(Página herida) Enric Company como ejemplo y como síntoma

Como vengo haciendo estas últimas semanas, les doy en nota [1] las referencias de algunos artículos que tal vez sean de su interés. Sobre los temas que siguen estando en el centro de nuestras preocupaciones.

Enric Company [EC], un intelectual y periodista de izquierdas de largo recorrido, publicó el pasado 1 de abril un artículo en El País: “Salvar el catalán una y otra vez”. La entradilla “El modelo lingüístico escolar que hasta hace poco se tenía como un éxito político de gran trascendencia cultural y social, se tambalea.” Son seis párrafos; se los copio y comento. El texto muestra un análisis frecuente (sesgado y olvidadizo, en mi opinión), hegemónico seguramente, en ambientes del catalanismo no secesionista.
El anticatalanismo, abre sí EC, “saborea estos días como un éxito la reformulación legal de la inmersión lingüística en la escuela pública catalana sentenciada por la justicia española”. ¿Justicia española? ¿En contraposición a escuela catalana? En automática simetría, prosigue, resurge al mismo tiempo entre una parte significativa de los catalanistas la angustia por la supervivencia del idioma catalán. Lo que, dígase o no, interpretan como una amenaza letal para la continuidad de la propia Cataluña como entidad nacional.”
¿Todo el que celebra la sentencia del 25%, lo que EC nombra como “reformulación legal de la inmersión lingüística”, es un anticatalanista? (De hecho, ¿qué es ser, a día de hoy, un anticatalanista?, ¿todos los que no comulgamos con el decir-pensar-sentir nacionalista y sus proyectos somos anticatalanistas?). EC no lo afirma pero lo deja a entrever, y añade, sin comentario crítico, que una “parte significativa” de los catalanistas (cuando debería decir más bien, del mundo nacional-secesionista que no es el mismo) están angustiados por la supervivencia del catalán… ¡porque una asignatura del curriculum de la enseñanza primaria y media se explique en castellano! ¿Alguien puede creerse la solidez de esta preocupación? Y con ello, lo que ya sabemos y suelen repetir una y otra vez, venga o no venga a cuento, desde hace décadas y décadas: ¡Cataluña está en peligro como entidad nacional! ¿Impartir una clase en castellano (pongamos, Matemáticas) en la enseñanza primaria y secundaria hace que se tambaleen bases tan sólidas?
EC nos recuerda que “la escolarización en catalán del alumnado en la enseñanza pública fue uno de los grandes objetivos del movimiento democrático desde el final del franquismo”, nudo que nadie ha puesto nunca en cuestión. Nadie. Por supuesto que la inmensa mayoría de la ciudadanía catalana desea (deseamos) que sus hijos se escolaricen en catalán. Pero no, y este es el punto, de forma excluyente y menospreciando al castellano.
Esa aspiración democrática, observa EC, surgía de dos factores. “El primero e inmediato, las cuatro décadas de prohibición del uso público del catalán durante la dictadura”. El segundo: “la existencia en el seno de Cataluña de grandes bolsas de población inmigrada originaria de regiones españolas de lengua castellana, cuyos hijos se pretendía incorporar a la cultura catalana”. Se entiende, debe entenderse, que se pretendía incorporar voluntariamente a la cultura catalana, sin que ello implicara el olvido o menosprecio de su lengua y cultura familiares. La armonía, sin inconsistencias, era y es posible, no hay una distancia insalvable.
Para dar una idea de la magnitud de este empeño, prosigue EC, “baste con recordar que en 1970 el 40% de la población de Cataluña había nacido fuera de ella”. La inmersión lingüística en la enseñanza pública (hace bien en recordarlo, no así en la privada) “fue el método adoptado en 1983 por la Generalitat para lograr que todos los escolares terminaran sus estudios dominando tanto el catalán como el castellano.” Tal cual, tanto en catalán como en castellano, y sin olvidar que en aquella ley de 1983 ambos idiomas eran lenguas vehiculares en la enseñanza. Casi nadie pensó en aquel entonces (algunos nacionalistas seguramente sí) que el catalán debía ser la única lengua vehicular, con detrimento, derribo y desprecio del castellano.
