Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos
Quizás ya lo he dicho alguna vez. El PSC, que nunca llegó a ser una organización social es ya solo un aparato electoral y en la medida en que sus éxitos se han desviado hacia los ayuntamientos ha hecho del vicio virtud y virtud excesiva, les gusta considerarse un «partido municipalista», pero eso ha acabado siendo su principal defecto. No tienen una visión general, no se plantean la política más allá de la suma de campanarios que tocan.
Lo siento, hubo un tiempo en que esperé más de él, por lo menos aquello del reformismo revolucionario de Gorz que tanto gustaba a algunos de sus dirigentes de jóvenes y treintañeros. Recuerdo el enfado, sincero, de Joan Reventós cuando Jordi Pujol empezó la política de promoción de casinos; o el esfuerzo de Raimon Obiols por elaborar un discurso político general y no solo local, localista; también recuerdo que los que mandaron después de ellos consideraban a Joan Reventós un abuelo, o poco más, y a Obiols un intelectual encerrado en su torre de marfil, en su despacho de Nicaragua – lo que por cierto, que apenas salía de su despacho era demasiado cierto, quien se pateaba los locales era Sala, y así le lució a uno y al otro-.
Los intereses localistas de sus organizaciones locales han marcado la agenda de la negociación de presupuestos; Illa mismo ha explicitado que sus peticiones eran las del «territorio», ese término horrible que sirve para justificar todo. Es igual que esas peticiones vayan en contra de una agenda general y concreta de nuevo modelo productivo del país, de lucha contra el despilfarro, de la cuestión moral de la política, de defensa no ya de freno al deterioro galopante del medio ambiente, de política pedagógica para las generaciones que están creciendo: juega, corre y vuela, el presente -en votos e ingresos fiscales locales- es lo que cuenta.
Lo de los comunes sí que me ha sorprendido; Mena había dicho que esa era una línea roja que no se puede pasar, que si se firmaba eso ellos darían por roto su acuerdo con ERC. La argumentación de Jessica es, políticamente, tramposa y diría pueril, si no la tuviera ya por una política experimentada, por lo menos en el aspecto de las maniobras políticas; es una argumentación para defender, en todo caso, una aceptación parcial del presupuesto pero de ninguna manera el acuerdo PSC-ERC.
Además los votos afirmativos de En Comú Podem no son necesarios para que salgan adelante esos presupuestos, o si se prefiere para que no haya presupuestos y se produzca una crisis de gestión e institucional inoportuna. Los votos de ERC y PSC suman 66, los de quienes votaran en contra 61; con abstenerse es suficiente y la respuesta coherente con esa abstención es tomar distancias con respecto al acuerdo PSC-ERC, con respecto a los presupuestos que se aprobarán con la inclusión de esas opciones, sean los euros que se apliquen a ella, y -de paso- no dejar la crítica de izquierda a los presupuestos en manos de la CUP.