Sobre Chile

Del compañero de Espai Marx, el historiador José Luis Martín Ramos (con observaciones complementarias de Joaquín Miras y Carlos Valmaseda).

Alguna claves para entender el resultado del plebiscito:

La primera de todas, en términos electorales. El gran aumento de participación ha barrido a la propuesta de reforma constitucional. En las elecciones de 2021 el nivel máximo de participación se produjo en la segunda vuelta presidencial, alcanzando el 55,6%, en tanto que en el plebiscito de ayer la participación ha rebasado el 85%. La izquierda no ha avanzado ni un pelo en términos de voto: en la segunda vuelta Boric fue elegido con 4,6 millones largos de votos; ayer la reforma constitucional ha obtenido 4,8 de votos; por el contrario la derecha, cuyo candidato solo consiguió en segunda vuelta 3,6 millones, obtiene un triunfo político y social indiscutible con lo 7,8 millones de votos que han dicho no a la reforma constitucional. El resultado, además, supone que sigue en pie la constitución nacida en los últimos tiempos de la dictadura de Pinochet, aunque haya tenido luego más de una cincuentena de reformas parciales. Es un fracaso sin paliativos de la izquierda en su proyecto de dar a Chile una nueva constitución plenamente democrática, sin hipotecas pinochetistas; algo que parecía posible cuando se inició el proceso constituyente en 2020 y sobre todo cuando Boric fue elegido presidente en 2021. La izquierda chilena tendrá que asumir una importante autocrítica de por qué no se ha corroborado esa expectativa. A primera vista parece que ha vivido en un cierta burbuja de autosatisfacción, lo que ha llevado a proponer un proyecto de constitución con un contenido que estaba lejos de tener suficiente consenso social. El hecho es que el apoyo a la izquierda y a su proyecto de reforma en concreto no se ha movido desde un principio, apenas ha crecido desde 2020; en realidad ha decrecido respecto de la expectativa inicial. En el plebiscito que abrió el proceso, en 2020, votaron 7,5 millones, el 51%, y dieron el sí a la apertura de un nuevo proceso constituyente 5,8 millones. En ese momento el rechazo a una nueva constitución solo se produjo por parte de la derecha pinochetista estricta. Por el camino del debate de la convención constituyente y de las contiendas electorales de 2021 el apoyo a la nueva constitución se ha reducido a la izquierda, en tanto que el rechazo ha ido más allá de la derecha pinochetista. Y ese rechazo ha arrasado entre la población que acostumbra a no votar, esos casi cinco millones que no son pinochetistas por principio, de los cuales la izquierda solo ha conseguido atraer a un ridículo par de cientos de miles.

Las razones del desapego seguro que son diversas. El estreno de la gestión de Boric ha sido poco brillante y sin tiempo suficiente. La derecha, como en los tiempos de la Unidad Popular ha cabalgado a lomos de los problemas de gestión de la izquierda en el gobierno y seguro que habrá explotado el resurgimiento de las disidencia de extrema izquierda, como los trotskistas que ya acusan al gobierno de Boric de traición. De todas manera me aventuro a señalar uno, que es el de la cuestión de la identidad nacional; Chile no es Bolivia, y la cuestión indígena no tiene ni el peso ni la apreciación social que tiene en Bolivia. La consideración de Chile como un país multinacional, sin más, me parece arriesgada y, en cualquier caso, no ha sido suficientemente explicada y no ha obtenido el apoyo suficiente de una población que se considera muy mayoritariamente blanca y que en buena medida tiene posiciones de desprecio hacia los mapuches. En Chile, como en Argentina, la construcción del estado nacional se hizo por parte de la población criolla y a través del genocidio de la población indígena. En Argentina ese genocidio fue tan casi absoluto que no ha pasado luego facturas históricas internas, no han quedado indios para protestar; en Chile las montañas del sur dieron cobijo a la supervivencia de una población mapuche, minoritaria pero suficiente para querer pasar esa factura. Es legítimo e imprescindible que la izquierda tenga en cuenta la cuestión mapuche y la haya puesto sobre la mesa de la reforma constitucional, pero no sé sí ha medido los tiempos y valorado las medidas y la necesidad de un consenso amplio en este tema. Sea como fuere parece que la izquierda ha tropezado en esa piedra y, desafortunadamente, lo ha hecho en un terreno tan complejo como es el de la arquitectura constitucional, en el que además lo principal que estaba en juego no era -es mi opinión- la resolución ya de la cuestión mapuche si no la superación de la constitución heredada y la adopción de la arquitectura constitucional democrática, que hubiese permitido avanzar en la solución de la cuestión mapuche.