Las estadísticas, señala EC, “aportan, 38 años después, datos ambivalentes sobre el resultado obtenido”. La ambivalencia: por una parte “las encuestas oficiales indicaban en julio de 2019 que de cada 10 ciudadanos de entre 15 años y 24 años, 8,5 entendían el idioma catalán; 7,3 sabían hablarlo, 7,2 sabían leerlo y 5,9 escribirlo”; por otra “los más recientes estudios sobre usos lingüísticos han provocado la alarma en el Gobierno catalán: el uso social del catalán ha caído cerca de un 10% en los últimos 15 años y ha pasado de representar el 46% en 2005 a un 36% en 2020 [son 10 puntos, no el 10%], en un periodo en el que la población ha crecido cerca de un millón de personas”. El castellano es, remarca ERC, la lengua de uso social ampliamente mayoritario. Hablamos, pues, de uso social, no de la presencia del castellano en la enseñanza pública. Dando por buena la encuesta y sin olvidar ese millón de recién llegados: ¿no tendrá algo que ver las prácticas del procesismo con la reacción crítica de una parte de la ciudadanía? ¿No tendrá algo que ver con esa disminución el menosprecio que han sentido y vivido en estos últimos años la ciudadana catalana de habla castellana?
El catalán sigue estando en minoría, remarca EC. Añade: “Otro porcentaje lo ilustra: 8 de cada 10 catalanohablantes cambian de idioma cuando se les responde en castellano”. Más allá del porcentaje, había que ver cuántas veces ocurre eso de responder en castellano cuando alguien habla en catalán. En cualquier caso, admitiendo la validez del dato, ¿cuál es el problema? ¿No es simple cortesía tener en cuenta al otro, a la otra? Yo mismo lo hago; cuando me dirijo a alguien en catalán y me contesta en castellano (cosa que me ha ocurrido muy pocas veces), cambio de idioma. ¿No es más bien raro que 2 de cada 10 ciudadanos sigan hablando en catalán, pase lo que pase? ¿De qué se trata? ¿De imponer el catalán sea como sea, cuando sabemos que hay personas -muy pocas, cada vez menos, el 0,0001% entre la gente más joven- que se manejan mal en catalán? ¿Por qué deberíamos obrar de otro modo? ¿Por Cataluña, por el país, porque son “españolazos”?
El modelo lingüístico escolar, afirma EC, “que hasta hace poco se tenía como un éxito político de gran trascendencia cultural y social, se tambalea”. La afirmación es más que discutible. Desde hace muchos años, a veces clamando en el desierto, son muchas las voces que se han levantado a favor de la enseñanza bilingüe en la educación preuniversitaria, acompañada de otras lenguas extranjeras. Por lo demás, ¿qué hay de malo en que se tambalee un sistema lingüístico unidimensional que aspira además a imponer un determinado ideario de país?
La historia del catalanismo desde finales del siglo XIX, sostiene EC, “hasta hoy puede ser resumida también como un constante esfuerzo para incorporar a la sociedad y la cultura catalanas a las sucesivas oleadas de población llegadas de otras partes de España y, en las últimas décadas, también del resto del mundo”. Sin entrar en detalle, aquí se parte del presupuesto de que lo propiamente catalán es la cultura en catalán. Joan Marsé no es parte de esa cultura; tampoco Gil de Biedma o Eduardo Mendoza por ejemplo. El dato facilitado por EC: “Cataluña ha más que triplicado su número de habitantes desde principios del siglo XX hasta ahora. Pero siempre a base de importar población. Estaba en torno a los dos millones de habitantes en 1900 y ahora alcanza los 7,7, según datos del Idescat.”, aunque EC olvida, porque no quiere recordarlo, que a una buena parte de esa población “importada” se le ha llamado, despectivamente, murcianos, charnegos, nordos o no propiamente catalanes, dependiendo del momento y los objetivos políticos y culturales del nacional-secesionismo.
