Miscelánea (30/06/2022)

Del compañero Carlos Valmaseda, Espai Marx (con observaciones de José Luis Martín Ramos y Miguel Candel).

1. ¿Llegará Arabia Saudí a los 12 millones?

Yo creo que este es el artículo más importante de los que os paso hoy. De la ‘capacidad ociosa’ de Arabia Saudita depende la fecha de caducidad del fosilismo petrolero. Pronto sabremos cómo acaba. En cualquier caso, lo que no sea ahora, será dentro de no demasiado tiempo…

https://www.bloomberg.com/opinion/articles/2022-06-29/can-saudi-aramco-meet-its-oil-production-promises

¿Puede Saudi Aramco cumplir sus promesas de producción de petróleo?

Javier Blas, 29 de junio de 2022

Si el mercado del petróleo fuera una fe, su artículo religioso central sería la máxima capacidad de fabricación de Saudi Aramco, un principio basado principalmente en la confianza en lo que esperamos que sea cierto y la percepción en las propiedades que no hemos presenciado. El mercado está a punto de tener su epifanía.

Aramco, la gran petrolera estatal de Arabia Saudí, afirma que podría bombear de forma sostenible 12 millones de barriles al día, muy por encima del objetivo de la OPEP+ de agosto de 11 millones de barriles. Para el sistema financiero mundial, la capacidad de reserva saudí es la última línea de protección contra la inflación de la energía adicional. Sin embargo, aparte de un par de altos ejecutivos de la empresa y un puñado de miembros de la realeza saudí, nadie sabe con certeza si Aramco puede o no hacerlo. Los demás tienen una fe ciega en Aramco o simplemente no lo consideran.

El martes, el presidente francés Emmanuel Macron fue sorprendido en la cumbre del Grupo de los Siete transmitiendo información de segunda mano al presidente estadounidense Joseph Biden que significa que los saudíes no tienen tanta capacidad de fabricación de petróleo como declaran. Llámalo laicismo francés.

La realidad saldrá a la luz en las próximas semanas. El jueves, la OPEP+ dará luz verde a la última de su secuencia de aumentos de producción mensuales, dando a Riad un objetivo de prácticamente 11 millones de barriles diarios para agosto. Aramco sólo ha bombeado a ese nivel durante un total de ocho semanas en toda su historia, a finales de 2018 y principios de 2020. Ahora, se enfrenta a la posibilidad de mantener ese nivel o aumentarlo durante varios meses, incluso quizás más, durante el resto de 2022 y hasta 2023.

Durante las últimas ocho semanas, más o menos, hubo un ejercicio frenético dentro de Aramco para organizar un aumento de la producción. El «MSC», como se entiende la capacidad más sostenible en la sede de la empresa en Dhahran, ha sido el tema más importante del diálogo. Personas de la empresa, hablando en persona, dicen que podría alcanzar los 12 millones de barriles diarios en 30 días y mantener ese nivel durante al menos 90 días. ¿Y más tiempo? Aramco acaba de asegurar que demostrará que los escépticos como Macron se equivocan. Tengan fe, es el mensaje.

La empresa está tomando medidas para aumentar su MSC de 12 millones de barriles a 13 millones. Sin embargo, la primera mejora, una pequeña cantidad adicional de 25.000 barriles al día, no llegará hasta 2024. La mayor parte del crecimiento, junto con el aumento de la producción en tres yacimientos clave denominados Zuluf, Marjan y Berri, está previsto para 2025 y 2026.

La mayor capacidad de Aramco es un thriller como resultado de que nunca ha sido examinada durante un intervalo prolongado. En abril de 2020, Riyadh informó de su mayor producción mensual, con 11,55 millones de barriles al día. En aquel entonces, Aramco bombeó brevemente -durante un par de días, según he oído- 12 millones de barriles al día. Los ejecutivos de Aramco, junto con el Director General, Amin Nasser, se hicieron selfies delante de una gran pantalla en la que se mostraba que la producción había alcanzado el nivel de los informes. En un momento dado, subió a 12,3 millones de barriles. Sonrisas por doquier.

Sin embargo, a puerta cerrada, las cosas eran más sofisticadas. En personal, los ejecutivos del comercio de petróleo saudí describen ese esfuerzo como un problema real y una preocupación categórica por tener que mantener esa producción. Una cosa es alcanzar brevemente el objetivo, y otra muy distinta mantener el bombeo y el bombeo en ese nivel durante 12 meses, según la opinión interna.

Los ejecutivos petroleros y los funcionarios de energía que han hablado con los saudíes en los últimos meses han obtenido alertas contradictorias sobre las capacidades de Aramco. A muchos se les ha dicho, con palabras claras, que la empresa cumplirá lo prometido: la etapa de los 12 millones está asegurada. Sin embargo, he escuchado un modelo especial de un par de otros que tienen conexiones íntimas con el dominio y dicen que algo por encima de 11,2 a 11,3 millones de barriles durante bastantes meses mostraría problemas

Ese modelo extra escéptico se hace eco de lo que se escuchó decir a Macron a Biden en el G7. De acuerdo con Macron, el jeque Mohammed bin Zayed, gobernante de los Emiratos Árabes Unidos, le dijo que los saudíes no podían aumentar mucho la producción en la actualidad, tal vez otros 150.000 barriles por día y, si se quería más, Riad desearía otros seis meses. «No tienen grandes capacidades», dijo el jefe francés.

Tanto la situación optimista como la pesimista podrían ser simultáneamente ciertas. Bombear 12 millones de barriles al día puede ser posible y también muy difícil; difícil no tiene por qué ser inconcebible. La experiencia dice que Riad hará lo que sea necesario para mantener su fama como el proveedor de petróleo más fiable del mundo. El dinero recibido no será un problema; podría aceptarse la perforación adicional, retrasar el mantenimiento y explotar los depósitos de petróleo de forma onerosa si se desea.  

Aramco puede tirar de un par de palancas adicionales para enviar, en lugar de producir, crudo adicional, manteniendo el fantasma de la capacidad superior. La empresa mantiene enormes depósitos de crudo en Egipto, los Países Bajos y Japón, desde donde podría enviar barriles adicionales. Además, mantiene una reserva estratégica de productos refinados en cavernas subterráneas en 5 lugares del reino. Podría explotar esa reserva poco conocida, que tardó veinte años en construirse, para suministrar a su mercado interno gasolina, gasóleo y gas de aviación durante algún tiempo, disminuyendo el consumo de crudo en sus refinerías nativas y liberando así más para la exportación. En secreto, eso es exactamente lo que hizo Riad tras el asalto en 2019 a su enorme centro de procesamiento de petróleo de Abqaiq.