Observación de Joaquín Miras:

Muchas gracias, José Luis, muy interesante todo lo que resumes. autocomplacencia de la izda., mala gestión, un trotskismo que, hasta donde yo sé es particularmente sectario, y el asunto indígena. No sé si precisamente forma parte de un posmodernismo de la izda la forma de resolverlo… Hasta donde yo sé, lo que se llama mapuches es más bien grupo marginado -criadas…- que étnico. Oí una vez a uno que cuya madre era india y criada, que mapuche era inexistente antes del ataque de finales del XlX que lleva a los indígenas, a huir a las montañas, parece ser que fue caótico, lo que se dice es que se crearon grupos interereticos y cuando volvieron a bajar, decenios despues, no sabían sus costumbres y se ecrea entonces hasta el nombre Mapuche, que antes no existía…la info es de Carlos Pérez Soto, el marxista hegelólogo que es además, físico. y cuya madre es/era india y criada; el mismo al que le oí que decia Altamirano -mal considerado- que Allende había recibido el consejo de refugiarse en un cuartel adepto, en el que se hubieran reunido más tropas adeptas y declarar la guerra, y que A. había dicho que eso era la guerra civil española y no lo iba a hacer… bueno, lo de los mapuches…muchas gracias.

Observación de Carlos Valmaseda:

Gracias, José Luis.

Ya hacía días que se preveía/temía este resultado. Ayer publicaron este artículo en Jacobin en el que daban algunas claves sobre los posibles motivos de la derrota. Algunos coinciden con lo que tú planteas. El indigenismo es uno y probablemente el ecologismo es otro. Se ha querido forzar una Constitución avanzada en estos puntos. Claramente, por delante de lo que la población chilena estaba dispuesta a aceptar ahora mismo.

https://jacobinlat.com/2022/09/04/la-derecha-contra-la-nueva-constitucion/

Observación de José Luis Martín Ramos:

Una corrección a los de Jacobin, la propuesta de nueva constitución no fue apoyada por el 80% del electorado, sino de los votantes en 2020, que no fueron más que la mitad del electorado. No es vana, esa ilusión del 80% es la que extravió a la izquierda para presentar un texto constitucional que ponía el carro antes que los bueyes.

Y repetir la propuesta de reforma constitucional cambiada sería ahora no solo difícil, sino un tremendo error que abundaría en el voluntarismo político. El paso atrás dado ha de buscar una nueva escalera para recomponerse.

Segunda observación de José Luis Marín Ramos:

Joaquin, la interpretación que oíste es inexacta. Es cierto que el término «mapuche» engloba diferentes pueblos indígenas, pero no es cierto que sean un grupo marginado, un lumpen indio como sugiere esa interpretación. Existían como conjunto de pueblos «araucanos» expulsados al Sur del río Bio-Bio por la conquista española, que acaba pactando con ellos el límite de la expansión española. Tras la independencia se produjo un pacto entre la nueva República y los representantes indígenas, en 1825, que no obstante nunca fue reconocido por el parlamento chileno. Los mapuches siguieron controlando su territorio, hasta que a partir de de la década del 60 se inicia la conquista de éste por parte de la República chilena, una conquista que culmina treinta años más tarde, más o menos. El resultado de la conquista militar del territorio mapuche fue por un lado la «colonización» de esas tierras, es decir el robo de las tierras de los mapuches, y por otro lado la emigración de una parte de la población al norte hacia las grandes ciudades, donde efectivamente harán no de lumpenproletariado sino de estrato último del proletariado. Aún así en las primeras décadas del XX al sur del BíoBío residían todavía unos 80.000 mapuches. No es cierto que luego se reinvente la cultura mapuche, aunque sí puede haberse producido una recuperación de las tradiciones y del sentimiento de identidad mapuche entre las terceras y cuartas generaciones de la emigración mapuche. El Partido Comunista de Chile, desde los veinte y treinta, promovió una asociación mapuche -no tengo el detalle de su programa- y el gobierno de Allende planteó resolver la cuestión mapuche a través de la reforma agraria, algo mucho más inteligente y justo que el de resolverlo a través de la arquitectura constitucional y sobre todo de la que pretendía la reforma presentada.

Resumiendo: existir, existían y existen. En la actualidad el censo reconoce 1,7 millones de mapuches, el 40% de los cuales viven en el área metropolitana de Santiago de Chile y en Valparaíso, y el resto en las regiones al sur del Bío-Bío.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *