Seguimos en el segundo capítulo, “El límite del keynesianismo medioambiental”, en el apartado “La fantasía del desacoplamiento”.
Antes de entrar en materia una sugerencia: Jorge Riechmann, Bailar encadenados, Barcelona, Icaria, 2023. El subtítulo: “Pequeña filosofía de la libertad (y sobre los conflictos en el ejercicio de las libertades en tiempos de destriciones ecológicas)”. No es el cambio climático el tema central del nuevo libro del profesor, poeta, traductor y activista ecosocialista, pero son muchas -y siempre de interés- las referencias al asunto que tratamos en estas páginas.
Cojo el hilo. Saito está seguro de que la conclusión de Rockström -abandonar el crecimiento- puede parecernos una tesis-afirmación demasiado radical. Es posible que el keynesianismo medioambiental nos parezca más razonable y que aún sigamos firmemente convencidos de que no se debe renunciar al crecimiento económico. Quizá, añade, podemos pensar que los científicos ambientales no están muy puestos en asuntos de economía. Por eso, prosigue, “me gustaría presentar con algo más de detalle un trabajo de investigación empírica acerca de las dificultades del desacoplamiento. En esta ocasión, se trata de un libro escrito por un famoso economista ambiental inglés. Prosperity without Growth (Prosperidad sin crecimiento) (2017)”. Está hablando de Tim Jackson.
Según Jackson, “la optimización del consumo energético progresa, sobre todo, en torno a los sectores industriales de los países desarrollados. En comparación con la década de 1980, en EE.UU. o en el Reino Unido la mejora ha sido de un importante 40 %”. No solo en estos, sino en los países de la OCDE, “se ha observado una reducción significativa de la tasa de consumo energético en relación con el PIB real. Es incuestionable que en los países más desarrollados está avanzando el desacoplamiento relativo”. Sin embargo, prosigue Saito, “a diferencia de los países del primer mundo, en Brasil o en Oriente Medio, el consumo energético en relación con el PIB real está aumentando a un ritmo acelerado”. En un contexto en que se sigue priorizando el crecimiento económico más inmediato, “se siguen efectuando grandes inversiones en tecnologías obsoletas y ni siquiera está ocurriendo el desacoplamiento relativo. La bajada de rendimiento del consumo energético significa, naturalmente, que no ha mejorado la proporción de emisiones de CO2 en relación con el PIB real. Debido a que los centros del crecimiento económico se han desplazado a países como China o Brasil, a escala mundial el nivel de emisiones de CO2 apenas ha mejorado un exiguo 0,2 % anual entre 2004 y 2015.”
Desde una perspeciva global, así hay que mirar estos asuntos, “en los últimos años ni siquiera se está produciendo el desacoplamiento relativo entre las emisiones de CO2 y el crecimiento”. Así las cosas, para Saito, el desacoplamiento absoluto para las cero emisiones netas en 2050 “es un sueño dentro de otro sueño”. En algunos países industrializados, ciertamente, se están reduciendo las emisiones de CO2 (en parte también debido a la larga recesión sobrevenida tras la quiebra de Lehman Brothers y, posteriormente, de la pandemia). Así, en el Reino Unido, a pesar de que entre 2000 y 2013 el PIB creció un 27%, “las emisiones de CO2 se redujeron un 9%”. En Alemania o Dinamarca también se está produciendo desacoplamiento absoluto. Pero a escala planetaria, “debido al notable ritmo de crecimiento económico de los países en vías de desarrollo, las emisiones de CO2 siguen creciendo.”
En síntesis: la realidad es que, lejos de reducirse, las emisiones de CO2 mediante el desacoplamiento absoluto, están aumentando y lo están haciendo a un ritmo del 2,6 % anual. De hecho, “en algunos países desarrollados, como en los EE.UU., también está aumentando un 1,6 % cada año”. Para el filósofo nipón, las perspectivas de lograr un desacoplamiento absoluto suficiente (es decir, ¡un desacoplamiento que permita alcanzar el objetivo del tope de subida de 2 ºC!) son realmente inexistentes.
Jackson concluye (y Saito comparte la conclusión) que la teoría del desacoplamiento es un «mito en absoluto convincente», criticando a los defensores del crecimiento verde. Jackson llega a afirmar, tajante, que la confianza en la innovación tecnológica bajo el capitalismo, como solución al cambio climático, es una «suposición simplista» que es pura «fantasía», fantasía (soy yo quien habla) que ha penetrado exitosamente por el momento (con algunas críticas y desconfianzas) en amplios sectores de la ciudadanía. La idea de fondo: una esperanza (vana) en que las nuevas tecnologías lo solucionaron todo y en beneficios de todos. No es este el único momento histórico en que una idea así ha sido ”consumida e interiorizada” por millones de personas en el mundo. Los medios de información-intoxicación y las generalizaciones apresuradas contribuyen lo suyo a esa idea-axioma.
“Lo que está sucediendo es un reacoplamiento” es el título del siguiente apartado.
Observando los datos que indica Jackson, observa Saito, quizá nos tiente culpar del aumento de las emisiones de CO2 al acelerado crecimiento económico de “los países en vías de desarrollo.” Sería repetir la falacia de los Países Bajos (ya comentada anteriormente). “Fijarse únicamente en la reducción de las emisiones de CO2 en los países avanzados es engañoso porque una parte no despreciable de los recursos obtenidos en China, Brasil o la India, y de los productos que en ellos se fabrican, se exportan a los países desarrollados y se consumen en estos”. Los consumimos nosotros. El desacoplamiento “aparente” en los países del Primer Mundo está ocurriendo a costa de transferir la parte negativa del proceso (las emisiones de CO2 derivadas de la actividad económica) al exterior. Una de las externalizaciones esenciales del capitalismo en sus últimas décadas. Se ha hablado de ello.