La experiencia también dice que cada vez que el mercado ha dudado de la habilidad saudí para estimular la fabricación, el dominio ha confirmado que los detractores están equivocados. Tal vez el ejemplo más notable es cómo el difunto Matt Simmons, escritor del muy discutido libro «Twilight within the Desert: The Coming Saudi Oil Shock and the World Financial system», perdió una apuesta basada principalmente en su opinión de que la producción de petróleo saudí había alcanzado su máximo.

Y sin embargo, hay motivos para preocuparse.

Aramco no sólo utiliza su capacidad de reserva para cumplir con los aumentos de la demanda internacional de petróleo, sino también, de acuerdo con el folleto de la OPI, para «preservar sus rangos de fabricación a través de la rutina de mantenimiento de la zona». A medida que Riyadh aumenta la producción más sostenible, Aramco podría verse obligada a explotar sus campos petrolíferos a pleno rendimiento con poco mantenimiento, una receta para los problemas. Cualquier interrupción no planificada, que en ocasiones regulares Arabia Saudí puede ocultar debido a su capacidad de repuesto, podría ser catastrófica.

Cualquiera que sea la verdadera cantidad potencial de fabricación, un factor es obvio: los tiempos en que Aramco podía simplemente bombear cada vez más barriles han terminado. Ya no, cada barril incremental es una batalla. Se piense o no en los saudíes, el mundo se enfrenta a un ajuste de cuentas.

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

2. Mike Davis se muere

Ha decidido no seguir medicándose excepto con cuidados paliativos (https://twitter.com/ajgradilla/status/1540547686834679808). Es una situación muy extraña porque se le están haciendo algunos homenajes en redes antes de que muera. Algunos de sus textos con los que se le honra: «En cierta ocasión el crítico cultural Raymond Williams dijo que ser verdaderamente radical es hacer que la esperanza sea posible, en lugar de una desesperación convincente». ¿Cuál es tu posición?
‘Esperanza’ no es una categoría científica. Ni es una obligación necesaria en la escritura polémica. Por otra parte, la honestidad intelectual lo es, y yo intento decirlo como lo veo, por muy equivocados que sean mis ideas o análisis. Manifiestamente creo que hemos llegado a un ‘conflicto final’ que decidirá la supervivencia de una gran parte de la humanidad pobre en el próximo medio siglo. Contra este futuro debemos luchar como el Ejército Rojo en las ruinas de Stalingrado. Luchar con esperanza, luchar sin esperanza, pero siempre luchar.»  https://twitter.com/Loot_Back/status/1540931157448986625

O con algún fragmento de esta entrevista publicada en Montlhy Review: «Mohsen Abdelmoumen: Usted se define como un «socialista de la vieja escuela». ¿Puede decirnos por qué?

Mike Davis: Hm, ‘socialista de la vieja escuela’. Supongo que estoy haciendo tres afirmaciones. En primer lugar, el socialismo -la creencia de que la tierra pertenece al trabajo- es mi ser moral. De hecho, es mi religión, los valores que anclan los compromisos que definen mi vida. En segundo lugar, la «vieja escuela» implica trabajar año tras año por la buena causa. En el mundo académico uno se encuentra con personas que se llaman a sí mismas marxistas y van a muchas conferencias, pero apenas marchan en un piquete, van a una reunión sindical, lanzan un ladrillo o simplemente ayudan a lavar los platos después de un acto benéfico. Y lo que es peor, se dignan a enseñarnos el «verdadero Marx» pero carecen del respeto fundamental del viejo moro por los trabajadores individuales y su disposición a convertirse en un pobre proscrito en su nombre. Por último, el simple «socialista» expresa la identificación con el movimiento amplio y el sueño, más que con un programa o campo particular. Tengo opiniones fuertes, aunque idiosincrásicas, sobre todas las cuestiones tradicionales -por ejemplo, la necesidad de una organización de organizadores (llámalo leninismo, si quieres) pero también los males de la burocracia y los liderazgos permanentes (llámalo anarquismo, si quieres)- pero trato de recordarme a mí mismo que tales posiciones deben ser constantemente reevaluadas y calibradas a la coyuntura. Uno siempre está negociando la resbaladiza dialéctica entre la razón individual, que debe ser intransigentemente autocrítica, y el hecho de que uno necesita formar parte de un movimiento o un colectivo radical para, como dijo Sartre, «estar en la historia». Los dilemas morales y las decisiones difíciles vienen con el terreno y no se pueden eludir con «líneas correctas».»

https://mronline.org/2018/04/25/socialists-are-urgently-looking-for-the-future-american-marxist-mike-davis-talks-to-algerian-journalist-mohsen-abdelmoumen/

3. Decrecentistas españoles [Juan Bordera, Alejandro Pedregal] publican en Monthly Review

Imagino que es un artículo que seguramente ha sido escrito originalmente en español, pero todavía no ha aparecido traducción, así que lo paso directamente en inglés. Podéis pasarlo por Deepl o cualquier otro traductor automático, si queréis.

Monthly Review | Toward an Ecosocialist Degrowth: From the Materially Inevitable to the Socially Desirable

4. Otro artículo de Max Ajl

Os pasaba recientemente una entrevista que le hicieron en El salto con motivo de la publicación de su último libro, pero como el tema que trabaja creo que sigue siendo uno de los núcleos fundamentales del futuro político del planeta, insisto con este artículo que ha publicado en New Internationalist, pasado por traductor automático.

https://newint.org/features/2022/04/04/global-just-transition

Una transición global justa

21 de junio de 2022

¿Cómo podemos eliminar gradualmente los combustibles fósiles de una manera que funcione para la gente de todo el mundo? El histórico Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba ofrece un camino a seguir, argumenta Max Ajl.

Cuando se trata del cambio climático, predecir cómo se desarrollarán las cosas es complicado: ¿a qué velocidad se está derritiendo el permafrost, a qué velocidad se deslizarán los glaciares hacia el mar y podrán las ciudades blindarse contra las inundaciones?
Sin embargo, un hecho es sencillo: si quemamos todo el carbón, el petróleo y el gas que actualmente poseen las naciones y las empresas de todo el mundo, la vida humana podría terminar. Tenemos que parar cuanto antes.