Cada llegada masiva de población foránea, a caballo de las fases de crecimiento económico, señala finalmente EC, “ha obligado a renovar el esfuerzo del catalanismo para incorporarla a la cultura y la lengua del país. Ahora también”. Ahora hay algo más: incorporación a la perspectiva, al relato nacional-secesionista. La diferencia, prosigue, “radica, si acaso, en que antaño los obstáculos fueron las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco y el centralismo político”. Nada tiene que ver la situación del catalán durante el primoriverismo o el franquismo con la situación del catalán en 2022. Nada.
La actual batalla, ese es el (mal) término que usa EC, “por la inmersión escolar pretende volver al consenso lingüístico de 1983, el momento en que el españolismo aceptó que el catalán recuperara parte del espacio público perdido en 1939”. No es así: el nacionalismo catalán no aspira volver al consenso lingüístico de 1983, aspira a arrojar el castellano al cuarto de los trastos inútiles y a que el catalán sea la única lengua vehicular de la enseñanza y, en el fondo, de toda la comunidad, la única que cuenta en la esfera pública (¿les suena la imagen invertida?). En eso están y, junto a eso, la ideología nacionalista que se cuela anexa.
Las palabras de cierre de EC: “Pero el Tribunal Constitucional, el TSJC, el PP, Ciudadanos y Vox ya no están en esas coordenadas. Sísifo tiene que volver a subir la piedra”. El TC está y debería estar por respetar la Constitución, lo mismo que el TSJC. No es un desliz menor que EC los cite al lado del PP, Vox y Ciudadanos, como un bloque común. Los estigmatiza, como hace permanentemente el nacional-secesionismo. ¡Son parte del frente de opresión de España contra Cataluña! Por lo demás, quienes no están realmente en las coordenadas de antaño son Junts, ERC, ANC, OC, la CUP, USTEC, la Plataforma por la llengua y fuerzas y asociaciones anexas que han roto en mil pedazos en estos 40 años el acuerdo lingüístico y cultural de la ley de “normalización” de 1983. Para todos ellos, lo prudente y razonable, el bilingüismo en una sociedad bilingüe es una distopía opresiva españolista.
Sísifo, vale la metáfora, tiene que volver a subir la piedra. De acuerdo. Pero no cualquier piedra. Sísifo debe subir la piedra de la racionalidad, la tolerancia, la convivencia, la armonía, el bilingüismo y el respeto a todos. Una vez instalada en esas coordenadas de cercanía y buen con-vivir no hace falta que vuelva a caer. Nuestro esfuerzo -no queremos ser Sísifo- es conseguir que siga ahí, donde debe estar, sosteniéndola entre todos.

Les dejo con la reflexión complementaria de un amigo, Sean Guerlín (6/4/2022): DESDE EL PUENTE DE CAN ZAM:
Ved, por favor, la noticia de abajo [3]. En otras regiones o CC.AA. de España, seguro que no existe ninguna Conselleria que haya perdido más pleitos, contra ella interpuestos, que la de (mala) Educació. Y perder pleitos es perder dinero.
Sería interesante saber el monto total de dinero que, desde 1981, ha gastado la susodicha gestoría (“Conselleria”) sacado de los contribuyentes, en concepto de abono de “gastos y costas procesales”, “daños y perjuicios”, “compensaciones con carácter retroactivo”, etc., etc…
Esa pregunta, algunos ya se la hicimos varias veces en los años 1990, a la que fue directora general y consellera de ese Departament, Carme Laura, que no la contestaba y sonreía ladinamente, que para eso era habilísima “camisa vieja” convergente, después de su pretendido paso sesentayochesco por, ¡ay! , el PSUC.