El desacoplamiento de los países miembros de la OCDE no es únicamente el resultado, insiste Saito, de la innovación tecnológica, sino que es “fruto de la transferencia al Sur global, a lo largo de 30 años, de los costes de la producción de las mercancías y alimentos que se consumen en ellos”. De ahí que “al examinar las importaciones y exportaciones, teniendo en cuenta la huella de carbono, según Jackson, ni siquiera estará teniendo lugar el desacoplamiento relativo (la huella de carbono es la conversión en emisiones de CO2 de los gases de efecto invernadero que se generan a lo largo de todo el proceso de producción, desde la provisión de materias primas de las mercancías y servicios hasta su eliminación)”. Aunque el desacoplamiento absoluto parezca factible sobre el papel, en teoría, “salvando periodos de crisis o emergencia temporales, como la caída de Lehman Brothers o la pandemia de la COVID-19, la probabilidad de un desacoplamiento absoluto a gran escala y sostenido en el tiempo es extremadamente baja”. Podía haber escrito nula.
Por mucho que avance la tecnología, la mejora del rendimiento tiene un límite material: “es imposible fabricar un coche con la mitad de las materias primas por más que mejore la eficiencia”. Asimismo, como se puede comprender revisando la historia del capitalismo desde la Revolución Industrial, “el crecimiento económico del siglo XX fue posible gracias al consumo masivo de combustibles fósiles. El crecimiento económico y los combustibles fósiles están íntimamente ligados”.
Por consiguiente, colige Saito, “el deseo de mantener un crecimiento económico como el que ha habido hasta ahora y de reducir, al mismo tiempo, las emisiones de CO2es una obviedad que termina topando con severas dificultades físicas”. De ahí que “albergar esperanzas en un crecimiento económico que dependa del desacoplamiento absoluto es un error”.
El peligro de la estrategia del crecimiento económico verde radica, en opinión de Saito, “en que populariza la fantasía de que el «desacoplamiento absoluto» es fácil de llevar a cabo”. Y no es el caso.
“La paradoja de Jevons: la mejora del rendimiento aumenta la carga medioambiental” es el título del siguiente apartado.
Existen otros inconvenientes, prosigue el estudioso marxista “Aunque la mejora del rendimiento es imprescindible para el desacoplamiento, sucede que, al mismo tiempo y paradójicamente, la mejora del rendimiento dificulta la adopción de medidas contra la crisis climática.”
Su ejemplo: está creciendo en casi todo el mundo la inversión en energías renovables. A pesar de ello, no se está reduciendo el consumo de combustibles fósiles. “Las energías renovables no están reemplazando a los combustibles fósiles, sino que se están consumiendo de forma adicional, para atender el aumento de la demanda energética debido al crecimiento económico”. ¿Y eso por qué está sucediendo? La paradoja de Jevons ofrece una explicación, “una paradoja propuesta por William Stanley Jevons, economista inglés del siglo XIX, en su obra El problema del carbón (1865)”.
Su explicación de la paradoja:
En el Reino Unido se había logrado mejorar el rendimiento del carbón por aquellas fechas del siglo XIX. Sin embargo, esto no redujo la cantidad utilizada. Más bien al contrario: “el abarata miento del carbón hizo que este se empleara en más ámbitos y su consumo creció”. Contradiciendo el razonable supuesto, generalmente aceptado, acerca de la disminución de la carga ambiental por la mejora del rendimiento, “Jevons pronto se dio cuenta y llamó la atención sobre la mayor carga ambiental que podría implicar el progreso tecnológico.”
Ocurre lo mismo en la actualidad, en opinión de Saito. “Aunque mejore el rendimiento gracias al desarrollo de nuevas tecnologías, el abaratamiento consiguiente de las mercancías espolea con frecuencia el consumo. Esto da lugar a paradojas: los televisores son energéticamente cada vez más eficientes, pero como cada vez más gente compra televisores de gran tamaño, se ha producido un aumento del consumo de energía; de la misma manera, la optimización del consumo energético no ha servido para nada debido a la popularización de vehículos grandes, como los SUV (vehículo utilitario deportivo)”.
Em síntesis: aunque la mejora de la eficiencia gracias a las nuevas tecnologías parezca dar lugar al desacoplamiento relativo, muchas veces su efecto queda neutralizado por el aumento del consumo. “En ocasiones sucede que aunque la mejora del rendimiento produzca desacoplamiento relativo en un área o sector, el capital o los ingresos ahorrados se destinan a la producción o la compra de mercancías que consumen más energía o recursos, y el ahorro inicial queda anulado”. Lo ahorrado con la bajada de los precios de los paneles solares, por ejemplo, podría animarnos a todos a viajar más en avión. La plusvalía alentará a las empresas a invertir en otros negocios. Y, desde luego, no existe ninguna garantía de que estos sean «verdes». En estos casos, “el desacoplamiento relativo termina dificultando el desacoplamiento absoluto del conjunto.”
“El cambio climático no se puede detener con la fuerza de los mercados” el el título del siguiente apartado. Seguimos en el segundo capítulo.