuda al norte de Rafah, matando a un palestino e hiriendo a otros 15.
El último ataque tuvo como objetivo a personas que se habían reunido para recibir ayuda en el sur de la Franja de Gaza, lo que pone de relieve cómo los civiles que buscan comida y ayuda siguen siendo blanco de los disparos de Israel.
Más de 700 figuras del mundo empresarial instan al Reino Unido a «impedir el genocidio en Gaza»
Más de 700 líderes empresariales, fundadores y profesionales del Reino Unido han firmado una carta en la que instan al Gobierno a impedir nuevos actos de genocidio por parte de Israel en Gaza.
La carta abierta, publicada en junio por Business Leaders for Peace, insta a la entrada total y sin restricciones de la ayuda en Gaza, un embargo total de armas a Israel y sanciones selectivas contra personas y entidades «acusadas de forma creíble de violar el derecho internacional».
El megadonante laborista Dale Vince, propietario de la empresa de energía verde Ecotricity, que donó 5 millones de libras (6,75 millones de dólares) al partido antes de las elecciones generales del año pasado, afirmó: «Aunque la mayoría de las empresas y sus líderes rehúyen cualquier tema controvertido, yo lo considero una renuncia a la responsabilidad. Nunca más que cuando vemos las acciones genocidas de Israel».
Vince añadió: «Nuestro Gobierno debe comprender la misma realidad y hacer lo que está en su mano, poner fin a la venta de armas a Israel e imponer sanciones comerciales devastadoras, como se ha pedido recientemente desde dentro de Israel».
Vince ha sido recientemente protagonista de los titulares por izar una bandera palestina de 9 metros en el exterior de la sede de Ecotricity en Stroud.
Un ataque con drones israelíes mata a cinco agricultores palestinos en Jan Yunis
El complejo médico Nasser de Gaza ha informado de que cinco agricultores palestinos han muerto en ataques con drones israelíes en el noroeste de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, según ha informado Al Jazeera Arabic.
La agencia de la ONU para los refugiados palestinos (Unrwa) ha renovado su llamamiento a un alto el fuego inmediato en Gaza, advirtiendo de que los niños están entrando en un tercer año sin educación mientras el asalto de Israel sigue devastando el enclave.
«En lugar de aprender, los niños pasan su tiempo buscando agua y comida», dijo la agencia en una publicación en X. «Los niños necesitan urgentemente un alto el fuego ahora para poder volver a estudiar y reconectar con lo que queda de su infancia».
La UNRWA afirmó que casi el 88 % de las escuelas de Gaza han sido directamente alcanzadas desde que comenzó la guerra de Israel en octubre de 2023. La destrucción ha dejado las aulas en ruinas y ha obligado a cientos de miles de niños a sobrevivir.
Mientras Israel mantiene el respaldo occidental a pesar de la magnitud de la devastación, los críticos afirman que el apoyo incondicional de Washington permite el genocidio y ha convertido las escuelas de Gaza en objetivos israelíes.
El plan de asentamiento E1 condenará a Palestina. Debe detenerse.
La decisión del Gobierno de Netanyahu de seguir adelante con el proyecto E1, que pretende conectar los asentamientos del bloque de Maale Adumim, en la Cisjordania ocupada, con Jerusalén Este, es un asesinato selectivo de la paz. Es una bala de francotirador en el corazón de la coexistencia futura.
Se trata de una respuesta violenta a la creciente lista de naciones que han decidido reconocer el Estado de Palestina. En la mente del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y sus aliados, el desarrollo de E1 supondrá un golpe mortal para la idea de un Estado palestino.
E1 es una de las pocas zonas de la periferia oriental de Jerusalén que no está cubierta por asentamientos judíos. Alberga una imponente comisaría de policía israelí, junto con algunas humildes comunidades beduinas. Su desarrollo abriría una brecha en el corazón de la Cisjordania ocupada, separando el norte del sur, al tiempo que cerraría la última ruta relativamente abierta para que los palestinos accedan a los lugares sagrados de Jerusalén Este, a los ingresos del turismo, a los hospitales y a los sistemas de transporte.
Israel ignoraría, como siempre, el derecho internacional, que reconoce la Línea Verde de 1967 como la frontera que rodea el territorio palestino.