Ahí acaba la simplicidad y empieza la complejidad. Nosotros es un término complejo. Los seres humanos tenemos muchas cosas en común, como vivir en un planeta compartido. Pero algunos de los «nosotros» necesitan el dinero de la venta de petróleo y gas para comprar alimentos y otros artículos de consumo, mientras que otros no lo necesitan y estarán más o menos bien sin él.

Cómo Occidente subdesarrolló al resto

La historia del colonialismo global y del capitalismo explica por qué. Aunque históricamente y hasta la fecha Europa y América del Norte son importantes productores de hidrocarburos, la mayor parte del petróleo se encuentra especialmente en el Sur Global – las tierras que sufrieron el colonialismo y el imperialismo occidental.
Debido a la asociación histórica entre la extracción de petróleo y el imperialismo, el Norte Global ha concentrado la mayor parte de la riqueza derivada de la producción de combustibles fósiles. Países como Canadá, Reino Unido y Estados Unidos son ahora «desarrollados». Han utilizado la planificación económica interna para crear capacidad industrial, producir la mayor parte de los cereales, la leche, la carne y los aceites alimentarios que necesitan, y convertirse en centros de investigación y desarrollo científico.

Sus economías se diversificaron – produciendo una serie de cosas – y diferentes sectores se interconectaron: fábricas de herramientas que abastecen a las fábricas de muebles, etc. Así, gran parte de los beneficios se quedan en el país, y los salarios se ganan y pueden gastarse en casa, lo que estimula la actividad económica.

¿Purgar el petróleo y el gas? Los grandes frackeadores y las multinacionales del petróleo están descontentos. Pero, en general, el intercambio y la producción pueden continuar siempre que exista una arquitectura energética alternativa. La actividad económica del Norte, la acumulación y la vida de la clase media podrían continuar.
En el Sur Global sería diferente.

En Angola, Nigeria, Venezuela, Bolivia, Irak e Irán, si la producción de petróleo y gas se detuviera repentinamente, las consecuencias serían catastróficas para la actividad económica general. En Angola, el petróleo representa el 25% del PIB; en la República del Congo, el 43%; en Irán e Irak, el 20% y el 39% respectivamente. En Timor Oriental, el gas representa el 29% del PIB.

Esto no se debe a la incompetencia del Sur. Los países que se han planteado nacionalizar los recursos o realizar reformas agrarias radicales se han enfrentado a golpes de Estado imperialistas asesinos. Desde el golpe de 1953 contra el nacionalista iraní Mohammad Mosaddegh, hasta el poco conocido golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Iraq, pasando por la desestabilización en Venezuela y Bolivia, es extremadamente difícil lograr una verdadera soberanía sobre los recursos naturales y utilizar la riqueza mineral para romper la dependencia de la exportación de productos básicos, por no hablar de la creación de toda la gama de industrias nacionales y de las capacidades de investigación y desarrollo.

Además, el subdesarrollo y la dependencia producen subdesarrollo y dependencia en un círculo vicioso. Incluso los países del Sur que se han industrializado siguen siendo en su mayoría pobres. En consecuencia, siguen enviando riqueza y recursos naturales baratos al Norte, del que dependen para obtener tecnología y bienes necesarios, incluidos los cereales.1

Cuando se habla de acabar con el uso de los combustibles fósiles, no podemos simplemente ignorar esa historia. Lo que llamamos «desarrollo» -incluida la industria flexible y avanzada capaz de cambiar rápidamente a las energías renovables- es el fruto del saqueo del Norte al Sur.

Pagar las deudas climáticas

Acabar con los combustibles fósiles no puede simplemente ignorar la distinción entre la producción de petróleo y gas en el Norte y el Sur. La transición debe ser anticolonialista, antiimperialista y anticapitalista.

Esta noción se ha cristalizado parcialmente en las reuniones internacionales sobre el clima: la idea de «responsabilidad común y diferenciada». Común: cada Estado tiene que hacer algo. Diferenciada: cada estado no tiene la misma cantidad de responsabilidad, ni obligaciones.

Los Estados del Sur han emitido mucho menos dióxido de carbono por persona y en general que los Estados capitalistas occidentales. De hecho, los países occidentales han quemado tanto petróleo, gas y carbón en su acumulación de vías de «desarrollo» industrial intensivo y militares, que han agotado la parte que le corresponde al Sur. Ahora el Sur no puede utilizar esas fuentes de energía fácilmente accesibles y más baratas si se quiere mantener el calentamiento global por debajo de 1,5º Celsius.
El conflicto por la responsabilidad ha sido un campo de batalla entre Estados radicales como Venezuela y Bolivia y el poder imperial. En 2010, como reacción a los intentos del Norte de arrojar una «responsabilidad común y diferenciada», Bolivia acogió una reunión que condujo al histórico Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba. Basado en la colonización del espacio atmosférico por parte del Norte, el acuerdo pedía a los países capitalistas industrializados que pagaran una «deuda climática» al Tercer Mundo.

Eso incluiría la devolución del espacio atmosférico ocupado por cantidades injustas de emisiones de gases de efecto invernadero, deudas relacionadas con la pérdida de oportunidades de desarrollo y con los impactos del cambio climático.

Para permitir la transición, instaron a romper un pilar del capitalismo, los derechos de propiedad intelectual: «Las patentes… deben pasar de las manos de los monopolios privados al dominio público para promover la accesibilidad y los bajos costes». Y dentro de un marco ecosocialista que se apartara del «camino del capitalismo, la depredación y la muerte».

El gobierno boliviano exigió además que los países ricos paguen el 6% de su Producto Nacional Bruto al año a los países pobres: El 3% para la adaptación, el 1% para la mitigación, el 1% para el desarrollo y la transferencia de tecnología y el 1% para la creación de capacidades: alrededor de 1,2 billones de dólares anuales por parte de Estados Unidos, o 3,2 billones de dólares por parte del Norte Global en su conjunto.
El capitalismo no podría seguir aguantando junto a estas tremendas transferencias de recursos Norte-Sur, porque requiere una polarización nacional y mundial de los ingresos y la riqueza.

Defender la autodeterminación

Dado que este cambio del sistema mundial en la dirección del ecosocialismo global requiere una fuerte defensa de los Estados radicales, necesitaría un compromiso mucho más fuerte con la autodeterminación del Sur.

