(Página herida) Pobreza en Cataluña

Mientras tanto, mientras tanto ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.
Federico García Lorca, “Grito hacia Roma. Desde la torre del Chrysler Building”

Se llevan peor que mal, fatal. Parece que en estos momentos el secesionismo comparitdo no es cemento suficiente. Veremos si la turbulencia de sus aguas les conduce al barranco. Sea como fuere, no es este el tema de esta página herida.

(Dicho entre paréntesis: 1. No les oculto mi satisfacción por el cese de Jordi Puigneró. Entre lo peor del secesionismo, además de neoliberal y tecnófilo fanatizado al servicio de las grandes multinacionales digitales. 2. Podemos estar a las puertas de un nuevo tripartido o de un gobierno de ERC en minoría con apoyos del PSC y Comunes. Recordando experiencias anteriores, toda prudencia es poca. No olvidemos que ERC es, ante y sobre todo, un partido nacionalista-secesionista).

Tomo pie en los tres artículos indicados en nota 1. La primera parte es especialmente deudora del trabajo (definiciones conceptuales y datos) de Jordi Arcarons, profesor de Economía aplicada de la UB, pero no del lenguaje que utiliza. Reino de España, por ejemplo, para hablar de España.

El umbral de riesgo de pobreza es un indicador que mide la pobreza relativa a partir del cual se determinan los hogares considerados pobres. Se calcula por el tamaño del hogar (número de personas que conviven) y por la escala de equivalencia (los costes fijos no aumentan en la misma proporción que su tamaño: se asigna un 1 a la primera persona mayor de 14 años del hogar; 0,5 al resto de las personas mayores de 14 años, y 0,3 personas menores de 14 años).

En 2021, en Cataluña, un hogar unipersonal se consideraba pobre si su renta neta era inferior a los 11.297 euros anuales (ingresos mensuales netos: 941 euros). Si el hogar es monoparental con un único menor de 14 años (en su gran mayoría: monomarentales), se consideraba pobre si sus ingresos netos eran inferiores a 14.686 euros anuales (1.224 euros netos mensuales). Si el hogar lo constituyen dos personas adultas y dos menores de 14 años, el límite para definir si era pobre o no aumentaba hasta los 23.724 euros anuales (unos ingresos mensuales netos de 1.977 euros) [2].

Me sitúo ahora en coordenadas más personalizadas.

Son las doce del mediodía de un día cualquiera, llega el turno de la comida. Las decenas de personas que están esperando en la puerta entran en la parroquia de Santa Anna (en el centro de la ciudad, al lado de la Plaza de Cataluña, Barcelona) donde les espera una bandeja con comida. El comedor social da de comer diariamente a más de 300 personas (solo durante el mes de agosto pasaron un total de 2.474 personas). La mayoría es gente sin hogar. Pero “cada vez vienen más personas que sí que pueden pagar una habitación donde vivir, aunque sea precaria, pero que no tienen dinero suficiente para comer” (Peio Sánchez, rector de la parroquia).

Testimonio de una de las personas que acuden diariamente a Santa Anna para desayunar, comer y cenar: “Nunca me hubiera imaginado estar así”. Es una mujer de 65 años, no da su nombre. Alega que mucha gente del barrio la conoce y no quiere que sepan de su situación. Le “da vergüenza”. Perdió el trabajo en la crisis de 2008; desde entonces, 14 años, no ha encontrado nada estable. Tiene que sobrevivir cada mes con 400 euros. “O como o pago el alquiler”.

(Para comparar. En casa convivimos tres personas. No somos exquisitos en temas de comida (ni en muchas otras cosas). Compramos en plaza y en supermercados (marcas blancas en ocasiones). En alimentación (nunca desperdiciamos) y en productos de higiene personal y de limpieza nos gastamos semanalmente unos 170 euros de promedio, unos 700 mensuales (a veces más). ¿Qué haríamos, qué podríamos hacer con 400 euros mensuales?).

En 2021, según el último informe Foessa (podemos hacer conjeturas, peores, sobre la situación en septiembre de 2022), casi el 30%, el 29,1% de los ciudadanos de Cataluña, estaba en situación de exclusión social: 2,25 millones de personas, un millón más que tres años antes (¡incremento del 125%!), mientras que 584.000 hogares tenían un gasto excesivo por vivienda (una vez pagados el alquiler y los suministros básicos se encuentran en situación de pobreza).

Por otra parte, muchas familias que viven en situación de realquiler ven que los precios de las habitaciones (¡habitaciones de piso!) se han disparado: de una media de 300 euros a 400 o 500 euros (¡un incremento entre el 33 y el 66%!).

