Sobre la “cláusula de los tres quintos”

Del profesor emérito Miguel Candel

Me imagino que más de uno aquí ha oído o leído acerca de la «cláusula de los tres quintos», hábil mecanismo electoral contemplado en la sección 2 del artículo 1 de la Constitución de los Estados Unidos de América aprobada en 1787. Por si alguien lo hubiera olvidado, he aquí el texto original: «Representatives and direct Taxes shall be apportioned among the several States which may be included within this Union, according to their respective Numbers, which shall be determined by adding to the whole Number of free Persons, including those bound to Service for a Term of Years, and excluding Indians not taxed, three fifths of all other Persons. The actual Enumeration shall be made within three Years after the first Meeting of the Congress of the United States, and within every subsequent Term of ten Years, in such Manner as they shall by Law direct. The Number of Representatives shall not exceed one for every thirty Thousand».

Las «other persons» de marras eran, por exclusión, los esclavos. Los cuales, por supuesto, no tenían derecho de voto (aunque se les reconoce su condición de «personas», no de «propiedades», como sostenían los partidarios de la esclavitud). Lo que ocurre es que, al calcular el número de representantes en el Congreso de la Unión que correspondía a cada Estado (uno por cada 30.000 habitantes, con un mínimo de un representante para los Estados muy pequeños, como Connecticut), a la población libre se añadía un número correspondiente a las tres quintas partes de la población esclava del Estado. Lo cual, evidentemente, favorecía a los Estados esclavistas y permite explicar, de paso, que cinco de los siete primeros presidentes fueran propietarios de esclavos; entre ellos, Thomas Jefferson, que llegó a la presidencia gracias, fundamentalmente, a la cláusula de los tres quintos, lo que le mereció ser calificado, por sus adversarios, de «Negro President» (a los hoy llamados afroamericanos se les designaba, no con el adjetivo inglés «black», sino con el español «negro», pronunciado «nigro»; sería interesante saber por qué). Claro que la influencia de la cultura española en la América anglófona se deja sentir en asuntos menos «oscuros», como la denominación de la moneda estadounidense, «dollar», contracción de la expresión «double pillar», que hacía referencia a la «divisa» de uso más extendido entonces, el «real de a ocho», en cuya iconografía destacaban las columnas de Hércules, típicas del escudo de España hasta nuestros días.

Sin querer dar ideas a Laura Borràs y compañía, se me ocurre que cuando, gracias a los desvelos de los sucesivos gobiernos españoles, Cataluña alcance finalmente la independencia, se podría aplicar algo así como la cláusula de los tres quintos (calculados sobre el volumen de «ñordos» restantes en cada circunscripción) para calcular el número total de representantes en el Parlament, superando así el actual déficit de representatividad de Barcelona y Tarragona…

De nada.

MC

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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