El punto de partida debe ser la defensa activa de los derechos de las naciones del Sur Global a determinar sus políticas sociales, económicas y ecológicas. Para la gente del Norte, eso significa antiimperialismo: oposición a las sanciones (Irán y Zimbabue), al asalto militar por delegación (Yemen), al asalto directo (Irak), al golpe de Estado (Bolivia, 2019) y al bloqueo (Cuba); acabar con las condiciones de préstamo coercitivas (FMI y Banco Mundial); y trabajar contra la propaganda imperialista.

En segundo lugar, significa desmantelar el sistema del Pentágono, o los ejércitos euro-estadounidenses, incluyendo la subcontratación militar-mercantil. Estas son las principales fuentes de emisiones. Y son las herramientas del Norte para negar la soberanía del Sur y asustar a los países para que no adopten transformaciones internas más radicales.

En tercer lugar, el Sur tendría que cambiar sus propias vías de desarrollo neocolonial, para aplicar nuevas políticas más autosuficientes y ecosocialistas, basadas en los intereses de los pobres y marginados: campesinos, mujeres, sectores indígenas, racial o étnicamente oprimidos, habitantes de barrios marginales, todos ellos entretejidos en los proyectos de desarrollo nacional.

La reforma agraria y la tecnología adecuada serán fundamentales. Y las transferencias fiscales serán fundamentales para adquirir la tecnología necesaria, especialmente para las energías renovables. La autodeterminación también requiere la defensa activa de esos países cuando sus pueblos presionan a través de esas políticas.

Un movimiento de movimientos

Se necesita una nueva convergencia de Estados progresistas del Sur Global y de movimientos sociales masivos en el Norte y el Sur para forzar la inclusión de este tema en la agenda mundial.

Podemos aprovechar el liderazgo mostrado por países como Bolivia con su discurso climático radical. Las luchas mundiales por las transiciones ecológicas en la agricultura, como La Vía Campesina, también pueden formar parte de este potencial movimiento de movimientos. En el Norte significará la conversión a economías de paz trabajando hacia un marco de transición justa ecosocialista mundial.

El principal obstáculo es el imperialismo y la construcción de esta plataforma requerirá que hagamos del antiimperialismo una parte clave de la política cotidiana de la gente en el Norte. Estar a la altura de este desafío es el orden del día.

1 Harriet Friedmann, «The Origins of Third World Food Dependence», en H Bernstein et al, eds, The Food Question: profits versus people?, Routledge, 1990.

5. Energía

En la reunión del G7 se fantaseó con la posibilidad de poner un límite al precio del petróleo vendido por los rusos. Esto es, dictar ellos a qué precio lo deberían vender para que no falte petróleo y a la vez Rusia no se enriquezca. Así lo expone directamente un enviado de la agencia de la energía estadounidense:

«El enviado de energía de EEUU, Amos Hochstein, en @BloombergTV: «Queremos pasar de sacar los barriles rusos del mercado […] a ponerles un precio de manera que el presidente Putin no se beneficie de los ingresos. Así que en lugar de restringir los barriles, queremos restringir los ingresos»». https://twitter.com/JavierBlas/status/1542173429624872960

Un infantilismo que sorprende a más de uno, como el director de la Shell:

Fuente: https://twitter.com/ronbousso1/status/1542159263887417347

-España empieza a utilizar los gaseoductos al revés: empezamos a enviar gas a Marruecos. En Argelia deben estar encantados. https://twitter.com/aydincalik90/status/1542094300489687042 y https://twitter.com/descifraguerra/status/1541889184889184258

-El mayor productor de cemento de la India, UltraTech Cement, está importando un cargamento de carbón ruso y pagando con yuanes chinos. https://twitter.com/thesiriusreport/status/1542146392579313665

-En Sudáfrica, cortes programados de electricidad de más de 10 horas diarias en medio del invierno. https://twitter.com/JoeWSJ/status/1542026373086183424

-En las dos últimas semanas, el gobierno estadounidense ha inyectado en el mercado 13,7 millones de barriles procedentes de la reserva de petróleo. Y, sin embargo, las reservas comerciales de petróleo todavía cayeron 3 millones de barriles durante el período. Imagínense si el SPR no existiera. O lo que pasará después de octubre cuando terminen las ventas. https://twitter.com/JavierBlas/status/1542159111827210241

-«Los responsables políticos de Estados Unidos y la UE deben, por tanto, elegir: endurecer las sanciones a Rusia; relajar las sanciones a Venezuela e Irán; acelerar el crecimiento de la producción de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos; acelerar el crecimiento del esquisto de Estados Unidos; o una recesión más profunda.» https://twitter.com/JavierBlas/status/1542246153596686336

-La solidaridad occidental: Reino Unido cortará el suministro de gas a Europa continental si se ve afectado por una grave escasez en virtud de un plan de emergencia que las compañías energéticas advierten sobre los riesgos de exacerbar una crisis en el continente. https://twitter.com/InfoAigues/status/1542108735224545281

-La terminación del suministro de gas desde Rusia provocaría una caída del 12,5% del PIB alemán y la pérdida de 5,6 millones de puestos de trabajo en todo el país, informó este martes el alemán Bild en referencia al estudio de Unificación de la Economía Bávara.

La interrupción afectará a las industrias del vidrio, del acero y de la alimentación, que perderán un total de 49.000 M € .Afectará significativamente las cadenas de suministro y la producción en otras áreas. Los costes se estiman en otros 144.000 M € https://twitter.com/dave73es/status/1541781661012135936. También en este artículo bastante ‘apocalíptico’: “Winter” is coming for the West, and it is going to be apocalyptic

7. Más sobre España como colonia energética

Casdeiro se une a la polémica sobre el artículo de Bordera-Turiel-López con este artículo, con una derivada nacionalista:

8. La economía rusa y las sanciones

Aunque parece que va capeando el temporal mejor de lo que preveían los otanistas, las sanciones no pueden sino causar un perjuicio económico en Rusia. La producción industrial ha caído 1,7% en este mes respecto al mismo mes del año pasado. Se preveía una caída del 1% (https://twitter.com/Icebramovich/status/1542213710978088960).

Jacques Sapir acaba de publicar un hilo a raíz de su participación en un Seminario Franco Ruso celebrado en Moscú y París entre el 27 y el 29 de junio. Esta es la traducción del francés. Aquí el original: https://twitter.com/russeurope/status/1542134026886156288

I. Hilo sobre el seminario franco-ruso que celebró su 63ª sesión, dedicada a los problemas de la inflación y la reacción de la economía rusa a las sanciones.