En lo que va de año, Cáritas Barcelona ya ha destinado dos millones de euros a ayudas económicas (un 15% más que en el mismo periodo del año anterior). Una de cada tres ayudas va a alimentos, las otras dos a vivienda.

Un segundo testimonio: un hombre de 31 años, también prefiere el anonimato. Era entrenador de fútbol y camarero. Con la pandemia perdió el trabajo. Duerme en la calle desde entonces y, cuando consigue reunir algo de dinero trabajando en lo que puede, lo invierte en pasar la noche en algún albergue. Estos lugares, explica, están colapsados con tanta gente.

El cuadro tiene más aristas: en 2020, en plena pandemia, se produjeron 240.070 cortes de electricidad y 17.763 de gas en toda España. En 2021, solo en Barcelona, 2.000 personas tuvieron el coraje de denunciar haber sido objeto de coacciones por las grandes compañías eléctricas. Otras muchas no lo hacen, no se atreven, temen las represalias.

¿Qué pasará este invierno?

Según Francesc Valls, al Govern de la Generalitat “le faltan ganas de hacer cumplir los acuerdos y la ley. En Cataluña hay instalados solo 37 contadores sociales de luz, frente a 914 de agua, y para este 2022 está todavía por crear el previsto fondo solidario para afrontar la deuda”. De lo único que hay sobreabundancia, añade, “es de alegaciones dilatorias por parte de las eléctricas”. La razón: están “incómodas” con una legislación que gracias a algunos ayuntamientos y entidades sociales evitó “más de 200.000 cortes de luz y gas en toda Cataluña entre julio de 2015 y diciembre de 2020.”

El pacto entre Endesa y la Generalitat, al que no se han sumado las restantes compañías, ha condonado 30 millones de euros de deuda a más de 35.000 familias. Falta por resolver un montante de 19 millones de euros correspondiente a 2021. Resulta tentador constatar, señala Valls, que esos 19 millones son solo 4,7 millones de euros menos de lo que cobró el año pasado el presidente ejecutivo de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, el que en mayo pasado nos insultó, nos llamó “tontos” a quienes nos acogíamos a la tarifa regulada;.Iberdrola, por cierto, es una de las eléctricas que no ha firmado el pacto con la Generalitat para condonar la deuda. ¡La inhumanidad chulesca en el puesto de mando del desprecio!.

¿Cuál debería ser la prioridad principal de un gobierno de izquierda transformadora, o de izquierda reformista, o de centro izquierda, o de izquierda minimalista, de un gobierno con preocupaciones humanistas básicas? No es difícil la respuesta, ustedes la saben.

La duda: ¿es la situación de las personas y familias más vulnerables, de muchos ciudadanos y ciudadanos de clases trabajadoras, la principal y central preocupación del actual gobierno de la Generalitat? Ustedes también conocen la respuesta. Las últimas medidas anunciadas en el debate del Parlament no representan ningún cambio de paradigma.

¿Por qué? Porque las preocupaciones esenciales de un gobierno nacionalista y de las fuerzas que lo apoyan, sea cual sea ese apoyo, no suelen ubicarse en esas temáticas. Su carácter de clase, las clases que representan y de las que reciben apoyo, no están entre esos colectivos sociales. Lo suyo, su finalidad esencial, es otra cosa [3].

Notas

1) Frances Valls, “La ley y la cuenta de resultados” https://elpais.com/espana/catalunya/2022-09-25/la-ley-y-la-cuenta-de-resultados.html; Lucía Quesada Navarro y Josep Catà Figuls, “El crecimiento de las colas del hambre tensiona aún más los costes de las entidades sociales”

https://elpais.com/espana/catalunya/2022-09-25/el-crecimiento-de-las-colas-del-hambre-tensiona-aun-mas-los-costes-de-las-entidades-sociales.html; Jordi Arcarons, “Pobreza y exclusión social. ¿En qué situación nos encontramos?” https://catalunyaplural.cat/es/pobreza-y-exclusion-social-en-que-situacion-nos-encontramos/

2) Los datos del conjunto de España: un hogar unipersonal, 9.535 euros netos anuales (795 euros mensuales); hogar monoparental, 12.396 euros netos anuales (1.033 euros mensuales); el último tipo de hogar apuntado 20.024 euros netos anuales (1.669 euros mensuales).

3) Para estar al día del paisaje nacional-secesionista: Antonio Fernández, “El independentismo llama a la ‘liberación’ de Girona como preludio de un nuevo ‘procés’”. La plataforma Desobediencia Civil impulsa un plan similar al del referéndum ilegal, con acciones orquestadas en pueblos y ciudades. «Es un entrenamiento que nos llevará a la confrontación», dicen los organizadores. https://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2022-09-27/independentismo-liberacion-girona-nuevo-proces_3496689/.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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