Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.
Hoy 19 es día de prueba. Paro general de 24 convocado por la CGTP y apoyado por la Asamblea Nacional de los Pueblos del Perú y concentración en Lima, de las columnas de comuneros del Sur y de la población limeña que se sume. La concentración es a las 3 de la tarde en la Plaza San Martín (las 9 de la noche en España) y tras la concentración empezará una manifestación por las calles de Lima, En el resto del país seguirán las movilizaciones locales. El gobierno está a la expectativa de la fuerza que tenga lo que se produzca; el gobierno y todo el mundo. La presión policial parece haberse rebajado. Un ejemplo, el Consejo Rector de la Universidad de San Marcos pidió que la policía desalojara a los estudiantes que la ocupaban y a los grupos procedentes del Sur que habían sido acogidos en el campus por los estudiantes. La policía no ha intervenido. Sin embargo en cualquier momento y lugar puede saltar una nueva chispa. Ayer 18, por la tarde, la policía se enfrentó a un grupo de ronderos en la capital del distrito de Carabaya, en Puno, y disparó de nuevo: una mujer muerta por bala en la cabeza y un hombre grave por bala en el tórax; cuando se supo la muerte de la mujer, los manifestantes atacaron la comisaría y después de que la policía la abandonara la incendiaron, también incendiaron los juzgados. En Huencavélica también se produjeron enfrentamientos, los manifestantes lanzaron piedra con sus ondas, pero la policía no respondía y respondió con bombas lacrimógenas, al cabo de dos horas se acabó el enfrentamiento.
La sociedad limeña, como es previsible, está dividida. Contra la actitud del Consejo Rector de la Universidad de San Marcos, el de Universidad Nacional de Ingeniería aprobó ofrecer alojamiento en el campo a estudiantes del Sur que participaban en la marcha a Lima y «a padres de familia»; no solo eso, el Rector en persona los recibió: «bienvenidos a la universidad y cuídenla».
Las agendas políticas están definidas. La derecha, liderada por el gobierno y el presidente del congreso plantean «adelantar» las elecciones a abril de 2024. Su esperanza es que en ese año y medio la movilización social se agote y las formaciones de izquierda se dediquen a preparar la campaña electoral; y que, por el contrario, la derecha capitalice el miedo que entre clases medias urbanas haya podido producir todo el episodio. De la Asamblea Constituyente no quieren ni hablar, dicen que sería un desastre para el país. Las movilizaciones, las formaciones de izquierda y sectores de centro -el Partido Morado con 3 diputados se ha sumado a la petición de adelanto inmediato de las elecciones; en La República, con público entre el mundo profesional, es clara la inclinación a hacer caso de las encuestas del IPE, adelantar las elecciones y considerar un referéndum para decidir si se convoca constituyente- no aceptan ese plazo y exigen el adelanto a 2023 y la consideración de la Constituyente. En esta agenda la sustitución de Dina Boluarte y de José Williams, para que no sea él el sucesor, es innegociable. No hay razones técnicas que impidan tanto esas sustituciones como el adelanto electoral a 2023. La derecha tiene la mayoría parlamentaria, pero no tiene consenso social; si se empeña en que el Congreso dilate las elecciones, el descrédito social de las instituciones se incrementará a velocidad hipersónica. El pulso está entre la calle y el congreso. La fuerza que se pueda poner hoy en la calle y el paro nacional será un factor importante; aunque no creo que sea el definitivo.
Mañana se podrá hacer balance y análisis de lo que suceda hoy en el Perú, que nos cogerá a nosotros en la cama.
P.D.: por ahora no hay movilización en la calle de la derecha, aunque ya ha habido una intento de impulsar un «movimiento por la paz», en la que están implicados los fujimoristas y los evangélicos.