II. La La cuestión del impacto de las sanciones en la economía rusa ocupa naturalmente un lugar central en varias de las intervenciones del Seminario #Franco-Ruso celebrado del 27 al 29 de junio en Moscú y París.

III. Por tanto, el impacto de las sanciones debe analizarse a corto y largo plazo. A corto plazo, las esperanzas de los países occidentales de provocar, si no un colapso, al menos una grave crisis en Rusia se han visto completamente frustradas.

IV. Tras un periodo de desplome, el rublo se recuperó rápidamente y, beneficiándose del superávit de la balanza comercial rusa, incluso se apreció. La confianza de la población rusa ha vuelto rápidamente e incluso parece haberse reforzado.

V. La congelación de parte de las reservas del Banco Central (300.000 millones de dólares) ha tenido más impacto en los países occidentales que en la propia Rusia.

VI. Este bloqueo, según las autoridades del FMI, ha debilitado la posición del dólar como moneda internacional y ha llevado a Rusia a establecer circuitos de pago en rublos a los que Occidente no tiene más remedio que atenerse.

VII. La idea de impedir que Rusia financie operaciones militares en Ucrania ha quedado completamente invalidada. Por último, las medidas para restringir las exportaciones rusas afectan ahora mucho más a los países occidentales.

VIII. La Unión Europea se enfrenta ahora más a una verdadera «crisis del gas» que Rusia. La balanza de las sanciones y contra-sanciones está indudablemente a favor de Rusia, al menos a corto plazo.

IX. Esto no quiere decir que las sanciones no tengan efectos importantes, ya sea a corto o a largo plazo. Sin duda, estos efectos existen.

X. En cuanto a los efectos a corto plazo, uno de ellos es precisamente el resultado de la apreciación del rublo, es decir, el resultado de la eficacia de la política del Banco Central de Rusia, desde finales de abril.

XI. La apreciación del rublo frente al dólar y al euro está provocando una reducción de los ingresos en rublos para el presupuesto ruso. La reducción podría alcanzar el 2% del PIB si el tipo de cambio se mantiene en 50r por 1$

XII. Esto plantea la cuestión de cómo financiar el presupuesto, a través de la deuda y mediante el uso del Fondo Soberano creado por Rusia. Otro efecto es la alteración de la matriz de precios relativos del sector agroalimentario ruso.

XIII. Los efectos a largo plazo se centran en el contenido de la inversión, tanto material como tecnológico. Está claro que Rusia se verá obligada a hacer un esfuerzo especial en materia de inversión y, en particular, de inversión en I+D.

XIV. Pero este esfuerzo requiere tanto una reforma de la gestión de los procesos de innovación en Rusia como el desarrollo de algún tipo de «plan» para armonizar las iniciativas públicas y privadas.

XV. Pero si la administración rusa es capaz de cumplir con las limitaciones de armonizar las percepciones e intereses de los diferentes actores sigue siendo una cuestión abierta por el momento.

XVI. Desde este punto de vista, el proyecto de programa a medio y largo plazo que presentará el gobierno ruso en octubre revelará las principales líneas de la política económica para los próximos años y proporcionará las primeras indicaciones.

XVII. En general, la economía rusa ha demostrado una buena resistencia frente a las consecuencias de la guerra en Ucrania y las sanciones impuestas por los países occidentales. Esto indica que el sistema económico tiene una importante capacidad de adaptación espontánea.

XVIII. Pero estas capacidades no pueden resolverlo todo. Deben estar respaldados por una política específica aplicada por el Estado. Esta política es ahora el mayor interrogante sobre el desarrollo futuro de Rusia.

Observación de José Luis Martín Ramos:

Rusia tendrá que implementar una economía de guerra, de momento de deprivatización de las decisiones. La mejor opción sería encaminarse a un capitalismo de estado. En occidente las economías de guerra encubiertas van a ir en sentido contrario, más neoliberalismo, más privatización de las decisiones; veremos las consecuencias y si se produce una respuesta social que impida ese camino que va a empobrecer a las clases populares.

Respuesta de CV:

Sí, te explicas perfectamente, muchas gracias. Sigo teniendo una duda sobre esa privatización/desprivatización de las decisiones. Veo difícil que la inevitable transición energética a la que vamos sea posible sin algún tipo de planificación estatal, o, en el caso de Europa, más bien supraestatal. La anarquía del capital llevaría directamente al desastre. Como hemos visto por la conversación Macron/Biden, los dirigentes son perfectamente conscientes de la situación en la que nos encontramos. Es verdad que los representantes públicos en los escalones inferiores -hasta el nivel estatal, digamos- pierden poder, pero ¿podemos considerar esas superestructuras de gobernanza como una muestra de la privatización de las decisiones o más bien como una centralización burocrática simplemente a un nivel superior al de los estados? ¿Son los miembros de estas superestructuras meros representantes de las grandes empresas, de sectores ‘nacionales’ de la burguesía -alemanes, por ejemplo- o es algo más complejo? La decisión de optar por el hidrógeno, por ejemplo, va claramente en defensa de las grandes empresas energéticas, eso es cierto: centralización versus descentralización; complejidad técnica, etc. Pero, por erróneo que a mí me parezca, para no ser totalmente suicida tiene que cumplir el objetivo de resolver las necesidades energéticas de Europa, en este caso, o el hundimiento será inevitable. Imagino que la toma de ese tipo de decisiones es una mezcla de intereses modulada como mínimo por la necesidad de mantener el sistema. Quiero creer que no están tan alucinados como para dejarlo todo al interés de determinados sectores de la burguesía, a pesar de las constantes muestras de lo contrario.

