Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos
En los treinta todo empezó cuando Thorez tuvo la ocurrencia de proponer al Partido Radical -a cuyo congreso iba a acudir el dirigente comunista como invitado- un «frente nacional» contra el ascenso de la extrema derecha y el fascismo; lo hizo contra el aviso de Togliatti, entonces delegado de la IC en París, que temía que podía ser una maniobra precipitada y dificultar la reciente unidad de acción con los socialistas (esa era la línea entonces de Dimitrov, tampoco todavía la de Stalin, que mantenía sus reticencias hacia los socialistas).
Thorez se mantuvo y eso generó durante un tiempo dos procesos paralelos, la unidad de acción entre la SFIO (la denominación entonces del partido socialista) y el PC -el frente único- y la línea de frente amplio tendida por Thorez hacia el partido radical. En el invierno de 1934-1935, la SFIO se resistió a esta última opción y también lo hizo una parte de la dirección de la IC, liderada por Bela Kun. Finalmente Dimitrov y Togliatti se sumaron a la iniciativa y se aprobó la propuesta de «frente popular» (se cambió lo de «nacional» por «popular» a petición de los socialistas que temían la instrumentalización fascista de la identidad nacional) no como línea general, todavía, sino como línea particular en Francia. Poco después se extendió a España, coincidiendo con el momento en que Prieto, que estaba exiliado en Francia, proponía a Azaña un pacto electoral amplio, «a ambos lados», que incluyera a republicanos, socialistas y comunistas; se resistió Azaña, por anticomunismo, y Largo Caballero, que como los trotsquistas y el ala izquierda de los socialistas franceses propugnaban un «frente obrero» . No entro en el detalle, la evolución de la política interna francesa y española hizo que la opción más eficiente para hacer frente al ascenso del fascismo y de la derecha colaboradora o tolerante con éste, era la de la alianza más amplia. Y eso fue refrendado por la IC que en su VII congreso, en el verano de 1935, la adoptó como línea general, que incluía -y presuponía- el frente único, la alianza entre socialistas y comunistas como núcleo duro, no como alternativa. Las manifestación populares en Francia del 14 de julio de 1935 ayudaron a reforzar la opción y a popularizan la propuesta del «rassemblement» popular antifascista; aquí el frentepopulismo empieza a ser también un movimiento de masas, aunque todavía puntual, «celebratorio», no organizado. La posición firme del PCE dejó a Largo Caballero en minoría dentro del PSOE -si el PCE no estaba por esa opción, no había posibilidad para el frente obrero- y la insistencia de Prieto y el buen trabajo político del PCE hacia Azaña, acabaron convenciendo a este último que exclamó al fin «pues frente popular si eso es lo que queréis». En Francia, el Partido Radical, dividido ante la propuesta, la acabó aceptando y la decisión radical hizo ya posible la coalición del Frente Popular, sin la cual no se habría constituido el Frente Popular como movimiento social. Pero todo esto último no fraguó hasta las vísperas de las respectivas elecciones generales. La política de izquierdas no avanza sin el substrato de la movilización social y en determinadas situaciones, la movilización social no avanza y se consolida sin una decisión política que se plebiscita, por las urnas o por otros medios.
¿Una NUPES 2.0? No creo que fuera en su momento una mala propuesta; estaba en la línea de la recuperación de la política de «unión popular», no se utilizó entonces el lema de «frente popular», quizás porque el ascenso de la extrema derecha no era todavía tan obvio y tan dramático. Consiguió un excelente resultado, tuvo en primera vuelta 5.836.202 votos, frente a 5.857.561 del partido de Macron y 4.428.626 de RN; en segunda vuelta cedió, solo sumó 6,5 millones de votos y 131 diputados frente a los 8,1 y 247 de Macron. Entonces, en 2022, Macron aparecía ante las clases medias francesas de orientación republicana y democrática como la mejor opción para frenar a la extrema derecha. La diferencia con la situación actual es que, con su gestión desde 2022 y el precipitado adelanto de elecciones -lo hizo al momento de conocer los sondeos- Macron ha dejado de parecer el mejor dique a la extrema derecha. La coalición que se está formando tiene los mismos mimbres que la NUPES, pero no es la misma situación y no tiene la misma opción; tiene la opción de conseguir una parte del voto desencantado con Macron y alarmado por la deriva de la derecha tradicional hacia la alianza con la extrema derecha. La gran diferencia entre el FP de 1936 y el «fp» de 2024 -que en efecto puede parecer una reedición de la NUPES- es que no existe un Partido Radical, con una base social mixta entre burguesa y popular; no existe y no puede inventarse. Esa diferencia puede, y debe en pura aritmética electoral, superarse por el decantamiento de una parte de la masa social que votaba a Macron porque lo creyó un joven renovador. Está claro que eso ha de hacerse con mimbres complejos y contradictorios, con Glucksmann, como en 1936 se hizo con Daladier que pasaba entonces por ser no el ala izquierda del radicalismo sino su ala derecha.
II. Las posiciones van aclarándose, también las disidencias. La ola de la unidad de la izquierda -el nuevo FP- parece que crece, con el apoyo sindical y la formación de grupos locales de “rassemblement” (la información todavía es muy incipiente) o el nanifiesto de los 6.000 jóvenes de la banlieu de Paris del que informa Liberation. Se reafirma con un reparto de candidaturas claramente ventajoso para el PSF y la flexibilidad de la FI, que ha rebajado la cuota que tuvo en La NUPES en beneficio del PSF. Surge un foco disidente, la Federación Socialista de París y alguna de las figurillas del grupo de Glucksmann, que rechazan una unión bajo la cabecera de Melenchon y la FI. Del grupo de AG ha salido un parte de condiciones: europeísmo claro, apoyo a la resistencia ucraniana y entrega de armas y rechazo a lo que llaman la brutalización de la política. Las dos primeras condiciones son las importantes. Glucksmann vacila, por twit-X dice que hay que apoyar la unidad, pero añade aquello de que no a cualquier precio y que hay que discutir el programa. No tiene la iniciativa porque ya se ha discutido las candidaturas y el programa se está discutiendo. Si rompe con el incipiente FP corre el riesgo de ser acusado de favorece al RN, ya nadie da un duro por Macron.