Por lo demás, no tengamos ninguna esperanza en que se cumpla dicha sentencia sobre el bilingüismo riguroso y equitativo, en los exámenes de la “selectividad”. Probablemente ya hay un puñado de “tècnics i experts”, mangoneando las posibilidades de seguir con aquel gran principio llevado a práctica habitual por la administración catalana desde 1980: feta la llei, feta la trampa.”
Notas
1) Las referencias de esta semana: 1. Pablo Iglesias entrevista a Rafael Poch de Feliu. https://rafaelpoch.com/2022/04/03/esta-guerra-es-una-perdida-de-tiempo-en-un-siglo-en-el-que-no-nos-podemos-permitir-el-lujo-de-perderlo/#more-940 2. Xulio Ríos, “¿China de lo piensa mejor?” https://politica-china.org/areas/politica-exterior/china-se-lo-piensa-mejor. 3. Pere Ortega, “La guerra de Ucrania, la OTAN y cómo superar esta crisis” https://www.mientrastanto.org/boletin-211/notas/la-guerra-de-ucrania-la-otan-y-como-superar-esta-crisis 4. José Luis Martín Ramos, “Hambruna y Holomodor” https://slopezarnal.com/hambrunas-y-holomodor/#more-4318
No olviden las “Misceláneas” de Carlos Valmaseda que publico cada día en mi blog.
2 https://elpais.com/espana/catalunya/2022-04-01/salvar-el-catalan-una-y-otra-vez.html
3) https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/govern-vulnero-derechos-examen-selectividad-solo-catalan_632906_102.html.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Un comentario en “(Página herida) Enric Company como ejemplo y como síntoma”

  1. “Desde el puente de Cam Zam” por Sean Guerlín (08/04/2922)

    Enric Company Prats será un periodista al que, como se ve, tildan de “intelectual de largo recorrido”, pero, añado, lo habrá sido sólo en un territori petit como Cataluña; y será tan de izquierdas como lo puedan ser, Enric Juliana, Xavier Folch, y una larga lista que no me esfuerzo en relatar, más que nada para no “pisar callos” ni “buscarme la ruina”.
    Todos ellos tienen, en mayor o menor medida, un pasado “bandero” o en el PSUC (si no de militancia, sí de carnet), y -lo que es más relevante, históricamente- , tienen una enorme responsabilidad en el crecimiento desbocado del nacionalcatalanismo en el PSUC, en las CC.OO (para ellos, la CONC), en el PCC y per tot arreu. Reconózcase, pues, que han ganado su envite…
    Por otro lado, JFS recuerda -perfectamente, doy fe- el grado de responsabilidad en el despliegue del asunto de la inmersió lingüística de miembros del Estat major del SEDEC (Joaquim Arenas) y de la Inspecció Educativa (Margarida Muset), cuyas estrategias y tácticas contra la enseñanza y el uso de la lengua castellana (en la escuela pública), no hubieran podido ser tan exitosas sin la colaboración militante de cientos y cientos de amigos, camarades y companys nuestros, que claro está, supieron siempre de qué iba la política lingüística del pujolismo…¡ Ya lo creo que lo sabían ! 
    De modo que la magnitud de la derrota de la defensa del uso y de la enseñanza de la lengua castellana en la escuela pública, en los últimos cuarenta y pico años, sólo puede ser entendida porque en Cataluña apenas hubo resistencia intelectual ante ello, y sí que hubo entusiástico y masivo colaboracionismo externo (e interno claro).
    Y que conste que “metidos en esta harina”, otro tipo de intelectuales del PSUC de antes del 1975, como Giulia Adinolfi, Manuel Sacristán o Paco Fernández Buey, deben ser considerados totalmente ajenos a aquella responsabilidad, y por eso (y más cosas, claro) se les relegó primero a la extravagancia y después al ostracismo, cuando no a declararles la total hostilitat.
    Consecuentemente, siguiendo aquello de “¡ ni agua !”, por lo que a mí hace no quiero leer lo que pueda decir al respecto (y ya puestos, de cualquier cosa), el Enric Company. 
    Mucha salud.

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