Observación de JLMR:

Una cuestión importante es si las superestructuras de gobernanza en Europa son burocracia o son algo más, representando aunque sea indirectamente a grupos monopólicos fundamentales. Esos grupos tienen capacidad suficiente para controlar agentes políticos. Por otra parte, por el camino que va, la UE quedará subordinada a las decisiones de EEUU; la situación de guerra lo favorece y el comportamiento de estos últimos meses va en esa dirección. Y el gobierno de EEUU no parece ser muy independiente de determinados lobbys estratégicos, como los que representar al sector industrial-militar, que tienen en Blinken un elemento más que próximo. La transición energética, a la que se sumarán los grupos monopolistas, no se dejará desde luego al azar del mercado; de un mercado que por cierto hace mucho tiempo que no es libre y no es anárquico, aunque pueda tener comportamientos anárquicos. Pero las decisiones imperativas de esa transición quiénes las tomarán: ¿los poderes públicos democráticos a través de algún tipo de planificación estatal o los grupos corporativos que también son capaces de planificar, de decidir las opciones, los ritmos, las formas? Me temo que el debilitamiento de la política europea, la fragmentación partidaria y el abstencionismo, no juega a favor de que los protagonistas de la transición sean los parlamentos y los gobiernos emanados de ellos. A menos que, desde luego, haya una respuesta social que cambie el rumbo… Eso es desde luego lo deseable y es posible; pero si no cambian muchas cosas no es hoy por hoy lo probable. Conclusión: hay que actuar para que cambien las cosas y, sobre todo, para conseguir que las clases populares tomen conciencia de que ellas han de ser las protagonistas activas.

Comentario de Miguel Candel:

Fecundo intercambio. Añado algo: la supeditación de la UE a los EE.UU. no crea grandes fricciones entre las élites de allí y de acá: porque son, en gran parte, LA MISMA ÉLITE. Para muestra un botón: la muy aristocrática señora Ursula Wonder Lying (yo he decidido llamarla así, siguiendo la sugerencia de un tuitero) comparte cama (y seguro que algo más) con uno de los principales directivos de la farmacéutica estadounidense Pfizer. Por algo nos cosieron a pinchazos con la susodicha vacuna y con su «prima» Moderna (con resultados no demasiado brillantes, por lo que se está viendo, ola tras ola). Ese «maridaje» (nunca mejor dicho) debe darse sin duda en muchas altas esferas político-empresariales o empresario-políticas. Y si no es por activa, será por pasiva: por temor a perder posiciones (empresariales, políticas o ambas) si se les lleva la contraria a los amos de Washington.

A lo de si la gobernanza de la transición será mediante «planificación» oligopolística directa de las transnacionales o mediante formas de capitalismo de Estado puede que tengamos que aplicarle la fábula aquella de los galgos o podencos. Porque los beneficiarios con nombres y apellidos seguramente no serán muy diferentes en un caso y en el otro.

Paradójicamente, quizá en Rusia sí, por sus especiales características, dada una cierta división real entre dirigentes políticos y oligarcas. Pero en Occidente, nanay del Paraguay.

Y la cólera del pueblo… ni se ve ni se la espera (de momento, un largo momento: poco más de 2.000 manifestantes en Madrid el pasado domingo).

9. El decrecimiento en el New Green Deal

La revista norteamericana The ecologist acaba de publicar un fragmento del libro recién publicado The future is degrowth. La tesis principal es que el decrecimiento ofrece determinadas perspectivas que deberían ser incluídas en cualquier proyecto -ahora en total decaimiento- de New Green Deal.

https://theecologist.org/2022/jun/28/degrowth-not-just-green-new-deals

Decrecimiento: ¡no sólo nuevos acuerdos ecológicos!
Matthias Schmelzer
Andrea Vetter
Aaron Vansintjan

28 de junio de 2022

Vivimos en una época de muchas y aceleradas crisis. El colapso del clima nos está respirando en la nuca. La biodiversidad se está colapsando en los ecosistemas de todo el mundo, y muchas redes de seguridad naturales -los ciclos del agua, la fertilidad del suelo, las poblaciones de peces, la diversidad microbiana- se están deshaciendo.
Las guerras civiles y las catástrofes naturales han desgarrado países enteros, enviando a millones de personas en busca de seguridad, sólo para ser bloqueadas por fronteras militarizadas.
Este artículo es un extracto de El futuro es el decrecimiento: A Guide to a World Beyond Capitalism, publicado hoy por Verso Books.
Una pandemia ha paralizado la economía mundial. Las crisis financieras y económicas sacuden el mundo aproximadamente cada década. Hay un resurgimiento de partidos electorales nacionalistas y racistas.
El capitalismo verde
Mientras tanto, cada año surgen movimientos de masas que exigen un cambio. Los líderes políticos llevan décadas prometiendo prosperidad y un estilo de vida de clase media para todos. Sin embargo, esos niveles de vida son cada vez menos alcanzables para la mayoría, ya que los altos niveles de empleo estable se disuelven en la precariedad y el desempleo endémico.
¿Qué propuestas podrían sacarnos de este lío? A este respecto, puede ser útil tomar prestado un término de Immanuel Wallerstein, el teórico de los sistemas mundiales.
En la década de 2000 -durante lo que ahora podríamos considerar el apogeo del neoliberalismo y los correspondientes movimientos globales contra él- Wallerstein sugirió que había dos campos políticos principales: el «Espíritu de Davos», donde las élites económicas y políticas del mundo se reúnen en el Foro Económico Mundial anual, y el «Espíritu de Porto Alegre», el lugar de nacimiento de los Foros Sociales Mundiales, donde se reúnen los movimientos sociales populares del mundo.
En la actualidad, estos campos se han dividido en dos polos.
En el lado de Davos, no sólo están los globalistas, muchos de los cuales están a favor del capitalismo verde, sino también los autoritarios feudales y los neofascistas, representados en particular por Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil y Rodrigo Duterte en Filipinas.
Colapso
Los globalistas reconocen la realidad del cambio climático y defienden la modernización ecológica y el crecimiento verde. Piensan que no es necesario cambiar fundamentalmente el sistema actual: sólo necesitamos mejor tecnología, más eficiencia y la aplicación adecuada de la ciencia y los mecanismos de mercado.
Basta con sustituir lo que tenemos ahora por coches eléctricos, captura y almacenamiento de carbono, aparatos ecológicos y energía renovable y nuclear, y el problema estará resuelto.
Los neofascistas, por el contrario, están más explícitamente a favor de una especie de ecoapartheid: cerrar las fronteras a los inmigrantes que huyen del colapso ecológico y de los estragos de la globalización capitalista, ampliar los poderes militares para defender los privilegios de quienes se han beneficiado del crecimiento económico, afianzar aún más la división global del trabajo y acelerar la extracción de recursos.
Lo que impulsa esta idea reaccionaria es la voluntad de cambiarlo todo para preservar lo que se considera el orden natural de las cosas.
En última instancia, esta propuesta conducirá a un mundo más desigual que el actual y seguirá provocando el colapso a gran escala del sistema actual. Es importante destacar que ambos bandos -los globalistas y los neofascistas- están a favor del crecimiento; sólo que apoyan medios diferentes para conseguirlo.
Productivismo
Por otro lado, el campo de Porto Alegre también tiene dos polos. Por un lado, está el productivismo progresista: aquellas partes de la izquierda que -en la tradición de los movimientos obreros socialistas y socialdemócratas- se centran en el crecimiento, en el aumento de la productividad técnica y en la redistribución, y que tienden a preferir formas verticales de organización.
A menudo, estos izquierdistas abogan por mantener la infraestructura tecnológica existente, pero buscan hacerla más eficiente y socialmente justa mediante una planificación estatal centralizada y jerárquica.
Las propuestas de utopías basadas en la superación del trabajo a través del aumento de la productividad o de un «comunismo de lujo totalmente automatizado» también entran en este campo. Llamémosle «productivismo de izquierdas».
Por otro lado, están los movimientos y corrientes libertarias que se centran fuertemente en la autoorganización desde abajo y que cuestionan fundamentalmente el crecimiento -podríamos llamarlo ‘libertarismo de izquierdas’.
Este polo se posiciona en contra de la jerarquía y el productivismo, y busca alterar fundamentalmente las relaciones globales hacia un internacionalismo multipolar y poscrecimiento.
Empleo