Despiden a un responsable de prensa estadounidense por rechazar el lenguaje proisraelí
El Departamento de Estado de Estados Unidos ha despedido a un responsable de prensa tras oponerse al lenguaje proisraelí sobre los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania.
- Shahed Ghoreishi, un contratista estadounidense, fue despedido durante el fin de semana tras cuestionar las directrices políticas que favorecían las posiciones duras de Israel.
- Goreishi enfureció a los funcionarios de la embajada en Jerusalén y a los asesores del secretario de Estado Marco Rubio al redactar una respuesta a una pregunta de la AP que incluía: «Estados Unidos no apoya el traslado forzoso de los habitantes de Gaza». La frase fue tachada por la embajada.
- Ghoreishi también se opuso a que la embajada describiera la Cisjordania ocupada como «Judea y Samaria», una terminología promovida por los líderes de extrema derecha de Israel y utilizada repetidamente por el embajador estadounidense Mike Huckabee, que pretende borrar la propiedad palestina de la tierra.
- Su despido se produce en un momento en que Washington se enfrenta a la condena por alinearse con la agenda de asentamientos de Israel y las operaciones militares en Gaza.
- Tras su destitución, Ghoreishi fue blanco de la comentarista de derecha Laura Loomer, que lo acusó de no respaldar plenamente las políticas de Trump en Oriente Medio.
- El Departamento de Estado se negó a abordar los detalles, calificándolo de asunto interno.
El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha exigido a Israel que retire su decisión de ampliar los asentamientos en la Cisjordania ocupada, advirtiendo que el plan viola el derecho internacional.
La propuesta, aprobada esta semana por un organismo del Ministerio de Defensa israelí, dividiría Cisjordania y la separaría de Jerusalén Este. Guterres calificó el proyecto de «ilegal» e instó a Israel a dar marcha atrás.
En declaraciones realizadas en Japón, donde asiste a la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo Africano, el jefe de la ONU también pidió una tregua inmediata en Gaza. Sus comentarios se produjeron cuando Israel iniciaba la primera fase de una ofensiva militar en la ciudad de Gaza.
«Es vital alcanzar inmediatamente un alto el fuego en Gaza», afirmó Guterres, subrayando que era necesario «para evitar la muerte y la destrucción que una operación militar contra la ciudad de Gaza causaría inevitablemente».
Buenos días, lectores de Middle East Eye:
Estas son las últimas noticias sobre la guerra de Israel contra Gaza, que ya dura 684 días:
- Las fuerzas israelíes mataron al menos a 81 palestinos en Gaza el miércoles, iniciando lo que su ejército denomina la fase inicial de un asalto planificado contra la ciudad de Gaza.
- Otros tres palestinos murieron de hambre el miércoles, lo que eleva a 269 el número oficial de muertos por desnutrición y deshidratación. Esta cifra incluye a 112 niños.
- Las tropas israelíes dispararon y mataron a un destacado exjugador de baloncesto palestino, Mohammed Shaalan, en un punto de distribución de ayuda en el sur de Gaza. El incidente forma parte de una pauta más amplia de violencia contra las personas que solicitan ayuda, con al menos 30 muertos en circunstancias similares el miércoles.
- Israel ha aprobado un polémico plan de construcción para la zona E1 de la Cisjordania ocupada, una medida que, según sus detractores, tiene como objetivo dividir el territorio y socavar un futuro Estado palestino. El ministro de Asuntos Exteriores británico, David Lammy, condenó la decisión y afirmó que, si se aplica, «supondrá una violación flagrante del derecho internacional y socavará gravemente la solución de dos Estados».
- Estados Unidos impondrá sanciones a funcionarios de la Corte Penal Internacional, según ha anunciado el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Las sanciones se dirigen contra los fiscales que participan en la solicitud de órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant, por crímenes de guerra en Gaza.
- Una nueva encuesta de Reuters/Ipsos indica que el 58 % de los estadounidenses cree que todos los países deberían reconocer a Palestina. Los resultados revelan un importante apoyo público a la cuestión de la condición de Estado para Palestina.
Autor: admin
Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales. Lee todas las entradas de admin