Hoy en día, el decrecimiento se ha convertido en uno de los puntos de referencia clave dentro del libertarismo de izquierdas en el Norte Global – o, como se dice en un volumen reciente, dentro del «mosaico de alternativas» que luchan por una buena vida más allá del crecimiento, el industrialismo y la dominación.
En la última media década, una frase ha estado en el centro tanto de las controversias como de las posibles alianzas entre los polos productivista y libertario: el Nuevo Pacto Verde.
Los gobiernos, las organizaciones internacionales y la Comisión Europea promueven algunas versiones diluidas de un Nuevo Pacto Verde o «Green Deal», que se reducen esencialmente a la modernización ecológica del capitalismo. Esto se consideraría globalismo de crecimiento verde, firmemente situado en el campo de Davos.
Pero aquí sólo nos interesan las variantes de izquierda más transformadoras. El Green New Deal ha existido durante mucho tiempo como un conjunto de políticas para la transición defendidas por los candidatos del Partido Verde. En los últimos años, se está convirtiendo cada vez más en una piedra angular de la política medioambiental radical de los partidos políticos más grandes, como el partido laborista en el Reino Unido y partes del partido demócrata en Estados Unidos.
La propuesta básica busca -a través de la inversión pública y las regulaciones- reducir radicalmente el consumo de combustibles fósiles y la transición a una economía totalmente renovable, garantizando al mismo tiempo unas condiciones de trabajo justas y el pleno empleo, así como unas condiciones de vida enormemente mejoradas, para todos, y en particular para las comunidades marginadas.
Post-fósil
Inspirado en el New Deal llevado a cabo por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt tras la Gran Depresión de los años 30, la idea es un programa de movilización e inversión pública a gran escala de keynesianismo verde que reestructure fundamentalmente la economía.
Aunque a primera vista parece que existe una fuerte oposición entre estos Nuevos Acuerdos Verdes, más transformadores y de izquierdas, y el decrecimiento, en nuestro nuevo libro El futuro es el decrecimiento: Guía para un mundo más allá del capitalismo, que existen muchos solapamientos y similitudes, que hay un amplio margen para aprender unos de otros y para colaborar, y que el decrecimiento ofrece un importante correctivo para las propuestas existentes de Green New Deal.
Los puntos fuertes del decrecimiento son su sólido análisis del metabolismo biofísico del capitalismo, las implicaciones de la modernización ecológica para la justicia global y los recursos, la hegemonía ideológica perpetuada por la economía basada en el crecimiento, y su avance en propuestas políticas más profundamente transformadoras para una economía basada en la autonomía, el cuidado y la suficiencia.
Lo que distingue más claramente al decrecimiento de otras propuestas socioecológicas es la politización del metabolismo social y sus ramificaciones para el diseño de políticas.
El decrecimiento comparte con la mayoría de los programas de modernización ecológica -y con los Green New Deals- el llamamiento a realizar inversiones masivas para construir rápidamente las infraestructuras materiales de una sociedad post-fósil.
Desmantelamiento
Esto incluye fuentes de energía renovables controladas por la comunidad y redes de transporte público gestionadas democráticamente, viviendas sociales o colectivas readaptadas y plantas industriales propiedad de los trabajadores, para productos de consumo duraderos, reparables y reciclables.
De forma similar a la perspectiva de Kate Aronoff, Alyssa Battistoni, Daniel A. Cohen y Thea Riofrancos en Un planeta que ganar, el decrecimiento también reclama «un ‘último estímulo’ de desarrollo económico verde a corto plazo para construir paisajes de afluencia pública, desarrollar nuevos modelos político-económicos, saltar de la cinta de crecimiento, romper con el capital y establecerse en un ritmo más lento».
Sin embargo, el análisis del decrecimiento -que tiene en cuenta una amplia investigación sobre la injusticia climática y las posibilidades de desvincular las emisiones del crecimiento económico- plantea que esto debe ir acompañado de una transición de toda la economía más allá del crecimiento económico. Estos estudios muestran que un Green New Deal con crecimiento -aunque sea temporal- probablemente no será sostenible.
Así, mientras que las propuestas del Green New Deal tienden a enfatizar este empuje de la inversión y el crecimiento de todo lo sostenible, el decrecimiento también, y al menos con el mismo rigor, pone el foco en las muchas cosas que tendrán que desaparecer.
Para conseguir una economía globalmente justa y sostenible, habrá que desmantelar grandes áreas de producción y consumo, mientras que habrá que construir otros sistemas en su lugar.
Transformación
A diferencia de la mayoría de los Nuevos Acuerdos Verdes, el decrecimiento formula políticas activas para lograr una reducción selectiva y una desacumulación de aquellas actividades económicas que no pueden hacerse sostenibles, que aportan escasos valores de uso o que son un consumo superfluo, y entre ellas se incluyen cosas como la publicidad, la obsolescencia planificada, los «trabajos de mierda», los aviones privados o las industrias de combustibles fósiles y de defensa.
El decrecimiento afirma que es necesario reducir la producción de energía y materiales para evitar el sobregiro ecológico.

Además, las políticas necesarias que pongan un tope a las emisiones, frenen rápidamente la producción fósil y acaben con el consumo excesivo conducirán probablemente a una reducción del PIB.
Aunque esto no sea malo en sí mismo (ya que el PIB es un indicador muy problemático), las sociedades deben prepararse reorganizando las instituciones para dejar de depender del crecimiento y la acumulación.
Las plataformas del Green New Deal están a favor del crecimiento económico o son imprecisas en cuanto a si el objetivo es el crecimiento, incluso cuando proponen políticas que de hecho estimularán la expansión económica. Entonces, ¿cómo podría combinarse el «último estímulo» del Green New Deal con políticas más transformadoras?
Progresista
Estas políticas deberían, por un lado, tener como objetivo el decrecimiento de aquellas áreas de producción y consumo que están relacionadas con el exceso de energía, masa y emisiones y, por otro lado, garantizar que estas inversiones no se limiten a estabilizar un sistema económico construido en torno al crecimiento y la acumulación, sino que inicien su transformación.
Además, las plataformas del Green New Deal han sido criticadas por limitarse a continuar, en lugar de desafiar, las relaciones neocoloniales desiguales entre los países industrializados y el resto del mundo.
Por ejemplo, al expandir la energía solar y la tecnología de almacenamiento de las baterías de litio sin desmontar las relaciones desiguales entre los países ricos que compran litio y los países pobres que lo extraen, el Green New Deal sólo puede crear nuevos problemas y afianzar el neocolonialismo.
El decrecimiento, argumentamos en nuestro libro, ofrece perspectivas que deberían integrarse productivamente y adaptarse críticamente en la política progresista, incluyendo las de lo que se ha propuesto como un «Nuevo Pacto Verde sin Crecimiento».
Jerarquías
Por tanto, los defensores del decrecimiento no sólo se enfrentan al reto de organizar a las mayorías sociales para un proyecto político frente a un giro a la derecha que aboga por el autoritarismo orientado al crecimiento, así como a la presencia continuada del capitalismo verde e impulsado por los combustibles fósiles.
También es importante convencer a quienes representan el «espíritu de Porto Alegre» -pero también están orientados hacia el productivismo- de los méritos de una sociedad de decrecimiento.
De este modo, los defensores del decrecimiento deben navegar por las múltiples realidades políticas que surgen a través de las repetidas crisis del sistema capitalista y las respuestas de la gente a éstas.
Nuestro libro es un intento de navegar por estos desafíos: al mostrar cómo el decrecimiento puede responder a las crisis a las que nos enfrentamos, buscamos no sólo presentar las diversas críticas al crecimiento y la visión, las políticas y las estrategias del decrecimiento, sino también defender un decrecimiento que aborde específicamente el capitalismo y las jerarquías sociales, y argumentar por qué la izquierda debería apoyarlo.
Los autores
Matthias Schmelzer es historiador económico, creador de redes y activista climático. Es investigador postdoctoral en la Universidad Friedrich-Schiller de Jena y trabaja en el Konzeptwerk Neue Ökonomie (Laboratorio de Nuevas Ideas Económicas). Andrea Vetter es investigadora de la transformación, activista y periodista, y utiliza como herramientas el decrecimiento, los bienes comunes y el ecofeminismo crítico. Aaron Vansintjan es escritor e investigador y se centra en el decrecimiento, las ciudades, la ecología y la ciencia ficción.
Este es un extracto de The Future is Degrowth : A Guide to a World Beyond Capitalism, que saldrá a la venta el 28 de junio con Verso Books.

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

10. Cuaderno del Instituto Tricontinental sobre China

Interesante artículo de geoestrategia desde el punto de vista eminentemente militar a partir del concepto de Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada.

https://thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno3/

11. Situación militar

No hay parte de guerra en Guerra en Ucrania desde el 27. Tampoco parece que nadie pase los vídeos de Rybar desde Telegram a Twitter desde hace días, así que os paso simplemente el enlace de Telegram del vídeo de ayer: Рыбарь. No está mal tener una cuenta de Telegram. Son rusos, así que es posible que las visiones ‘alternativas’ es posible que duren más tiempo que en Twitter.

Este es el mapa fijo de hoy a las 00:00: https://twitter.com/War_Mapper/status/1542298854489464832

Por lo demás, parece que lo más destacado es que Lisichansk no puede tardar mucho en caer. Según algunas fuentes, los rusos ya han ocupado el 30%. Lo que es seguro es que ya están en la refinería a las afueras de la ciudad, hacia el oeste, y que ha caído también por el norte el pueblo de Pryvilia, lo que significa que los rusos han cruzado el río Severodonetsk.

La última noticia recibida es que los rusos han abandonado otra vez la Isla de las Serpientes, que tanto encono han tenido los ucranianos en reconquistar. Dicen los rusos que ahora les bombardean con artillería de larga distancia, y prefieren proteger a sus tropas. No sé si desembarcarán ahora allí los ucranianos. Aquí un pantallazo la noticia de Ria Novosti en el tuit de Sharii, que está muy enfadado con los rusos por abandonar: https://twitter.com/anatoliisharii/status/1542427388268666880/photo/1

Sharii también está muy enfadado porque ha habido un intercambio de prisioneros, especialmente de aquellos con graves problemas médicos (amputados, etc.) y los ucranianos han exigido que en ese intercambio entren 43 de Azov. A Sharii le parece una bajada de pantalones y que no se puede hablar entonces de desnazificación. https://twitter.com/cpimentel986/status/1542187065089064966 No solo ha Sharii le ha sentado mal. Parece algo bastante generalizado entre los rusos.

Y cambiando de tema, se anima el conflicto con la OTAN. En concreto, con Noruega: «La soberanía de Noruega sobre Spitsbergen está ahora muy cuestionada», advierte un alto legislador ruso. Top Russian legislators question Norwegian sovereignty over Svalbard

El Ministerio de Defensa ruso ha confirmado el abandono de la Isla de las Serpientes. Pero el argumento ha cambiado: ahora dicen que lo hacen como gesto de buena voluntad para que los barcos ucranianos con cereales puedan pasar sin temor. El enlace (en ruso) es de Sharii, que sigue enfadado: https://twitter.com/anatoliisharii/status/1542434776849727488 Si oís al principio ‘dobra volia’, es lo de buena voluntad. 🙂

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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